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    January 27

    EL TEMPORAL QUE ARRASA A ESPAÑA

    Hay dos temporales que enfrenta España: el climatológico y el político-económico. ¿En cuál cree el lector que nuestro Gobierno pone su acento? Efectivamente, en el climatológico. Sólo quieren saber del viento huracanado y serrano que sopla y tira árboles o rompe paraguas. Después de la imprevisión de la gran nevada madrileña, han encontrado esa trinchera del clima. O acaso, este Gobierno está muy atento al culebrón cómico de espiones en Madrid. Y, ¡cómo no!, muy centrado en su verdadero trabajo: el mitin electoral para la votación vasca y la gallega. Ellos, a lo suyo, conseguir votos a base de baños de masas, aplausos, sonrisas, promesas... esto se les da de vicio.

     

    Del otro temporal, con cifras como la reactualizada del paro en un 14% y subiendo -doblamos a Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania- o el superávit volatilizado y el déficit instalado creando recesión en el país, no se habla. Que salga el ministro de economía, Solbes, a decir que el Gobierno ya no puede hacer nada por parar esto y se les ha acabado el margen de actuación, no es suficiente para destituirle o, más honrado, para que él mismo dimita en ese reconocimiento explícito de ineptitud, incompetencia y absentismo laboral. Que el ministro de industria, Sebastián, nos venga con sus ideas de bombero como la última de sólo consumir productos españoles para salvar puestos de trabajo, sin tener en cuenta los que se perderían entre los dedicados a la importación-exportación, o la retirada de empresas extranjeras afincadas en suelo español por un boicot semejante, y que esto, más sus otras grandes intervenciones como la de la corbata, no sea suficiente para cesarle, es de traca. Que el ministro de justicia, Bermejo, sea tan incapaz de negociar debidamente con el tercer poder del Estado, el judicial, que amenaza huelga, y haya dejado pasar el tiempo ante la tormenta que se venía encima, con razón o sin ella, y aquí no pase nada, asusta. De la ministra de fomento mejor no hablar, que al fin y al cabo, la culpa –como en general es para todo este Gobierno- no es suya, de absolutamente nada. Nadie sabe qué anda haciendo Moratinos en exteriores –quizás buscando a Obama-, aunque el problema de las “embajadas” catalanas por el mundo, no parece que le importe. En educación, con Mercedes Cabrera, desde el rapapolvo de PISA y la Educación para la Ciudadanía estancada en los tribunales, no ha vuelto a decir esta boca es mía. La Sanidad de Bernat Soria, con sus células madre y el aborto, la Vivienda de Beatriz Corredor, después de aquella ocurrencia de comprar suelo a las inmobiliarias convirtiendo el ministerio en una inmobiliaria más, y Corbacho en Trabajo, missing todos. Cultura, con Molina, sigue en su cruzada contra la piratería y pro-canón. Administraciones Públicas, de Salgado, sirviendo de cobertura al presidente Rodríguez Zapatero con esa previsión de empleo que consiste, ni más ni menos, en un trabajo temporal que no maquilla las cifras ni las esconde. Igualdad e Innovación, siguen sin servir para nada. Defensa tampoco hace mucho, dando titulares sobre pantalones, con una ministra, Chacón, declarada pacifista y antimilitarista, que debe de ser la razón por la que nuestros militares siempre están en “misión de paz” y nunca metidos en medio de los fregados de las guerras exitentes. E Interior, con Rubalcaba a la cabeza –personaje oscuro donde los haya-, entre sus medallas deteniendo terroristas –ahora sí, antes no- y su pugna personal con la Agencia Estatal de Meteorología, ya está muy ocupado. ¡Cuántos ministerios tenemos para nada!

     

    Europa no confía en España, la ven como un lastre que puede llevar a devaluar la moneda común, o quizás fuera mejor que volviéramos a la peseta y ya la devaluamos nosotros solitos. Los bancos siguen sin dar créditos; hay empresas quebrando; no existe un motor de la economía claro cuando el “ladrillo” se ha venido abajo; los autónomos y las PYMES siguen con graves problemas; los trabajadores continúan yéndose a la calle... ¿dónde están los fabulosos y comprometidos sindicatos de U.G.T y CC.OO? ¿Dónde se encuentran todos esos discursos de movimiento obrero, derechos laborales etcétera? Chupando del bote con una tranquilidad pasmosa mientras ven y oyen llover. ¿Dónde debemos buscar a quienes se han pasado la vida gritando que su causa es un puro compromiso con la sociedad y sus problemas, una dura lucha social? A algunos de ellos los encontraríamos en el mismo Gobierno. A otros sobre escenarios.

     

    La oposición, ¿qué hace? Bueno, los nacionalistas e IU, ya sabemos que tampoco morderán la mano que les da de comer y les deja hacer y deshacer. Ya sabemos de antaño que quien se mueve no sale en la foto –aplicable a los sindicatos y titiriteros. Rosa Díez y el flamante UPyD, que prometía ser alternativa nacional, cada vez más parece que sólo le interesa ETA, el PNV, Batasuna y el País Vasco. Rajoy, que según pasan los días se le ve desmejorado, vive más preocupado por lo que ocurre dentro del Partido que fuera, en la España que pretende gobernar, y sus escasas intervenciones suenan a automatismo político.

     

    Y Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno de España, se decide a dar explicaciones antes en un plató de televisión -la nacional, que es como jugar en casa y sin contrario con el arbitro a favor- que en el Parlamento. Aunque... el término “explicaciones”... no es del todo correcto... sería mejor decir que viene a enseñarnos la práctica del “donde dije digo, digo Diego”. Nunca prometió pleno empleo, nunca alardeó de superávit, nunca negó la crisis, nunca usó del antiamericanismo, que el problema económico empezó en Estados Unidos, que la culpa es de los bancos que no dan crédito pero que él no les ha regalado dinero, y también es culpa de los que aún trabajan y no consumen... en fin, el reverso del anverso del reverso del verbo, dicho con una sonrisa, para terminar inmaculado y sin pecado concebido porque siempre hay otro, otro que puede ser cualquiera y contra el que este Gobierno dispara a discreción para no mancharse el traje. En una sola cosa no nos ha mentido Rodríguez Zapatero: efectivamente el gasto social se incrementa –raro que no presuma de ello-, aunque sólo sea en subsidios por desempleo.

     

    Así es la España que vivimos, tan distante de la que Zapatero ve en su cabeza, tan distinta a la que nos vende día tras día. Este es el patriotismo que nos enseña: negar la realidad y no asumir ninguna responsabilidad. Pero el gran problema es que, además, los españoles no tenemos alternativa y no sabemos bien si Zapatero es lo peor que puede pasarnos o lo menos malo. Aquí no hay Obamas –aunque no creo en ellos-, y menos aún social-demócratas -¡qué ocurrencia la del presidente!-, porque, encima, el que presume de serlo es el que Gobierna.

     

    Hec
    January 19

    LA FE MUEVE OBAMAS

    El hombre es un ser religioso, o al menos con mucha fe, sino en Dios, en el ídolo de turno. Nunca entenderé el porqué de la gigantesca ola de frenesí, entusiasmo, optimismo, idealismo e, incluso, idolatría, levantada con el señor Obama, mucho antes de ser elegido. Aún no ha hecho nada y el personal aplaude entre convulsiones cada pestañeo de Barack. Es que es negro, me dicen, y eso es histórico. Pareciera mérito el ser negro. Es el primer negro en llegar a la Casa Blanca, me señalan. ¿Y por eso se ponen como se ponen? ¿Por eso lo ensalzan como un Mesías, un ídolo de masas y el Hombre –con mayúsculas- que arreglará el mundo? Se mezclan dos cosas: que Estados Unidos tenga un presidente negro y que este presidente sea la panacea planetaria. La algarabía por lo primero ha generado la creencia de lo segundo, y no tienen nada que ver. El contraste histórico de colores no me lleva razonablemente a pensar que el mundo vaya a ser un lugar mejor, porque los factores mundiales que determinan el infierno o paraíso en el que vivimos, obvian los colores de la piel. Por otro lado, seamos sinceros, frente a Hillary Clinton, McCain y Palin, y con un presidente saliente como el señor Arbusto, tampoco era algo impensable o complicado, aún cuando fuera negro –si es que en Estados Unidos es un impedimento a estas alturas de la película. Era el otro lado y el desconocido. Sumémosle esa potencia publicitaria de medios, la fotogenia y el enorme trabajo en una campaña hecha a golpe de pantallazo televisivo al nivel de los grandes Estudios, con un continuo baño de masas y famosos colgados del brazo. ¡Y mira que no es viejo truco lo último! Cuando veo al famoso de turno sujetando algo, sé que me lo están vendiendo; el famoso sirve para hacer la comparación: si yo lo uso, es de lo mejor. Al caso, si yo le aplaudo y le voto, es el salvador.

     

    Es lo visto por Europa. Ignoro cómo fue por las tierras norteamericanas. Que en medio de la histeria colectiva, como candidato se vino para Berlín a soltar un discurso en la Puerta de Brandemburgo, y ahí también había calado, con muchos menos, eso sí, esperando cual espera salga su venerado icono. Y es que, con Obama, ha salido a relucir esa fuerza idolátrica de la fe ciega que el ser humano tenía enterrada en el fondo de su ser, la fe que, desde tiempos ancestrales, mueve montañas, aunque ninguna se haya movido un ápice por creerlo, sino, acaso, por otras razones. Esta fe, en cambio, mueve Obamas. Quiero decir, se deposita con ojos vendados sobre un individuo que ha sido llamado a hacer algo, sin que nadie sepa qué, y, de momento, como todo profeta, sólo ha lanzado discursos a un mundo con todas las posibles crisis, habidas y por haber: económica, política, social, laboral, moral, religiosa... Con este panorama, es fácil crear para creer la encarnación del bien salvífico en alguien que viene a purgar nuestros pecados pasados, a enmendarlos y religarnos a la correcta senda de lo bueno.

     

    Los pocos discursos de Barack Obama que he podido leer, dicen más o menos todo lo que el ser humano estaría bien dispuesto a corear. Me recordaba a José Luis Rodríguez Zapatero, nuestro presidente aquí en España, pero no tan cutre. Al fin y al cabo, Estados Unidos es el país del espectáculo, del Show must go on!, de la puesta en escena por todo lo alto y a lo grande, sin escatimar recursos y gastos, de los starring y los casting –que tan mal hemos sido capaces de adaptar aquí-, de los reality shows, los Globos y los Oscar de Hollywood. Aquí somos más de andar por casa, pero con pretensiones de hacerlo al más puro estilo estadounidense. Allí, el populismo del hermanamiento de culturas, religiones, razas etc..., no se nota según estallan los fuegos artificiales y suena la orquesta; aquí, excepto el sectarismo del himno del partido, representamos una comedieta mala de lo que se hace en las tierras de ultramar. En España se percibe la hipocresía de la sonrisa cómplice y complaciente del candidato político y el cinismo de sus palabras. En Estados Unidos, no sólo parece que el candidato cree lo que dice, sino que logra contagiarlo. También es verdad que hablamos de la tierra de los telepredicadores y las televentas que, de nuevo, aquí mal copiamos. Por último, aunque por comparar podríamos seguir, en Estados Unidos se vota a individuos, mientras que en España da igual el candidato y sus ideas, se eligen siglas estancadas en lo mismo de siempre.

     

    Sin embargo, Obama ha visto la que se le viene encima. Tanto se cree en sus poderes sobrenaturales que ya en alguna ocasión, con la ambigüedad de todo buen político, ha soltado al pueblo norteamericano algún habrá salidas falsas y reveses, frustraciones y decepciones, que es lo mismo que decir “soy hombre, y por tal imperfecto”. Lógico, con el plantel nacional e internacional al que se enfrenta. Que nadie diga que no se advirtió, que no se dijo. Es la frase de la que poder tirar cuando, efectivamente, lleguen los reveses que siempre llegan, pero con la que no se pretende demoler la fe innata que sobre sus hombros ha depositado el planeta Tierra.

     

    Habrá que esperar para ver, por ejemplo, si Obama recula ante los enemigos naturales de Estados Unidos, o sigue sacando fuerzas del orgullo norteamericano de las barras y estrellas e himno al canto; si alguna vez regañará a su protectorado de Israel, o por el contrario, seguirá sacando la cara por él; si, efectivamente, aguanta y supera la crisis que atraviesan, o ésta termina con su mandato, lenta o rápidamente. Como siempre, hay que esperar, con o sin esperanza, pues una cosa es la fe y otra los hechos. La euforia es buena para ganar elecciones, pero transmite la misma fuerza hacia el desencanto cuando el ídolo defrauda. Y Obama lo sabe. Rodríguez Zapatero –o incluso Rajoy- parece que no.

     

    Hec
    January 17

    SORAYA NOS DICE PATATA

    Una más que sale, hace la patochada y cuando se la critica levanta índice y meñique con el “¡fu, fu, machismo, machismo!”. Lo que sorprende es de quién se trata, Soraya Sáenz de Santamaría, la mismísima portavoz de los Populares. Pero igual que la vez de las ministras vogue, Sáenz de Santamaría debe entender el porqué de las críticas. Una vez más, no es machismo, pese a que con él se quiera confundir para hacer lo que a una le de la real gana. Es la falta de seriedad en una representante política, esta vez de la oposición. Aparecer en periódicos y revistas, posando cual modelo de anuncio de perfumes caros en blanco y negro, donde sólo falta la ya típica frase en francés pour femme, para una entrevista “personal”, pero pública, quita la seriedad del puesto que ocupan estas personas. Y ya que siempre se dice aquello de que de un varón no se diría, sinceramente, no me imagino ni me quiero imaginar a Rodríguez Zapatero torso al descubierto o descamisado, marcando pectorales, o a Rajoy en calzoncillos y luciendo abdominales con el cartel de pour homme. Ya digo, porque, simplemente no es serio.

     

    Quizás es que el Partido Popular ha decidido tirar la casa por la ventana, y si aquéllas salieron en el vogue, haciendo poses con ropas caras al mismo tiempo que eran ministras, y no le fue tan mal a los psocialistas, han decidido emprender el mismo camino de la majadería pública vendiéndose en el periódico afín, con la exhuberancia de sus miembros jóvenes -¿miembras? Ya por siempre nos quedará está otra estupidez. Será que no había otra cosa mejor que hacer desde el difuminado partido líder de la oposición que el que Soraya venga a contarnos su vida y a exhibirse en plan book fotográfico.

     

    Luego, ya se sabe, “es algo privado”, “es personal”, “nadie me dice lo que tengo que hacer en mi tiempo libre”, “me siento indignada de que se me critique”, todo ello al grito de “¡machismo!”, berreo de guerra que sirve para que salgan en tropel el resto de políticos, unas a arroparla y otros a decir lo estupenda que está y poco más, para que no caiga el chaparrón corrector ¿Habrá que recordarle que el asunto se publica en tirada nacional? ¿Recordarle que el contraste entre verla en las páginas de política y en la portada haciendo poses sugerentes bajo el rótulo “A solas con Soraya” no casa? Con estas cosas, varón o mujer, se pierde credibilidad y se gana en frivolidad e infantilismo, se da la imagen de que estamos a otras cosas mariposa –quepa decir que es lo único sincero que se desprende. Y a las mujeres, aunque no se quiera decir, no les hace mucho favor frente al absurdo tópico del exhibicionismo femenino y aquello otro de que les gusta que las miren; o las barbaridades que distinguen entre cuerpo, inteligencia y el salir guapa, maquillada y con modelito, pero sobre todo, bien en la foto.

     

    El personal votante, y el no votante como es mi caso, damos con un capricho gratuito y  tonto; el pueblo topa con la superficialidad a costa del voto que buscaba formalidad, responsabilidad, sensatez y saber hacer y estar. Le daba exactamente igual si en un varón o en una mujer. Pero aquí seguimos, con la charanga, la pandereta y el traje de faralaes –o el sensual vestidito-, siempre de fiesta y a ver quién hace o dice la más gorda –con lo último me refiero a todo el hemiciclo en pleno, sin pensar en géneros, sólo en el número plural y los numeritos que se marcan en grupo o individualmente.

     

    En su momento, de Chacón dije que entendía pantalones donde se decía vestido largo; ahora Soraya Sáenz de Santamaría dice que no busca polémica... ¿qué esperaba? ¿qué le aplaudiéramos la gracia? Una de dos, o les falta imaginación para verlas venir a sabiendas, o les sobra para creer que son apropiadas las sandeces que nos regalan y para las que siempre tienen tiempo. "A solas con Soraya"... a solas alguien tendría que haberle dicho algo, antes de dar el espectáculo para todo el país diciendo patata.

     

    Hec
    January 16

    UNA HUELGA JUDICIAL

    Mi experiencia sobre tribunales y jueces es muy corta, y muy desagradable. Poco puedo saber de ese día a día, aunque las únicas veces que lo judicial pasó por mi casa lo hizo como una parca. Constaté en su momento, y constato aún, sin embargo, que siempre han sido verdad dos principios populares sobre las cosas de la justicia: que es muy lenta y que sale muy cara. Falta de medios o no, el atasco judicial es mítico y legendario, antiguo como el Testamento. Y como en aquél, que todavía estamos esperando la celebración del juicio final, en nuestra justicia, más terrenalmente, se esperan meses y años sentencias y resoluciones, recursos y decisiones. Querrá decir esto que, siguiendo la lógica, la falta de medios siempre ha ido aparejada a la toga del señor juez. Por ello que exista un tercer principio más sobre la justicia: que es injusta. Esto tampoco es algo nuevo, pues es conocida la diferencia que media entre la justicia y lo justo.

     

    Los Magistrados fundamentan todo ello en la falta de medios, en sistemas de archivo que se caen a pedazos, en nulas vías de comunicación entre tribunales, en escasez de funcionariado... y al verse expuestos a la opinión pública como puros incompetentes a los que se les escapan los malos más malos –que por lo visto, hoy, estos son todos los delitos moralmente relacionados con lo sexual, las mujeres y los menores, que hasta los asesinos, narcotraficantes y estafadores están mejor vistos-, y como corporativistas que no se sancionan a sí mismos con dureza cuando lo anterior ocurre, se han puesto de acuerdo para echar un pulso al Estado con la amenaza de huelga. ¿Se imagina el ciudadano lo que supondría un paro judicial? Evidentemente, más atasco y más retraso, esto es, más injusticia. Por otro lado, como siempre sucede, un paro de lo público supone un secuestro directo de la ciudadanía, pues la administración pública es exclusiva. Quiero decir, si una compañía aérea se pone en huelga, existen otras a las que se puede acudir para volar y llegar al destino. Pero si la huelga es de funcionarios y poderes públicos, no queda otra que aguantarse y tragar.

     

    Se discute durante esta semana si los jueces pueden ir a la huelga. En este país, por poder, pueden. Además ellos no van a salir perjudicados, pues no perderán por ello su trono. De justicia es; que sea justo es lo discutible. Lo cual no debe sorprendernos, porque, como ya hemos dicho, esa diferencia va grabada a fuego en la piel de sus señorías y en las puertas de sus Salas.

     

    Lo que en todo este debate falta es sinceridad. Se les olvida a los Magistrados su continuo sentenciar a golpe de alarmismos mediáticos, por ejemplo, que vienen luego a llenar las mesas de recursos de condenados; me refiero a ese persistente lavarse las manos como Pilatos cuando la plebe alborotada pide la crucifixión y ante ella ven peligrar su cargo o su buen nombre. La cosa ha llegado a sentar precedente y costumbre. Ya no hace falta que la plebe pida crucifixión, para actuar con total injusticia según esa otra ley del “por si acaso”. Haya o no lobo, los Magistrados lo huelen al cabo de la calle y se ponen a resguardo. El ente alarmista de los medios ha empapado los juzgados de tal manera que parecen no estar pensando en aplicar la ley, sino en el titular del día de mañana en caso de que las cámaras apunten con el objetivo a su mazo. Farruquito, Mari Luz y Tirado, el del cercanías de Barcelona, Ibarretxe y compañía, Wanninkhof, el Colegio Suizo... En esto también sería preciso que los jueces se pronunciaran, si algo de conciencia queda; sería de honradez que las togas salieran al paso y no se comportaran como una extensión del telediario; que no sólo ante las presiones políticas, sino también ante las mediáticas defendieran su independencia y su compromiso con la aplicación proporcional y adecuada de la ley, sin tener, después, que andar rectificando, desdiciéndose, enmendando, exculpando etc...

     

    Hemos visto reabrir causas de forma excepcional o ampliar plazos cuando a la fiscalía se le ha pasado la fecha, sólo por ser noticia; revocar libertades sin fianza por prisiones preventivas a tenor de las Ana Rosas; han aumentado las condenas ejemplarizantes según se engordan las páginas de sucesos que ahora, muchas veces, ocupan directamente la portada; ha crecido la población reclusa de forma exponencial y han disminuido considerablemente las suspensiones de pena, la concesión de permisos y la clasificación en tercer grado –así están las prisiones, a dos barbas por celda cuando la ley dicta el derecho a celda individual, aunque este derecho no es el único que se conculca tras los muros. Pero también varían las cosas según a quién se juzga y a quién se condena o a quién se beneficia en prisión; dependes de la Sala que juzga tu caso con una total incertidumbre, pues el asunto puede alcanzar distancias espectaculares según caigas en ésta o aquélla, ya sea la puerta de al lado u otra Comunidad Autónoma. Dicho de otro modo, aunque se hable de doctrinas, interpretaciones e independencia, éstas, cara a la ciudadanía que se ve metida en un proceso, empiezan a parecerse más a eufemismos de una total falta de criterio común y la existencia de una heterogeneidad que ralla en la arbitrariedad y la indefensión. El único criterio común es el que deriva de los telediarios, y este se vuelve inapelable pese a que siempre se añada que la decisión se puede recurrir. Todo ello, empero, supone gasto y atasco también, como siempre que no se hacen las cosas bien.

     

    Cosas hay, sin embargo, de las que no se quiere hablar. No entran en la moralidad de lo correcto y la galería. Se abre la caja de Pandora, la de los truenos con esto de la huelga, pero sólo a medias, para no ver las cosas que guarda en el fondo. Simplemente faltan medios, sin más.

     

    Hec

    January 12

    UN POCO DE TODO

    Hay peleas por varios frentes del corral. Que si los pantalones de la Chacón, porque se la critica que se saltara a la torera el protocolo del acto de la Pascua Militar y no el hecho mismo de que llevara pantalón –que sería del más recalcitrante machismo-, aún más siendo la responsable de Defensa, donde, si los militares llevan una sola arruga en el uniforme, no lo llevan, falta algo o una mota de polvo mancha la bota o las hebillas, se atienen a sanción, expediente o parte. No queriendo entenderse esto, se la ampara con el “se la crítica por ser mujer” y el “a un hombre no se lo dirían”, que viene a ser un “no me puede criticar usted porque soy mujer”. Pero el debate no es machismo contra feminismo, sino que la Ministra, ante aquello de “vestido largo para las señoras”, entendiera pantalón. No se trata de si las mujeres pueden llevar pantalón –por Dios, que lejos suena eso en el tiempo-, ni si le quedaba bien o mal, o si el modelito era fino y elegante. Ahora bien, que si la respuesta va a ser que quien critica es un machista y que a alguien, por ser mujer, ni se te ocurra toserle en nada, mejor dejar el fregado a otro valiente.

     

    También otra Ministra está en el candelero. La tantas veces denostada Magdalena Álvarez, conocida en el corral ya por Maleni, recibe por todos lados por sus gestiones en la cartera de Fomento. El tren de alta velocidad no marcha, los aeropuertos andan revueltos, las carreteras nacionales... le faltaba la nieve del otro día para ver su capacidad de reacción y encontrarnos con escasez de respuestas. Ella practicó la ciencia popular para reparar lo que se rompe: apaga y vuelve a encenderlo –reinicia que decimos ahora-, ya se trate del televisor, la radio, el ordenador... Ella lo hizo con el aeropuerto. Luego lo explicó en algún extraño idioma, que dicen es la modalidad del andaluz, pero que ni los andaluces entienden. Una cosa es tener acento andaluz, y otra muy distinta no saber hablar ni expresarse. Aquí es donde Nebrera se equivocó. Yo, a los andaluces, les entiendo perfectamente, y, sin embargo, a Maleni, en esa suerte de frases inconexas carentes de verbo y llenas de muletillas, no. Pero, igual que antes con lo del machismo, aquí se ha salido con que criticar a la Ministra es ofender la particularidad dialectal del andaluz. Si yo fuera del sur, con lo que sí estaría ofendido es con que se equipare mi acento con la incapacidad expresiva. Sin embargo, como ya lo hizo Rodríguez Zapatero con su “z” y los leoneses, como si estos escribieran con faltas de ortografía, pues parece que no importa hacerlo ahora con Andalucía.

     

    Por otro lado, ayer asistimos al resurgimiento de los “titiriteros”. Ya pueden caernos bombas y asesinatos de ETA, ya puede haber más de tres millones de parados, que los de la ceja y los sindicatos no están por la labor de manifestarse y apretar al Gobierno. No, ellos, los bien pagados, sólo se manifiestan con los injustos actos bélicos, las invasiones y las guerras allende nuestras fronteras que son televisadas o algo tienen que ver los Estados Unidos e Israel. Que con un 13% del paro, un millón de empleos destruidos en el año que acabamos de dejar, sueldos lamentables para los que quedan trabajando y el país en recesión, aún no le hayan plantado una huelga general ni le estén dando a Rodríguez Zapatero, es pavoroso. Por menos he visto a esos mismos sindicatos organizarlas y muy gordas. Pero gobernaban otros. Que muriendo nuestros soldados en otros lugares del planeta tierra, aumentando la cifra para enviar más, los actores y cantantes antimilitaristas, pacifistas y del “no a la guerra”, se queden callados y a sus cosas, es como para mirarles de arriba hacia abajo y preguntarles qué causa defienden. ¿Sólo se atreven a gritar cuando median unos tres mil kilómetros y medio? ¿Sólo cuando sus habichuelas están protegidas? No sé, además de las cosas caseras, pienso en la invasión de Rusia en Georgia, o su guerra del gas con Ucrania, los desmanes de China en Tibet, los de Corea del Norte, Cuba, África y sus guerras... Y yo no he visto a los “titiriteros” y a Zerolo, acomodados burgueses manifestantes de fin de semana, en la calle por nada de todo esto. Algún día nos explicarán sus fotos detrás de determinadas pancartas y su silencio respecto de todo lo demás, porque lo del “compromiso” y la “causa”, los Derechos Humanos, el “No a la guerra” y esas cosas que dicen, resulta, cuando menos, insuficiente para dejarnos claro por qué unas veces sí y otras veces no hay manifiesto, según en qué caso nos encontremos, según quién muera y dónde, según qué país mueva ficha... o según la religión que se profese.

     

    Sólo nos quedaban los chistes. El “año de nieves, año de bienes” de Fernández de la Vega, desde la Vicepresidencia, estando el país y Madrid como estaba, y el “Al mal tiempo, buena cara” de Maleni. Sonaba a sorna: lo último que hay en la España cotidiana son bienes y buenas caras.

     

    Hec
    January 09

    CAE LA NIEVE

    La letra de Adamo decía “Cae la nieve/ y esta tarde no vendrás”. No vendrás, no llegarás, no volverás, no irás... cualquiera serviría para el día vivido hoy en gran parte de España y Madrid, varados por tierra, mar y aire. Si por lo general los meteorólogos aciertan poco, esta vez no dieron una. Y más para la capital, Madrid, que se ha visto desbordada toda la mañana por una sorprendente nevada que ha colapsado la circulación y ha llevado a cancelar las operaciones en Barajas.

     

    No es esto, empero, lo que más ha llamado mi atención, sino el hecho de que hubiera que circular con cadenas en Madrid por la nieve acumulada y sin retirar y la falta de sal. Los conductores andaban pensando dónde va a parar el dinero dado en impuestos de circulación o gasolina, y todo lo pagado a costa de tener, usar y disfrutar de su vehículo. Otra pregunta que se hacían era dónde estaban hoy los guardias civiles que comúnmente habitan arcenes, autopistas y carreteras endosando multas, porque se han visto pocos.

     

    Aún más grave todavía era la actitud de nuestros señores políticos. La Comunidad de Madrid sólo hablaba de lo que es competencia del Estado, como por ejemplo, la carreteras nacionales, o lo que es competencia de las alcaldías de distintos municipios. Según ellos, lo suyo funcionaba a las mil maravillas. He oído decir que la Presidenta, Esperanza Aguirre, que iba a viajar a Valencia al final se ha quedado para dirigir un gabinete de crisis, y que, fíjese usted, estaba dando la cara. Sin embargo, parece ser que ella iba camino del aeropuerto y no ha podido salir, por lo que no ha quedado otra. Las concejalías, como la de Ana Botella, que es Medio Ambiente, nos vienen contando las toneladas de sal almacenadas en previsión, pero, claro está, no repartidas por las calzadas. El Estado, por su lado, echa balones fuera con el típico “no es momento de buscar responsables, sino de ayudar a los ciudadanos”. Pero, conste, se ha dicho desde la Vicepresidencia, mientras que a la Ministra que más responsabilidad tiene por el caos de carreteras, aeropuerto y trenes, Magdalena Álvarez, no se la ha visto el pelo en toda la mañana, y lo mismo se nos ha ido ya de fin de semana. La Agencia Estatal de Meteorología se cubre con que se ha informado puntualmente de la situación de riesgo por nieve, tanto anoche como hoy en la madrugada, en contra de lo dicho por la Comunidad. En fin, el cruce de acusaciones político tan común cuando sucede lo que no tiene que suceder y se percibe que el personal está más indignado y más encrespado de lo normal. Tiempo no han perdido, desde luego, en descargarse de responsabilidades ante micrófonos y medios, que no en prever y reaccionar antes.

     

    Cierto es que en España, y más en el centro y sur del país, la falta de costumbre en estas situaciones, nos desborda. Es histórico ya el dicho de “cuando caen cuatro gotas Madrid se atasca”. Sin embargo, no es nada habitual llevar cadenas para el coche cuando uno va de su casa al trabajo en la ciudad, ni que se tengan que abandonar los coches en cualquier lado o se cierren los accesos a las terminales del aeropuerto. Tampoco lo es que líneas de autobuses urbanos e interurbanos no circulen. Durante un par de horas la cosa ha ido a más, y nadie ha tenido la percepción de que se estuviera haciendo algo. Porque esa es la otra excusa para la falta de previsión: que no es normal lo sucedido y por eso no hay preparación suficiente. La misma excusa que hemos oído los ciudadanos en otras ocasiones que una nevada, más fuerte o más floja que la de hoy, nos ha caído encima.

     

    La imagen de Barajas lo dice todo, desde luego. Pasajeros abandonando los taxis a las entradas de vehículos de las terminales y recorrérselo andando con sus maletas, para encontrarse con todas las operaciones canceladas hasta próximo aviso. ¿Acaso un aeropuerto internacional como Barajas no está capacitado para operar en circunstancias como éstas? Ahora que estaban saliendo de los problemas de la huelga encubierta de controladores y demás...

     

    No otra cosa les faltaba a esos más de tres millones de parados –que estamos en un 13%, a niveles de 1996- que les nevara mientras esperan en la calle a las puertas de las Oficinas de Empleo –culpa del tiempo en lo de la nieve, en lo del paro...-, o que ni siquiera pudieran acudir. Y a los que tienen trabajo, cruzando los dedos por llegar al puesto en algún momento del día, aunque fuese apretujando sus costuras en un vagón de metro.

     

    Hec
    January 07

    DIOS VA EN AUTOBUS

    Cuando leo que, con esto de los lemas ateos y librepensadores en las publicidades de los autobuses municipales, lo que se pretende es animar el debate sobre la existencia de Dios, me quedo de una pieza. ¿Qué debate? ¿No tenemos suficientes debates ya como para dedicarnos a la teología y la metafísica urbana? La verdad, no me imagino a la gente por las aceras discutiendo la inmortalidad del cangrejo, sino mirando escaparates de las rebajas, yendo con sueño hacia sus trabajos, haciendo cola en el banco para ver si salen airados del mes, u otra cola en las oficinas del paro. Sinceramente, que exista Dios o no, o que con Él o sin Él podamos disfrutar de la vida o no... tenemos sobradas pruebas de las dos cosas. Pero, sobre todo, que en nuestra sociedad viene a dar igual que exista para convivir –otra cosa es cada uno con su fuero interno. El creyente acude a sus ritos en domingos y fiestas de guardar y el no creyente se queda en casa, o pasea, o se va a tomar un cafelito con otros no creyentes, o con los no practicantes. Esto, con el Cristianismo, claro, y el Dios trino –me pregunto si el debate se abre también con el Islam, el Judaísmo y las otras religiones. Y tal como está el bagaje cultural de nuestra España, si se diera el caso de un debate sobre la existencia o no de Dios, sobre nuestra feliz o infeliz vida con Él o sin Él, no quisiera que me pillara en medio, pues, como poco o muy poco se puede decir de Dios, estos debates pronto derivan a discutir la Iglesia, la Biblia, el multiculturalismo religioso y todo el maremagno de temas de andar por casa, archisabidos y plagados de clichés, que nada tienen que ver con Dios y su existencia. Así, hasta que al gracioso de turno le da por empezar con los juegos escolásticos y retóricos tipo: ¿Podría crear Dios una piedra que pesara tanto que ni Él mismo pudiera levantarla? De un lado a otro, de un tema a otro, arañando la superficie entre sandeces, es como suelen ser estos debates de altura, cuya única seriedad está en el gesto y la pose de los “debatientes”. De veras, cuando asisto a tales conversaciones me siento como si el foco de discusión fuera quién ganaría una pelea entre Superman, Batman y el Capitán Trueno.

     

    Un lema publicitario y un líder espiritual es lo que hace falta para armar el belén. El Mesías ateo para la ocasión es Richard Dawkins que de biólogo, etólogo, evolucionista y darvinista, ha pegado el salto al otro lado de la realidad. Y pareciera que por su reputación científica se haya ganado el puesto de propagador del ateísmo y en torno a él se reúnen asociaciones de ateos y librepensadores –así se hacen llamar. Por lo menos, cada vez que se le menciona, se dice primero toda su fama y reputación y, luego, su dogma o su opinión, según se mire y se piense. A eso se le llama falacia ad verecundiam. Por otro lado, dentro de su mucha palabrería –y al tema no le falta verborrea por cualquier lado-, la cosa se resume en que el evolucionismo está comprobado y el creacionismo no. Otra falacia en la argumentación, la llamada ad ignorantiam. Con estas dos premisas, es más complicado aún un debate que viene a resucitar el muerto del conflicto ciencia y religión.

     

    El lema en cuestión dice "Dios probablemente no existe, deja de preocuparte y disfruta la vida". Tal cual lo leo, me resulta un lema más agnóstico que ateo, porque al ateo no le dolerían prendas en asegurar la no existencia de Dios. Es el agnóstico aquél que, no pudiendo asegurar lo uno o lo otro, viene a considerarlo incognoscible y a vivir dándole igual. Así, el "probablemente" y el "deja de preocuparte" no son afirmaciones propias del ateísmo. Pero ya viene siendo habitual confundir unos términos con otros, tal y como llevamos visto con el laicismo.

     

    De todas formas, si en esta España nuestra estamos tirándonos de los pelos por quitar o no la religión del aula, el crucifijo de turno, el belén, sustituir a los Reyes Magos por Papá Noel, y cosas así, poniendo el grito en el cielo cada vez que un cura, un obispo, un cardenal abre la boca para hablar de la eutanasia, el aborto, los matrimonios entre homosexuales... ahora venimos y damos cancha a que un científico abra la boca para hablar de Dios al personal. Y, conste, yo no le voy a quitar la palabra. Simplemente, no lo veo proporcionado.

     

    Por otro lado, en un país en el que ateos y agnósticos se casan por la Iglesia, quieren bautizar a sus hijos y que hagan la comunión vestiditos de marinero, y se enfadan porque el cura se niega; en un país en el que los creyentes practican el ir a misa los domingos, pero se les olvida su moral cristiana durante los otros seis días de la semana; un país en el que, se crea o no, se celebra la Navidad, la Semana Santa, los patrones y patronas que vienen a ser Santos, sólo porque son días de vacaciones en los que no se trabaja; en el que nos tiramos contra las imágenes porque hay que tocar la estatuita de turno que sale en procesión y organizamos unas avalanchas de no te menees... no me parece que en un país como éste pueda darse ningún debate teológico. Aunque, de todas formas, que Dios exista o no, no es cosa que se decida en tertulias. Y si lo que se discute es mi creencia o no... ¡Allá cada cual! ¿O es que también vamos a homogeneizar esto en alguna cumbre de la UE? Tal como están las cosas no me extrañaría un Decreto Ley que legislara la existencia de las divinidades.

     

    Yo me adhiero a aquel “los caminos del Señor son inescrutables” -y también su medio de transporte-, que vale para creyentes y ateos. Todas las demás discusiones no tienen que ver con Dios, sino con la persona; Dios es la excusa para darle profundidad a los debates de dos dimensiones que empiezan con la bondad de Dios y el mal en el mundo y terminan dirimiendo sobre las emociones de las piedras. Bien empezamos el 2009.

     

    Hec