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December 31 FELIZ AÑO NUEVOEsta mañana, muy temprano –excesivamente para mis costumbres navideñas- porque acompañaba a Andrea a coger un avión en Barajas, habiendo desayunado y despidiéndonos de los presentes, oigo que nos dicen “buena entrada y salida de año”. Yo no sabía que se entraba y salía de los años, sino que el tiempo pasaba –y pasa, y de que modo- inexorable, estemos como estemos. O sea, que aunque yo me empeñe por entrar y salir bien del año –salvando la parte de entrar y salir del tiempo-, el nuevo año llegará cuando tiene que llegar, me esté atragantando con las uvas, de un traspiés por alguna copilla de más o me dé un ataque estomacal por la descomunal cena. Ni aún estándome quietecito en un rincón tendría asegurado entrar y salir –sigo salvando lo del tiempo- bien.
Lo que ocurre es que es expresión de buena suerte, algo así como que todo vaya bien independientemente de ti. Pero es que con lo del entrar y salir bien, pareciera que celebramos entrar en algún lado –y evidentemente, salimos de algún otro-, como si tuviéramos intención alguna de entrar y salir. Aunque no tenga intención, ese nuevo año llega, el antiguo y viejo pasa... ¡y lo nuestro es pasar! ¡recoger los años que nos caen a nuestro pesar! Y no es por condenar la vejez y agonizar por la fuente de la eterna juventud... sino por decir verdades unamunescas, universales, como lo son los puños. Ese “a nuestro pesar” dice “sin que caiga de nuestra cuenta el querer o no cargar con el tiempo a nuestras espaldas”. Ahí se va depositando, encorvándonos, y vamos cargando, mulas del tiempo, con nuestra propia historia.
Celebramos en juerga que ha corrido un año de nuestra vida, y nos pasamos el siguiente doliéndonos de que la vida pase. Y en el siguiente fin de año, agarramos de nuevo el banquete y la copa –excepto al que llaman deprimido- y volvemos a tirar confeti con una sonrisa en la boca. La permanente ironía y contradicción. ¡Qué tendrá esta fiesta del tiempo, además de condena, para que respondamos a su sonrisa sarcástica! Ya sé, es mera excusa, como el cumpleaños, el santo, el día del padre, la madre, el trabajador, y la mujer trabajadora –en día distinto y sin ser fiesta, por cierto-, el san Valentín... con tal de darnos la saturnal de turno, comer ambrosia y brindar con el mismísimo Baco-Dionisos. ¡Y allá que vamos! ¡Nadie hay que nos pare! Excepto al que no le hace ninguna gracia el sarcasmo de la vida, que ni siquiera llega a arrancar.
Y toda familia, persona y ser humano arrastra su propia miseria... pues aunque acabe el año, no acaban los problemas abiertos en el año que se abandona. Pero toda familia, persona y ser humano levanta la copa y se merienda las doce uvas al son del reloj de Sol, o cualquiera de los relojes de cualquiera de los honrados pueblos de nuestra geografía. Habrá quien no pueda levantar o devorar ese paso previo del vino, porque su circunstancia le haya tocado justo en ese momento –lo que dije, eso de entrar bien o mal en el año, al final, no es cosa nuestra-; y habrá quien no quiera, pese a que los problemas no desaparecerán, sino que esperarán en este letargo al nuevo año para seguir en el horizonte nuevo –o viejo, o el horizonte de siempre.
Toda cosa queda, pues, en el tiempo. Penas y alegrías. Lo único que nos queda es celebrar la comedia y comer el cordero, las chuletas, el pavo... picar queso, jamón y chorizo... o beber hasta reventar y tardar dos días en volver a sentir uno un latido normal del corazón... a pesar de que la vida paralizada en esta orgía, sepa que el tiempo sigue pasando, y las cuestiones detenidas han de llegar.
Con el mismo sarcasmo, entonces, ¡Buena entrada y salida de año, amigos lectores! Por grave que sea el problema, antes hay que comerse el cordero y beberse la cosecha del año. Si no, de estos se pasa la oportunidad cuando vuelven esas preocupaciones del mundo ordinario, de la vida cotidiana... o las situaciones extraordinarias que uno puede llegar a tener que vivir.
Hec December 29 EL OBISPITO CANARIOPara ver prejuicios que rondan a nuestro pueblo, nada mejor que mirar el belén armado con el Obispo canario. Yo, como Rajoy, no logro explicarme el “sentido” de lo que declaró el prelado a un diario local. Como Rodríguez Zapatero, no puedo pasar de la mueca extrañada y el arqueamiento de ceja derecha. Y no tanto por lo que a los homosexuales toca, ya que no pasa de la misma cantinela entre enfermedad, biología, naturalismo, respeto etc... aunque el obispito ha querido dar la nota de color, y de la cantinela, llegar a decir que “perjudica a las personas y a la sociedad”, extendiendo un poco más el discurso cansino. ¿En qué sentido perjudica a las personas y a la sociedad? No nos lo cuenta, simplemente lo suelta. Eso sí, “las personas son siempre dignas del mayor respeto” aunque “otra cuestión es que la homosexualidad sea o no una virtud” –no entiendo yo porqué cuando de homosexualidad se trata siempre se separa la persona de su condición, para respetar la primera y discutir la segunda. ¿Virtud? Será que los heterosexuales, como yo, somos virtuosos, o por mejor decir, otra cuestión es si la sexualidad sea o no virtud. Porque además, de mi educación religiosa sólo recuerdo que haya tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad; y de mi estudio filosófico, no he encontrado que nadie hablase de la sexualidad como de una virtud, sino de la valentía, la honestidad... En fin, no sabía yo que la sexualidad entrara en el debate de la virtud, más allá del dogma de sólo usarla para la procreación. Y ya sabemos que el argumento por aquí de la Santa Madre Iglesia es el hecho de que la homosexualidad no puede procrear y que así se cuela la perversión, en una distinción entre “homosexualidad biológica y como necesidad existencial” y la “practicada como vicio”. Es decir, el obispito da un paso más en la monserga de siempre, y ahora la cosa toca también lo virtuoso de la sexualidad. ¡Esto merece un tratado!
Como es lógico, la comunidad homosexual se tira a degüello con el Obispo, cuchillo en los dientes. Por aquí va el otro lado, y es que si se tiende a separar persona y condición en casos como el del prelado canario, no entiendo porque en estos colectivos se tiende a unirlo tanto como para formar una identidad sexual por encima de todo. Pero no es esto lo que se debate. ¡Imposible que se vaya más allá de prejuicio y el tópico en cada gajo de la naranja!
Pero aún faltaba un poco para que la entrevista, que, ¡asómbrense!, iba sobre las sentencias condenatorias al obispado por vulneración consciente de derechos fundamentales de profesores de religión, se redondeara desde la homosexualidad hasta el abuso de menores. La entrevistadora ve la oportunidad de entrar a matar con este torito bravo, negro como él sólo. Y en el momento al prelado se le ocurre decir, sobre la que ha distinguido como homosexualidad practicada como vicio, que “la persona practica como puede practicar el abuso de menores. Lo hace porque le atrae la novedad, una forma de sexualidad distinta”. ¿Qué sentido tiene lo dicho? Porque parece estar diciendo que el abuso de menores es una forma de sexualidad distinta; le faltó decir que también lo es la violación sexual, la necrofilia y la zoofilia. Y por el otro lado, parece estar diciendo que la homosexualidad corre paralela a un abuso sexual, enfermedad o no, delito tipificado. Sea como sea, tocó fondo, y la hábil entrevistadora tiro con esto de los menores y los abusos y los curas con la facilidad que otorgaba el entrevistado, y el obispito se dejó hasta soltar la perla escandalosa de nuestra pulcra sociedad: “Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan”.
Efectivamente, cualquier relación con un menor, consentida o no por parte de aquel, es un abuso sexual cara a la ley. Efectivamente, los niños son niños, y si bien antes descubrían la sexualidad entre sus sábanas o en el cuarto de baño, o como mi generación, viendo a las mama-chicho y a Sabrina con un pecho fuera, ahora su curiosidad, inconsciencia e inmadurez, bombardeadas por la explotación sexual en todo lo que les rodea –televisión, revistas, Internet, juguetes...-, crean situaciones indeseables. Pero no son los menores, ni ellos tienen conciencia o intención de ir provocando. Esto se le olvida al obispito. Y el adulto no puede olvidar que la situación no iguala a los personajes: uno es inmaduro y al otro se le suponen dos dedos de frente. Esto es lo grave: que nuestra sociedad mira a los niños como seres rodeados de una aureola de inocencia absoluta, a la que, al mismo tiempo, le vamos regalando píldoras del día después, damos preservativos o permitimos abortos al margen de la ley escrita. No son inocentes y frágiles criaturas, sino que saben un latín que muchos adultos no han visto en su vida; pero tampoco son culpables, sino que son niños –con lo que conlleva- sin ningún límite, control ni vigilancia y unos medios que sobrepasan cualquier capacidad de reacción a destiempo.
La reacción a la guinda del Obispo es clara: la Iglesia está llena de pederastas. Y a tirar piedras contra las vidrieras y a acusar a toda sotana. ¡Vivan los prejuicios por todos lados! Porque al niño hay que dejarlo en paz en su paraíso de libertad y dejarle hacer. Lo demás: o tiranía o pederastia. Me pregunto si algún día todo estos prejuicios, de un lado y del otro, serán cuestionados con seriedad y no tomados como excusas ciegas para arremeter unos contra otros.
Hec
December 25 LA CUESTION EDUCATIVA: EDUARDO MENDOZA Y LOS NIÑOSLlegan las navidades y los días son propensos a soltar todo tipo de estupideces, como hoy suelta Mendoza en El País. Algo así como que hay que proteger a los niños de sus padres. ¿Y quién protege? ¿El Estado tipo Padre Potestad psocaslista que vivimos? Las fechas son muy dadas a que quién se firma como escritor diga la sandez que pase inadvertida, en medio de humanismos, idealismos y utopismos de rojo y blanco –a lo Papá Noel- y cosas parecidas. Pero si es respetable que se escriba la tontería, lo que también es respetable es que no se tolere. Sobretodo en la ignorancia con que se despacha. O sea, que los Evangelios, según el señor Mendoza, pasan de corrido sobre el nacimiento de Cristo y se centran sobre la ¡Vida pública! Precisamente lo más desconocido del Cristo que pasa de los seis a los treinta y tres en un suspiro. Acaso Mendoza considera vida pública el Mesías la propia Pasión y Muerte. Pero vamos, que entre medias hubo unos años por el que todo ser humano guarda intriga. No es por su nacimiento, sino por su crecimiento y adolescencia por el que se siente cierta duda. Pero para Mendoza, el nacimiento de Cristo se resuelve en los Evangelios como un “mero trámite biológico”. ¡Y a mí todavía sin visitarme los Magos de Oriente en el trámite! Bien vendrían el oro, incienso y mirra, si fueran un trámite biológico. Pero el trámite no es trámite sino en la cabezata de Mendoza.
Eso sí, tiene razón en una cosa: menos leer, aprenden de todo. Aún más, llevar una vida pública con sus relaciones de todo tipo, al margen de la incertidumbre cristiana. ¿Quién sabe del Cristo antes de la cifra maldita de los treinta y tres? Oiga, que a lo mejor se dedicó a cantar y bailar en trapos menores delante del personal; que lo mismo, el Cristo de los clavos por el que todo el mundo implora y se santigua, iba por el mundo contando chistes verdes. Para la versión tradicional, además de tocar las narices en los templos judíos, se dedicaba a fabricar muebles en su oficio de carpintero –que venía de familia. Nada nos dicen de que tuviera que ser protegido, ya por error o por sarcasmo del prejuicio social, del cachete de una madre que le pillaba, de vez en cuando, revoltoso en un templo.
Pero en la Biblia nos cuentan que se le reprendió y encima el niño sabelotodo contestó a su madre. Y es dogma de fe lo que contestaba. ¿Y sí María, la Virgen, le hubiera soltado una galleta en el momento? Quizás se le hubieran quitado las ganas de ir de Hijo de Dios, enmendando la plana a los creyentes en las tablas de Moisés y la estirpe del rey David. Pero como no hubo cachete, el niño salió rebelde a los romanos y judíos... ¡y lo que teme toda madre! ¡qué crucifiquen al hijo! Pues allí estaba, crucificado, quizás porque no hubo torta a tiempo.
Pero, en fin, ni creo que los padres eduquen mirando de reojo las leyes, como tampoco creo que el Mesías fuera a pasarse la vida de carpintero como su padre, por loable, justa y honesta que sea la profesión –en las medias tintas que la he probado. El Cristo se iba derechito a la Cruz, como estaba escrito, con cachete o sin cachete.
Ahora bien, como anuncia Mendoza, esa reforma del “cachete” es un error. Ahora ya, a los padres, no les queda ni la media para rectificar a sus hijos antes de pasar por los maderos. Basta con que pueda denunciárseles por soltar la mano sobre la mejilla del culo, para hablar de maltrato infantil, pese al que le pese, y haga lo que haga el niño. ¡Y eso que en el mundo hospitalario ya sabían diferenciar entre la torta moderada y el maltrato! Entre la torta, tan española, que todo el mundo espera contra el hijo impertinente en el autobús, y que ahora es agresión contra los derechos infantiles. Esa mano abierta contra la mejilla del culo caprichoso, que lloriquea, como todo niño, y que era reprendido como todo padre/madre. ¡Que es que ya a los niños no cabe traumatizarlos! Casi mejor ya, electrificarlos al nacer, para que aprendan como se las gasta el mundo y sus dos polos, negativo y positivo. Y que da igual sea uno y otro, que con ambos se queda pegado al enchufe que los idiotiza. ¡Inventemos el cachete abstracto! Luego nos denunciarán por maltrato psicológico. Eso sí, aborte usted cuando quiera.
Hec December 20 DESCARGA ILEGAL: CLICK AQUI (III)¿Qué pensarán hoy día aquellos que oigan hablar de “canon” referido a música? Porque hasta estos años, yo pensaba en Pachebel o Bach; pero hoy, la palabreja ha perdido en el populacho ese sentido de polifonía musical volviéndose la composición en compensación musical. “Canon” es, ahora, un impuesto, una tasa, un incremento preventivo en el precio de ciertos productos que sirven para copiar. El qué se copie ha empezado a dar igual, puesto que se cobra al consumidor previamente a la copia, antes de que exista como tal, delito alguno por su parte. El consumidor, lógicamente, lo entiende como una multa anticipada y en él caben dos reacciones: esgrimir la presunción de inocencia registrada en la Constitución, o pensar que ha pagado el “derecho de copia” por lo que ya está legitimado en sus actos. Es decir, el Canon, o es inconstitucional por principio, o contradice las leyes en su consecuencia al modo de una “mordida” que permite delinquir. Como si a uno le multasen por exhibicionismo antes de exhibirse y sin haber dado muestra alguna de ir a hacerlo; ya que me han multado, he pagado mi derecho a exhibirme. Y si no es así, entonces, ¿qué se paga con el Canon?
Pensemos, además, que lo “preventivo” como tal, al menos en los tribunales, se aplica ante indicios de posible huida o reiteración del delito. Luego, cobrar como medida preventiva a todo el personal, es una criminalización de la población entera, en toda regla y en ausencia total de indicios. En base al hecho de que un soporte virgen sirve para copiar archivos, se deduce que quien lo compra tiene la intención de copiar archivos. La cosa es de Perogrullo, pues es ese el fin del producto en cuestión, tal y como el que compra el martillo para clavar clavos. Ahora bien, ¿quién sabe qué voy a grabar? ¿Quién puede afirmar con seguridad, como para actuar preventivamente conmigo y el martillo, que lo usare para abrirle la cabeza al vecino? Imagínense que me dijeran que sí, que puedo comprar el martillo, pero que antes voy a pasarme tres años en la cárcel por si ocurriera –hipótesis al aire- que, en realidad, lo voy a usar contra el del cuarto y su cráneo. O no la cárcel, sino una indemnización a esa hipotética futura víctima. El crimen o la agresión se estarían dando por realizados, así que, el vecino, probablemente haría las maletas antes de que volviera yo por la casa, pues una vez condenado, falta la comisión del crimen que estaría ya legitimado. Ahora ya, con total seguridad, mi martillo terminaría en la cabeza del vecino... ¡no hacerlo sería estúpido! El problema es que, si machacara a mi vecino, se me detendría, se me juzgaría y se me condenaría de nuevo. O sea, que lo preventivo se paga porque sí, porque aquí nadie ha dicho que eso de que “ahora, la ley actúa”, haya dejado de ser cierto.
Hoy, además de gravar los soportes vírgenes, pagaremos más, también, por los reproductores, teléfonos móviles, pendrive... todo lo que sirva para descargar o almacenar. ¿Por qué no gravan también los auriculares que sirven para escuchar tales archivos malditos? ¿Por qué no también al ratón con el que podemos hacer el click? ¿Por qué a la subida anual de la luz, no añaden otro tanto por ciento de Canon, ya que la usamos para encender el diabólico ordenador o recargamos la batería de los cachivaches con los que podemos cometer delitos? Mejor, que pongan una hucha a la entrada de los comercios informáticos, aunque tan siquiera vayas a comprar. ¡Y todo en nombre de los artistas! Que son los que menos pinchan y cortan en el negocio, los que menos parte del pastel reciben.
Pero se me plantea un gran dilema y enigma cuando pienso, por ejemplo, en una empresa como Sony, que además de proporcionar todo tipo de artilugios de reproducción y grabación, también es discográfica y productora. ¿Acaso es que en Sony se han vuelto locos y fabrican objetos que son perjudiciales para su otra parte del negocio? Quizás Sony, que sabe del negocio, logra ganar en reproductores lo que pierde en descargas ¡Es que no se nota la contradicción! Da igual, grabe o no grabe, Canon grande, no se nos vaya a morir de hambre la órbita celestial de los cuarenta principales.
Hec SARCASMO DE FIDEL Y GADDAFI POR MADRIDLo hemos visto y vivido. Las dictaduras burlándose de las democracias abiertamente. Por ejemplo, por ahí está Gaddafi, paseándose por Europa con la chequera. Y claro, si viene a repartir millocenjos, desde Francia hasta España, le abren las puertas y le ponen alfombra roja y banda musical. Aquí que le ha recibido el rey Juan Carlos en el Pardo, el presidente del Gobierno de España Rodríguez Zapatero –sí, sí, el mismo que quiere que los escolares practiquen virtudes y valores estudiando los Derechos Humanos y las Constituciones-, el alcalde Gallardón, regalando las llaves de la ciudad, el ex presidente Jose María Aznar... hay que agasajar a quien trae dinero, aún cuando pueda ser el mismo diablo. ¡Y no se les cae la cara de vergüenza! Tanto que llevan en estos cuatro años metiendo el dedito en la conciencia del personal y moralizando con todo tipo de campañas y sobre todo tipo de ámbitos, condenando el franquismo y buscando fascismos por las esquinas para erradicarlos, para luego venderse al mejor dictador, al que agita el billetito en el aire mientras enseña uno de los fajos en la otra mano. Como si el dinero de Gaddafi sirviera para perdonar universalmente al propio Gaddafi.
Como justificación nos dicen que en Libia se han moderado mucho las cosas, y son ahora más aperturistas. Es decir, que Gaddafi hace un guiño a la galería y todas las democracias a sus pies. ¡Borrón y cuenta nueva! Cuenta corriente, por supuesto. Sólo faltaba la plebe gritándole ¡guapo!, a lo largo del paseo o en la Plaza de la Villa. Caza, flamenco y agasajos... ¿por qué no le regala Rodríguez Zapatero uno de sus manuales de Educación para la Ciudadanía? Pero aquí nadie ha tosido cerca de Gaddafi. Quizás luego, en la intimidad y soledad de un baño, hayan ido a limpiarse la conciencia y las manos.
No es lo único. Lo de Fidel Castro se lo ha tomado el mundo como sarcasmo y humor negro. ¿Cómo puede venir diciendo que no quiere aferrarse al cargo y dejar paso a los jóvenes? Lo podría haber pensado antes, unos treinta años ha o más. ¿Qué jóvenes, los de hoy o los de entonces que ahora arrastran también achaques? ¿Se referirá a su hermano con esto de joven? A lo que ve no puede aferrarse es a la vida, indudablemente, y volvemos a estar ante un guiño a la galería que gente como Llamazares –que no sé si ha razonado alguna vez más allá de la doctrina- avala por las tierras de nuestro país. Bueno, no sólo a Fidel, sino también a Chávez y a toda la cuerda de pequeños y grandes tiranos, con tal de que sean comunistas.
Será porque todos estos políticos, jovenzuelos en la época de las dictaduras, han creído que sin hacer desprecios a los tiranos se evitan guerras. Y si los tiranos reparten dinerito, pues eso que nos llevamos ¿Dónde están su mayo del 68, su anti-fascismo, sus principios democráticos, toda la verborrea de humanitarismo, igualdad, respeto...? A mí, que si se quieren ir abrazando a Gaddafi o a Fidel, pues muy bien. Pero que sean consecuentes y no hipócritas para con el pueblo y la historia: que no me vengan condenando acontecimientos a los que ahora, en la actualidad, dan la espalda si conviene, haciendo como que no los han visto. ¡Qué facultad ésta de querer ser ciego al hoy, y gran tribunal del ayer! Acaso es que hace falta que pasen treinta años o setenta para luego hacer una Memoria Histórica que condene los acontecimientos. Hace falta que haya víctimas primero para luego poder hacerles justicia. Y para que haya víctimas hay que cuidar bien del verdugo y recibirle en Palacio, comernos, a cuatro patas, el dinero que arroja en sus paseos.
Hec December 17 A OTRO PERRO CON ESE CONEJO¿Dónde tienen los pies estos que nos gobiernan? Tiempo atrás era el señor presidente del Gobierno de España para quien el café de los españoles andaba por los ochenta céntimos. España clamó con la anécdota, ¿dónde está ese café a ochenta? A día de hoy, por un lado nos dicen que el pueblo es muy sibarita; que claro, queremos en navidades cordero asado, lubina al horno, solomillo, gambas y langostinos, cuando el conejo está muy baratito y su carne es una delicia. ¡Menos mal que no nos propusieron una rica sopita con los huesos! Porque, ahora mismo, ni pan ni leche se puede tomar sin pensar lo que ha subido. Y para rematar la jugada, el Ministro de Economía viene soltando que los españoles no sabemos qué es un euro, no lo hemos interiorizado y lo vamos dejando de propina a cada café. Es lógico que la hostelería del país haya abierto los ojos como platos, pensando que alguien les está robando esas lujuriosas propinas de un euro por café, porque ellos no han sumado tanto como dice el Ministro.
¿Puede concebirse con hipotecas, facturas, sueldos bajos... que los españoles, en todos estos años, no hayamos percibido el valor de un euro? Personalmente me encantaría que el Ministro Pedro Solbes nos dijera de dónde se ha sacado esta afirmación. Acaso no hemos interiorizado el euro porque aún no hemos visto uno solo que podamos decir sea nuestro, dado que según viene ya tiene que estar en manos de otro, llámese banco, impuesto o hacienda, llámese gas o electricidad, llámese gasto familiar o bolsa de la compra... Quizás porque el presupuesto doméstico se escribe necesariamente en rojo, y en lugar de tratar ahorro, persigue saldar las cuentas, cada vez más grandes, y del mes o los meses vencidos. Pero esto significa que un español no puede ir dejando el euro que no tiene en el platito de la barra del bar, a no ser que las propinas ya puedan dejarse a crédito, ese nuevo modo de vida con intereses al que nos hemos acostumbrado.
Puestos a echarle la culpa al ciudadano de casi todo, podríamos responder preguntando qué hace el gobierno regalando dinero, arbitraria y casualmente, antes de las elecciones. Esos regalos, que son más de un euro de propina, esas subvenciones tan típicas del psocialismo que caen en saco roto de gasto y cero de inversión, tal y como el que da pan a perro ajeno, que ni tiene pan ni tiene perro. ¿Por qué tiene el Estado que decidir en qué se ha de gastar este o aquel billete? ¿Por qué no se dejan de subvenciones y permiten que sea el ciudadano, rebajando impuestos, el que, con su propio bolsillo, decida sobre los que son sus gastos? Siempre la desconfianza psocialista en el pueblo, su consumo, su oferta y su demanda; siempre con su figura paternal –o maternal- administrando nuestra paga; siempre interviniendo y haciendo suyo el libre movimiento del gobernado.
Aquí ha subido el pan y la leche, el vestir –por lo que no estamos para rasgarnos las vestiduras-, pero ni los salarios ni las pensiones, como siempre. Bueno, las pensiones un poquito pero ni se acercan a un equilibrio con lo contribuido durante la vida. Eso sí, nuestros niños podrán ir al dentista por magnanimidad del Gobierno de España. Eso sí, nos dan un euro al día para sacarnos el carné de conducir, aunque plantearse coche hoy es pensar en gastos a cuatro bandas. Eso sí, tenga usted hijos de tal fecha a tal fecha, que le daremos dos mil euros. Pero a lo mejor no necesito dentista para el crío... pero a lo mejor no quiero más hijos... pero es que no quiero coche... ¡Da igual! Si no lo quiere, entonces no se lo doy, y úntese el huevo con el propio huevo, y lama el plato para no dejar rastro, o compre sólo media barra. Acostúmbrese a tomar café sólo, sin leche o con muy mala, en esa cafetería de a ochenta, y, por supuesto, sume bien el cobre que deja en el platillo de la cuenta. Y si aún le quedan dudas, ¡conejo por cordero o pavo!... y dentro de poco gato por liebre. Y del gato ya pasaremos a la rata que éste se come si el pueblo persiste en su irresponsabilidad con la monedita.
Antonio Machado decía aquello de “monedita que está en la mano/quizás se deba guardar/la monedita del alma/se pierde si no se da”. Pues sí, aquí ya estamos dando la de la mano y la del alma, e igualmente las estamos perdiendo.
Hec December 10 LA CUESTION EDUCATIVA: LEER Y ESCRIBIRHacía falta que apareciera en un informe europeo sellado y firmado: nuestros escolares no saben leer. Ya podíamos gritarlo algunos profesores de niveles de bachillerato; ya podíamos estarnos preguntando cómo han llegado tantos alumnos con tan graves deficiencias a nuestras aulas, o la otra gran pregunta que es cómo sacarlos adelante en tan poco tiempo y con un vacío tan interiorizado. Y es que se ha impuesto la demagogia de que al niño no hay que traumatizarle, así pues, el más leve esfuerzo que haga, como levantarse de la cama para ir a la escuela ya es suficiente cara a darle un aprobadillo que le haga más feliz.
¿Qué quiere decir que no sepan leer? No dice que no puedan reconocer palabras, esto es, analfabetismo absoluto. Quiere decir que, de un conjunto ordenado y coherente de palabras en el que se expresan ideas, se argumenta, se narra o se describe, no comprenden nada, o, al menos, que no saben, después, exponer por escrito u oralmente lo leído. De todos modos, que no comprendan, o que comprendiendo, no puedan expresarse, delata una gravísima falla educativa e instructiva.
Ya he descrito en ocasiones el tipo de lectura que me encuentro yo en el bachillerato: plana, sin entonación, hablándole al cuello de la camisa y sin vocalizar. Pregúntale qué ha entendido, que lo explique, y tendrá que volver a mirar el texto por dos razones: buscando qué dice el texto, o qué palabras se han usado para utilizarlas él. Pídele que escriba un resumen, y toparás con frases inconexas, repletas de muletillas y puro parafraseo del fragmento. Y ese otro ejercicio de la opinión personal... ¡todavía creen que una opinión no puede ser evaluada!
Quiero decir que, cuando es visible el desierto de la lectura en nuestro país, no se puede esperar que existan oasis de escritura. No sólo no saben leer, ni comprender lo que leen, sino tampoco expresar oralmente o por escrito tal comprensión, ni lanzar una opinión crítica y personal de ello. Ni leer, ni escribir. Es lógico.
Seguiré recordando, como en otras ocasiones, que en mis años de pequeño estudiante tenía horas de lectura en clase y ejercicios de velocidad y comprensión lectora, como también de expresión escrita. Se hacían dictados, se resumían textos, se tenía que buscar, subrayar y diferenciar ideas principales, ideas secundarias y meros ejemplos. Se te leía por el profesor, y luego respondías a preguntas sin el texto delante. Incluso hacíamos exposiciones orales en el aula sobre cualquier tema, se leía en alto la lección y el profesor corregía al alumno en sus errores, o también se recitaban poemas, se escenificaba teatro... luego, uno también tenía que leerse algunos libros y presentar una ficha de los mismos a lo largo del curso. Las figuras literarias estaban al orden del día, como también la métrica. Y el diccionario andaba por encima de la mesa o en la cajonera. ¡Había exámenes de vocabulario! ¡Se hacían redacciones sobre la excursión del día anterior! El cuaderno y el examen no sólo tenían que estar completos, sino bien presentados: caligrafía, ortografía, márgenes... Todo ello junto a la gramática, la morfología y la literatura de siempre, año tras año. Así era difícil no lograr buenos niveles, como también se volvía fácil identificar y ayudar a alumnos que pudieran tener y presentar problemas más hondos. Hasta estos últimos superarían con creces las nuevas remesas de chavalería que salen de nuestras actuales escuelas.
Son los ordenadores, los sms, los e-mails, la televisión, las consolas..., dicen. Yo no entiendo, sin embargo, que por la existencia de aquellos, se dejen de hacer las cosas que he referido. ¿Qué tienen que ver tocino y velocidad? Bien cierto es que la televisión y los medios no están habitados, precisamente, por gramáticos; cierto es que en los ordenadores existen los correctores ortográficos; cierto que los sms y los e-mails tienden a un registro comunicativo que no casa con las normas. Pero también es cierto que de la televisión y los medios no se aprende principalmente; que a mí también me corregían otros; y que yo, de adolescente, hablaba una jerga muy poco cercana a la corrección. Estos medios no son antagónicos de los ejercicios escolares de lectura y escritura. No se puede pretender exagerar la influencia de todo aquello y suponerlos como obstáculo que sirva de excusa para un, cada vez mayor, fracaso. Es como echarle la culpa a las calculadoras de que los críos no sepan multiplicar, sumar, restar o dividir, hacer una raíz o representar una función.
Lo único indudable es que, dentro del caos del sistema educativo que lleva años asolando cabezas y centros, las primeras víctimas están siendo los alumnos en su formación e instrucción. Pero ya sabemos que el principal problema para los poderes de nuestro país son los valores y los derechos humanos. ¿Para qué enseñarles los últimos si no son capaces de leerlos comprensivamente y, aún menos, de redactarlos con sus propias palabras? ¡Propias! Si viven sin palabras... Simplemente viven y duermen.
Hec December 09 RESCRIBIR LA CONSTITUCIONEspaña ha celebrado el pasado día de la Constitución, enlutando sus violas y entre gritos de reforma. ¡Curiosa manera tenemos de congratularnos! Y, aunque es lógico estar de duelo por los dos recientes asesinatos de guardias civiles, la imagen del luto y riguroso negro junto a la Constitución era de lo más reveladora. Porque se quería reformarla desde el principio, a gusto del consumidor –gobernante- y no se le ha dejado a su libre albedrío; pero el resto de la legislatura, la Carta Magna ha sufrido un desgaste importante al ser lanzada, ya con la educación, ya con los símbolos del Estado o la definición del Estado de las Autonomías, ya con la Institución Monárquica, contra un gobierno que, por su parte, se la pasa por donde todos sabemos.
No hay peor cosa que pueda ocurrirle a un texto política y socialmente sacro en una democracia, que el que se le ponga día sí, día también, en el ojo del huracán, pues termina perdiendo su efecto asemejándose a unas leyes de usar y tirar, derogables y reformables, interpretables a conveniencia. Una vez hecho, una vez puesta la Constitución entre los interrogantes pusilánimes de la contienda política, la amenaza al acecho de que se le meta mano por cualquier lado y se termine cometiendo “democraticidio”, palpita más fuerte que nunca. Y en medio de la bacanal descerebrada de pullas y reproches en que vive inserta nuestra esfera política, no reconozco que pueda existir un escenario para tocar la Constitución. Tiemblo sólo de pensar que quieran buscar cualquier resquicio para borrar y escribir, sin saber qué mano sostendrá la pluma, cuál el borrador y, por último, quién la sujetará por sus tapas y habrá de cerrarla dándola por acabada.
No hay madurez política suficiente en la actualidad como para asumir tal responsabilidad. Y pese a que la hubiera, lo que no se da es la mínima confianza del pueblo, dividido fanáticamente entre manifestaciones y despertando siempre en una continua orgía sin fin de incompetencias gubernativas y opositoras. Ni los fanáticos confían en sus contrarios, ni el personal mayoritario deposita más que recelo en cualquiera de los electos populistas. Tan sencillo como querer publicar una novela que, de antemano, nadie va a comprar y leer porque no se aprecia al autor. Piensen ahora que la novela es la Constitución y sus autores son los avellanedas Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y ese batiburrillo de nacionalistas cuyo objetivo, a veces descarado y otras de tapadillo, es la secesión y la independencia. Yo, sinceramente, no la compraría para quitar su hueco en la balda a la refrendada en 1978.
¡Qué se cae de vieja! Puede ser, y puede ser cierto que necesite una relectura y algo de actualización después del servicio prestado en años muy complicados. Pero no son estos los políticos, que están muy por debajo de su altura, los que deben hacerlo, cuando están más próximos a quemarla en la hoguera que a cuidarla. Y es que uno solamente escucha qué es lo que se quiere o se debe quitar, amputar... pero no se oye cuál es la novedad que se propone. Uno no se imagina a esta gente sentada en la misma mesa trabajando para el pueblo -¡utópico, cuando menos!- si todo el santo día se les ve más preocupados de tirar al suelo al contrincante, desestabilizando las legislaturas y todo tipo de maniobras que son todo menos unidad, consenso y pensar en la población.
La impresión es que se juega demasiado con el fuego, y acercan mucho el ascua a la Constitución. Y son bastantes ya los que han empezado a violar sus artículos, uno por uno, sin pudor. Será por esto que se haga necesario rescribirla: primero se alienta su derogación, y cuando el mundo se la salta a la torera, se proclama su jubilación. El problema es perseguir adaptarla a quien ya no tiene vergüenza ante ella y la pisotea como el felpudo en que limpiarse los zapatos. El problema es la caradura inconstitucional permanente y explícita, que no sabe ni tiene la voluntad de vivir en el marco de la Carta, y emplea este argumento para defender la reforma de ésta. ¿Qué reforma? Después de borrar, lo mismo sucede que nadie escriba.
Hec December 01 DESCARGA ILEGAL: CLICK AQUI (II)Los “descargadores” –downloaders, que si no existe me lo invento- son piratas, son delincuentes declarados por leyes hechas a la medida de las auto-víctimas. Digo auto-víctimas porque, si alguien no ve venir a la piedra que en su caída se acelera, y se queda bajo esta, no puede echar la culpa a la piedra que cae por gravedad. ¡Lo tonto que sería enunciar una ley contra la gravedad para retenerla! Pues algo parecido ocurre. Y ya dijimos porqué ocurre: estos piratas de barquichuela que intentan hacerlos pasar por capitanes de El Temido de Espronceda, se encontraron de pronto con el cetro de poder, caído del cielo por despiste de los dioses. De buenas a primeras, el medio de producción cayó en sus manos y dejó de ser exclusividad de las empresas, tal y como si Prometeo hubiera traído el fuego robado al Olimpo. Un Olimpo que ha reaccionado tarde y mal.
Bien es cierto que hay quien ha buscado su lucro en la copia pirata, y la vende. Pero lo que es el internauta, quiere la canción de turno, la película tal, y no persigue hacer caja ni incrementar ingresos. Se conforma con tener el producto por el que antes pagaba, sin intentar hacer pagar a otros por éste, ahora que, con el medio, puede producírselo. Ese capitán pirata ha entendido que si él tiene acceso, los demás también, y de cajón, entiende que es absurdo intentar negocio. Pero la auto-víctima, que ahora ya ha visto, tarde, la piedra y el peligro, que tiene que decidir entre la bolsa o la vida cuando su vida depende también de la bolsa, intenta conservar una y otra –que me parece bien- y detener la piedra –que es el problema.
Quizás no conocen el cuento, que bien supo reproducir Don Juan Manuel en su Lucanor, del hombre que quiso cruzar el río con su saco cargado de piedras preciosas, y terminó ahogado por la codicia de no soltar la carga, tal como le aconsejó un vecino del lugar allí presente, en la orilla. Y yo ante este relato, siempre he pensado lo mismo: ¿por qué no tiró el saco al de la orilla? ¿por qué tenía que ser un todo o nada? Al caso de la bolsa, la vida y la piedra, viene a ser lo mismo. Parece, sin embargo, que el usuario de la red es el enemigo e Internet el refugio del delincuente, y hay que ponerle puertas al campo.
Sin embargo, hay quienes han sabido subirse a la piedra y conservar su bolsa y su vida, o incluso empezar a llenar una y hacer famosa la otra. En ello hay ejemplos de lo más zafio y chabacano, de lo más insulso y estúpido. No hace falta gran calidad. Lo colocado en la red, basta que enganche para que corra como la pólvora. ¿Por qué, entonces, lo que dicen tiene calidad, no es apto en la red del mismo modo? A estos genios del negocio parece que se les han adormilado las neuronas y sólo se les ha ocurrido castigar al planeta como si éste hubiera urdido un plan estratégico para arruinarles. Tal plan, empero, no existe: hay quien se descarga el último éxito que ya esté colgado, una película oscarizada, como también hay quien se descarga la música como un preview para ver si merece la pena comprala, o la más desconocida, o la película más antigua y de nacionalidad nada reconocida por los grandes estudios. Y no son los últimos los que se quejan, no; sólo los primeros, quienes hacen caja. Volvería aquí el criado Patronio para decirles que han de buscar el modo de subirse a la piedra contra la locura de detenerla.
Cosas de la vida, en la era del consumo y el vertiginoso avanzar las ciencias una barbaridad, se penaliza al consumidor que ha sabido adaptarse al avance y se defiende al vendedor que aún quiere duros a peseta por la antigualla, aún detenido en un lado del camino. La contradicción es manifiesta: el segundo depende del primero, por lo que no es bueno tocarle las narices ni imponerse con tal violencia legal. Todo ese aparato violento y legalista no hace más que demostrar que en el pulso, llevan las de perder. Pero todavía no quieren aplicar aquello de “si no puedes con el enemigo, únete a él”, o “ten cerca a los amigos, pero más aún a los enemigos”, aunque ya han dado el paso de considerar enemigos a la sociedad virtual.
Resulta que el software y el hardware no es ilegal; tampoco los conocimientos adquiridos, que ni si quiera son tantos ni tan complicados –basta aprenderse el orden en que apretar los botones. Pero el uso de todo ello incurre en delito, aunque no tenga otro uso, no por el programa –que sería censura- sino por el contenido del intercambio. Y aunque la IP del ordenador de cada cual es un dato personal, y las comunicaciones que mantenga cada uno son privadas, asuntos que las operadoras deben proteger, con estas se están llegando a acuerdos y convenios para dejar echar una miradita por encima de los derechos de los usuarios y consumidores. Esto también sería un delito. Mientras tanto, por la red circulan otros muchos delitos que amenazan al usuario, como el maldito spawm, el phishing, los virus y troyanos, el spyware de publicidades no autorizadas, los verdaderos “hackers”, foros y chats donde el moderador, simplemente, no parece existir... y de ello no he visto ni oído campaña alguna ni leyes, medidas, convenios o acuerdos, con la facilidad con la que sí me ha llegado aquello del “ahora, la ley actúa” junto a la palabra download, al tiempo que estamos saturados con el “descárgate el último éxito, juego o salvapantallas” o “gana millones”, o el no va más de mandar un mensaje para que salga por la tele –ya sin premio si quiera-, a un nada módico precio. Y es que, no es lo mismo avasallar al usuario, a que sea el usuario el que avasalle. Para lo primero no hay regulación, y para lo segundo se escriben como churros incluso en una tarde de domingo.
Hec |
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