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    November 28

    DESCARGA ILEGAL: CLICK AQUI

    La cosa está calentita por la red con eso de la descarga de archivos de música, de video, de texto etc. Hace unos años, eso de “hacker” que pasó a llamarse “pirata informático”, denominaba a una especie de genio de la programación que empleaba su saber para hacer el mal: asaltar códigos de seguridad de páginas web y correos electrónicos, acceder y controlar ilegalmente el ordenador de otro... Hasta surgió género cinematográfico de ello. Pero hoy día el término ha ampliado su campo y ahora se denomina con pirata al que hace un click sin mucha ciencia y se baja una canción con copyright. Una canción que ha sido colgada por otro de vaya usted a saber qué rincón del planeta, y que probablemente sepa más que el del click.

     

    En frente de esta piratería de ratón, está la Propiedad Intelectual y Copyright –en el mundo anglosajón. Estos, en mi desconocimiento, protegen una obra de dos cosas: el adueñamiento y plagio de una obra original, y la explotación comercial de la misma. Hoy día, aunque entre los internautas no exista ningún ánimo de lucro en sus intercambios ni intención de plagiar o adueñarse de la obra original, sin embargo, se les tira a la cabeza la literalidad cada vez más restrictiva del “derecho de copia”. Y es que, tal intercambio gratuito es la peor competencia que podía surgirle al derecho de explotación de una obra, pues, ni en su fondo ni en su forma, viola o impide la autoría o la explotación... pero hace copias.

     

    No han pasado muchos años desde que el mundo llevó sus vinilos a cintas de casete, o sus Betas a VHS. Era el mundo del préstamo de un buen libro o una buena música. Con la doble pletina y el doble video empezó a surgir, además de la copia privada, el intercambio al margen del mercado. La fotocopiadora siempre ha sido un aliado del estudiante para subsanar la falta a clase o la falta de copias y ejemplares en la biblioteca, las obras descatalogadas. Surgió el CD como soporte de audio y poco después el DVD como soporte de audio-video, desbancando definitivamente la mítica cinta y el reproductor de video. La sociedad volvía al punto cero de no poder copiar con los nuevos soportes. Hasta aquí, las copias e intercambios eran físicos y domésticos: hacía falta el original, la cinta virgen pertinente y la relación familiar o de amistad en que se producía el trueque. El daño al negocio era mínimo, e incluso se miraba con ojos publicitarios que podían aumentar los ingresos.

     

    Sin embargo, la red se abrió y llegaron a las manos del público general herramientas de hardware y software dentro de la euforia de la democratización y acceso libre. Ese público general, sin maldad, pudo continuar su antiguo intercambio. Ahora bien, el intercambio ya no era doméstico sino planetario, y el material ya no era tan material: tenía forma de archivo informático con extensión –mp3, mpg, avi... El personal aprendió a hacerse sus propios compactos, a la medida y gusto de cada uno, porque aún perduraba el uso del reproductor portátil de CD y descubrió que podía conservar sus originales intactos procurándose una copia. Aún no se podía con el DVD, pero el paso estaba dado.

     

    Emergieron de la nada, entonces, unos aparatitos que podían enchufarse al ordenador personal por una entrada llamada USB: los reproductores de mp3. El CD agonizaba. ¿Y el DVD? También, porque empezaron a surgir los DVD vírgenes y las grabadoras de este soporte, y software para ello. Mientras tanto, aquella euforia de la red crecía y se avivaba desde todos los sectores: todo empezaba a adaptarse a la red, desde los bancos a la simple compra del supermercado o la Declaración de la Renta. Se convirtió en costumbre y algo muy natural: la gente se descargaba cosas, leía cosas, publicaba cosas... hacía y deshacía en la red.

     

    Pero un sector advirtió el peligro de sus intereses: los dedicados a proporcionar música y películas –ya discográficas, ya productoras, ya videoclubes y comercios o grandes superficies dedicadas a la venta de audio y video- se vieron amenazados por sorpresa a causa del paso tan rápido del punto cero del CD y el DVD hacia este giro de 180º. Seguían teniendo asegurada la autoría y la explotación comercial, pero la clientela se les escapaba de su red de negocio por un agujero que había creado internet. El choque ha sido frontal y violentísimo: se ha pasado radicalmente de un uso indiscriminado, tolerado y alimentado de la nueva tecnología, a una cada vez mayor restricción para proteger el CD y el DVD. ¿La razón? Que todo este sector no reparó en las consecuencias de los cambios, pues revivía aquella época dorada del vinilo: cuando no existía posibilidad de copia; y, también, que a la gente ya le dolía el bolsillo por pagar algunos de aquellos CD a precios bárbaros. Ahora el cliente posee también el medio de explotación. ¡Parece increíble, pero ha ocurrido: en un despiste el medio ha llegado a manos del que está abajo de la pirámide del consumo!

     

    El software se ha ido adaptando cada vez más al usuario inepto, hasta que el poderoso botón derecho del ratón se ha convertido en un apéndice del cuerpo. Existió toda una campaña, junto a los idiomas, para que la gente se aproximara a estos recursos informáticos. Hoy día, hasta el más torpe, sabe navegar por la red, descargar, reproducir, copiar y pegar... Hoy día se mira raro al que no lleva un iPod colgado del cuello repleto de mp3; o un móvil con pantalla a color que pueda reproducir este formato. Las herramientas de Microsoft Office –procesador de texto, hoja de cálculo...- casi se consideran elementos de primera necesidad en el ordenador, como ataño fuera el pan, por la universalidad de su uso e instalación en los equipos, y no se quiere pagar el precio al que se venden. La empresa de Gates se las ve y se las desea para impedir el tráfico de Keywords de sus productos y evitar las copias ilegales.

     

    El cuadro se pinta del siguiente modo: hay una inmensa mayoría de gente metida en la red, pero los CD siguen en sus estanterías del comercio. La sensación es de una absoluta falta de sincronización con los tiempos y la sociedad: peligran puestos de trabajo y el dinerillo que llegaba con el compacto. Así, entre el acceso general y público a la tecnología y el asegurar el comercio, se redactan leyes, decretos, se imponen cánones e impuestos entendidos como multas previas al delito, y empiezan a darse contradicciones entre los derechos de los usuarios y los derechos de las empresas. No se quiere ir en contra del usuario, que sería políticamente incorrecto, pero tampoco se quiere perjudicar el negocio. Entre medias todo se decora, por ambos lados, con discursos demagógicos sobre la cultura, el artista... ¡Sorprende ver autores próximos al comunismo defendiendo su propiedad privada! Pero son arenas movedizas, cuando oferta y demanda han roto sus relaciones, con el acceso al medio de producción por parte de la demanda en un descuido de la oferta. Y en esas arenas, el usuario empieza a sentirse criminalizado, cuando no hace mucho, se sentía alentado y acercado a todo este mundo. Puede considerarse un zarpazo del Capital menos liberal.

     

    Acaso se trata de un simple ganar tiempo para que, quienes lo perdieron mientras cambiaban las cosas, puedan recuperarlo y adaptarse. Pues, pienso, sería ilógico y estúpido querer permanecer y anclarse en el CD. Tan ilógico y estúpido como si hubieran querido pararse en la época del casete. Pero en ese ganar tiempo y disimular que no se toca al usuario, se han restringido y penalizado usos que se pusieron en las manos del que ahora es considerado delincuente en potencia. Como siempre, después de la permisividad, viene la prohibición tajante con el castigo adherido: ni se puede descargar, ni se puede intercambiar, ni se puede reproducir sin permiso... No se puede comprar si no se resarce antes en el precio un daño aún no hecho... ni siquiera se puede fotocopiar más del 30% de un libro. Es lo que ocurre cuando la gente se adelanta un paso o dos -click arriba, click abajo- a la empresa.

     

    Hec

    November 26

    LA CUESTION EDUCATIVA: ELITISMO DE LA RESPONSABILIDAD

    Las palmadas en la espalda por la democratización de la escuela, aquello de que todo crío tenga un pupitre, borrando del mapa el antiguo elitismo de etapas como el bachillerato, se oyen hasta Pernambuco. Que las criaturas no anden zascandileando en las mañanas por las calles y plazas y estén, de tal hora a tal hora, todos en un lugar concreto que venimos a llamar comúnmente “colegio”, es un éxito. Ahora bien, a parte de apretarlos con calzador, ¿no haría falta meter algo más en los centros? Porque esa democratización ha incrementado el número de alumnos, su espectro social y cultural, y ha diversificado el nivel dentro de un mismo aula y dentro de los mismos cursos. Porque una vez metidos en las escuelas, ¿cómo evitar que hagan lo mismo que hacían fuera de ella cuando no iban? Indudablemente, no basta con meterlos obligados, sobretodo si luego, en el interior del centro se exigen actitudes que no obligan y cuyo criterio es la curiosidad y cosas por el estilo; no basta que lo lleve la autoridad policial, política o judicial al interior de la escuela, si las manos en que se dejan no tiene reconocida su autoridad. Un niño o niña metido a empujones en un centro, no puede después dejársele a su libre albedrío dentro.

     

    Acaso se cree que por entrarles a la fuerza y por ley, ya es algo, cuando es más bien nada. Porque la escuela no es simplemente tenerlos reunidos en el patio del colegio o sentados en una silla -¡cuando se sientan! No, no es un almacén de adolescentes hasta los, ahora, dieciséis años. Sin embargo, políticamente, viste muy bien ir anunciado que todos los chavales tienen un pupitre y un ordenador, y que bajan las cifras del absentismo escolar –ya digo, obligándoles por ley- mientras que el llamado “fracaso escolar” se dispara –y ya intentan a golpe de legislación, que no se pueda suspender. Los alumnos “encerrados” no muestran disposición a estudiar; los alumnos a los que se busca integrar, descienden el nivel de exigencia... ¿y pensaban que los alumnos que mostraban responsabilidad no se van a ver afectados? Tan centrados en los primeros y segundos, ¿hay esfuerzo por reconocer y ayudar al alumno responsable o nos hemos olvidado de él? Siempre lo he dicho: se cree que juntado unos con otros, los primeros se empaparán del buen hacer de los segundos, cuando la práctica indica mayor porcentaje del efecto contrario, por la simple ley de gravedad por la que es más fácil caer sin esfuerzo, que subir por propio impulso y ganas.

     

    Pero, ¡claro!, plantear el perjuicio creado a los alumnos responsables y la necesidad de protegerlos es, para muchos, volver a plantear elitismos y discriminaciones. Y es que, los que critican el elitismo, ellos mismos, son los que creen que el alumno responsable pertenece a una clase social y económica determinada. Ellos mismos, también, adjudican el fracaso, el absentismo y el bajo nivel, a los demás, ya clases bajas, ya inmigrantes. Sin embargo, los profesores hablamos de alumno responsable, y no de clase social o renta, de cultura o religión. Ese alumno bien puede ser cualquiera, y merece ser protegido de los otros cualquiera. Y entre estos últimos, bien puede haber de eso que dicen es “clase acomodada”.

     

    Establecer tales criterios es ya discriminación. Pensar que un alumno, por ser de tal barrio, necesita integración y todo tipo de ayudas y atención, mientras que el que es de tal otro, de mayor cuenta corriente, no las necesita; pensar que los estudiantes y sus capacidades se pueden clasificar en función de la posición social que ocupa la familia o sólo él, sí que es pensamiento elitista y clasista, que funciona por tópico y prejuicio. Y mientras tanto, estamos condenando a buenos alumnos, también diversos, a vivir en este caos que, en muchos casos, arrastra a una gran cantidad de ellos a esa bolsa de fracaso. Así es la obcecación de la medida social en materia de educación: mirando cuántos son recuperables, y perdiendo de vista a los que están cayendo y estamos dejando atrás; intentando que no fracasen los que ya fracasaban y sin atender el aumento del fracaso en los que nunca lo hicieron. Animando a continuar los estudios a aquellos que no quieren, igual que se les metió tras las rejas del centro, y olvidando dar aliento a los que tienen disposición de seguir.

     

    El modelo no está equilibrado si todo el peso se pone única y exclusivamente en un lado de la balanza, y además, sin mirar con quien bajo criterios clasistas. Así la balanza se vence y no sabemos hacia qué lado.

     

    Hec

    November 23

    DENTELLADAS DEL MUNDO (POEMA)

     

     

    ¡Ahí va! Otro mordisco del mundo a la vida,

    desgarrándola otro pedazo de aliento

    y un trozo más de alma,

    ¡Ahí! Otra dentellada y mordida,

    otro golpe perfecto

    al sentido y la calma.

     

    ¡Ahí va! Otro diente se clava

    y se lleva en las fauces del mundo

    una parte que quiero,

    ¡Ahí! Mientras traga

    hacia su interior oscuro

    la vida que va dejando en silencio.

     

    ¡Ahí va! Su afilado colmillo de hierro

    reluce dispuesto a penetrar la carne

    e invocar oficios de verdugo,

    ¡Ahí! Bebiendo el resuello,

    robando el aire,

    ¡el aire que falta y el aire que hubo!

     

    Y cuando ya queda muy poco de uno,

    a la espera del instante mortal

    que arrebate la última gota de sangre,

    ¡Ahí va! Muerde el mundo

    un poco menos a la vida, aquí y allá,

    para no soltarte y seguir con su hambre

                                 ... y tu morir sin final.

     

    Hec

    November 17

    LA CUESTION EDUCATIVA: COSAS DE NIÑOS

    Nuestra sociedad no está preparada para el nuevo menor de edad -que, en realidad, no es tan nuevo. Sigue pensando en su legislación y conciencia que los muchachos/as y chavalínes/as son aquellos seres frágiles, tiernos, inconscientes e inocentes que hay que proteger de la vileza del adulto. Mirando hacia otro lado, la sociedad española no quiere ver que estos también fuman, se drogan, se emborrachan, atracan, violan, atropellan -¡sin carnet!- y matan, o llevan acabo acciones que les ponen en serio peligro; acciones de las que se les exime de toda responsabilidad. Y si bien todos hemos caído en estas tontadas cuando críos, comprobado está que cada vez el menor que las comete es más menor, y cada vez la tontada es menos tontada. También, como he denunciado otras veces, la inmadurez adolescente se ha prolongado hasta el cuarto de edad. Sólo el límite jurídico de los dieciocho años permite diferenciarlos. Es esto un nuevo arco del menor: el de diez años que antes considerábamos un niño pequeño, el adolescente de toda la vida, y el aún verde jovencito. A este último, sin embargo, aún con el mismo comportamiento y actitud, se le imputan sus acciones y consecuencias -¡menos mal!

     

    ¿Es el adulto el que le pervierte? Esa es la conclusión más habitual. Y en parte es cierta. Un ejemplo lo tenemos en la ideología: hoy mismo Madrid estará tomada por la policía, a razón del montón de manifestaciones convocadas entre denominados “fascistas” y “antifascistas”, en las que el menor representa un nutrido grupo de ambos. De dónde han sacado esta pelea, no es ningún misterio. Ahora bien, aunque sea cierto que este menor, cada vez más menor y mayor, se empapa y aprende de la sociedad, reproduce inconsciente y exageradamente sus pecados, también lo es que esa misma sociedad lo consiente con una venda en los ojos. Ese menor carece de límite y control, porque ante todo se le protege y no se le responsabiliza. Pretendemos que sea mejor persona sin ponerle trabas y echando todos los balones fuera, hacia el adulto de turno que carga con sus cosas y las del crío. No puede comprar alcohol, pero si lo compra, la ley caerá mínimamente sobre él y máximamente sobre el comercio, el tendero o el bodeguero que lo haya dispensado. No puede comprar tabaco, pero si lo hace, la historia se repite. Pensamos que porque lo lleve un coche patrulla, borracho, a casa con sus padres, y con una multa, el asunto está arreglado. Y, sin embargo, al día siguiente lo vuelven a llevar, porque tampoco la casa es un límite: más allá de la bronca, no puede haber nada. Si el crío o la cría quiere repetir el asunto, ¿cómo se le impide? ¡Cuidado con tocarle o ponerte en su camino! Él puede agredirte con total impunidad, dentro de su rabia adolescente contra los padres, pero tú no puedes, si quiera, sujetarlo, no vaya a ser que en el forcejeo se cuele un moratón y vengan los servicios sociales. ¿Hablarle? Esto sí que es estar fuera de la realidad: de toda la vida los padres hablan y los niños hacen que escuchan. ¡Cuántas veces no me habrán regañado, tiempo ha, mis padres por lo mismo! Incluso alguna bofetada ha corrido, de la normal paterna o materna, esa bofetada que hoy día es maltrato. Esa bofetada que se graba con un teléfono móvil, y que se denuncia con una llamada a tal número. La bofetada que puede llevarte a un tribunal –que todo lo hemos judicializado-, mientras esa criatura sigue campando a sus anchas. Porque el principio que rige es: el niño es niño y los padres no pueden perder los estribos. ¿Qué estribos, si el caballo está desbocado? ¡Ah! Es cosa suya el domar al pura sangre, puro impulso, con acceso ilimitado y puro derecho.

     

    ¿Qué el niño es niño? Entonces porque toda la legislación, la sociedad y el mundo se olvida de lo que es un niño: el de hacer lo que me dé la gana, el de la explosión hormonal, el que no obedece en hacer su cama o recoger su habitación, se pelea con sus hermanos y discute a sus padres... ¿Por qué sólo miramos lo que puede dañarle de nosotros metiéndole en una burbuja acolchada? Con la burbuja sólo conseguimos que el infante tierno, el adolescente cariñoso desaparezca y predomine en él todo aquello que no se ha parado a tiempo.

     

    Se pretende atajar esto con enseñanza en valores, con educación para la ciudadanía, con servicios comunitarios, con una residencia de menores o un centro de internamiento cuya estancia máxima es de seis meses... Niños y niñas aprenden tranquilamente, sin ningún “No” amparado de algún modo, todo lo malo y todo vicio, lo practican por rebeldía –que es lo natural-, y el paso siguiente que sería enseñarle la responsabilidad de sus acciones no existe, porque no es responsable. Quizás esto sirviera para cuando rompieran un plato. Pero cuando violan y matan, atracan y roban, cuando se exhiben en su brutalidad y sexualidad sin reparos con la estampida hormonal, más vale que no pillen a un adulto de por medio. Si sólo son ellos, no habrá responsabilidades; si hay adulto de por medio, empezando por sus padres, pagará todos los platos rotos.

     

    Son chicos y chicas que aprenden antes la libertad sexual y la promiscuidad, con píldora abortiva como si fuera un jarabe para la tos, que la sexualidad y sus consecuencias. Aprenden antes a atacar que a defenderse, porque están defendidos de antemano. Saben antes del libertinaje que de la libertad, y de sus derechos antes que de sus deberes -¿deberes?, la lata de los deberes del cole si acaso. En tal situación, como no ha crecido el adulto y la sociedad con ellos conforme a sus edades y los tiempos en que viven, el desorden social exige empezar a recortar y reconquistar los terrenos que los menores han ganado sin pedir permiso porque no hizo falta pedirlo. ¡Pero eso es ir en contra de su libertad!, y así estamos. Damos cancha y cuando hay que restringir, no restringimos, que lo mismo les traumatizamos a los pobres. Ese “dar cancha” ya no se puede deshacer; y aquel “restringir” es un complejo para el adulto. Y entre medias de esta hipocresía cínica llena de contradicciones, en medio de este dar bandazos de permisividad y protección, críos y crías hacen y deshacen... basta que haya un adulto contra el que arremeter. El niño y la niña no han cambiado: lo que ha cambiado es su escenario y los adultos que les rodean. Ellos simplemente se amoldan y acomodan a su gusto, a su papel. No basta quitarse el problema de encima culpando una sociedad supuestamente adulta, cada vez, a este o a aquel adulto, y así hasta la siguiente vez. No podemos ir del extremo autoritarista, a ese otro extremo en que el menor no ve ni su culpa, ni su responsabilidad de las consecuencias, ni paga por lo que hace, porque ya cargará otro de más edad con ello. Esto último sí que es responsabilidad de una sociedad verdaderamente adulta: ocuparse del menor y no dejarle al libre arbitrio de sus deseos y de sus pasiones; en definitiva, refutar el refrán, inocente y sin connotación, en sus inicios, que dice: “quien con niños se acuesta, meado se levanta”. Pero hasta en el refrán, hoy se interpreta el “acostarse con niños” y se olvida el meado de la criatura. Hay que evitar lo primero, que es horrible en su literalidad –aunque no hablaba el refrán de pederastia ni cosa por el estilo-, pero, eso sí, que el niño mee donde le plazca. Y el niño mea, está claro. Un meado que ya huele en todo rincón. Del meado hay también que ocuparse, que por amarillo no es oro sino desecho.

     

    Hec

     

    Nota: recomiendo ver la siguiente conferencia  del magistrado de menores D. Emilio Calatayud:

    Parte 1

    Parte 2

    November 14

    PROGRAMA PARA CRANEOS PREVILEGIADOS

    Esta vez parece que será interesante leerse un programa electoral; es más, parece que a la luz pública, lo va a haber. Los psocialistas han recogido a varios Nóbel e intelectuales de prestigio internacional para que les hagan el programa. Y ya se sabe que más veces se lee un texto por quién lo firma o aparece en la cubierta, que por el texto; algo de prestigio y buena disposición atrae cuando lo escribe un conocido que un fulanito cualquiera. No es lo mismo que lo firme un Ruiz o un Pérez, que George Lakoff, Caldicott o Maathai. Quizás hasta lo vendan en los quioscos y librerías como un nuevo best-seller, encuadernado en piel y como edición especial para cráneos previlegiados. Conste que no entro a discutir a los prestigiosos, que por algo lo serán, por algo son reconocidos en tal fama, y razones habrá para sus premios y su aplauso.

     

    Ahora bien, esto de que vengan otros a hacerte los deberes, aunque sólo sea a sugerir –que es su labor, según dicen-, es como aquel alumno que llama contrastar información al copiar en el examen. Vienen a sugerir aquello que el grupo psocialista deberá defender y, acaso se dé la oportunidad, aplicar. Todos ellos sentados en torno a Jesús Caldera, que tiene orden de tomar apuntes, pasarlo a limpio y que, después, se hagan fotocopias y se repartan por el partido para aprendérselo. Sobretodo cuando, como he dicho, será el primer programa electoral que la gente tenga intención de leerse más por la publicidad del contenido que por el último. Y, claro, que pueda existir alguien en la sociedad que se lo lea anuncia examen sorpresa a los que han de demostrar tenerlo estudiado.

     

    Pero además, ¿es que ya no hay ideas en el seno de los psocialistas? ¿Ya no hay cabezas y tienen que ir al supermercado de ideas? Lo mismo es simple vaguería al descubrir que pagando otros pueden pensar por ti. Sin embargo, no es garantía el que otros piensen, que podrán hacer muy bien el programa psocialista, de que luego se defienda, se aplique o se interprete correctamente. Siguiendo la analogía anterior, el alumno que copia no está a la altura del copiado, ni tiene porqué absorber los contenidos trasladados de papel. Tampoco tiene garantía sobre la copia, dado que puede haber elegido un mal compañero de transacción, o el mal día en que a este le dolía la tripa y no estudió bien. Y por último, siempre se moverá sobre el temor a ser pillado. El copiante está supeditado, en su copiar, a cómo maneja todos los elementos que entran en juego. Él criterio decisivo siempre es él. Quiero decir con ello, que los psocialistas, haga quien haga el programa, no pueden buscar la confianza del personal en el prestigio de buenos estudiantes que tienen otros, desviándonos de saber que los decisivos serán ellos y no el empleado pensante; que el examen se les corrige a los psocialistas, y no tiene porque ser bueno a razón de que se redactó a costa de quienes ostentan bondad intelectual.

     

    En este sentido, la campaña psocialista está cayendo en cierto ridículo. Se empieza sacando la chequera; se sigue con un lema que ensalza a un líder, a una persona; se culmina llamando a otros para que te hagan el programa. ¡Qué se presenten los del Nóbel! Al fin y al cabo, de acuerdo o no con ellos, son los que le van a dar al coco.

     

    Y percibo yo una alteración de factores que habría de cambiar el producto: los psocialistas ya van con lema, de mitin, defendiendo... ¿defendiendo qué, si el programa está por hacer? O aún peor, cualquiera diría que en cuatro años han gastado el anterior programa, de haberlo, aunque siempre oímos que tal tiempo no es suficiente, como reclamo para recibir de nuevo los votos. Y la llamada de intelectuales pudiera ser sólo un disfraz que contagie a la mona de la seda. Una vez más, entonces, cara a unas elecciones, no parece importar el programa.

     

    Yo no sé si es habitual el fichaje –así, en términos deportivos- de cabezas para que, como negros –en la terminología literaria-, te escriban tu éxito. Ignoro realmente si nuestros políticos, alguna vez, se han sentado ante la máquina de escribir, el ordenador, o ante el papel, bolígrafo en mano, para dar, de puño y letra, sus convencimientos. Por el desorden que manifiestan luego, durante la legislatura, gesticulando grandilocuentemente a la noticia del día, exagerando o minimizando, yendo a salto de mata gobernante y oposición, nadie lo diría. ¡Serán los imponderables! Serán... Serán... También será que no ponderamos los ponderables, sin negación pero adjetivado en la posibilidad: Rodríguez Zapatero, Rajoy y demás patulea.

     

    Hec

    November 13

    CALABOBOS

    La costumbre de ciertas palabras lleva a que pierdan su sentido, su gravedad y su contexto, y convoca al hombre a retorcer más aún el vocabulario para lograr el énfasis y la crudeza de los acontecimientos. Lo vivimos en la agresión del metro de Barcelona, a raíz de lo cual se debatía en torno a una posible España xenófoba, racista y nazi con tan sólo las imágenes de un individuo que, sin sentido ni razón, agrede a una muchacha ecuatoriana. La barbaridad levantada en torno a ello, o nos hace percibir la desmesura de los juicios, o nos convierte en jueces hiperbólicos de la sociedad y la moral. Curiosamente resulta más fácil lo segundo que lo primero. Quien quiere encauzar los juicios sobre sucesos a su justa medida, es acusado de rebajar la gravedad del propio suceso. Y si existen connotaciones racistas, proferidas por excusa o convencimiento del agresor, tratar de que no se sobrepasen los límites lingüísticos supone ser inmediatamente señalado como defensor de las actitudes que se censuran. Se confunden ámbitos y términos con una calma pasmosa, se elevan los tonos y su significación, a favor de exageraciones que, irresponsablemente, obtienen eco en sectores sociales.

     

    Así también, lo ocurrido el domingo en el metro de Legazpi, ha recibido la respuesta y reacción desmesurada de medios, y aún más, grupos que sólo esperan la excusa para saltar. Considerar que el asesinato de un chaval a punta de machete y a manos de otro joven se produce, sobretodo, por implicaciones ideológicas y políticas neonazis y antifascistas, es amparar un crimen fuera de todo lugar y aportar la razón de venganza. Hoy día la edad de la razón está absolutamente retrasada, lo cual lleva a que la inmadurez adolescente se prolongue en la vida frente a la sensatez. También, un joven por lo primero que se siente atraído es por la identificación en algún símbolo, el sentido gregario que bajo aquel se produce y la rebeldía que frente a la autoridad supone, y no por la ideología que sostiene. Que vaya uno exhibiendo esvásticas y otro la hoz y martillo, no sucede por convencimiento de ideología ni raciocinio en cuanto a los fundamentos y principios, sino por el impulso de rebaño y de autoidentificación. Que un día se crucen ambos y se machaquen la cabeza a golpes no tiene que ver con posturas políticas, sino con el arranque de imbecilidad por el que todos hemos pasado, en diferentes grados, cuando fuimos adolescentes. La asunción de una vestimenta, de una simbología, de unos lemas, y por ende, de unos enemigos, es siempre posterior y excusa en las mentalidades adolescentes. Es de lo que se aprovechan otros, para adoctrinar y enrolar, para captar y lanzar a estas manadas salvajes a las calles a hacer exhibición de su brutalidad bárbara.

     

    Sabiendo esto, hay adultos –o supuestamente adultos-, que prefieren enardecer los ánimos titulando el caso como “neonazis y antifascistas”, hablan de “víctima política”, convocan concentraciones, huelgas, manifestaciones y contramanifestaciones, a las que acuden Llamazares, Bardem, Zerolo, López Garrido o Sabanés, que otorgan cobertura política a la estupidez... y así, permitiendo que la palabra se altere y profiera con carga ideológica gravísima por voces inmaduras que están dispuestas a repetir el hecho. Escuchar en esas voces, además de la palabra “fascismo”, lemas tipo “A por ellos como en Paracuellos”, “Ninguna agresión sin respuesta”, “No pasarán”, y que se mezclen entre pancartas contra Aznar, el Rey y el Estado en la Puerta del Sol con representantes políticos a la cabeza, es volver a exagerar y sobrepasar límites sociales. Y aunque los arriba mencionados se desmarquen de tales voces, es una imprudencia la de aquellos que debiendo estar por encima de todo esto, acuden sin reflexión a un acto para hacerse la foto y aportar su imagen política. Importa poco lo que se diga después, cuando, en lugar de por encima, van y se introducen entre medias de la pubertad.

     

    ¿Qué hace un soldado español acudiendo, supuestamente, a una manifestación ultraderechista con un machete? Lo grave para muchos es lo de ultraderechista; y para mí, lo del machete y la profesionalidad militar que cae en cuestión. ¿Qué hace un menor de dieciséis años de edad yendo a reventar la manifestación ultraderechista? Lo importante para muchos es que fuera un comprometido antifascista contrario a la ultraderecha -lo cual parece santificarlo-; y para mí, el hecho de que fuera a la gresca. Para muchos, lo fundamental es que uno sea neonazi y el otro antifascista; y para mí, que eso sea la excusa para que la juventud ande matándose por nuestras calles sin mediar ningún raciocinio. Parece que el enfrentamiento ideológico agrava el crimen; y a mí me parece que viene a distorsionarlo.

     

    Pero todo va en sintonía con la sociedad. En mis años de mozalbete, la pelea era entre “heavys” y “bakalas”, que después pasó a ser entre “guarros” y “cerdos”, respectivamente. Ahora entre Antifascistas y Nazis, a medida que la moda de la ideología ha ido volviendo a calar en la juventud, en su música, en sus actitudes y su ambiente, poco a poco, tipo calabobos. Pero, ¿qué ideología? Esa cosa que han mamado de tanto tonto que, ignorante, iguala nazismo, fascismo y franquismo, e incluso los reduce exclusivamente al racismo y la xenofobia.

     

    Los unos están dispuestos a vengar la muerte. Los otros tienen la proximidad del 20 de noviembre. ¡Incluso ya hay que hablar de unos y otros, a lo Unamuno! Hay alerta máxima por lo que pueda ocurrir, aunque los demás queremos que no ocurra nada. ¡Qué la inmadurez juvenil o retrasada de unos cuantos nos tenga en vilo! ¡Qué cada día se les den lo que consideran justificación! ¡Qué grave es verles emplear y manejar términos y discursos de los que desconocen el fondo, para fines tan primitivos y de forma tan indistinta! ¿De dónde lo sacan? De su alrededor, en el que buscan y encuentran su propia guerra; donde se les capta y envenena para servir al delirio. Este es el problema: el calar la estupidez en los bobos.

     

    Hec
    November 12

    DE CUMBRES Y FOTOSINTESIS

    Primero en suelo español, los independentistas. Después, Marruecos, luego Venezuela y Nicaragua. Los primeros porque es símbolo de la unidad nacional. El segundo, a costa de la visita de la Corona a dos ciudades del territorio español; los terceros en la Cumbre Iberoamericana. El caso es que, en muy poco tiempo, apenas un año, Juan Carlos, rey de España, está sufriendo un desgaste político nacional e internacional sin que haya, por su parte, responsabilidad política. La figura del rey es institucional y representativa, no política ni decisiva en ningún asunto, ¿cómo es, entonces, que se organiza este huracán en torno a él? Todos estos ataques están pasando por alto al Gobierno de España, que responde siempre con el “vamos a llevarnos bien” y tiende la mano al escupitajo y el insulto de esta gente. El foco de la controversia es la Corona, y el Gobierno queda en un segundo plano, cuando, por lo general, es al contrario. Pareciera que el rey reina y gobierna, cuando, en realidad, obedece al Parlamento como una institución más –quizás la más alta, pero institución al fin y al cabo.

     

    Desde luego, no se trata de ir a la guerra ni de romper absolutamente toda relación. Pero tampoco puede ocurrir que sea Juan Carlos, y sólo él, quien tenga que encararse al venezolano Chávez o abandonar la Cumbre ante los insultos del nicaragüense Ortega. Lo que hay entremedias es la posición española en el exterior, su fuerza diplomática y su política exterior. Esa “diplomacia callada”, silenciosa e invisible, de que habla el ministro Moratinos, tras el asunto en Chad. Esa política exterior que ante norteamericanos, británicos, franceses o alemanes, no pesa mucho, y ante argelinos, marroquíes, venezolanos, nicaragüenses, tampoco. Y es que aquella Alianza de Civilizaciones ha quedado en la utopía más literaria que política, olvidada –hace tiempo que no oímos hablar a Rodríguez Zapatero de ello- en la trastienda ideológica del mundo de las ideas, mientras que en el mundo real se lidia con insultos y enfrentamientos, con tipos como Chávez a quien la palabra “civilización” le queda muy lejos. La tal Alianza es lo más parecido a una política exterior que en cuatro años hemos visto. El resto, que tampoco son perlas que se queden atrás, ha sido política de terrateniente, doméstica acaso.

     

    La legislatura de Rodríguez Zapatero es de planta de interior, de esas a las que no conviene les de el sol ni tampoco tragar mucha agua, que se quedan en su maceta sin meterse en jardines abiertos y no buscan echar raíces fuertes ni ser roble centenario. Más bien, ni sol ni luz, es decir, planta de interior, pero de plástico para rehuir la fotosíntesis política que permita la obtención de energía, liberación de oxígeno, el crecimiento y desarrollo. Todo lo demás es sacar los pies del tiesto y meterse en berenjenales.

     

    Algo hay que el ciudadano de a pie no entiende, y es eso de que nos digan que son cosas de política, que lo de Marruecos es una posición tradicional, y por tanto normal y controlada; que lo de Chávez es habitual y no se sale de la línea conocida. Lo que el ciudadano de a pie no entiende es que los insultos a nuestro país o las expropiaciones a nuestras empresas se consideren normales, habituales y sin mayor relevancia. Entre otras cosas porque a nadie le gusta que le insulten y le vejen, sea lo tradicional o no, gobierne quien gobierne. Los mismos ciudadanos entre los que corre, de boca en boca, que en el extranjero, se acojan a su condición de ciudadano comunitario de Europa.

     

    Pero no puede escapársenos, asunto que también choca al ciudadano, que los agravios del impresentable de Chávez ya los hemos oído dentro de nuestro país por los que ahora gobiernan. José María Aznar ya era un fascista genocida para ellos, un heredero del franquismo. Este es el “pero” que se pone a la actitud de Rodríguez Zapatero, quien recibió, tiempo ha, con honores a Hugo Chávez en España, entre aquellos insultos de los que tomó, por lo que vemos, buena nota. Es un “pero” que, en parte, les responsabiliza de haber alimentado tal discurso y servir de excusa a las tontunas demagógicas y populistas del bananero Chávez, el espión de micrófonos y voceador castrista en cada esquina que pisa. Un “pero” que debe extenderse a la responsabilidad de nuestros ex presidentes, que tampoco paran de comprometer por doquier a nuestro país y su política en el exterior. Y es que las irresponsabilidades pasan su factura; irresponsabilidades como la ligereza e infantilidad política de usar por todo nuestro territorio gravedades como el fascismo, o arremeter desde el retiro y el extranjero contra el Gobierno. Estas cosas las oyen y las repiten lo niños transoceánicos.

     

    Hec
    November 11

    ¡CALLATE, HUGO!

    Sin que sirva de precedente, aplaudo, aunque a medias, al presidente Rodríguez Zapatero de la Cumbre Iberoamericana. Y digo a medias porque debió abandonar el lugar junto al Rey y toda la delegación española. La media buena del aplauso se debe a algo muy español, de esas cosas de andar por casa, dando al dictador de hecho, aunque para todos en proyecto, una respuesta doméstica: dentro de casa, España, José María Aznar será lo que se quiera, pero fuera, es ex presidente del Gobierno elegido democráticamente por la soberanía española. Que viniera Hugo Chávez, el populista amigo de dictaduras, el correveidile de Castro y propagador de ideología, para quien un enemigo cualquiera siempre habrá de ser fascista, a insultar a José María Aznar, esperando que el Rodríguez Zapatero anti Aznar se apuntara a la línea y consintiera la interrupción y la ofensa en el turno español, merecía también el “¿por qué no te callas?” que le espetó Juan Carlos. También al Rey le salió la vena más española, y se marchó en la no menos insultante intervención del nicaragüense. 

     

    Y aún Rodríguez Zapatero estuvo acertado igualmente al contestar a Chávez que no puede escudarse en el enemigo exterior para justificar lo que en Suramérica sucede. Es sabido por todos ese discurso del anticapitalismo y antiamericanismo, que asume a estos como fascistas –palabreja que resbala por la mala baba del pseudo bolivariano-, y que ensalza el social-comunismo tiránico y de charanga que tiene enfermo a su país y algunos vecinos. Ese social-comunismo que derrocha victimismo en cada micrófono, que se pasa la vida insultando al personal envenenado las cabezas hasta el punto de pensar que toda la culpa y responsabilidad es de Estados Unidos y sus amigos. ¡Cómo si Venezuela y compañía fueran a ir mejor si no existieran! Acaso son sólo una parte del problema, la otra parte es Chávez o Castro, y demás panfletarios de la revolución.

     

    Malo, muy malo, cuando un gobierno se ha de sostener durante años al grito de la revolución. ¿Qué revolución? La que necesita de enemigos a los que culpar universalmente, cada día, hora y minuto. Ese tipo de revoluciones son las que postergan el resultado en un infinito y permanente poder del que se autodenomina revolucionario. No se encaminan sino a eternizar lo que, en realidad, dura unos segundos en comparación. Revoluciones que hacen del cambio una senda interminable, que siempre tienden a dar la imagen de estar a medio camino... ¡qué nunca se completan! Pero no se completan porque a la revolución misma no le interesa; porque el director de la revolución la detiene cuando ésta le ensalza como campeón, porque no se quiere la gloria del vencedor, sino la fama del guerrero épico que hasta el fin de sus días no claudicó. La batalla ideológica comenzada, y prolongada ilusoriamente, ya nunca terminará sino cuando termine el revolucionario, si es que no le surgen discípulos. Esas revoluciones que hacen del destino del pueblo el destino de su comandante, que personalizan su futuro en el delirio de un nombre propio, y que dejan sin otra salida al hombre más que seguir al caudillo de turno, no pueden venir a insultarnos.

     

    Mas, a pesar de nuestro Rey, todos, incluido él, sabemos que Chávez no callará, porque es el no callar lo que le mantiene con el cetro en Venezuela y con el micrófono de Suramérica. Necesita no parar para que sólo se le oiga a él allí donde sólo él quiere ser escuchado. Él debe seguir en su pose, escribiendo su tan infatigable como inexistente epopeya. Si callase, su poder caería. Si callase, se oirían otra voces que no quiere que se oigan. Si callase, se acabaría su inefable, y sólo suya,  revolución. Es el discurso y la censura lo que le sostiene, su palabra, su voz y ninguna más.

     

    Y nos dice que un Jefe de Estado no manda callar a otro Jefe de Estado. Nos sale como el ofendido. ¿Quién, por Dios, le va a mandar callar a él? Aunque sea él quien interrumpe la palabra a España; aunque sea él quien no deja hablar para proseguir con sus insultos; aunque sea él quien no está acostumbrado a escuchar, y sí a silenciar a los demás con su varita de poder. ¡Claro! Pues en Venezuela sólo se le escucha a él, sólo manda él, y sólo a él se obedece. Curioso que sea él, un dictadorzuelo que tiene por “padre” a otro como Castro, quien venga a darnos lecciones de dictadores y fascistas. Por el bien de Venezuela, ¡Cállate, Hugo! –así en imperativo.

     

    Hec
    November 07

    MALOS TIEMPOS PARA LA ORTOGRAFIA

    Como tenía un familiar ingresado, y estaban pasando tantas cosas que lo velaron un poco y no obtuvo el bombo mediático que merecen estas cosas, se me pasó la bronca entre Cebrián, el académico de la uve, y Rodríguez Zapatero, el presidente del Gobierno de España y oficioso de la zeta. Mientras nuestra querida e irrepetible eñe se internacionalizaba, por fin, en las tecnologías, la uve y la zeta no oficial –que la oficial es, nada más y nada menos, de Francisco Ayala- se enzarzaban en una pelea a cuenta de la campaña de Rodríguez Zapatero. Sorprendente que los amigos ideológicos se peguen mordiscos y capones, aunque, claro, si el amo psocialista no atiende bien a la mascota que le protege la casa, ésta gruñe, ladra y lanza tarascadas. Ahora bien, esto ocurre porque la mordedura de Cebrián no puede compararse con las que lanzara el difunto Polanco. Aquél sí que era perro viejo que convertía al amo en mascota, y se las apañaba muy bien para que nunca faltara la comida y el buen trato, una debida atención por el otro extremo de la correa. Hoy PRISA y PSOE pasan por momentos difíciles en el reparto de papeles: quién es mascota y quién amo. Y entremedias, han surgido nuevos candidatos a sólo mascota, y así los celos están desatando las guantadas de ambas partes. Visto así, se entienden los breves episodios de cordura en la cadena SER o en El País –ya con tilde, que era hora.

     

    Quizás sea el arrebato ortográfico de ponerle la tilde al nombre del diario la razón de que Cebrián le sacuda a Rodríguez Zapatero con lo de su zeta. En PRISA, con el académico, se han vuelto vigilantes de la corrección en la ortografía. Conste que por mí perfecto, que no vendría nada mal un repaso y una práctica de los manuales y aquellos cuadernos Rubio. Sin ahondar en lo que pasa en las aulas, donde a las criaturas de la secundaria y del bachillerato se les da pero que muy bien cometer las faltas de ortografía más evidentes y flagrantes, es decir, en palabras que son ejemplo o excepción de norma –que ya es grave cometer éstas-, después de haber vivido la época de “las tildes las miro al final” y la actual ignorancia sobre qué es un hiato o un diptongo –pregúntenlo si se atreven a los estudiantes-, me cruzo en estos viajes al hospital por lo de mi familiar, faltas de ortografía en los luminosos de la carretera como “Hermita del Santo”. Se puede coger un periódico y encontrar faltas que no es posible pasarlas por erratas; no han transcurrido muchos meses desde aquel suceso en que un chaval repartía octavillas de su negocio de drogas y El País, haciendo sorna, cometía otras peores. Se puede escuchar en la radio y la televisión el famoso “han habido” y otras tantas, incluso en los subtítulos y rótulos que pasan debajo de la imagen –y no me refiero al asunto de los mensajes por teléfono móvil. Vivimos unos tiempos en que ni se sabe ni se enseña a redactar –porque los que debieran enseñarlo tampoco saben hacerlo ni enseñarlo- y se venden manuales para ajustar la escritura con el evento que la propicia. Mal tiempo, no para la lírica como escribiera Brecht, sino para la redacción, la ortografía y la puntuación. Cada vez más se escribe como se habla, y cada vez se confunden más la expresión escrita y la oral.

     

    No es celo académico ni purismo, sino remarcar que la tal confusión está trasladando la mayor libertad que tiene la expresión oral al plano de la expresión escrita, mucho más normativa. Así, la trasgresión de normas tiene vía libre. Por ejemplo, si de algo estoy harto, es de tener que corregir las muletillas orales con las que los alumnos sustituyen el uso de signos de puntuación en sus redacciones. A las interminables frases sin pausa o con muletillas, hay que añadir la falta de coherencia entre unas y otras. No saben escribir; escupen frases sueltas creyendo que por ponerlas una tras otra, forman un texto comprensible. Y esto ocurre, como he dicho, en la secundaria y el bachillerato, y hasta en la universidad.

     

    ¿Me estoy desahogando? Sí, pero lo que digo viene también al caso de la campaña de Rodríguez Zapatero y el encontronazo con Cebrián. La campaña transforma la “d” final de palabras como "solidaridad" en “z”, y suelta, con ello, el lema “con Z de Zapatero”. Y Rodríguez Zapatero añadía que la cosa le venía de su tierra leonesa y familia. Hecha la gracia, aún no había razón para ofenderse por resaltar oralmente el rasgo dialectal castellano con que el presidente quiere acercarse a la España que durante cuatro años ha olvidado. Sin embargo, la citada campaña reproduce el rasgo dialectal por escrito, como si fuera lo mismo y diera igual. Lo que empezaba como una gracia sin la menor gracia, se ha vuelto falta ortográfica reproducida allá por donde va el presidente en campaña. El hombre, todo sonriente, con “solidaridaZ”, y otras, escrito a su espalada. Ahora sí que los leoneses y todos los que compartimos el rasgo dialectal, debemos ofendernos, porque aunque pronunciemos con zeta o simplemente nos comamos la “d” final, luego escribimos correctamente. O incluso todos los españoles, aunque sólo sea porque abochorna que Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno de España, es decir, el presidente de los españoles, quiera exhibirse entre faltas de ortografía con la alegría y desfachatez con que lo hace. Si por lo menos fuera una campaña que dijera algo o lo propusiera... ni tan siquiera, pues lo único que hace es exaltar, junto al analfabetismo, el apellido de alguien, el nombre de un líder, una persona y no un programa político. En realidad, todos caen en ello, pero nadie había tenido la caradura populista de soltar tan a las claras el “vótame a mí porque soy yo”.

     

    Cebrián, el de la uve, tiene razón en su queja, aunque como es habitual en él, exagera en lo del “asesino de la ortografía”. Gregorio Salvador también saltó de su “q” para calificar de estúpida la campaña. Rodríguez Adrados ha tenido las suyas durante la legislatura con el juego semántico de las palabras y sus cambios políticos. Y Francisco Ayala prefiere mil veces el vicio de los postres –y bien que hace- a meterse en estos berenjenales, aunque ocurran delante suya. Envidiable capacidad, que ya querría poseer yo, esta de tener a Rodríguez Zapatero y un postre delante, y tirarse a por el postre.

     

    Hec

    November 06

    CHAD, SIN Z DE ZAPATERO

    Si alguien quiere creerse que el Gobierno de España participó de manera relevante en la operación de Nicolás Sarkozy, lo hará porque quiera, no porque pueda. No es ningún secreto que la llegada nocturna y por sorpresa a Madrid del presidente de la República de Francia, con las azafatas españolas que estaban retenidas en El Chad, ha tocado sensiblemente a Rodríguez Zapatero y al Ministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos. Otra cosa no, pero intentar –y digo sólo intentar- mantener la imagen, es un asunto que nuestro presidente se toma muy en serio. Son intentos muy serios, desde luego, el no querer mancharse demasiado con las cosas, hasta llegar tarde a todo. Nunca aparece en el instante oportuno, sino algún secuaz del gobierno. Él, con su calma, ya surgirá cuatro días después, y a poder ser en domingo o fiestas de guardar, con algún discurso ya preparado y esquivando abucheos por las puertas de atrás. Así, por ejemplo, el mal momento de los pitos el día de la Fiesta Nacional, justo en la ofrenda a los caídos y con el Rey por delante, fue el único al que no pudo hacer quiebro, después de no llegar a la tribuna más que por atrás, no ser anunciado por la megafonía, y escapar por calles aledañas al finalizar. Recordemos Guadalajara y sus incendios, la retirada de la estatua de Franco en San Juan de la Cruz, la visita a Barcelona estos últimos días... a todo lo que le coge sin previo aviso, acude cuatro días más tarde; y a todo lo que ve venir, le busca la puerta trasera y la nocturnidad.

     

    Sin embargo, el domingo fue algo por sorpresa a lo que no podía llegar cuatro días más allá. De pronto, se le planta Nicolás Sarkozy en Torrejón, con avión presidencial y todo, como el rescatador, además de sus compatriotas, de las damas españolas en apuros. Y como aquel es Presidente de una nación, la francesa, Rodríguez Zapatero tenía que ir. No le valía dejarlo correr y hacer un discurso el jueves. Un suceso este que ha calado con la sorna tan típica de la tierra, como con las críticas hasta desde los medios más afines al presidente. Si nuestro presidente sabía y estaba tan implicado, se habría apuntado al viaje hasta El Chad, o hubiera mandada a la Vicepresidenta o a alguien junto al presidente francés; habría dicho algo a lo largo del día, preparando el momento de la medalla y el mérito junto al francés. Es a lo que nos tiene acostumbrados. ¿O acaso efectivamente ha estado en la primera línea y ha dejado que el asunto le cayera como jarra de agua fría ante su pueblo y en la capital? Yo no me lo creo. No me creo que en plena campaña, con su gran zeta, deje pasar tan buena mano política. Nunca le he visto perder una oportunidad. Malgastarla, acaso, pero perderla nunca. Tiene olfato para el evento, aunque no para el momento ni las formas.

     

    No me gusta dar pábulo a eso de indagar en la comunicación no verbal, en los gestos inconscientes. Y no lo doy. Simplemente observo como Rodríguez Zapatero permanece firme y recto, tenso, con su mirada al vacío, mientras Nicolás Sarkozy aportaba la pose campechana del caballero que acercó a casa a las muchachas desamparadas, e incluso gesticulaba con la broma de “tengo el avión esperándome ahí detrás”, como el que tiene que coger el coche porque es muy tarde, para ir a su casa, después de haber cumplido con el favor desinteresado. Tampoco ayudaron a Rodríguez Zapatero las palabras de una de las azafatas, que no agradeció esas misteriosas gestiones españolas, sino sólo las más visibles francesas. Menos aún ayuda el que desde los costados del presidente se hayan lanzado a defenderle, pues excusatio non petita, acusatio manifesta.

     

    Puede ser cierto que lo de Sarkozy sólo fuera un golpe de efecto que lavará su imagen tan tocada en lo privado hecho público, y lo público mismo. Pero eso queda para su tierra y su trifulca con su izquierda allá en París. Por aquí, Rubalcaba suelta alegremente que no importa quien va, sino quien viene. En realidad, en España nos da igual quien trajera a las españolas mientras estas llegaran, sino que nos fijábamos en el que esperaba al pie de la escalerilla, en tierra, sin poder venir porque no ha ido. Claro que, ahora nos dicen que desde España se gestionaban muchas cosas, aunque no nos dicen el qué, ni el cuándo, ni el cómo, y sólo sabemos que por allí andaba de observador el cónsul nuestro de Camerún; que Moratinos andaba de vacaciones y en conciertos por Marruecos –que también tiene lo suyo, andarse de codos por allí mientras nos han llamado de todo estos días los marroquíes por lo de Ceuta y Melilla-, y ya sabemos que ningún miembro de este Gobierno de España interrumpe sus vacaciones así se trague la tierra al país; y sabemos que Rodríguez Zapatero estaba ocupado con su rasgo dialectal de la “z” en lugar de la “d”. Y no vio que Chad termina con “d”.

     

    Hec

    November 01

    LA SENTENCIA

    Y mira que se advirtió a los señores políticos que no instrumentalizaran la sentencia. Y hasta ellos dijeron que no lo harían. Hasta ayer, todos la acataban y la tildaban de modélica. Para algo, digo yo, se cuidó el juez Bermúdez en decir al comienzo de la lectura que la sentencia dictada se encontraba limitada a los hechos, pruebas, testimonios, acusaciones y acusados presentados ante el tribunal. En ningún momento se iba a dilucidar allí un guión, paso a paso, de los sucesos acaecidos el 11 de marzo de 2004. Bajo ningún concepto, entonces, puede nadie usar esto como la “verdad” infalible. No se juzgaba para averiguar y dibujar clara y distintamente –a lo Descartes- una cronología fotográfica de principio a fin de lo sucedido. Sólo se tendría en cuenta lo que a los, creo recordar, veintisiete imputados, señalaba respecto de su participación en algún sentido y la validez de las pruebas que la confirmaran o, incluso, les exculparan. Por tanto, no se puede deducir en ningún sentido que allí, en aquella sala del tribunal, se decidiera todo, sino únicamente lo referente a los acusados. ¿Se iba a decir la causa o motivo principal de los sucesos, por ejemplo, si aquello tenía que ver con Irak? No, pues no compete al tribunal establecerlo. ¿Y si hubo más gente implicada? Tampoco, porque sólo se juzga a los imputados. ¿Se iba a condenar a todos aquellos que pudieran haber cometido delitos de falsificación etc.? No, pues no son acusados en el proceso; en todo caso, se les abriría causa aparte. ¿Se nos iba a decir la implicación de E.T.A.? Por supuesto que no. ¿Quiere decir todo ello que era falso? Tampoco. Quiere decir, exclusivamente, que a la luz de las pruebas validadas y ratificadas, no puede haber pronunciación en ese sentido, por su insuficiencia o por su inexistencia, o irrelevancia respecto de lo juzgado; cabe insistir, de lo puesto sobre la mesa del juez. Sobre lo que no haya sido dado, presentado, defendido o acusado, el tribunal no puede decir ni sí, ni no, ni esta boca es mía.

     

    No es difícil de entender. Y sin embargo, si esto es así, si no se iba a instrumentalizar políticamente, si todos acatan como modélica la sentencia: ¿por qué nos vienen con que se cae la teoría oficial o esa otra llamada, también por los oficialistas, teoría de la conspiración? ¿A qué esa discusión sobre si la sentencia es abierta o cerrada, es decir, sobre si hay que seguir investigando o se da carpetazo? ¡Cuidado! Pues desde aquella fecha hemos cambiado los papeles, y ahora los que quieren seguir y llegar al fondo, cualquier fondo que sea más fondo que el anterior, son los populares; los del carpetazo y mutis por el foro son los psocialistas. Y aunque insisten en que no discuten la sentencia, que efectivamente es así, discuten a costa y desde ella. Que como la fiscalía presentó cargos por inductor, y la sentencia absuelve al acusado de ello, para unos es que, o faltan pruebas, o son otros, y hay que investigar y perseguirlos; para otros, simplemente, no hay. Que como el supuesto inductor era el enlace con las redes yihadistas, y ha sido absuelto, pues no hay yihad, ni Irak, ni nada de los oficialistas; pero para los otros, sí la hay porque la sentencia habla de motivaciones de ese ámbito, aunque sin especificar grupo terrorista. Que si la sentencia habla de “célula terrorista”, entonces tiene que haber una organización detrás y autores “intelectuales” que dijeran el cuándo, el cómo y el dónde actuar; pero los otros dicen que no, que eso significa que sólo hubo autores “materiales” que un buen día, poseídos de una gran rabia anti-occidental, se montaron unas bombas en el desayuno y se fueron a volar trenes y masacrar personas. La mítica discusión de blanco o negro, la política una vez más, no sabiendo comportarse ante los ciudadanos. ¿Qué responderán si se les reprochará esto? Que es el otro, que no quiere entrar en razón y busca emponzoñar y confundir; que es el uno, que busca desacreditar y arrinconar políticamente.

     

    Si no se quiere instrumentalizar, ¿a qué venía ayer tener la televisión y la radio copada de debates en torno al asunto durante el día y en la noche? Los medios, que son así. ¿Y por qué acuden a ellos el señor Eduardo Zaplana y el señor Diego López Garrido –¡al mismo tiempo en programas distintos!- sino para apropiarse de la sentencia y legitimar sus partidismos? ¡No se les puede creer! Y aún menos, que esto es lo mejor, cuando de la sentencia se ha leído un resumen de unas veinte páginas por el juez; que la misma, la real y verdadera, tiene setecientas páginas, y unas cuantas de ellas hacen referencia a los miles de folios de que consta el archivo del proceso. ¿Me están diciendo, en serio, que los allí presentes, en tan sólo ocho o diez horas –para las disputas nocturnas, las diurnas ni eso-, ya se lo habían leído todo, analizado y contrastado como para poder emitir sus juicios y opiniones con fundamento? Porque sépase que allí estaban citando párrafos y líneas de la sentencia real –la de setecientas y pico páginas. Sorprendentes milagros: la multiplicación de los mismos políticos en programas distintos y distintas cadenas, a la misma hora, y ese otro de la portentosa capacidad lectora de periodistas y políticos de nuestro país y mundo. ¿Cambio climático? ¡Qué se vaya a hacer puñetas el planeta todo! Sólo así no tendremos que aguantar que nos (tele)dirijan y nos avasallen la imbecilidad política y la gastroenteritis periodística.

     

    Hec