sofoclex's profileENDOXAMIENTOBlogListsGuestbook Tools Help
    October 29

    SUAREZ FUE EL CAMBIO

    Ayer celebraban los psocialistas, contando con los dedos, los veinticinco años corridos desde aquella victoria electoral en 1982. Tan significativo es para el PSOE aquel triunfo que han ido estos días calificando, al entonces electo Felipe González Márquez, el “Presidente del cambio”. Y esto es algo que llama mi atención y mi sospecha de que el psocialismo sigue imparable en la apropiación de los acontecimientos de la historia. Actualmente tenemos un presidente, Rodríguez Zapatero, que se declaró heredero de la II República, rojo de convicción, condenando, día sí, día también, al franquismo y señalando sus acólitos con el dedo acusador a todo aquel que se distancie de tal condena. Un presidente que insiste en borrar las huellas del pasado franquista, y viene a contarnos su particular visión de los hechos en forma de ley. No puede sorprendernos, entonces, que Felipe González sea, a pesar de Adolfo Suárez, el presidente del cambio. No le consideran continuador del camino democrático, ni el sucesor, sino el cambio, la “vuelta de la tortilla”. De pronto, parece que Felipe González y los psocialistas son los que trajeron la democracia a los españoles, las libertades y los derechos. ¡Cómo si el franquismo hubiera perdurado hasta aquel octubre del 82! Hombre –dirán-, de algún lado venía aquel Adolfo Suárez.

     

    El cariño que el pueblo español tributa al recuerdo de aquellos años, tiene el nombre de Adolfo Suárez e incluso de Juan Carlos I, rey de España. El presidente de entonces, queriendo dar los pasos cortos y medidos, con precaución serena y conciliadora, era increpado por los continuistas del régimen, de un lado, y por los apologistas del cambio radical y la ruptura total de un plumazo, de otro; una moción de censura y el uso indiscriminado de los medios de comunicación, en pleno auge y explosión de la supuesta “libertad” –exenta de responsabilidad y seriedad- contra un presidente que rehuía esos mismos medios que ni informaban, ni contrastaban... simplemente publicaban el nuevo rumor y nuevo direte junto al antiguo dime, juicios sin fundamento pero devastadores, y alegres y relajadas interpretaciones de lo que se decía, trastocándolo al “¡lo que ha dicho!”. Lo dicho, casi nunca correspondía con lo que sobre ello se decía. Para el conocimiento de la calle, Suárez estaba mediando en la estúpida pelea española; y como siempre, el que media lleva las de perder. Erosionaron y calumniaron al presidente hasta derribarlo, en lugar de ayudar, los mismos que ahora aplauden su gestión –sólo porque sería un error frente a la sociedad no reconocerlo- al tiempo que se proclaman creadores y gestores del cambio. Posteriormente, estos aplaudidores del según sople el viento, probaron la misma enfermedad comunicativa que ellos propagaron y que no impidieron... ¡y no les gustó! Felipe González sufrió en sus carnes el mismo acoso y derribo que él y otros muchos empujaron contra Suárez. Justicia divina lo llaman, aunque, sinceramente, es más un efecto boomerang: a él le volvió con catorce años de mayor fuerza, y el golpe lo tumbó. Y es que, además, había material para tumbarlo. El que juega con fuego, se quema, es refrán que sirve para la politización de los medios y su uso, que, al final, disparan también por la culata.

     

    Existe una entrevista, que data de 1980, a Suárez, donde uno encuentra a un político inusualmente sincero. Acaso fue esa la razón de que no se publicara. En ella, el presidente no se defiende, porque le faltarían horas para corregir las barbaridades publicadas sobre él, pero sí describe el ambiente de su alrededor. Intelectuales gallegos y políticos que reprobaban el Estatuto de Galicia como una ofensa, sin leerlo ni analizarlo, sino porque lo dijera Guerra o Fraga –canción de la que tenemos versión moderna hoy-, germen del opinar sin saber, y calar en el pueblo la ignorancia como verdad. Un presidente que sabe muy bien porqué el pueblo lo apoyaba en 1976, y no se arroga la bandera de la libertad como otros, sino que comprende que la población quería evitar la confrontación. Él sabe que le seguían porque “les apartaba de los cuernos del toro” y no había utopías en su cabeza con que embeberles.

     

    Son ahora esos, los de las zancadillas, el insulto, el rumor o la mentira, los de la libertad y el cambio, quienes pretenden un hueco que, al final, la Historia –con mayúscula- no les ha dado. Por eso celebran su victoria en el 82 y no antes. Por eso, cuando se habla de Transición –también con mayúsculas-, por encima de todo luce el nombre de Adolfo Suárez sin nadie que esté a su altura, porque estaban ocupados en trastabillarle por abajo. ¡Quieren apropiarse del cambio! Para ellos la democracia empezó en 1982. Sólo saben mirarse a sí mismos, y hacen patrimonio suyo la historia –con minúscula- que más les interesa.

     

    En aquella entrevista, Suárez clamaba:

     

    Soy un hombre absolutamente desprestigiado. Sé que he llegado a unos niveles de desprestigio bastante notables... he sufrido una enorme erosión (... ) Yo sólo digo que me juzguen por mis obras. ¡Dios mío... que no son todas deleznables!

     

    Quien dice esto, es el verdadero Presidente del Cambio –también, en mayúsculas. Dios, o quien sea, quiera darnos un presidente como aquel, que se alejaba de la prensa política y del político del “tam tam de la selva”, porque reconocía en ellos el cáncer de nuestra sociedad y el obstáculo para España. Pero no aprendemos, preferimos el “tam tam”; y Suárez se quedó solo, una soledad Histórica en un momento trascendental, porque otros quisieron pasar a la historia como lo que no fueron, usurparon un hueco a la medida, levantaron los brazos, se hicieron la foto triunfalista... ese es su mérito veinticico años después.

     

    Hec

     

    Nota: La entrevista a Adolfo Suárez en 1980, publicada por el diario ABC:

    http://www.abc.es/hemeroteca/historico-23-09-2007/abc/Domingos/entrevista-inedita-a-adolfo-suarez-soy-un-hombre-completamente-desprestigiado_164932329050.html

    October 28

    ¡QUE VIENE EL LOBO CLIMATICO!

    O se es un catastrofista o no queda otra que ser un imbécil. O nos creemos a pies juntillas el agorero Apocalipsis de Al Gore con el que hace caja, ¡inmensa caja!, o la turba nos hará negar tres veces antes de que cante el gallo en la amanecida. Pero como aquí se hace político todo, para gozar de la buena consideración del público hay que ponerse a la izquierda y pasar la mano por el lomo de este señor, y dejar caer unas monedillas -¡más que unas cuantas!- en su bolsillo. No se puede decir que es exageradamente alarmista; no se puede decir que no firmó Kioto. Si se dice, la ortodoxia te tomará por el enemigo que niega el holocausto climatológico, aun cuando no lo niegues, te abrirán un expediente social y llevarás el letrerito de apestado.

     

    Permitan, sin embargo, los bienpensantes, algunas palabras. Y es que esto de proteger el medio ambiente, el problema del cambio climático y la contaminación, la ecología y el largo etc., además de ser cierto que existe, también es cierto que es un buen negocio. Me recuerda, singularmente, la ola de concienciación sobre el hambre en el tercer mundo, ahora olvidada por el reventón del planeta. Al principio uno daba libros usados, enviaba comida de conserva y enlatada –no caducada-, juguetes de segunda mano de los que nos hubiéramos hartado... esto cuando yo era pequeño. Después, todo tenía que ser nuevo o, si no, ¡dinero! ¡dinero! ¡dinero! Cuentas en bancos para hacer donativos, grandes galas televisivas, botecitos por la calle para dar la moneda, porcentajes en los impuestos, y, más tarde, vinieron tocando la fibra con los apadrinamientos, que no era sino seguir dando dinero por la cara de un pobre crío colocado ante la cámara. Tras, no sé ya cuantos años se supone luchando contra el hambre, no han terminado con el problema que, hasta hace muy poco, era problema mundial, global, de todos. Y no me atrevo yo a multiplicar los donativos –la palabra se queda corta para la recaudación- por los años de concienciación, porque la cifra asustaría al más pintado. Igual que asustaba y sensibilizaba la cifra de muertos por hambre, que hasta nos daban las de los niños, y se hacían predicciones a diez o más años, para que se supiera cuántos serían si no se hacía algo. A día de hoy, nadie niega el hambre ni las muertes, pero muchos ya se han pasado al lado escéptico sobre el catastrofismo y, sobretodo, al lado crítico que se pregunta por el dónde fueron a parar tanta ayuda y solidaridad.

     

    Tan manoseado está el asunto del hambre, o del SIDA, que había que cambiar el problema, no así el análisis y los resultados, el discurso. El problema de todos es ahora el clima, la flora y la fauna, e igual que con el hambre, lo malos que somos quienes vivimos en las llamadas “sociedades avanzadas” y “ricas”, las únicas que tiene moneda para el nene. Y a hurgar en la conciencia, a usar de nuevo la televisión, la imagen, poniendo en la responsabilidad del hombre de determinados países el cataclismo global, y a embolsar dinero a manos llenas. Empezamos por el reciclado y los cubos de colores, separando y proporcionando gratuitamente la materia prima, como operarios de lo más eficientes. Luego se han creado fondos para el tintineo, y tenemos profetas poniendo el número de sus cuentas bancarias por delante para lanzar sus mensajes apocalípticos, y exhibir sus cintas grabadas espectacularmente por grandes estudios, superando al National Geographic. Con la excusa de que siempre habrá alguien a quien concienciar –porque es difícil medir el nivel de concienciación global-, seguirán dando la matraca de lo que es auténtico problema, pero a precios de lujo. Seguirán viniendo a contar, con diferentes medios y caras, lo ya conocido por todos, mientras esperamos a que estos grandes profetas aporten posibles soluciones, e inviertan en ellas. Pero eso ya es gasto que, probablemente supere el ingreso, y ya sabemos: a gastos mayores que ingresos, mal negocio.

     

    Todo buen vendedor y publicista viene simulando querer llegar hasta nosotros, al interior, donde escondemos esa fibra sensible para hacerla sonar. Y cuando la melodía suena como una antigua caja registradora, sonríen. Nosotros sonreímos también porque han conseguido que pensemos que algo hemos hecho ya por el planeta y por el común de los mortales –lo que vulgarmente se llama “limpiar la conciencia”. Doy la voz de alarma, y pongo como primer paso de la solución el propagar mi "voz de alarma" a cambio de dinero. Nadie ahora se sentirá estafado, todos corren ahora hacia la multitud para ver qué pasa, qué congrega a tantos, qué trajo por aquí a Vicente. Pero cuando acabe el shock, a algunos se les quedará cara de tonto, como si hubieran caído en el tocomocho y la estampita juntos, se disolverá la muchedumbre. De aquellos que nunca cobraron y nunca se les hizo caso, se pensará que vienen también a darnos el palo, aunque ya estuvieran ahí de antes en un teatro menor sin starring.

     

    ¡El dinero que se recauda concienciando al personal! ¡Lo que engordan las cuentas a costa de subrayar problemas! Pagando porque vengan a contárnoslo para que, al final, se desinfle a cambio de uno nuevo, por el que volveremos a pagar. Así, como el affaire entre Pedro y el Lobo: lo mismo es cierto que el planeta salte en pedazos mañana, aunque cada vez que Pedro grita aquello de ¡lobo! ¡lobo!, seamos menos los que nos lo creamos por ver al maldito Pedro reír a carcajadas nuestra inocencia sensiblona, con una cartera a la cual ya se le se están rompiendo las costuras. ¡Qué viene el lobo! Y muy bien el lobo puede estar viniendo, incluso asomando las orejas. Sin embargo, hay quien lo ve sólo porque Pedro lo grita; y hay quienes miramos a Pedro y nos sorprendemos de que su salario dependa de avisar la llegada del mal, y no de salir a cazarlo. Esto sí que merecería el Nobel y el Príncipe de Asturias.

     

    Hec
    October 27

    SON ELECCIONES, ¿SABE USTED?

    No sé yo si van a quedar jueces en el Tribunal Constitucional para juzgar lo que tengan que juzgar. Y es que los políticos ante la ciudadanía están exhibiendo, con tanta recusación de jueces favorables o contrarios, lo que esta ya sabía, aunque nunca se ha querido reconocer. Siempre nos han salido con eso de “acatamos las decisiones judiciales, porque es un poder independiente ¿sabe usted?”. Pues no, no lo sabemos porque nunca hemos visto que sea independiente. Lo será para el raterrillo y el delincuente de oficio, pero cuando la cuestión es muy otra se les ven los hilos y hasta las manos que controlan los gestos de los tribunales, de los fiscales y jueces.

     

    En el Constitucional está ahora ese autoproclamado proyecto de Rodríguez Zapatero que es el Estatuto de Cataluña, denunciado por la oposición. La misma oposición que comenzó recusando a un juez por su colaboración en la redacción del texto que hay que juzgar, cosa lógica en principio. Pasa el tiempo, parece que alargado a propósito para hacerlo coincidir bien con las fechas previas a las elecciones, bien con las posteriores –según estén las cosas en los sondeos. Y ahora el gobierno ha venido a recusar a dos jueces del mismo tribunal, considerando que han prejuzgado ya de antes –en contra, por supuesto. La respuesta de la oposición ha seguido el envite, y recusan a otros tres –que van a favor del Estatuto. Así, los hilos ya no son hilos, ni las togas, togas, sino cuerdas de soga, de las gordas y anchas, imposibles de ocultar.

     

    Pero el gobierno sale a decir que ellos recusan porque han de velar y garantizar por la independencia del poder judicial, ¿sabe usted? Pues no, no lo sabemos, porque suponíamos que la tal independencia se garantizaba con la no injerencia del gobierno ni de poder alguno, y sin embargo ahora nos enteramos que se fundamenta en la injerencia del gobierno y el poder. Y la oposición se justifica con el “si ellos lo hacen, es que vale para todos”, que, aunque igual de intervensionista en lo supuestamente independiente, al menos suena, de lo infantil que parece, sincero.

     

    ¿Cuál es el tema? Muy simple, Barcelona está que se hunde con los trenes que a marchas forzadas –y eso que son de alta velocidad- está metiendo el gobierno con calzador y empujando. Tres líneas de Cercanías cortadas, ándenes que se hunden, atascos monumentales, pasajeros de aquí para allá empleando dos y tres horas en recorridos de cuarenta y cinco minutos –pero pagando sus impuestos, eso sí-, y unas obras que ni han cumplido los mínimos de seguridad como tampoco cumplirán los plazos del Presidente -¿fecha? Antes de elecciones, claro. Lo más grave es que ya llevan meses con problemas en los Cercanías, con apagones generales en la ciudad, y anteriormente con barrios enteros que se tragaba la tierra. ¡Hecatombe de infraestructuras en Barcelona! En estas, el Estatuto tiene que salir, sí o sí, de la chistera y lámpara maravillosa en que quieren convertir el Constitucional antes o durante las elecciones. Y la oposición no quiere que del Tribunal salga el genio a conceder deseos electorales. ¡A recusar, entonces, por ambos lados! La independencia ha salido por la ventana y nos ha dado en la coronilla a los viandantes... la misma coronilla hasta la que nos tienen.

     

    La Ministra, la de Fomento, Magdalena Álvarez, primero echa las culpas hacia atrás en el tiempo, que es que para ella la cosa viene de la falta de inversión de legislaturas pasadas, cuando gobernaba la actual oposición -¡cómo no!-; y luego rompe, y no rompe, el contrato con la empresa adjudicataria de las obras. ¡Fuera culpas! Los demás, siempre los demás. Señora Ministra, que esto no sólo ocurre en las obras del AVE en Barcelona, sino que Valladolid y Málaga no andan mejor que en aquella.

     

    Sí, es el prototípico clima de campaña, o pre-campaña –que uno ya no sabe cuál es cuál-, esta vez entre recusaciones de jueces y socavones e inundaciones en las obras del AVE. ¡Y Cataluña es socia de gobierno! Están tan mal las cosas, que hasta los socios de Rodríguez Zapatero piden la cabeza de la Ministra en bandeja. Algo tiene que salir adelante, o caer definitivamente en el infierno, para que cada uno pueda colgarse la medalla ante la población antes de que estos vayan a las urnas. Para ello son capaces de ir sin plan de infraestructuras y pasándose por donde yo me sé la independencia judicial. Son elecciones, ¿sabe usted?

     

    Hec

    October 24

    LOS HEROES

    Un vagón de metro. Una chica de quince años inmigrante, un sujeto que hablando por el móvil la insulta, la veja, le pellizca un pecho y finaliza su actuación con una patada en la cara. El vagón vacío menos víctima, agresor y otro pasajero, que detrás de unos asientos va con su música. ¿Contra quién arremeten los medios? Contra la chica evidentemente que no, ¡faltaría más! ¿Contra el agresor? Por descontado que él se ha definido, y se eluden calificativos. Pues sí, contra el tercer pasajero que, en tal situación y en un vagón vacío no interviene. Los héroes que tras el televisor y los micrófonos se erigen en defensores de un agravio y una brutalidad como esta, arremeten contra el tercer hombre, por no salir en defensa de la dama en apuros, de la menor agredida, de la inmigrante atacada por el racismo. No les parece normal que alguien no se meta; les resulta incomprensible y señal de que en nuestro país no hay conciencia ni alma en sucesos tan terribles. De pronto tenemos una España llenita de valientes que nunca consentirían que tales cosas ocurrieran delante de ellos. ¡Menudo cobarde! Es este el resultado de un profundo análisis.

     

    ¿Cuántas situaciones se han encontrado estos valientes? Lo normal, si uno entra al trapo, es haber decidido llevarse las tortas, el mal golpe que te deja en el sitio, quizás el navajazo. Si la cosa no termina tan funestamente, seguramente se juzgue en un tribunal como reyerta y simple pelea, ¡y a pagar multa por ambas partes! Porque el que va a mediar y a defender, es el que termina por pagar los golpes. Porque, probablemente, nuestro tercer pasajero en la historia, no sea un salvaje dispuesto a ir abriendo cabezas por despecho, no haya soltado un guantazo decente en su vida, no sepa defenderse como para ir defendiendo a los demás. Los héroes le increpan que tampoco hace falta terminar a golpes, sino que bastaba con recriminar al agresor sus actos... ¡claro! Levántese usted y dígale al mameluco que está haciendo mal, suéltele el discurso sobre los derechos humanos, los menores y la violencia contra las mujeres, y, si consigue acabar el mitin, piense como terminará el cuento. Es posible que deje a la chica en paz, o que después de haberle cruzado la cara al tercero, vuelva a por la primera, todavía más mal entonado.

     

    En tal suceso, sólo se puede intervenir in situ si uno se siente más fuerte, no moral ni intelectual, sino físicamente, es decir, preparado para recibir y dar golpes, para defenderse y atacar, que es como acabará la cosa. Eso, o buscar ayuda. No le faltaban a nuestro tercer pasajero ni valores ni moral –que le acusan de indiferentismo-, sino, probablemente, superioridad en el cuerpo a cuerpo, y, sobretodo, experiencia en la batalla. ¿Cobardía? Ni mucho menos. Acaso a los héroes les parece poco lo visto en las imágenes y querían más; ver, a lo mejor, como le calentaban la cara a este otro hombre. Les parece un gesto noble y virtuoso que alguien otro ofrezca su rostro para que se lo rompan a él y no a la chica. Sólo entonces, cuando todos los presentes hubieran recibido, vendrían nuestros queridos medios de comunicación arremetiendo contra el agresor y nadie reprocharía nada al argentino –dicen que es argentino. Los mismos medios que, mientras crucifican al pasajero, han puesto los micrófonos ante la boca del agresor –que entre otras cosas está en libertad con cargos- para que este se explique y justifique, sin recriminarle nada cara a cara –acaso una voz en off, grabada posteriormente.

     

    ¿Para qué sirven las cámaras de seguridad, que así las llaman? Ponen eso de “por su seguridad existen cámaras de vigilancia...” etc. Existen para luego llevarlas a un juzgado, y para pasarlas por la televisión, nada más. Y ya sabemos que luego, la grabación no pesa tanto en el juicio, y en la tele dan audiencia con el morbo. ¿Dónde se ha metido esa fiscalía que, se supone, actúa de oficio en estos casos? Desaparecida en sus cosas y reaccionando tarde y mal, y eso que vivimos en la legislatura de la defensa del menor, la mujer y el inmigrante. ¡Qué oportunidad han perdido! –porque es oportunismo y medallas lo que les mueve. Y ahora vienen los políticos, en su particular contienda, a pedir explicaciones –una vez han calculado el posible resultado beneficioso de la feliz idea de buscar responsables. Seguro que nos espera una semana de quicio con el asunto, exagerándolo más si cabe. Ya han empezado los alarmismos sobre un emergente neonazismo; de pronto hay racismo por doquier... El agresor, que estaba disfrutando una libertad con cargos, ahora lo quieren meter en la cárcel –veinte días más tarde- sin más, por orden del ministro Bermejo, y ya veremos si le terminan condenando ejemplarmente –es decir, independientemente de la gravedad de los hechos, condena firme, máxima y dura, como advertencia a unos y guiño para la complacencia social.

     

    Al final, tenemos a la chica asustada y ocultándose pensando que irán a por ella; al argentino, debajo de las piedras, pensando que si sale le seguirán dando los héroes y moralistas en la distancia; y el agresor, que debiera ser juzgado según sus actos conforme a la ley vigente –esa que suele parecer muy floja-, ahora es cabeza de turco de la fiscalía política que viene a lavarse la cara ante el público femenino e inmigrante, ante Ecuador y la sociedad en general, después de haberse lavado las manos. Ante un caso tan flagrante, y la polvareda morbosa que hemos montado con la pasividad del argentino -la que le ha caído- y no con la inoperancia fiscal -que ahora parece es su único caso.

    Hec

    October 23

    SOBRE LA ZETA CASTELLANA

    Tras haber pasado una legislatura identificándose con las cosas del norte, cosas de las que no había atisbo antes de su llegada, pareciendo que el resto de España –y no sólo Teruel, esta vez les acompañamos- no existía, viene Rodríguez Zapatero con la “z” del alfabeto castellano como insignia de su campaña. Después de tres años y pico por Cataluña y País Vasco, más que desfaciendo entuertos, entuertando lo fecho y por facer, se nos acerca con esa “z” final por la que, fonéticamente los castellanos, tendemos a terminar las palabras que acaban en “d”. Dice que le vendrá de la familia y de su tierra, como haciendo una broma que luego no tiene gracia.

     

    La facilidad que otorgan el hacer del presidente y los encargados de sus campañas para que surjan a colación muletillas humorísticas, es increíble. Ese con “z de Zapatero”, según dicen, ha perdido la “p” del “ZP Presidente”. Otros, más avispados, crean lemas tipo “con z de Rodríguez”, apelando al marido que queda en casa, La Moncloa, bajo la excusa del trabajo, mientras la familia marcha de vacaciones, y que en realidad, se dedica a divertirse y a ser infiel pensando que aquí nadie se entera de sus juergas –eso sí, ¿qué tiene el presidente contra su primer apellido?. También se dice que es la “z”, como última letra del abecedario, el fin de España. Acaso la “z” del Zorro, héroe y justiciero que, curiosamente, luchaba contra la Corona de España. Y tirando más del hilo del Zorro, en Diego de la Vega hay quienes reconocen también a Diego López Garrido y a María Teresa Fernández de la Vega; o siguiendo por los justicieros, ahí están Mazinger o Bola de Dragón, con sus “z”. En otros círculos se apela a la unión de la “z” y el dormir, como símbolo de la gestión del presidente frente al pretendido uso que él le ha querido dar cantando sus logros. Por su lado, la Asociación de Víctimas del Terrorismo, ante el enjuiciamiento de su presidente Francisco José Alcaraz por injurias al Gobierno, va con el lema “de la A a la Z, todos somos AlcaraZ”.

     

    Ahora bien, parémonos a mirar la historia de la “z”. Yo llego hasta el alfabeto griego, y de ahí me entero que proviene del fenicio “zai” que significa “arma” en arameo. ¡Arma! Nada más y nada menos que un pacifista como Rodríguez Zapatero haciendo apología de las armas. Pero la cosa es aún peor: la forma antigua, en castellano, de denominar a la letra de marras era “ceda”, como la Confederación Española de Derechas Autónomas. Acaso por esto la Academia no recomienda este uso y se decanta por lo de “zeta”.

     

    Pero hay algo positivo: el presidente ha conseguido que los españoles cojan el diccionario para meterse con él, buscando palabras que comiencen con la “z” y así rellenar “Con Z de...” con Zángano, Zopenco, Zoquete, Zote, Zascandil, Zafio, Zapador –será por lo de excavar a la búsqueda de muertos de la guerra-, Zarrapastroso, Zombi, Zonzo, Zumbado, Zurraspa, Zurullo... ¡la de palabras que empezaban a perderse y hemos recuperado! Así es que los españoles, para otra cosa no, pero para las tonterías, y sobretodo para responderlas, gastamos energía con sumo gusto y hacemos lo impensable.

     

    Algunos han pensado que con esta sandez, el presidente ofendía a los leoneses –su tierra- diciendo que no saben hablar. Menos mal que, recogido como variedad dialectal, nuestra ancha Castilla –la de la meseta, aunque en Madrid muchas veces nos comemos hasta la “z” y no finalizamos la palabra- lo lleva con orgullo. Por esto le hace falta a José Luis Rodríguez Zapatero remarcar el rasgo para que le miremos como un Cid Campeador que viene hacia Burgos al galope, picando a Babieca, a recuperar el favor del Reino, perdido en destierro –en este caso voluntario. Sin embargo tiene un problema: aquí no es cierto eso de “¡Oh Dios, que buen vasallo, si oviese buen señor!”, sino al contrario: hay buen señor –la tierra que se gobierna- y muy mal vasallo –ese que dice que la gobierna. Incluso el Cid conquistaba Valencia para Alfonso VI, y al de la “z” le hace gracia que el nacionalismo catalán reclame aquella y las Islas Baleares para fabricarse su propio país –països catalans. Esperemos que después de su mandato, no haya de empezar una nueva Reconquista.

     

    Hec

    October 20

    EL PROBLEMA DE ESPAÑA (IV PARTE): NACION SIN ESTADO

    España, actualmente sigue como dijimos: nada fluye, todo permanece –dando la vuelta a Heráclito. Efectivamente, persiste en ese Estado sin Nación, donde nada nace ni emerge, donde todo se estanca en “estado de cosas” desligados. Cada legislatura y cada votación se pretende sea un punto cero del que partir y a partir del cual hay que aguantar lo posible antes de que lleguen al poder los otros, antes de que todo se precipite de nuevo al punto cero, haciendo las delicias de Sísifo. Sin embargo, la piedra que tan pesadamente arrastramos y elevamos, esa España que no para de subir y caer, se quiebra con cada golpe contra el suelo. Es cuestión de Física, sobretodo el saber que cuanto más alto, más dura es la caída. Es cuestión verdadera del mito que, aunque nunca cayera el pedrusco, nunca llegaríamos a ningún lado. Ahora que, ¿se trata de llegar a algún lado? Ni mucho menos. El asunto es mantener la piedra alta y evitar su caída, el batacazo, el resquebrajamiento, nada más. Asunto desatendido por todos aquellos que buscan siempre empezar la labor y dirigirla, y no sólo continuarla.

     

    Nada nace y todo se estanca; y lo que se estanca, se pudre, se cae de viejo o lo tiramos por viejo. Entre lo que se cae por naturaleza y lo que tiramos por estupidez, queda nada –“tierra de nadie”, dijimos en su momento. Y es que, aquí es la biología la que manda, para que algo nazca ha de ocurrir alguna fecundación, cosa de dos excepto en el hermafroditismo. Así es, empero, en nuestro país, en el que se padece de hermafroditismo en cada legislatura: tras cada elección tenemos un nuevo fecundador –fundadores, en terminología política- que pretende ser madre y padre de lo que cree su criatura. Dentro de sí mismo lo genera y en la presidencia se dedica a parirlo, con mayor o menor dificultad. Acaso sea por esto que en realidad, sólo sea padre, pater –la patria-, y la madre, mater –la matria o matriz- la tierra que se gobierna.

     

    Lo habitual del hermafroditismo político es olvidar que tal tierra existe, que en ella hay huellas de estados anteriores. Lo normal es no reconocer al hijo/a que al amparo de su madre ya camina. Un rechazo en toda regla del hijo/a no deseado, un aborto imaginario y constante, que únicamente sabe criar apátridas: hijos sin padre y de una madre olvidada. Generaciones que aman la tierra y odian a su Estado, y se mantienen estáticas a la espera de un nuevo padre adoptivo, de la llegada de la verdadera patria que les reconozca y donde encuentren su posibilidad de emerger y eclosionar.

     

    Se tiende, por error, a confundir “patria” y “tierra”, pues el apátrida no carece de tierra, la falta que acusa es de Estado, de cobijo y protección. Por la tierra vaga, abandonado, en busca de la patria como la entendía Cicerón: Donde quiera que se esté bien, allí está la patria" ¡Donde se esté bien! ¿Quién si no el Estado es quién vela por ese “bien”? O con Maeztu, para quien “La patria es espíritu. Ello dice que el ser de la patria se funda en un valor o en una acumulación de valores, con los que se enlaza a los hijos de un territorio en el suelo que habitan”. Es decir, que la patria no es sólo padre, sin más. Ha de ejercer como tal, no en el sentido peyorativo de “papá Estado”, del que mima al hijo, sino del que une fraternalmente enlazando a sus hijos y la tierra en que viven, de forma que estén bien.

     

    Patria no es Nación, por tanto. Identificarlos nos lleva al incestuoso nacionalismo, como supo ver Erich Fromm, incluido el nacionalismo regionalista que fagocita, como Saturno –ya el de Rubens o el de Goya-, a sus hijos. Sin embargo, lo que empieza como bocado sabroso, termina indigestándose en el interior. Y en el exterior siempre queda un Júpiter –Zeus- dispuesto a guerrear contra ese padre, dispuesto a cometer “patricidio” –parricidio.

     

    ¿Cuál es el problema de España? Que carece de verdadera patria, que se mueve constantemente en el incesto del Estado y la Nación, o en el hermafroditismo del Estado, con el eco de fondo que siempre llama al parricidio, el sueño nacionalista de Maragall en la Nación sin Estado. El problema de España es que el Estado se ha vuelto enemigo de sí mismo, al dejar correr en el tiempo la cuestión, en la figura de sus hijos.

     

    Hec

    October 19

    POLITICA ROSA

    Últimamente, como tengo mucho tiempo libre, he cometido el error de ver esas tertulias y debates televisivos entre periodistas y algún representante político, que no son sino el paso que faltaba para volver a la política del color rosa y el morbo de otro tipo de programas deleznables. Una serie de personas tirándose los trastos a la cabeza en vivo y en directo, como acérrimos enemigos enfrentados, cada uno desde sus posiciones y bandos. ¡Hasta los sientan teniendo en cuenta derecha e izquierda! El público aplaude y corea, ansiosos por participar con su exabrupto. Si por ahí andan los Mariñas, Ana Rosas, Izaguirres y Siñerices, tomates, bandas y otras gaitas, por aquí circulan los Tersch, Carnicero, Sopena, Calleja, Ónega, Villa, Oneto, San Sebastián y larga lista de más nombres. Si por allí se abunda en la zafiedad y lo grotesco, en temática tan vacía como absurda, por aquí se revuelve inútilmente en el pasado hasta desangrarlo y aturdir conciencias en disputas de opiniones huecas. Como Umbral, habría que decir sobre la opinión de esta gente aquello de: “que me da igual; porque para eso tengo mi opinión diaria”. El problema es que, en este reino de la opinión, cada vez es más diaria la de toda esta patulea de personajes que la de la población; cada vez más la población deja que se la fabriquen, que se la den hecha, fascinados en el morbo de una buena discusión y enfrentamiento televisado. Así, la dinámica de quién ha dicho qué, o qué no ha dicho quién, o qué se entiende o cabe deducir o interpretar de lo declarado por este o aquel... vamos, como cuando se discute quién se acuesta con quién, qué ha dicho su esposa, dónde anda el hijo... pero con política: con la legislación, el gobierno, la oposición, los jueces, la Constitución y las Instituciones. Sin embargo, mientras que los fluidos seminales y la paternalidad, las infidelidades, bodas, desnudos y falsas intimidades –o ciertas, que ya es- me importan bien poco, la saliva gastada en peleas tan infantiles pero con verborrea seria sobre asuntos serios, de veras que sí me llega a enfermar. Lo que televisivamente se acentúa, motivo del éxito, es la gresca y reyerta opinativa, mientras que la temática es aderezo, guarnición. Es decir, justo al revés del orden de factores. De hecho, el tema va con el día como el menú del bar, y lo fundamental es la boca que nos lo mastica y casi nos lo digiere para que nosotros asimilemos gratamente los nutrientes.

     

    Llevan toda la semanita –por no decir meses- con la memoria histórica. Y los reproches más bien iban en el sentido de “tú eres de izquierdas” o “tú eres de derechas”, o tipo Pilar Raola, que es de las que va identificado franquistas a su alrededor –estratagema conocida para deslegitimar a cualquier contrincante en esto de las tertulias con eso de llamarle franquista, o fascista, o subir el nivel a Nazi; luego el otro, o le contesta mal, o se pasa la disputa justificándose y exculpándose. Allí sentados, gente que sabe de la guerra por abuelos y fotos, echándose muertos a la cara, responsabilidades y ¡culpas! Lo más increíble es esta perra que han cogido algunos con que hay que condenar el franquismo día sí, día también, y ¡franquista el que no condene! –como Mayor Oreja, que por las bravas lo han puesto cara al sol. No sé cuántas disposiciones condenatorias llevamos desde los años 80, ni cuántas leyes de indemnizaciones, reconocimientos... Estos héroes tardíos con sus asambleas y sus luchas a redrotiempo contra símbolos, para reafirmar su posición ideológica consanguínea o camaradesca –de familia o de grupo–, demuestran una incapacidad terrible para hacerse dueños de su presente, y vienen a hacer justicia actual a sus antecesores en el pasado. Y usar el pasado de esta manera, frente a los demás y respecto de ellos mismos es dramático, ligado su hoy siempre al hoy joven de sus padres y abuelos.

     

    Yo empiezo a pensar que hay algo psicológico, una especie de sentimiento de inferioridad frente al resto del mundo –hasta en las peores cosas- por haber tenido nuestra propia guerra contra el Nacionalismo y haberla perdido, mientras que ahí fuera Hitler y Mussolini salieron mal parados, eso sí, a un precio muy alto en vidas humanas. Polarizados con el s. XX, el debate en torno a nuestra historia se centra en los años 30 y posterior dictadura como lo más trágico. Algo así como que en España también ha pasado algo gordo. Y gordo fue, desde luego. Sin embargo, al darse toda esa identificación con el comunismo, nazismo y el fascismo, intuyo que la barbaridad española se intenta poner al mismo nivel que la hecatombe europea, aunque en realidad fue, lamentablemente, el campo de prácticas de tiro mundial –Chekas, Guernica... Pero, puestos a mirar tragedias en España, ¿por qué no hacer una memoria histórica del s. XIX, simiente del siguiente? ¿No son suficientes la guerra de independencia, el exilio ideológico con ese otro salvaje de Fernando VII, I República y tres guerras civiles? ¿Qué tienen República, cuarta guerra civil y franquismo para que estemos obsesionados hoy con nuestro pasado más reciente como si no hubiera otro? Si vamos a caer en la grosería de convertirnos en jueces de nuestros ascendientes, deberíamos hacerlo por orden cronológico: antes de quitar a Franco y condenar su régimen, quememos y condenemos al Cid, a Alfonso VI, a los Reyes Católicos –con su yugo y flechas, que  ya inventaron el falangismo para muchos incultos-, sigamos por el s. XVIII para condenar a Godoy, hasta llegar a la alimaña del “deseado” y “Felón”. Quememos cuantos retratos y estatuas existen y cambiemos los nombres de todas las calles que hagan mención a tanto gobernante ilegítimo democráticamente hablando. Quizás lleguemos al convencimiento de que hay que quemar España, borrarla del mapa, de tanto tirar por sus dos lados ideológicos –realmente parece el juego de la cuerda para ver quien se lleva el gato al agua.

     

    Cuando a principios del XX, la intelectualidad se sacudía entre izquierdas y derechas, Valle-Inclán, con sorna, se declaraba carlista. Ante la memoria histórica y los zánganos de los medios, exijo condenar en el Parlamento a Fernando VII y el s. XIX. ¿Por qué, sin embargo, sonaría estúpida tal condena, de locos, si cabe? ¿Qué estamos haciendo ahora si no lo mismo? ¡Cómo nos gusta revolvernos en nuestra ciénaga nacional!

     

    Hec

    October 18

    ¡JOSEP LLUIS Y CIERRA CATALUÑA!

    Menudo enfado tenía Carod-Rovira con eso de que le llamaran José Luis, así, en castellano. Me recordaba el pasaje de Ezquiel, tan famoso por la película de Tarantino:

     

    Y sabrán que mi nombre es Yavé, cuando caiga sobre ellos mi venganza.

     

    Aquí el nombre que había que saber era Josep Lluís. Según él, los españoles tenemos un problema con esto de la lengua –no lo tiene Carod, parece-, porque se llama Josep Lluís, igual que decimos Schwarzenegger –esto dijo, tal cual. A mí me llama la atención que a un tipo, sobre el que existe gran debate en torno a si se apellida Pérez o no, o si nació en Zaragoza o en Tarragona –hay que ver lo que tiene querer ser catalán puro, raza pura-, le ofenda tanto oír su nombre en castellano –y español por extensión. Y la verdad, compararlo con un apellido como el del actor austriaco, que muy poca gente en España logra pronunciarlo decentemente... Será que tenemos problemas también con la lengua alemana, ¡qué enfado no tendrá el bueno de Arnoldo!

     

    Hay nombres traducidos y nombres que no; por ejemplo, yo he oído hablar de Federico Nietzsche o Manuel Kant, del Rey Arturo, Carlos Marx, el príncipe Carlos de Inglaterra, Juan Benet o Juan Marsé, Eugenio D’ors... y, creo entender, se hablaba de los mismos Friedrich, Inmanuel, Arthur, Karl, Charles, Joan o Eugeni. ¿Qué pasa con Carod? Ahora va a resultar que el castellano parlante no puede decir José Luis al que se llama en catalán Josep Lluís porque no es lo mismo. ¡Como si el que va a Lérida no fuera a Lleida, sino a cualquier otro sitio! ¿Quién tiene el problema aquí? Que se hacía para pincharle, sí, puede ser. Pero como se suele decir, “el que se pica, ajos come”, esto es, que si se hace para que él salte, será, sobretodo, porque saben que él salta con su propia medicina. Y al final, el problema se reduce a decirlo en catalán, en castellano o en los dos.

     

    La cerrazón del Josep Lluís frente a José Luis –la doble personalidad dramática del nacionalismo-, donde todo el mundo entiende lo mismo en distintos idiomas, acentúa el marcado carácter nacionalista que repudia una de las lenguas –la del Estado para mayor gravedad- a favor de la otra. El que marca las distancias y las barreras, al tiempo que exige pluralidad, es el señor Carod-Rovira, que es el que se ofende y el que no quiere oírse pronunciar en castellano. Es él quien no entiende lo mismo en una y otra lengua, por cabezonería ideológica nada más, no por una saludable cuestión lingüística. Sin embargo, para el demócrata de Carod-Rovira, donde los demás debemos tolerar el catalán, él no puede tolerar el castellano, ¡qué impureza para la raza esto del traducir!

     

    Para Carod, llamarle José Luis es señal clara de la falta de interés del español por Cataluña –siento la “ñ”-, y la razón por la que no caben en España. ¡Vaya hombre! Viene a decir que no es Cataluña la que ha de integrarse, sino que es el resto del país el que tiene que acomodarles. ¡Qué no nos interesa su lengua! A mí tampoco me interesa el chino, y eso que es la más hablada del planeta, y de cuyos hablantes tenemos una población inmigrante bastante elevada. Finlandeses, daneses y hasta alemanes, conservando su lengua, aprenden desde críos el mayoritario inglés para poder comunicarse fuera de sus fronteras ¿No puede Cataluña conservar su lengua y manejarse en castellano sin armar el belén que se está armando? Mientras haya gente como José Luis, a quienes el castellano ofende, no. A este paso, tan surrealista como suena, llegarán años en que un catalán y un cordobés deberán hablar en inglés para entenderse.

     

    Las lenguas, y da vergüenza tener que recordarlo, sirven para comunicarse y expresarse, no para autoafirmación identitaria, y menos aún para sentar diferencias y fronteras. Utilizar la lengua como justificación para la incomodidad de un catalán en España, es terrible. Un ejemplo de quienes emplearon la lengua como emblema de su ideología, de su altura y rango, como rasgo de identidad –y, peor aún, como carácter de superioridad sobre otros pueblos- fue el Nacional-socialismo de Hitler, con gérmenes en pensamientos románticos e idealistas anteriores, de muy sana vocación pero de terrible desembocadura. Si yo digo London, y usted entiende Londres, ¡estupendo! ¿Por qué, entonces, si digo Cataluña, no entiende usted Catalunya? ¿Por qué si hablo en castellano y no entiendo palabra del catalán, y si usted entiende el castellano, no le sale de las narices comunicarse? ¿Por qué Josep Lluís, y no también José Luis? ¿A qué ofenderse o dejarse ofender cuando vienen a pincharle? La lengua no es excusa ni razón para el independentismo, y usarla en este sentido es una barbaridad. Aún más, pues me dirán que José Luis usa el castellano para comunicarse, como precisamente demostró en el programa televisivo. Será mejor decir que usa el castellano cuando no quiere intérpretes, para arremeter contra el propio castellano –o socio de gobierno que declara que España no es su patria, en castellano y en la cadena televisiva nacional.

     

    El que quiera aprender catalán, puede hacerlo sin que vengan a imponérselo como tal excusa doctrinaria. Y en el no aprenderlo, no puede deducirse de por sí intención de desprecio a la cultura ajena. Sólo el que se considera identificado ideológicamente con una lengua, es el que se sentirá despreciado porque otros no lo aprendan. El catalán que habla castellano, no es menos catalán, no es más español: es alguien expresando y comunicándose. El catalán que sólo habla catalán y desconoce el castellano –si lo hubiera-, no es más catalán y menos español. El catalán que exclusivamente habla catalán, conociendo el castellano, simplemente por no hablar el último y reafirmarse ideológicamente, catalán o español no lo sé,  pero desde luego, es más estúpido. El asunto no es querer conocer o no una lengua, sino que conociéndola no se quiera hablar o escuchar. El verdadero desprecio es este.

     

    Si lo prefiere el señor Carod-Rovira, haremos como en la anécdota de Shakespeare por todo el mundo conocida: pronunciaremos Josep Lluís leyéndolo en castellano, donde “/j/” no es “/i/” y en  "/ʎ/" somos yeístas, en lugar de traducirlo. De este modo, todos contentos, ¿o no? No, porque el bueno de Carod, exigirá la correcta pronunciación catalana, la de Cataluña para dentro que no tenga mácula castellana: ¡Josep Lluís y cierra Cataluña!

     

    Hec
    October 13

    EL TOTALITARISMO GUERRILLERO

    Hace falta enfundarse una pistola a la cintura para sacarla a pasear cuando se quiera, identificar un dictador contra el que arremeter y morir ejecutado, mártir de la causa “revolucionaria”, para convertirse en un icono y en un modelo, pese a los crímenes cometidos con la excusa de la causa. Parece que cuando se trata de un revolucionario y una guerra, son disculpables, o mejor dicho, olvidables, los fusilamientos y asesinatos. Estos no manchan la aparente bondad del fin perseguido, aún cuando el camino esté teñido de sangre y sesos. Pero hasta en los héroes, mártires, guerrilleros revolucionarios, la causa es, simplemente, la justificación de sus desmanes. Malo cuando la acción de uno precisa de justificación en la que se siente amparado. La causa actúa como parapeto moral para uno mismo y, después, ante el resto del mundo, velando y encubriendo la miseria que se lleva dentro y emerge sin pudor. Y es que, la causa, la justificación, opera desviando la vista y la conciencia hacia el “contra quién” se lucha, e impide mirar la espalda del luchador. Cuanto más malvado sea el enemigo, mayor altura tiene la causa y más se ennoblece la actuación contra él. Pero reducido al mínimo común denominador, a la más pequeña escala, es estar legitimando el “ojo por ojo”, el devolver injusticia por injusticia, aunque, eso sí, la segunda es verdadera injusticia y peor, para que la primera se revista de “justicia revolucionaria”. La moralidad de un fusilamiento, de pronto, depende de quién es fusilado y de quién es el que fusila, ¡no del propio acto! O del contexto de malos y buenos, papeles que dependen también desde dónde se mire, a pesar de que ambos lados lleven acabo las mismas acciones. Es lo normal, pues los dos bandos, los dos costados del atropello humano, se objetivan a sí mismos por oposición al otro: el otro es el malo y lo dañino, mire desde donde se mire. A partir de ahí, ¿quién no mataría al que viene a matar, o apoya al que viene a matar?

     

    Pero suele ocurrir también que, una vez objetivada la posición bélica e ideológica de uno, la extiende al paisaje e identifica enemigos por doquier. Es él quien juzga de primeras, desde su posición, a cualquiera; y es él quien, elevándose en esta dinámica, decide y dispone de la vida ajena, independientemente de cualquier ideología. Si él dice que uno cualquiera es el enemigo, o es un traidor, lo es ipso facto. Y el mecanismo de muerte se pone en marcha. La causa seguirá legitimando esa muerte, porque el muerto es enemigo declarado, aún cuando la declaración de su enemistad no la haya hecho el condenado sino el condenante. La moralidad sigue intacta: se ha matado a un enemigo o traidor, aunque no lo fuera. Sin embargo, ese líder asesino, ya no ve esto último. Quizás lo vean los subordinados que han de cumplir las órdenes. Conocemos la excusa: “yo sólo cumplía órdenes”, junto a “si no cumplo, me matan a mí por traidor”. Esta otra excusa, la del subordinado, delata que por encima se ha establecido una ideología objetivada, un totalitarismo. El que no colabore, se interponga, no siga o impida el imparable ascenso del líder, morirá. Sólo hay un camino: el que arranca del líder y sigue su senda por donde vayan los pies de éste. A las márgenes sólo cabe muerte; en las encrucijadas, muerte. La vida y su movimiento ha quedado regida por la voluntad de aquel. Y aunque se siga poniendo la causa revolucionaria por encima de todo, lo cierto es que ésta es subsidiaria de la voluntad, intermediaria entre la imagen del líder y los ojos de la masa que le sigue. La causa avala ahora la autoridad e infalibilidad de aquel a quien todos siguen, por quien todos luchan, por el que mueren. Ya la causa es el propio líder. Ya su muerte, será la muerte de un héroe, el asesinato criminal de un dechado de virtudes, el fusilamiento del salvador de la humanidad, la potenciación de su modelo y la revalorización de la causa, ahora, con nombre propio.

     

    ¿Qué diferencia existe entre revolución y dictadura? La causa por la que se mata, es decir, el líder al que se encumbra: el nombre propio, voluntad pura, que tiene el consentimiento de encarcelar, torturar, vejar y matar u ordenarlo a su gusto, según sus designios. Él es el destino, llámese Tito, Napoleón Bonaparte, Adolf Hitler, Yosif Stalin, Jorge Rafael Videla, Chi Minh, Pol Pot, Augusto Pincohet, Mao Zedong, Benito Mussolini, Francisco Franco, Fidel Castro, Sadam Hussein... o sus lugartenientes, entre los que se cuenta ese ídolo de camisetas, banderas y chapas, Ernesto Guevara, con el don del gatillo fácil, cuya imagen –contorno del rostro- persiste, paradójicamente a la ideología, porque vende; cuyo nombre y memoria proclaman, paradójicamente, los pacifistas; cuyo apodo, que era despectivo, se volvió insignia; cuyo fusilamiento se califica de asesinato, y sus asesinatos de “revolución”.

     

    Hec
    October 11

    LA FIESTA NACIONAL

    ¿Por qué nos sorprendemos? El día de la Fiesta Nacional, es decir, el 12 de octubre –día de mañana- y los españoles lo estamos celebrando como sabemos: a tortas. En cualquier domicilio se sabe que las celebraciones, en su mayor parte, terminan en bronca. Lo que llevamos aguantado durante la legislatura y, sobretodo, en estas semanas –con elecciones en pocos meses- es, simplemente, elevar lo de las celebraciones hogareñas a la máxima potencia. La derecha ha estado mirando, continuamente, si el presidente Rodríguez Zapatero comparecía o no con la bandera a su lado, o si por el contrario, tan republicano como nos ha salido, la evitaba lo más posible; la izquierda, intentado buscar sus fantasmas en el presente, ha estado los casi cuatro años buscando el “aguilucho” en las concentraciones y manifestaciones para poder gritar ¡facha! o ¡fascista!, y ponerlos a la altura del Nacional-catolicismo.  Tanto lo han hecho que ya da igual el “aguilucho” o no, y lo gritan al primero que lleva la enseña nacional, con o sin escudo real, o al que osa criticar al presidente, al psocialismo y sus leyes de memoria histórica que se conforman con “hacer justicia” a medias y escribir la historia ideológicamente. Los unos con lo del patriota de hojalata; los otros con la traición a la patria y la rendición. Los unos con Irak y Prestige; los otros con la relaciones internacionales. Los unos con el discurso de ricos, pobres y obreros; los otros con el motor de la economía. Los unos y los otros, como siempre, con que la culpa es del de enfrente, con que si yo lo hago o hice mal, tú lo haces o hiciste peor, con el archifamoso “y tu más...”.

     

    Cada vez, cada año, arrastran a más gente a ese fango, y lo que es peor, a más juventud. Cada día se tocan más palos, y el que no encontraba razones para ofenderse el día anterior, las tiene en el siguiente contra unos u otros. Lo que estos representantes del pueblo llaman “política” está enconando, enfrentando y quemando a la población. El de al lado parece exigirte ya que te posiciones, como si se hubiera acabado el poder dar en todas direcciones. Espera un juicio tuyo para poder encajonar y etiquetarte, para poder imitar la situación parlamentaria contigo y soltar las replicas y contrarréplicas comprobando si se ha aprendido bien la doctrina. Toda acción ya tiene pensada la reacción, ya se prepara hacia la respuesta, ya no es inocente: el que cuelga la bandera en su balcón lo hace enfadado, y el que pasea ya lleva la piedra en la mano para romperle los cristales. Se quiere que se grite ¡Viva España!, pero para que lo oigan los que no quieren gritarlo. Empiezan a faltar aire, paz, calma y sosiego, respiro.

     

    Una ETA matando, los independentistas catalanes quemando símbolos de la nación y encarándose al que pillan, los homólogos gallegos renunciando al castellano, el rey callando, los psocialistas removiendo la tierra al encuentro de cadáveres de la guerra, los populares actuando desde la oposición como si fueran el gobierno, la gente sumándose a las filas de estos y aquellos... Imagínense mañana, entre gritos de ¡fascistas!, ¡rojos!, quemando retratos de la Casa Real, y desfilando entre medias el ejército.

     

    ¿Me piden que me sienta orgulloso? De lo que ocurre sólo puedo sentir vergüenza y pena. Nadie debiera sentir orgullo de la estupidez, la barbaridad y el absurdo que nos hacen vivir con cada sol. La bandera nacional no representa, como símbolo, nada de ello. Los únicos que pueden, en medio del galimatías, izarla mañana con orgullo son los que desfilan... y esto, verdaderamente, da miedo. Espero que los españoles sepan dar una lección a la inmadurez infantil de nuestra clase política, y con su respetuoso comportamiento dejen, por contraste, en franca evidencia tanta desfachatez ideológica.

     

    Hec
    October 09

    EL ANTI-MANUAL DE LIRIA Y ZAHONERO

    Carlos y Pedro Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero defienden a capa y espada que su libro “Educación para la ciudadanía” no se ha concebido como manual para la asignatura, ni para su homologación, ni nada parecido. Bien, entonces habrá que preguntarles porqué AKAL, que lo clasifica en la materia de Pedagogía y en la colección Biblioteca de Aula, lo describe en los siguientes términos:

     

    Los autores realizan un esfuerzo poco usual por manejar materias en principio tan densas y 'adultas' del modo más accesible e incluso atractivo para cualquier adolescente medio. Las geniales y corrosivas ilustraciones de Miguel Brieva constituyen un pilar fundamental para la obra, que adquiere una riqueza y calado crítico indispensable para las nuevas generaciones de cualquier democracia actual.

     

    Quizás, efectivamente, no va dirigido a ser manual, pero indudablemente han buscado medrar en la guerra de manuales y en la confrontación y batalla sobre la asignatura, para colocar una obra dirigida al “adolescente medio”, para el que han realizado “un esfuerzo poco usual”, con el título de la asignatura debatida –no será para evitar confusiones. No buscan un lector cualquiera para sus exposiciones y ensayos, sino al escolar, a “las nuevas generaciones”. Los autores, de hecho, lo afirman, en una carta dirigida a los medios, como anti-manual que recoge todo lo que “brilla por su ausencia en los programas previstos para la asignatura”. ¿No se intuye cierta querencia a que sea incluido su discurso en la programación? No será manual, pero la intención declarada de equilibrar la balanza ideológica de los programas oficiales y el buscar al adolescente, señalan el interés de los autores porque este libro llegue a las aulas y a los alumnos. Esto lo aceptan los mismos autores.

     

    Pero, además, para decir que no es “manual”, los hermanos Liria y Zahonero recurren únicamente a su ajuste o no al contenido curricular, a la ley, sin afirmar o no su intención. Esto, sin embargo, lo define como manual escolar, ¿o acaso el “manual de geometría” con que estudiaba mi padre, ya no es manual por no encuadrarse en la programación y contenidos curriculares? Lo sigue siendo, aunque ya no sea, sino que fue, escolar. Los autores que lo han ajustado al “adolescente medio”, a las nuevas generaciones, y a los vacíos de la programación, han ideado un manual que, evidentemente, no puede homologarse. Un libro es manual, no por su concordancia con la ley, sino por la intención de su autor y el estilo y rasgos con que se presenta. Ellos, sin embargo, lo llaman ensayo o anti-manual, normal para los acostumbrados a remarcar antítesis dialécticas. Para los demás, un anti-manual, sigue siendo un manual. Será mentira que Carlos Fernández Liria dijo lo siguiente –declaración a Elplural.com:

     

    Finalmente decidimos hacer un manual, como en un intento de decir: ‘si queréis EpC, la vais a tener, pero la vais a tener en serio’

     

    O que al escribirlo buscaban:

     

    Lejos de ser una asignatura para el adoctrinamiento, con matices ideológicos del pensamiento único, sea una ocasión para reflexionar desde la filosofía sobre lo que es nuestro estado de derecho.

     

    ¿Es o no manual para la asignatura? ¿A qué juegan los hermanos Liria y el señor Zahonero? Cosa distinta es que no lo termine siendo por no ajustarse a la ley, ya lo hemos dicho. Sin embargo, cabe afirmar que lo han escrito como “manual escolar”, que su intención era esta. ¿o no? Ya sabemos, somos imbéciles y no entendemos nada. Ellos han sido muy claros en todo momento.

     

    Hec

     

    Nota:

    La carta dirigida a los medios puede leerse en:

    http://www.elplural.com/media/0000007000/0000007474.doc

    October 05

    COCODRILOS COLORADOS

    Los cachorros “rojos”, esto es, lo “nuevos rojos” –que así se han venido a denominar para los nuevos tiempos, con calificativos viejos- se están cubriendo de gloria con sus campañas videográficas. Ahora vienen representando un concurso conocido, en que enfrentan -he aquí los tópicos simplistas- una mujer joven, aparentemente inmigrante y de aspecto obrero, frente a un “pijo” maleducado, homófobo, machista e inculto, ignorante de los fundamentos del Estado en la Constitución, vistiendo un polo cuya marca se reconoce muy fácilmente por el cocodrilo gigante cosido en la ropa –por cierto, a la izquierda; que pareciera que los “nuevos rojos” visten de rastro, y luego uno comprueba que gustan tanto o más de lo caro. Es la publicidad para defender la ignominia de la Educación para la Ciudadanía. Dicen que el muchachito execrable del video no representa a nadie... y esto, además de la propia grabación, es lo insultante: ¡los españoles nos chupamos el dedo! Es esta capacidad de la izquierda “española” de tratar a la población como imbéciles integrales es la que me enerva. Al fin y al cabo, si ellos quieren lanzar al público lo que es reflejo de su torpeza creativa con imágenes tan simples y estúpidas, pues hay que tragar. Pero que luego vengan a negar lo que todo el mundo entiende, una vez que todo el mundo lo ha entendido, lavándose hipócrita y cínicamente las manos, es una desvergüenza moral y un trato rastrero al público. ¿Están diciendo que no somos capaces de interpretar lo que se nos echa de comer?

     

    Va a resultar que no es cierto que este partido, y sus adolescentes colorados, han identificado el barrio de Salamanca, el conservadurismo catecista de la moral, la homofobia, el machismo... todo ello desgranado desde el principio que iguala el Nacional-Catolicismo y el franquismo con el Partido Popular. Sería casi tanto como si la Comunidad de Madrid negase que, en el otro famoso video de promoción del Metro, el personaje ofensivo de bufanda y gorro no es del Atlético de Madrid. “El video es simpático y colabora al debate”, dice nuestro presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, en uno más de sus resbalones cuando ha de responder sobre la marcha y sin pensar. Su respuesta y el video refrenda la opinión por la que esa Educación para la Ciudadanía se basa en el enfrentamiento, la ponzoña, la ofensa... la oposición de ideologías, claramente, aunque digan que no, identificadas. Y lamentablemente es algo a lo que nos están acostumbrando contra nuestra voluntad: la negación sistemática e ideológica de la realidad por parte del presidente del Gobierno de España, que pinta armonía en el avispero que se ha convertido España desde su llegada, y la normalidad de este tipo de campañas que no hacen sino encender iras que empujan a la población hacia los extremos.

     

    Y yo me pregunto, ¿qué tiene que decir “Lacoste” al ver identificada su marca con semejante personaje? Es también habilidad de la debilidad mental de la izquierda, buscar ofender en una dirección y terminar ofendiendo en otras que ni ha pensado: al caso, no al Partido Popular, sino a la población y a “Lacoste”. Es propio de doctrinarios, aplicar la doctrina sin mirar con quien, y moverse de casilla según convenga sin que parezca que hayan variado sus principios. Mírese si no, la españolidad que ahora exhibe el presidente del Gobierno de España, la defensa de su unión, de los símbolos y las detenciones tardías... ¡aunque se siguen quemando retratos del Rey! ¡Aunque se siguen gritando amenazas de muerte en la calle! ¡Aunque los detenidos ya están de nuevo en las instituciones! Su defensa es de pacotilla, de boquita pequeña, cara a la galería: no pueden suplir unos meses antes de las elecciones lo que han sido casi cuatro años de aliento al socio nacionalista-regional, a los “hombres de paz” y los estatutos de naciones, a la bandera republicana y la mitificación de abuelos, reavivando los muros que separaron sin remedio y asesinaron a la España del s. XX.

     

    El próximo viernes, 12 de octubre, es el de la fiesta nacional, el de la Hispanidad, el antiguo de la Raza. ¿Tarareará el himno Rodríguez Zapatero, a la sombra de la bandera española, hombro con hombro junto al Juancarlismo,  o se quedará en Palacio, puño en alto, porque prefiere himnos que tengan letra internacional?

     

    Hec