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    January 28

    SACAR LOS PIES DEL TIESTO

    Hace poco días publicaba una entrada en que enumeraba varios hechos y sucesos que ponían en entredicho la realidad democrática española, que confirmaban mis dudas respecto a esa creencia, ampliamente extendida, dentro de la clase política y, al menos, durante esta legislatura. A ello hay que añadir ahora el caso del terrorista De Juana, no tanto por él mismo, sino, como siempre, por el emborronamiento político de dimes y diretes. Y es que un preso, comprobada su pertenencia a banda armada, con veinticinco asesinatos a sus espaladas, sin arrepentimiento y con francas declaraciones subersivas contra el Estdo de derecho y amenazas, no puede concedérsele una medida humanitaria como la excarcelación porque se haya puesto en huelga de hambre. Los daños a la salud producidos por esta huelga se los ha provocado a sí mismo sin que nadie más haya intervenido, por lo que ni es una enfermedad terminal ajena a su voluntad ni un riesgo para su vida por parte de terceros el permanecer entre rejas. Es una huelga que simplemente persigue poner en cuestión las leyes que lo condenan y los jueces que lo sentencian, de modo que, si ya el gobierno ha sido puesto en entre dicho, si ya tenemos a policias y guardias civiles desfilando ante los jueces, ahora, el poder que faltaba, el judicial, se veía puesto entre la espada y la pared.
     
    No pasaría de burla el asunto si no fuera porque es el propio Fiscal General del Estado, el señor Candido Conde Pumpido, el que, actuando casi más como abogado defensor del terrorista, viene pidiendo la excarcelación por razones humanitarias. No pasaría de chufla, si no fuera porque sólo lo iban a decidir tres jueces de la Audiencia Nacional, los cuales estaban favorablemente predispuestos a concederla sin juzgar, como si todo fuera un teatrillo orquestado para ocultar un caramelito al terrorismo. No se hubiera armado el belén, si no saliera el señor Anasagasti a decir que negárselo es casi tanto como aplicarle una pena de muerte. Parece que para el Fiscal, para los jueces, y para algún político, el que De Juana esté hospitalizado y debidamente atendido, alimentado contra su voluntad, fuera estarle asesinando.
     
    En fin, que no parece haber independencia de los poderes públicos, esa por la que tanto claman útlimamente respecto del judicial, ni tampoco que aquellos que se comprometieron a guardar la ley y el derecho, consideran a estos tan flexibles como para mover las columnas y adaptar los mismos casos y condenas a las circunstancias políticas. Cuando se dice que España se rompe, no se está diciendo que se rompa una idea, sino los cimientos de nuestra convivencia, algo tangible establecido en la constitución, la ley, el deber y el derecho, como si estuvieran arrancando hoja a hoja los textos y legislaciones sobre las que se fundamenta una realidad diaria que pertenece a los españoles. Lo más grave es que esa caída de las hojas ocurre con el visto bueno de los poderes públicos, incluído el gobierno, sacando los pies del tiesto un día tras otro.
     
    Hec
    January 24

    COMPROMISO POLITICO

    Otras veces me he despachado con aquellos -léase Unión de Actores y demás ralea farandulera- que fingen un compromiso político cuando no tienen nada más que hacer en la agenda -por ejemplo, una mala película subvencionada con dinero público-, e incluso con las personas que llaman compromiso social al compromiso ideológico y sesgado, echándonoslo a la cara y a la conciencia a los demás que no vamos puño en alto, enredados en trapos de colorines, cantándole a Riego. Pero algún día había que hablar del compromiso político de los propios políticos, y más de los que ejercen cargo público. Y es que estos, ya juren ya prometan su cargo, lo hacen sobre la constitución, que en principio, para todo sujeto social y más acá de creencias, es lo más sagrado para un Estado democrático. Y lo que juran y prometen no es sino guardar el Estado de Derecho y cumplir responsablemente con sus funciones dentro del marco de convivencia, de reconocimiento de derechos y deberes de todo ciudadano, que representa el texto del 78.
     
    Uno se encuentra con declaraciones "antisistema" en alguien que promete, sobre la Carta Magna, guardar el sistema establecido, o con porpuestas para despenalizar delitos tipo "okupación" mientras se multa a quien no rotula en su negocio las cosas en Catalán antes que en Castellano -esto en la misma comunidad catalana-, o con Ministros que al segundo año de cargo están más pendientes de hacer campaña electoral y personal para ser Presidentes de Comunidad -ya en Cataluña el señor Montilla anterior titular de Industria y Turismo, ya López Aguilar para Canarias, siendo todavía titular de Justicia, ya Bono, tentado con Madrid, antiguo titular de Defensa-, o Ministras que aseguran no ser de nadie el dinero público -y tan ancha que se quedó-, o con proyectos que pretenden anular el derecho de propiedad privada o, al menos, posibilitar una injerencia pública en los bienes privados legales de los ciudadanos, o con que se tarde en decidir si un preso terrorista condenado a tres mil años de cárcel debería concedérsele la condicional porque se ha puesto de huelga de hambre y está muy enfermo -esperemos que el resto de presos no tomen ejemplo del chantaje y la bufonada-, o que se tenga que discutir si un juez del Constitucional que ha colaborado en la redacción de un texto como el Estatuo de Cataluña debe ser recusado cuando él forma parte de la comisión del mismo Tribunal Constitucional que examinará la constitucionalidad de aquel mismo documento, o, por acabar, que se puedan evaluar infromes médicos confidenciales e íntimos de ciudadanos por parte de poderes públicos, sin censura de los datos personales o permiso de los pacientes, para las políticas de análisis lingüísticos... y así un largo etcétera. Este "etcétera" le hace pensar a uno, ¿qué es lo que ha prometido toda esta gente ante la Constitución cuando asumieron su cargo? ¿Qué seriedad y compromiso ponen ante la ciudadanía? ¿Qué confianza puede depositarse en sus promesas? ¿Qué buena fe piden al pueblo frente a su falta de compromiso, en esta, por definición, desproporción entre confianza del gobernado y la promesa del gobernante?
     
    Más allá de la militancia politico-partidista, del signo y color -quien quiera tales identificaciones-, hay cosas que van en contra del ciudadano y del pueblo gobernado y sujeto a las decisiones de aquellos que aumieron un compromiso político, y que a los dos minutos de estar sentados en el sillón del despacho, se les "olvida" lo prometido. Alcaldes corruptos, Tenientes de Alcalde soltando insconstitucionalidades, debates cuyo fondo ilegítimo es evidente, Ministros más ocupados en el "dulce que no amarga", un Presidente de Gobierno al que los "lapsus linguae" le persiguen y un Parlamento más lleno de oportunismo y chantaje que de política y gobierno... ¡Charanga y Pandereta!
     
    No hay que redefinir política y compromiso, sino redefinir al animal político, en nuestro caso, al pueblo donde conviven los ciudadanos de a pie entre los empujones de cada mañana en el transporte público y los atascos de la A-6 -o de cualquier otra-, que somos los que elegimos. Al final es recíproco aquello de que los pueblos tienen los gobernantes que merecen, pues es cierto también que los gobiernos merecen el pueblo que tienen; pero cuando esta afirmación se llena del contenido antedicho, no es nada optimista ni agradable la imagen de España. Me entristece pensar que España y su gente, entre la que me cuento, merecemos esto, o viceversa, que se piense que aquellos "descompromisos" nos merecen a nosotros.
     
    Hec
    January 17

    COMPETENCIAS

    El competente en algo, dando igual el qué, es quien tiene capacidades para resolver y actuar con eficacia ante situaciones en el ámbito del algo que sea. Por el contrario, incompetente será el que carezca de tales capacidades. "Resolver", "actuar" y "eficacia" son términos que van unidos en esta definición, no pudiendo ocurrir que alguien sea capaz de resolver y actuar, pero no lo haga con eficacia, pues en esas todos seríamos competentes. Es decir, no sirve el resolver y actuar de cualquier manera y con cualquier resultado, sino que se hayan condicionados por el criterio de la eficacia. Además que no se puede ser eficaz sin ser capaz de resolver y actuar, que sería el otro caso. Entonces, ¿qué es la eficacia? Por sí mismo, algo muy vago si no se decide antes cuál es el resultado fáctico que se quiere obtener de la resolución y actuación tomados. En conclusión, ante una situación dada se ha de decidir primero el resultado que se querrá obtener y después llevarlo acabo de hecho hasta la consecución de lo que queríamos ocurriera. Ahora bien, esto no basta, pues ampararía el que alguien fuera un asesino competente. Existe, por tanto, otro criterio, que en principio refería al "decidir correctamente" y posteriormente hemos derivado al simple "lo mejor posible". Si bien el asesino tiene capacidad y eficacia para llevar acabo el asesinato, todos parecen estar de acuerdo en que el resultado decidido no es ni lo correcto ni lo mejor posible. Estos términos de "correcto" y "lo mejor" son aún más vagos que la eficacia, pero se aplican tanto al resultado decidido como a la forma de actuación, esto es, lo que todos conocemos como el fin y los medios. Luego, definitivamente, alguien competente en algo es aquel que ante una situación dada resuelve y toma una decisión correcta y actua de la mejor manera posible para lograr el resultado prefijado que también ha de ser el correcto. ¿Qué es lo correcto?
     
    Mariano Rajoy soltaba ayer la sutil perla de que para ser presidente del gobierno habría que exigir algo más que ser español y mayor de dieciocho años, de donde todos entendimos que Rodríguez Zapatero no es competente como presidente para el lider de la oposción. Estoy de acuerdo en que haya que exigir algo más, pues si a todos en nuestros puestos de trabajo se nos exige implacablemente resolución y actuación eficaz en los términos especificados, aquel que ocupe el sillón de La Moncloa habrá de tenerlos en lo suyo. Pero habrá que exigirlo para todos, de donde derivo una presunción vanidosa, normal en los políticos, por parte del señor Rajoy. Puestos en estas, ¿qué exigiríamos a un gobernante? Firmeza, transparencia, claridad, confianza, lealtad con el pueblo, legalidad, honestidad, desinteresado... en fin, un mundo utópico que ya pregonaba Platón en su República o incluso el Príncipe maquiavélico -tan mal entendido por los dictadores. No nos harían falta elecciones ni cosas por el estilo, sino el gobierno de un hombre bueno y virtuoso, acaso el mejor -aristos. Añadámoslo, pues, y así, exigiremos que el próximo gobernante de España sea español, mayor de dieciocho años y el mejor hombre en virtud y bondad. Y sin embargo, ¿cómo evitar que los malvados se aprovechen de esa virtud y bondad? Habría que aceptarle algo de picaresca... Confío en que se haya detectado ya la tontería que nos ha regalado Mariano Rajoy.
     
    No me gusta Rodríguez Zapatero, por lo imprevisible, opaco, ambiguo y perdido que parece, dando una imagen de gobierno muy torpe y a salto de mata, sobreviviendo casi al día y dejando abiertas, por interés en unas cosas y falta de cautela, demasiadas puertas por las que termian entrando circunstancias no previstas, creando de este modo problemas que no existían y sin una resolución pensada de tan espontáneamente que emergen. Problemas que intenta quitarse de encima dando respuestas rápidas, sí, tanto que llegan a la contradicción o se pierden en el aire al que fueron expulsadas como palabras sin más. Pero, aunque da la sensación de que todo le desborda, inflado por las cuestiones que abre y reabre gratuitamente, con sus ramas y lo que traen a colación, hay algo, un criterio, que a Mariano Rajoy se le ha olvidado: un presidente de gobierno lo es por ser español, mayor de dieciocho años, así como por elección del pueblo y el comodín del pacto electoral. ¿Por qué olvida que el pueblo vota? ¿Por qué no dice que hay otras cosillas de las que se benefician todos para ser presidentes? No soy el único español dentro de este país, que además ni acude al colegio electoral, y por tanto, sufro con paciencia el presidente elegido por el resto de españoles y las "reglas" post-electorales. Igual que si a los españoles les da por ir a la guerra y matarse, tendré que sufrirlo mal que me pese y aún cuando ponga el grito en el cielo.
     
    El mayor criterio de competencia es el pueblo, considere yo que se equivocan o no en su elección. Mi primera confianza en este país no es para con el presidente, que además no la tiene en el caso concreto, sino que trato día a día de confiar en los españoles. En confundirnos con esto es por lo que andamos siempre más cerca del Tirano que de la democracia; es la razón por la que cuestiono que lo que vivimos sea una democracia hecha y derecha, sino todavía una transición donde importa el partido y el color de la bandera que se exhibe, donde acabar con el rival político y pintar el mapa de rojo o azul es el objetivo, jaleado, como en los partidos de fútbol, por el pueblo. El pueblo es el que ha de confiar en el pueblo, el que ha de ser capaz de resolver y actuar eficazmente sobre el problema fundamental de la democracia: decidir correctamente y perseguir el resultado sobre quién ha de gobernar. En democracia, el competente ha de ser el pueblo, derivando y emanando de él todo lo demás. Esto es el "algo más que hay que exigir".
     
    Hec
    January 14

    IDEAS Y TERROR

    Es muy español el pegarnos entre nosotros como también conformarnos con el berreo verdulero. De ahí se explica la importancia que le damos a las románticas manifestaciones y protestas antes que a la responsabilidad política del Parlamento. Sobre dos muertos y más de treinta años de asesinatos, no sabemos hacer otra cosa que enfrentarnos y echarnos las culpas, y gritarlo en esta o aquella reunión de pancartas. ¿Cabe en la cabeza el lío organizado sobre el lema de la manifestación de ayer? Todos echamos la culpa a ETA, pero casi más porque es lo más correcto; lo incorrecto nos lo guardamos para el climax de las situaciones, ante la cámara de turno. Mariano Rajoy recala en que se haya asesinado a dos personas, pero para subrayar la incompetencia del gobierno; Rodríguez Zapatero dice que ha habido "un trágico accidente", pero acusa de ello a la falta de apoyo del Partido Popular, para volverse a Doñana a comer las uvas y esperar a los Reyes Magos. El sindicato UGT, se apropia de una manifestación de las asociaciones de ecuatorianos, que fueron quienes la convocaron, para que el gobierno se apunte un tanto, controle la opinión pública y el mensaje que se transmite, y el Partido Popular no asiste, pero tampoco se le ocurre convocar la suya propia porque importa más deslegitimar las acciones del gobierno. En medio, como siempre, los medios de comunicación, y si el otro día se insultaba y agredía a la cadena SER y TVE, ayer le tocaba a Telemadrid y PopularTV. En unas manifestaciones, lleno completo de banderas de España; en otras, la republicana. Y todos ocupados en discutir esta u otra manifestación, quién va o deja de venir, lo que se pone en la pancarta, lo que se grita, la bandera que se enarbola... en fin, en discutir si se es de Partido Popular o de Partido Socialista, de qué España es cada uno.
     
    ¿Contra el terrorismo? ¿Qué se hace contra el terrorismo? Manifestarnos, escupir ideas, con los gobiernos a la cabeza sujetando la pancarta y las oposiciones señalando con el dedo. Siempre lo he dicho: lo de la manifestación es el último recurso del pueblo, el límite donde han de empezar a actuar los gobernantes; pero si los gobernantes están más ocupados en organizar la manifestación, entonces no hay nadie al otro lado del límite más que el propio terrorismo. Son gritos al aire, pero la gente parece satisfacerse con ello, y ello les basta para avalar a gobernantes y políticos inactivos, enredados en la maraña demagógica del insulto, y jaleados por periodistas y los que se dicen "representantes de la cultura". Ni paz, ni guerra, ni libertad, que son palabras. No podemos instalarnos en las hermosas ideas de que al terrorismo se le vence con palabras, con diálogos, porque el crimen no dialoga, no usa ni sabe de palabras. Y menos aún, cuando esas palabras no se dirigen a ellos, sino contra nosotros, contra el pueblo, y se echan encima de los muertos por la barbarie. Esto ya lo tendríamos que saber, de tantas veces como lleva ocurriendo. Las bombas y los asesinatos imponen el silencio en sus víctimas, aún cuando después se organice una manifestación de cientos de miles que griten; les privan de su vida, aún cuando luego les dediquemos homenajes; nos mata, porque no sabemos si nos tocará, pese a que gritemos "por la vida". Somos aún demasiado idealistas e ideológicos, y no somos capaces de poner los pies en la tierra, que sólo nos sirve para recostar la pena y acunarla. En este cementerio de ideas que es Epaña, donde les hacemos el boca a boca continuamente mirando al pasado, ni Partido Popular, ni Partido Socialista, ni sindicatos, ni medios de comunicación, ni gobierno han estado a la altura que exige estar al frente y al servicio de un país y un pueblo. Los unos con sus ambages y tejemanejes para no llamar a nada por su nombre y lavarse las manos sobre lo que pase; los otros, como toda oposición, con el "vamos a decir todo lo contrario"; los micrófonos, exaltando a la población y los sindicatos sirviendo de escudo a las responsabilidades. Según creo, no sólo el presidente Rodríguez Zapatero estuvo comiendo las uvas, pidiendo deseos de año nuevo y esperando regalos, pues, al fin y al cabo, ya teníamos fecha para ir a berrear. Vaya, entonces, desde aquí, mi berreo impotente... es lo único que nos queda frente a ETA y el idealismo rancio que les damos por respuesta.
     
    Hec
    January 13

    ACTORES A ESCENA

    Siempre ha rechinado en mis oídos la unión de "cultura" y "compromiso". Pero aún más me rechina la unión de "cultura" y Bardem, Portillo, Ariadna Gil, Sanchéz-Gijón, Ana Belén, Charo López, Sacristán, Saramago, Luppi o García Montero, es decir, los que juegan al monopoly de "Mayo del 68" y "Rosas Blancas" con la política de nuestro país, y que parecen defender la democracia de partido único, o de única idea, tipo Chávez. Disfrutan del populismo de izquierda, de los lemas, manifiestos y discursos; les encanta liderar posiciones ideológicas y recitarnos sus soflamas políticas desde las tablas de los escenarios. Es muy suyo representar un papel y mostrar que llevan en la sangre una rebelión juvenil a pesar de los años y la época. Cuando uno tiene la poca fortuna de escucharlos en pleno apogeo de sus egos, emerge la sensación de estar ante los nuevos mesías -laicos, por supuesto-, que tienen la deferencia de dedicarnos su tiempo y su iluminación cultural a los analfabetos políticos que vivimos en la oscura e inmunda ignorancia. Ellos, desde su sapiencia, tienen la correcta interpretación de la Constitución y nos la hiceron saber a todos, quienes creyendo que el país era aconfesional, descubrimos nuestra necedad como lectores porque en realidad España es laica. Y es que, con su grandilocuencia y gesto teatral -tan malo como es en muchos de los casos, salvando a Luppi y Sacristán-, con la pose de artista intelectual, añaden un dramatismo emocional para dar realismo a la escena que interpretan, fuerza y convicción a ese "compromiso", que todos hemos de contemplar, no ya en el teatro, sino por las calles y ante los micrófonos. Se sienten elegidos para "hurgar" en las conciencias con sus verdades de palo y la ideología que más sombra les aporta, aunque se les hinchan los carrillos con la "libertad de conciencia".
     
    Estos personajes de farándula confunden la "libertad de expresión" y lo del "compromiso". Ellos creen que la libertad de expresión sirve a su necesidad de manifiestos, cuando en realidad lo que hace es consentir en lo que de actores de teatro, y no agentes públicos, tienen para poder representar la obra que les venga en gana. Y el compromiso no tiene nada que ver con ser artistas -con dudas-, sino con ser ciudadano. Es decir, no por ser actores, han de fundar la Unión para el compromiso social, sino como ciudadanos de a pie, individualmente tomados. Pero necesitan eso de la Unión hace la fuerza, a lo que suelo añadir yo, "y también la doctrina". Y cuando tienen la unión, la fuerza y la doctrina, qué pueden hacer sino venir a adoctrinarnos a los no-artistas, a predicar y generar discípulos y aplausos entre muchedumbres con palabreo político, a recibir palmaditas en la espalda por su labor, que no hacen sino limpiar sus propias conciencias arrojando la suciedad en el resto de las conciencias sociales, ya con la rosa blanca en la mano -menos mal que no roja-, ya validando el insulto desproporcionado y antidemocrático, la tachadura moral y colocando san benitos a diestro y siniestro menos al fuego que más calienta.
     
    ¿Intelectuales? Los intelectuales no se meten en estos charcos a removerlos para quedarse en agua de borrajas. Aun más, los intelectuales no van creando charcos en los que meterse, ni hacen de ello oficio ni guiño ni publicidad. Los intelectuales hace tiempo que dejaron en paz a la sociedad y esta a ellos. Los intelectualoides, género que copia solo las formas de aquellos, inundarían el mundo si pudieran con tal de tener algo que decir y contra lo que protestar... y de estos hay más que charcos. Y la cultura, en lo que tiene de "cultivar", necesita más el regar que el anegamiento, el cuidado que el barro y el fango. Si fuera por ellos, las rosas que llevan, habrían desaparecido hace tiempo; las arrancan de donde fueron plantadas, para mostrar lo bonitas que son en sus manos. Pero una vez arrancadas, mueren.
     
    Hec
    January 11

    CUANDO UNO ES DE IZQUIERDAS

    Un amigo mío, no hace mucho tiempo, reconocía ser de izquierdas y haberse pasado mucho tiempo rebatiendo el tópico de las "subvenciones sociales". No es cierto, me decía, que el principio de política social de la izquierda sea dar dinero público para tapar agujeros, bocas y protestas. Y me enumeraba tantas medidas como podía que no consistían en firmar cheques o soltar los durillos de las arcas. Yo le reconocía que frente a los problemas que no pueden solucionarse en plan Robin Hood -curioso el sobrenombre de príncipe de los ladrones-, no queda otra que, al menos, no echar a perder el dinero que no acallará a las voces. Sin embargo, mi amigo tenía que recular un poco, porque con el gobierno español no era difícil encontrar entre las páginas de un diario, cada semana, una noticia que alagará la generosidad del Estado o su derroche infame -según el diario- con la palabra "subvención" o "indemnización" en el titular. Lo leíamos juntos con el café de la mañana, y al cabo de unos meses, estábamos convencidos los dos, él de izquierda declarada, y yo de todos lados y ninguno, que España era el país de la subvención, donde no faltaba quien lo pedía y exigía, y quien lo repartía tirándolo desde el balcón. Mi amigo entró en crisis ideológica: no sabía si era de izquierdas o un maldito capitalista -palabras suyas-, y hasta fascista. No le cuadraba con su izquierda firme el sacar el fajo de turno, sino el invertirlo en infraestructura social. Él estaba más de acuerdo con darle, al que pide para comer, no la monedita, sino la barra de pan, y si puede ser, en dos mitades para que no la venda. Porque, me decía ante este ejemplo que le contaba yo, hay que desconfiar del pedigüeño, sobretodo cuando eres el Gobierno. Ante la moneda que le das a uno, te vendrá el de enfrente a convencer de que él está aún peor, y así sucesivamente, hasta que no puedas distinguir quién realmente empleará la moneda para subsanar sus problemas y quién lo hará para pagarse los vicios que le llevaron al problema, o incluso, quién va disfrazado de pobrecito necesitado y no lo es. Es decir, la situación en que los justos pagan por los pecadores, o en que los "pecadores" -y "pescadores", según el refrán- obtienen la ganancia en el río revuelto. Y es que la enfermedad del victimismo en España, por cierto, tan cotidiano en nuestro carácter, se potencia con esto de las subvenciones e indemnizaciones. Hemos pasado del pobre que tenía que recurrir a la picardía por falta de ayuda, del Lazarillo de Tormes, al pícaro a secas, sin eso de pobre y sin necesidad de ayuda.
     
    Esto viene a cuento de la exigencia de la Asociación de Expresos Sociales que, aprovechando esa falaz Ley de Memoria Histórica, consideran que han de ser resarcidos, entre otras cosas, económicamente vía subvención e indemnización por haber sido represaliados durante el franquismo con la Ley de Vagos y Maleantes, cuyo otro efecto es que no cotizaron lo suficiente para asegurarse una pensión digna, al estar en la cárcel por su condición sexual, incluso durante la transición y la democracia. La dicha ley de vagos fue promulgada en la II República, a pesar de que se le achaque a Franco, que continuó las modificaciones que la República también hizo. La homosexualidad, según creo, no es contemplada en la ley de la República, sino que aparece en la modificación de 1954, durante el régimen. Agarrados a esto, como se podrían agarrar los que ebrios en una noche de juerga fueron detenidos y les fue aplicada ya en la República ya en el franquismo, se viene a pedir dinero al papá Estado de hoy. Y así, como con la monedita, sucesivamente pueden desfilar a poner la mano cuantos hayan sufrido los desmanes y brutalidades, o consecuencias económicamente perjudiciales durante la represión y dictadura. Si el Estado lo da, sin duda aparecerán más y más grupos sociales, de muy distinta índole, reclamando dinero por las injusticias. ¿Por qué tenemos que pagar los de hoy por hechos que condenamos en nuestra mayoría? ¿Por qué siempre, entre este tipo de reivindicaciones, siempre aparece el dinero de por medio? ¿Se satisface la injusticia con el tintineo en el sombrero? Yo no he vuelto a ver a mi amigo, que imagino seguirá en crisis, pero le he propuesto a mi madre que reuna mujeres de la época franquista, quienes tuvieron que dejar de trabajar y de cotizar por estar embarazadas o tener que cuidar de los niños, y que en los años democráticos del PSOE y sus reformas del IRPF ni sumaban los años necesarios de cotización ni podían terminar de sumarlos por la nula contratación de adultos. Quizás no las vejaron en la cárcel injusta y horriblemente, pero la discriminación sexual, social y laboral y su falta de libertad dentro del régimen, así como los perjuicios económicos -que parece es lo que importa-, son suficientes razones para que hoy pasen el recibo también al Estado.
     
    Otras de las reivindicaciones y objetivos son: la recuperación de la memoria histórica -que no he entendido nunca cómo se hace esto, además de la comprensión y el lamento por el pasado-; el resarcimiento moral -que esto ya sí que no lo entiendo, a menos que Franco resucitase para que lo matáramos, o para obligarle a humillarse y a pedir disculpas de rodillas por el camino de Santiago-; y la lucha por el respeto de los Derechos Humanos, especialmente en la natural realidad sexual perseguidos aún en muchos países -que me parece loable, un objetivo ideal que ojalá se cumpla a 100% mientras yo viva, junto a la paz en el mundo. Sigue sin encajarme el dinero entre utopías, idealismo y palabreo.
     
    Hay que distinguir entre el haber sido víctima, cosa que respeto, reconozco y ante la que guardo silencio enlutado -sobretodo cuando he tenido la suerte que otros no tuvieron de no sufrirlo-, y el utilizar de excusa a Franco, asesino y criminal donde los haya, y cualquie pasado, para elevarse al victimismo frente a la España del después. Hay que invertir y no subvencionar. Hay que vivir en el hoy, y no vivir del ayer. Esto se puede hacer también desde las izquierdas, como pensaba mi amigo.
     
    Hec
    January 09

    LA TIMBA DEL TERRORISMO

    Es de vergüenza intolerable, más allá de cuestiones políticas, ideológicas e incluso lejos de derechos históricos, que ETA venga asumiendo el atentado de Barajas al mismo tiempo que afirma seguir el alto al fuego, aunque están dispuestos a contestar, según su criterio, a lo que se considere acciones de opresión -acción policial y tribunales- con la lucha armada. Será como el que deja de fumar entre cigarrillo y cigarrillo esto de que el alto al fuego continue pese a los atentados, junto con que el diálogo y el proceso siga abierto pese a la amenaza persistente de responder con atentados si algo no le gusta. ¿Qué diálogo es ese? ¿Qué alto al fuego? Añadido vaya que los dos muertos fueron sin querer y acaso la culpa sea de las fuerzas de seguridad por su incompetencia en el desalojo de la zona, que es casi como defender su derecho a poner la bomba que voló el edificio, eximiéndose de cualquier consecuencia directa de este acto. Al fin y al cabo, es como sostener que la mujer violada lo iba buscando, siendo la culpa de ella y no del violador, sólo que con muertos aplastados bajo capas de hormigón. Menos mal que no le han echado la culpa a los ecuatorianos asesinados por estar libremente en el interior de sus coches y dentro del aparcamiento, aunque el argumento no está a mucha distancia de afirmar algo parecido. Para ETA fue algo involuntario, un accidente imprevisto cuando se pone una bomba que derriba una construcción de cuatro plantas, del que se lavan las manos para quitarle hierro al asunto.
     
    Un comunicado de ETA francamente contradictorio e inaceptable, alejado de la lógica y el discurso acostumbrado en otros entregados al antiguo Egin y al actual Gara, donde jamás leí que echarán la culpa a los asesinados por ponerse delante del cañón de la pistola, junto al coche que explotaba o por dejarse secuestrar. Comunicado que es difícil tomar en serio por los absurdos en que cae de una línea a otra y que más parece intentar justificar lo hecho que reinvindicarlo, como el que se lamenta sin arrepentirse ni rectificar. Ahora bien, hay que pensar que consigue, y de que modo, los objetivos fundamentales: situar a la opinión pública contra el gobierno -por si aún no lo estaba-, o lo que es lo mismo, desestabilizar el Estado, acusado de confraternizar durante bastante tiempo con la banda. Al fin y al cabo, ETA no va ni puede pretender ir a caerle bien a la sociedad, pero sabe que el Estado se sostiene, por poca que sea, en la confianza que la población deposita en él. No son los muertos, sino el desequilibrio y secuestro del Estado lo que siempre ha perseguido, y lo que, bomba a bomba o comunicado a comunicado, según interese uno u otro, logra. No es ni la paz ni la libertad, sino tener claro que no se puede contestar a las provocaciones con salidas de pata de banco cada vez que, de la mano, nos toman el pie, sino que se trata de no dar la mano con el pie al descubierto. Si nos cogen el pie -y ya van tres veces que nos la cuelan-, nos tiran al suelo. Un Estado que no tenga los dos pies firmemente plantados sobre el suelo, un Estado que una y otra vez baila de aquí para allá cuando ETA estornuda eso de la "tregua", o que vive en una irrealidad de ilusiones vanas, un Estado confiado frente al toro que hace un solo gesto manso que oculta al toro avisado, es un Estado débil fácil de derribar, coaccionar y chantajear por quienes se apropian de la voz de una parte del pueblo, la parte que corresponde a los vascos.
     
    Lo vuelvo a decir, van tres veces, por lo que ya no servirá eso de "hay que intentarlo por todas las vías posibles" ni "hay que dejarle intentarlo a este nuevo presidente" -cuando cambie. Y efectivamente, como decía la Vicepreseidenta De La Vega, la que ha equivocado el camino es ETA, pero no ahora, no el 30 de diciembre, sino desde hace mucho tiempo. No podemos ahora fingir sorpresa a la opinión pública, ni decir que no había indicios -no ya por el robo de armas, robo de explosivos, zulos... sino por la trayectoria de ETA-. No es culpable el gobierno del atentado en Barajas, pero esto no les exime de responsabilidades en la gestión de la seguridad del Estado, como tampoco a ninguna legislatura anterior. La única diferencia es el ridículo de tropezar por tercera vez, y la necesaria decisión de que no haya una cuarta.
     
    Ni los vascos, ni el resto de España, ni persona ninguna que pase por nuestra tierra, ha de aguantar que nuestras vidas y miedos sean sólo medios para la política y las reivindicaciones. Tristemente, tras el atentado y los dos muertos, la primera pelea ha sido por las manifestaciones y las pancartas. Con "Barajas" siguen jugando a las pan-cartas, apuestan nuestras vidas, perdemos nosotros y gana la banca. Como en una timba cualquiera.
     
    Hec
    January 04

    LOS HIJOS DE DON QUIJOTE

    Una muy querida amiga francesa, que anda estos días por Madrid de visita a sus amigos de por aquí, me contaba ayer, mientras cenábamos, que en París se está llevando acabo una protesta que exige el cumplimiento del derecho a la vivienda. Para ello han plantado unas doscientas tiendas de campaña junto al Canal de San Martín -que da nombre al edicto programático de esta asociación Chartre du Canal Saint Martin- para cobijar a los "sintecho" y personas sin domicilio fijo (SDF) durante el periodo navideño. Se trata de una reunión de asociaciones que se hacen llamar Les enfants de Don Quichotte, cuyo eco aún no ha llegado a España. Del nombre no he podido encontrar el "porqué", y he estado haciendo cábalas interpretativas, desde el hecho de que sea una lucha contra gigantes que en realidad se debería resolver fácilmente al ser estos molinos de viento, hasta el punto de que Don Quijote sea un personaje sin domicilio fijo, un andante caballero de posada en posada y expulsado a palos en cada una. Acaso es que el asunto vaya por aquello del "desfacer entuertos", repartiendo justicia natural, no ya por los campos de Montiel y Criptana, sino por el mismísimo París, capital de las tierras de aquel Roland admirado por nuestro errante caballero. La verdad es que no lo sé, pero me gustaría saberlo, ya que no es muy frecuente encontrarse franceses que adopten por nombre referencias españolas, aunque sea el universal caballero de la Triste Figura. Sorprende que, en lugar de fijarse en algún personaje o evento francés -que los tienen a manos llenas y es la costumbre por allí arriba-, hayan tomado algo del otro lado del Pirineo, que vayan a ser franceses los "enfants" del español más internacional. Ya lo puso Cervantes en Barcelona, frente a Avellaneda que lo hizo bajar para Madrid desde Zaragoza; el salto del Pirineo y hacerle entrar en París no es más de un paso y alguna jornada añadida al largo paseo y trajín que se traía entre manos. Pero en fín, así es, llamativas cuando menos las cosas de los franceses.
     
    La empresa, desde luego, es loable, como lo pueda ser toda defensa de derechos reconocidos en constituciones y derechos humanos y de ciudadanos. Ahora bien, como siempre ocurre en este tipo de movimientos, nos acordamos de los deberes de los gobernantes para la defensa de los derechos de los ciudadanos, pero poco o nada se recuerdan los deberes de los ciudadanos para con sus propios derechos. Se tiene todavía una visión del derecho como algún tipo de regalo gratuito, algo que nos tiene que ser dado sin más. Y también se piensa todavía, de forma romántica, en que primero se garanticen los derechos para después hablar y cumplir con los deberes. De hecho muchos vienen a pensar que su primer deber en la sociedad es exigir sus derechos. No es este el extremo de los franceses, que, por lo que he podido leer, exigen la reforma y adecuación, así como la ampliación a 24h todos los días del año, de los alojamientos para indigentes, entre otras cosas. Lo digo, más bien, por el problema de la vivienda en España, donde recientemente asistiamos al desabellado plan de la expropiación temporal de bienes inmuebles a sus legítimos dueños, a proyectos de "mini-pisos" y otras ideas que tiraban por un camino que no atajaba el problema, y no eran pocos los que aplaudían estas propuestas -sobretodo jóvenes "sin más casa que la de sus padres" y "sin más derechos que los suyos propios". Mientras los franceses defienden derechos sin pasar por encima de los derechos de los demás, por tierras quijotescas estamos enfrentando unos derechos de vivienda con los derechos de propiedad privada.
     
    Ignoro que soluciones se proponen en Francia ni que proyectos se anuncian como para que se haya tomado el Canal de San Martín como Camping provisional, pero en España hace tiempo que tendríamos que haber cogido las piquetas para asentarnos en el Paseo de la Castellana, porque aquí el problema del acceso a la vivienda y el tal derecho de dignidad está tocando ya a capas sociales que no están precisamente en la miseria, sino en la tierra de nadie que queda entre el umbral cada vez más alto de acceso a la vivienda y el umbral cada vez más bajo de pobreza. A los bancos tenemos que acudir con nómina fija, aval y partida de nacimiento de nuestros hijos -o la ecografía que demuestre que alguien heredará la hipoteca. Y las medidas a tomar rayan la inconstitucionalidad con tal de no cerrar el chiringuito del ladrillo que tantos bolsillos y cárceles ha llenado hasta la fecha. E insisto, hay gente que lo aplaude. En España no tenemos aún plena conciencia de lo que son los derechos inalienables de todo ciudadano y, de momento, parece que los hijos de Don Quijote van a quedarse por tierra francesa unos años más.
     
    Hec
     
    Nota: Existe una traducción de Chartre du Canal Saint Martin del profesor García Bardón. No es un castellano perfecto, pero hay poca opción en la red: http://blogs.periodistadigital.com/aeu.php/2006/12/30/quijotes_por_la_vivienda_digna
     
    La página principal de Les enfants de Don Quichotte es la siguiente (en francés): http://www.lesenfantsdedonquichotte.org/
    January 03

    TÍTULOS DE EXPOSICIÓN

    Hoy día hay que saber vender lo que se ofrece, hay que lograr una imagen, una melodía o una frase que llame la atención sobre todo tipo de público. Es costumbre ahora poner títulos a las exposiciones, ya sean estas de arte o de ciencia, al modo de "Bienvenido al maravilloso mundo", frase ya conocida por casi todos y que convierte en aún más maravilloso aquello de que se trate, porque por sí mismo no parece tan maravilloso. Se trata de poner mayor interés del que se muestra, a través del título, aunque este se aleje tanto de la realidad de la exposición como para desvirtuarla completamente. Es lo que ocurre con la exposición que contiene la Fundación Canal sobre M.C. Escher, titulada El arte de lo imposible. ¿Acaso es necesario un título por debajo de Escher que lo convierta en algo de mayor interés? Para llamar al público que no iría sin más, sí, hace falta. Pero un tal título desvirtua absolutamente el carácter de una exposición de este autor, y a esos que "sin más" no irían, tampoco les viene a dar nada. Algo de aire cultural, quizás; un tema que poder sacar para maravillar al resto de vecinos en la vida. Añadir atributos en esos títulos que ya van contenidos en el nombre o la imagen del autor, no pasa de la redundancia, como hablar del genio de Mozart o de la Inmaculada Virgen María. Pero no se puede traspasar el límite del absurdo y venir a considerar que haya un autor y un arte de lo imposible, entre otras cosas, porque Mozart era un genio, la Virgen María no tenía macula, pero Escher no tiene nada que ver con algún tipo de magia o prestidigitación. Lo del "imposible" suele estar más asociado a lo "íncreible", al mago que sobre un escenario nos sorprende con trucos que no conseguimos, ni él nos deja, descubrir. El mago quiere que nos quedemos con la ilusión, con lo increíble del asunto, no con su explicación. Pese a que nos pique la curiosidad, muchas veces preferimos no recibir la aclaración si no hemos sido capaces de sacarla por nosotros mismos. Es el mago quien no nos dejará. Y aunque Escher también toma parte en la ilusión, la óptica, y con ello nos sorprende de entrada, no oculta el truco, entre otras cosas, porque no lo hay. Aquí, ante Escher, no hay traba para descubrir la explicación. Quiere decirse que, hasta con el mago, ese iluorio imposible, permanece misterioso y oculto, que es lo propio, mientras que en Escher ni es misterioso, ni está oculto, y, por tanto, no tiene nada de imposible. Es, acaso, un arte de perspectivas, de profundidad y contrastes, de relaciones de planos, dimensiones, proporciones y distancias, incluida la geometría de la óptica, del mero ver tan cotidiano y que encierra toda una suerte de relaciones y sopresas. Aún más, el mismo Escher se sentía más cercano a las cuestiones geométricas -veánse Moebius o los planos curvos que tan en entredicho pusieron la geometría euclidiana- que al arte.
     
    Pensemos en la xilografía Profundidad (1955) que han empleado para presentar la exposición y bajo la que rotulan eso del imposible, pudiendo haber escogido alguna otra más conocida y chocante en esto de la ilusión -Belvedere (1958), Cascada (1961). Cualquiera que la vea y lea lo de imposible ni entenderá lo que ve ni sabrá qué tiene que ver con el imposible o qué haya de imposible en dibujar algo así. La división del plano, su volumen y curvatura, no es algo que se vea pensando en lo imposible. Lo más, un "pez raro" repetido infinitamente de grande a pequeño. Si se pusiera de antemano eso de la geometría o las matemáticas, en lugar del imposible y lo de arte, quizás no habría las colas que día a día rellenan el parque del Canal pagando religiosamente su entrada. Sin embargo Escher e imposible son dos palabras que ya llevan tiempo uniendo sin dejar percibir que el efecto óptico es, en casi todos los casos, lo de menos. Ya he dicho que Escher no es mago, que no hay truco... pero nos lo hacen creer en muy otra prestidigitación con títulos y palabras para que pasemos por la taquilla y confundiendo lo que se expone con lo que se vende.
     
    Hec