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February 28 KARAJAN Y EL NUEVO AÑO 1987¡Ya lo sé! El Neuejahrskonzert del Musikverein de Viena es asunto más comercial que otra cosa, excesivamente burgués, si se prefiere, un lujo, más que para el oído, para el bolsillo. Dudo poder aparecer por allí algún día, al precio que está el kilo de concierto y la cola que hay en el mercado. Más bien soy de los millones que consumimos el primero de enero -ya con resaca, dormido y echo polvo- los sonidos de la Filarmónica de Viena, tumbado en el sofá de casa a través de la caja tonta. Puede que sea por tradición familiar, puede que por simple gusto. No es música de cámara, ni un cuarteto ejecutando partituras para entendidos, sino más bien un concierto para agradar, algo viena-céntrico pensándolo un poco, más coloquial y menos alejado de las orejas y los torpes movimientos rítmicos de pies y manos tan típicos de la clá de profanos, llevados por la magnificencia de una buena percusión y fuerza en Marchas, la velocidad en Polkas y la melodía danzarina de los valses. Sí, es cierto, a uno le dan ganas de marcar el paso o agitarse poseso, o dar los pasos rápidos, vueltas y revueltas, vestido de tirolés. No puedo evitarlo y ser como García-Bacca, quien prefiere a Ravel que a los Strauss.
Frente a la tiranía de "las tres M" -Muti, Metha y Maazel- y algún invitado suelto -Ozawa, Jansons- o que repite -Kleiber, Harnoncourt y Abbado-, eludiendo a sus primeros directores -Boskovski, Krips y Krauss-, sin duda alguna von Karajan fue punto y aparte. Dos años antes de su muerte, en el año 1987, Karajan cogía la batuta para dirigir a la Filarmónica de Viena, cincuenta años después de que lo hicera por primera vez -y eso que prefería la de Berlín, que no preguntan "porqué" a lo que manda el director. Concierto, completamente Strauss, enteramente de la Viena decimonónica. Y será eso del "sonido Karajan" por lo que llegan distintos, más triunfales, el Danubio Azul o la Marhca Radetzky, más juguetón el Perpetuum mobile, más grandioso el Vals del Kaiser, y más primaveral que nunca la voz de la soprano Kathleen Battle en Frühlingsstimmen. En fin, más romántico y épico todo en manos de un idolatra de Wagner y la quinta y novena de Beethoven. Y eso que soporto más en el resto de artes, los ecos del romanticismo que el período mismo; no sé si en este caso fue Karajan o son los Strauss los que hacen del romanticismo musical una verdadera dignidad, o quizás sea que el romanticismo vienés, ciudad cuna y tumba de músicos, suena distinto. Pero también pego el oído a Berlioz y ese Sueño de una noche de aquelarre de la Fantástica, romántico por igual, pero francés, que andaba más por Italia que por Austria, y de vuelta siempre por su París, ya fuera a caballo con la descabellada idea de matar, disfrazado de sirvienta, a su "ex-", a la madre de esta y al futuro marido. O también Falla y el Amor brujo, aunque en el sean ya ecos del XIX en el nacionalismo, o el piano opuesto de Satie. Quién sabe si terminaré cansándome y me agarraré al Pájaro de fuego de Stravinski, que, de momento, me resulta insoportable. Serán mi ignorancia y juventud, que me acercan a lo "ñoño".
Von Karajan, sin embargo, se dejó arrastrar por esa sombra polémica -absurda en muchos de los casos. Que si egocéntrico, megalomano, que si nazi y aprovechado. Todo hay que decirlo, desde luego, aunque nada de ello niegue su genialidad. Se ha contado siempre que pedía colocar el podio de forma que cayera en el centro de la visión del público, que llegó a pagar y cobrar cifras desorbitadas o que prefería la foto a los bises. Sí, se afilió al nazismo dos meses después de ascender Hitler, no dudaba en interpretar Horst Wessel Lied, ni se negó a pasear su batuta por la Europa ocupada. También es cierto que se casó con una mujer judía, que Hitler le tenía cruzado, hasta prohibirle aparecer por Bayreuth después de aquel desastre de Maestros Cantores -según creo, porque hay quien dice que fue con el Nibelungo-, donde salió sin partitura, se perdió, las cantantes dejaron de cantar y la música de sonar. Se dice que su afiliación no tenía otro objetivo que no sacrificar su carrera... se dice, se dice. Y será cierto, pero como con Wagner o Heidegger, y cualquier alemán del XIX y XX que vivía el clima de antisemitismo como algo normal, e incluso justo, o los resultados "versallescos" de la Primera Guerra Mundial como una auténtica ofensa al orgullo y el poder judío como una intromisión. Quizás sea fácil juzgar tantos años después, con los ojos y la situación de hoy, el ayer, y defenestrar a tantos afiliados, meterlos en el mismo saco, bajo el mismo cartel ignominioso que les haga responsables y criminales de la historia. Será cierto, sí, pero la imputación, como la acusación de megalomano, no puede recaer sobre la batuta que dirigía en 1987, en Viena. Acaso es mera ironía que el talento deposite aquella batuta en estas u otras manos, para que los demás nos ofendamos en lo más profundo del alma y caigamos en la incomprensión del suceso.
Hec PRESENTACION "CON VERSOS"Poetas y poetisas repartidos por entre el público asistente, recitando sus textos a toda la sala como un asistente más al acto. Luces bajas, música de ambiente, una introducción misteriosa con voz de Gilthoniel, y tras los versos, encendido de luces de vuelta al auditorio. Así se presentaba y, metfóricamente, se "daba a luz", el poemario colectivo Con versos, fragmentos de una antología futura en FNAC Parque Sur, con númerosa asistencia y verdadera entrega de los presentes a un género que se va quedando sin voces en nuestro país. El éxito de la obra, empujado sin duda por la puesta en escena de sus autores -entre los que me cuento-, queda reflejado en una primera edición agotada y no pocos ejemplares rubricados con más versos a pulso y tinta. Como muestra del acto, publico aquí las palabras de cierre que pronuncié en nombre de todos los autores, donde queda mostrado el sincero agradecimiento a todos los que, de alguna forma, han colaborado en esta obra y una invitación, más sentida que razonada -como corresponde- a adquirir el título presentado:
PALABRAS DE CIERRE AL ACTO DE PRESENTACIÓN DE
CON VERSOS, FRAGMENTOS DE UNA ANTOLOGÍA FUTURA
"Empezar agradeciendo a Ediciones Antígona, presentes aquí, a Ignacio, Iván, Isaac y Concha, el que creyeran en este proyecto y hayan dedicado su tiempo y esfuerzo para sacarlo adelante. A Antonio Albiol, sin cuyo trabajo y dedicación no hubiera sido posible traer esta "antología futura" al hoy. Al resto de poetas y poetisas, compañeros, que han colaborado aportando sus versos y poemas, y quisieron ponerlos junto a las composiciones de otros, incluidas las mías, aún no conociéndonos en muchos casos; y en especial a Pedro Gilthoniel y Carlos G. Torrico por haber asumido, además, el papel de reunirnos y coordinarnos, tantos como somos, y haber gestionado la posibilidad de presentar hoy aquí, en el FNAC Parque Sur, nuestra obra Con versos, fragmentos de una antología futura. Por último, a FNAC, que al cedernos su espacio, tiempo y baldas, colabora ampliamente en la difusión de la obra que nos ha traído a todos aquí.
Muchos cogerán este libro como una "pequeña" obra poética, de pocas páginas, y podrían pensar que es poesía de una tarde. Se perderían, sin duda, lo no escrito, lo que de poema tiene el poema, que radica, precisamente, en todo lo que dice sin decirlo. El libro que presentamos hoy pertenece a este género de intentar expresar todo con poco, casi con nada, el género cuyo valor estriba en ser parco en palabras, aunque no se deje nada en el tintero. Si a ello añadimos que tratamos con catorce personas entre poetas y poetisas, es decir, a la variedad de matices, fondo y expresiones, desaparece completamente la imagen del libro de una tarde. Quizás el libro para leer en el tranvía -como Girondo-, quizás en el autobús o en un rato que consideramos perdido, aunque no lo acabemos en ese viaje ni en ese rato.
Se trata de un libro joven, y como todo lo joven, atrevido; nuevo, y como todo lo nuevo, desconocido. No se descubre lo desconocido en una tarde, como no envejece lo joven en unas horas. Como lo señala Antonio Albiol, son fragmentos de una "antología futura", trozos que no necesitaban de más palabras para decir lo que expresan, eso nuevo y joven que traen al presente ecos del mañana. Suficiente, según creo, para leerlo ya con otros ojos, con otro espíritu que el de una tarde cualquiera: acaso con el espíritu de una vida, acaso con catorces vidas dichas con versos".
Héctor Martínez Sanz
26, febrero, 2007
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Héctor Martínez Sanz, Revista de Filosofía A Parte Rei, Número 54 (Monográfico Gianni Vattimo), Noviembre 2007
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Cinta de Moebio se ha propuesto como misión constituirse en la revista de epistemología de ciencias sociales más importante de América Latina. Pretende congregar a los académicos latinoamericanos que desarrollan su interés en el ámbito del conocimiento de las disciplinas humanas y apoyar mediante sus artículos a los programas de postgrado de la región.
Fundada en 2002 por el Nódulo Materialista con una periodicidad mensual February 24 INJERENCIAS: ENTRE LA RELIGION Y EL ESTADOLlevamos unos cuantos años de embebimiento político con eso del laicismo, y que la Iglesia se autogestione y se ocupe de sus cosas sin meter mano en el poder del Estado ni en nada público. Por mi parte, hasta ahí, podemos estar de acuerdo, siempre y cuando se tenga en cuenta que lo eclesial también forma parte de la sociedad en la que vivimos y no se puede pretender sostener un discurso de separación de poderes y de absoluta marginalización social, civil y política de la Instutición Católica. Esto último es lo que en muchos casos se sostiene so capa del buenintencionado ideario primero del laicismo: que la Iglesia se ocupe de lo suyo en su Casa, aunque aquí no le cedemos ni un metro para que la construya. Y así llevamos numerosas polémicas absurdas de las que ya he dado cuenta entre belenes, nombres de santos, clases de religión y demás. Ahora podemos añadir una nueva polémica, que pone en la palestra un movimiento justo al contrario: que si bien nos ponemos en contra de la injerencia de la Igelsia en cosas del Estado, vamos a aplaudir la injerencia del Estado en cosas de la Iglesia.
Resulta que una profesora de religión, separada y arrejuntada -según he leído-, fue despedida por esta vida privada, y ella, como es natural, no conforme ha ido denunciado -hasta cinco veces- su caso, que derivó en el Tribunal Constitucional. ¡Oh, sorpresa! El Constitucional le da la razón a la Iglesia, y, como no podía ser de otro modo, ¡escándalo mayúsculo entre los bienpensantes! Según parece, para muchos el profesor de religión enseña el padrenuestro y luego espera a que los niños lo reciten. Una vez que se sale por la puerta de clase, se acabó lo de la religión. Pues señores, eso que sí es válido para el profesor de matemáticas o el de naturales, no lo es para los de religión, entre otras cosas, porque lo que se enseña o ha de enseñarse son los valores que guían una vida católica -o musulmana o la confesión que se esté enseñando. La vida de quien enseña estas cosas debe guiarse por lo que enseña, no siendo así para el biólogo el ser ecologista extremo en su casa. La clase de religión no consiste en subrayar en fosforito el libro de texto de la Biblia, como si fuera el de Literatura. Incluso el profesor de Literatura puede pasar sin haberse leído algunos de los libros, o todos, los que enseña a sus alumnos. Pero aquel que se ocupa de la religión, ya de esta o aquella confesión, no puede pasar sin conocer las Escrituras, ritos y fiestas de guardar, así como su sentido práctico. Si no concebimos a un ateo explicando la Eucaristía y leyendo el Génesis a los escolares, ¿por qué una vida no católica puede enseñar los valores de esa religión en el colegio?
Sí, señores, el profesor de religión debe predicar con el ejemplo también: es su cruz, aunque no lo deberían tomar como cruz. Pero esto no se entiende, aunque los bienpensantes que no lo entienden son los mismos que consideraban que los profesores no debían fumar para dar ejemplo a los escolares. Aunque tales bienpensantes, defensores de la no injerencia de la Iglesia en el Estado, ahora vengan a defender la injerencia del Estado en la Iglesia, constitución en mano. ¿En qué quedamos? ¿Forma o no forma parte la Iglesia de la sociedad, con sus cosas? Molestarse con esto es querer que lo eclesial sea laico también, es denunciar las normas de un club al que nunca se ha pertenecido. Y hay curas que tienen de católico el hábito y alzacuellos -me los crucé en mis años escolares. Yo apostaría más porque también la Iglesia mirara para sus adentros, y no sólo para los afueras de los profesores de religión que no llevan sotana, es decir, que la Igelsia se ocupe de los suyo en su Casa: del que le corta el césped y del que vive dentro, para mejor poder servir y convivir con la sociedad, creyente y no creyente.
Hec February 21 POLITICA A DOMICILIOBastante tenemos con aguantar las paparruchas políticas en los parlamentos y los micrófonos de radios y televisiones o las tonterías en los periódicos. De momento uno se sentía a refugio de todas estas cosas en su casa, donde puede apagar el aparato, tirar el diario o cambiar de canal a uno peor, pero donde no se hable de política. Pero para las próximas elecciones autonómicas no estaremos seguros ni tras la puerta de casa. Y es que al señor Simancas y Simancas, candidato psocialista a la Comunidad de Madrid no se le ha ocurrido otra cosa para su campaña que preparar listas de vecinos a los que visitar, al modo de los testigos de Jeová, vendedores ambulantes, timadores del butano y otras ocurrencias, por cada barrio, hasta que vayamos a elegir -los que vayan- a las urnas electorales. Nunca se me hubiera ocurrido pensar que, además de al cartero comercial, fuera a tener que dejar lo que estuviera haciendo para contestar al porterillo o la puerta al candidato psocialista que viene, como vienen todos los no invitados, a vender humo y aire, sonrisa en la cara, pues la campaña se la estarían haciendo quienes le abran la puerta. ¿Es que no tengo derecho a que esta gente me deje en paz? ¿Es que tiene que venir hasta aquí para escucharle por narices, o contarle mis problemillas para que prometa lo que no hará?
Antes, los candidatos se tiraban a la calle a tratar con la gente que se encuentren por aquí y por allá dentro del planning de la excursión por los barrios, hacían que escuchaban, prometían el oro y el moro... pero bueno, al menos era en la vía pública, lugar donde puedes encontrarte de todo porque todo tiene derecho a circular por él. Pero ahora resulta que va a venir a tocarme el timbre de casa, aunque yo no le espere ni haya quedado con él, sólo porque le ha dado la gana sólo a él con la excusa de la campaña. Que puedo no abrirle, ¡de acuerdo! Pero es que no tendría ni porque tener que contestar, aunque sin contestar ignoraré que se trate de Simancas. Que puedo abrirle, para luego darme el gustazo de cerrarle la puerta en la cara, sí, pero sería de muy mala educación, tanta como la suya de venir sin haber sido invitado. Mejor sería que nos invitase él a su casa, al menos más educado que autoinvitarse para repartir propaganda, y que los que quieran charlar en el salón con Simancas toquen su puerta y hagan cola a la entrada, cojan el panfleto de la demostración y se hagan la foto de rigor con la familia. A fin y al cabo, lo que venga a contar este señor me importa tanto -o menos- que lo que cuentan los predicadores de la Iglesia de Jescristo y los Santos de los Últimos Días, Libro de Mormon en mano. Al menos educación, señor Simancas, y no vaya donde no le han llamado.
Hec February 19 EL ARTISTA INTOCABLE Y EL ARTE CUALQUIERA (ARCO 2007)Hace prácticamente un año escribí un artículo titulado Arte contemporáneo, coincidiendo con la inauguración de ARCO 2006. Ahora, en 2007, ARCO vuelve a la carga, todavía con ese corralito protector, con esa cinta policial que parece impedir que se toque a uno o cualquiera de aquellos que se hacen llamar artistas en exposiciones de este tipo. Con ese vallado de intelectualidad que acostumbra, que indica un "hazte de los nuestros" o "de aquí no pasarás" y nunca verás la tierra prometida, condenado a sobrevivir en el desierto de la ignorancia, no se consigue sino que las ratas se multipliquen tras el muro históricamente defensivo de la ciudad del artista. Con eso de artista y con tales obras, se invoca al genio, la locura, la incomprensión... al individuo que, según nos dicen, está años luz del resto de mortales, o retrasadamente nosotros de él. Todo ha de tolerársele al "genio creador", haga lo que haga, a la expectativa de ver, incluso cuando no hace nada, el gesto de su nada. Y es que, tal muro, valla, corral, república independiente del arte, se ha construido paletada a paletada, con la palabra libertad -ya de expresión, ya de creación, ya a secas libertad como hacer lo que a uno le da la real gana. Una vez más creando masa, aunque esta vez sea a uno y otro lado del vallado: público de pose y artista posante; una vez más, arañando el prestigio que amapara eso de arte, tan inexpresable, tan indefinible como indemarcable. Y es que, no pudiendo establecer criterios -que nunca se ha podido- establecemos el muro que detenga a los dos dedos de frente por fuera, pero que se ensanche y agrande por dentro con población artística: una frontera que nunca se repliega, sino que siempre coloniza.
Ya puede el artista traer lo que sea y ya puede el público -inlcuido yo- decir lo que diga, que siempre el razonamiento será que aquel "lo que sea" del artista provoca aquel "lo que diga" del público, pues literalmente, este arte no quiere ser entendido, y aún más, no trae nada a entender, sino que busca ese provocar, que de por sí no puede ser definido como fin. No quiere decir nada más de lo diga quien se pone delante, aunque se ignora lo que este vaya a decir. Ya suelte algo igualmente incomprensible, ya una carcajada, ya la emprenda a golpes, o ya se muestre indiferente, ARCO cantará éxito porque hasta la pasividad es una reacción a la provocación. En esto se escuda el llamar arte a todo y artista a cualquiera.
Pero cuidado, no diré eso de que este arte lo puede hacer cualquiera; más bien cualquiera se apunta a hacerlo. Y puede darse el caso de que algo creado por uno de los cualquiera que por allí ronda, no haya podido hacerlo más que él, pues hasta para el absurdo se puede poner un talento especial y un esfuerzo titánico, una marca personal y una trayectoria de años, inigualables de cabo a rabo. Para un arte al que ya los -ismos de la vanguardia del veinte le suena a clasicismo y le huele a rancio, ¿por dónde podía tirar sino a extremar la nada en cualquier algo que llama arte, como podía haberlo llamado de tantas y variadas formas? Al menos, esto sí se les puede criticar: no haber decidido llamarlo de otra manera para vivir a la sombra de aquello que durante siglos y milenios hemos llamado arte sin saber qué nombrábamos, como el que se independiza de sus padres pero sigue yendo a comer a la casa de la infancia; porque llamarlo "arte", lo sea o no, es sello de garantía, argumento histórico de autoridad bajo el que se cobijan, con la ventana de la libertad y la puerta de la creación: la casa del genio.
Y nos dice Manuel Vicent, en El País de ayer:
No se puede tener en la pared un lienzo de piscinas californianas, con cuerpos solares entre hamacas y refrescos frutales, del pintor David Hockney y meterse en su presencia entre pecho y espalda un cocido con garbanzos, tocino, chorizo y morcilla.
Y le doy la razón: es una desfachatez tener algo así colgado de la pared mientras se comen garbanzos; estos últimos no lo merecen. Mientras, Rioyo, en el mismo número y haciendo un juego de títulos y palabras con la vergüenza de Marinoff, que rayan el ridículo, pedía menos Platón, más ARCO. Un ridículo que va tanto por el título como por el desconocimiento sobre Platón o Aristóteles, despachados en cuatro líneas con cuatro cosas fuera de contexto. Pues bueno, juntemos a Vicent y a Rioyo y pidamos más garbanzos y menos ARCO, que antes que el arte -y más con este arte- está el placer de las tripas y los estomagos.
Hec February 17 EL HOMBRE Y SU TROPEZON CON LA PIEDRAA nuestros grandes poetas les persigue una mala sombra, un negro olvido que les encierra entre sus propios versos, convertido cada uno de estos en los barrotes, en el acero frío que les priva de esa libertad que, una vez muertos, deberían disfrutar en cada uno de nosotros. Y es que lo más que la gente llana conoce de nuestros poetas es, por ejemplo, de Machado, el caminante, y de Lorca, el verde que te quiero verde. Poco más. El resto es territorio vedado y exclusivo del erudito de turno que viene a sentar cátedra a costa de la vena del poeta. Ese erudito que viene a conferenciar sobre lo místico de la gitanería de Lorca en su Romancero, o el cosmopolitismo del Poeta en Nueva York. También están quienes, sabiéndose perdedores en el terreno intelectual, hacen categoría de la homosexualidad artística y reducen a Lorca y su sensibilidad por debajo de la cintura buscándole los amantes en la Residencia de Estudiantes. Llega un momento en que a casi todo artista o poeta se le encuentra un punto de homosexualidad, como rasgo identitario de lo primero. Y si ni a esto se llega, se les transforma en agentes políticos desde las letras, con el romanticismo del literato que dispara palabras como el fusil las balas para luchar contra cualesquiera enemigo de cualquier ideología. Al erudito casi no se le hace caso, es cierto; lo que está crucificando a nuestra literatura a día de hoy son, más bien, las otras dos imposturas. Todo porque, no sé a cuento de qué ni con qué derecho, los hijos del ayer, nosotros, nos hemos arrogado el cargo de jueces del pasado. No vemos que siempre es el pasado el que es juez de nuestro tiempo, acaso el guía, como los abuelos sobre los nietos -si queremos atender a Unamuno. No es que el tiempo pasado siempre fuera mejor, no, sino que de él recibimos duras críticas a las que no hacemos ni caso, en nuestro papel de hijos desobedientes. El poema es fácil de encontrar, mientras que allí donde se agita la severidad del poeta, donde el autor alabado se pone más serio que nunca, está perdido en el tiempo y el aire y hay que rebuscar de balda en balda, quitando el polvo sobre polvo. Siempre sorprende dar con una edición que contiene conferencias de un poeta, o quizás algún ensayo, como si hubiéramos creído que aquel, incluso cuando iba a por el pan de la mañana, sólo hablaba en verso; como si sus vidas no fueran sino otra escenificación, otra obra más para admirar.
Llevo más de dos años descubriendo esos textos olvidados, y he venido a dar hace poco con las conferencias de García Lorca. Estas conferencias, tal y como me econtrará con las sentencias de un Antonio Machado o las reprimendas de un Miguel de Unamuno, aún ya del siglo pasado, podrían pasar como si se hubieran escrito hoy. Ya lo dije una vez, no se trata de su actualidad, sino de nuestro estancamiento en los errores de su misma época, en ese no haberles prestado la más mínima atención cuando miraron su tiempo. Así por ejemplo:
"El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la edificación de un país y el barómetro que marca su grandeza o su descenso. Un teatro sensible y bien orientado en todas sus ramas, desde la tragedia al vodevil, puede cambiar en pocos años la sensibilidad del pueblo; y un teatro destrozado, donde las pezuñas sustituyen a las alas, puede achabacanar y adormecer a una nación entera."
Así la chabacanería de Bassi, la pezuña de Rubianes, la adormidera de los musicales o lo grotesco de los monólogos, son símbolos de un teatro destrozado, cuya magnificencia se mantiene por las obras clásicas que, de vez en cuando, se suben a las tablas. Un teatro destrozado, sí, que ha perdido su nombre a pesar de llenar las salas con aquellos que, siendo fieles a la taquilla se han vuelto infieles al drama:
"Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo; como el teatro que no recoge el latido social, el latido, histórico, el drama de sus gentes y el color genuino de su paisaje y de su espíritu, con risa o con lágrimas, no tiene derecho a llamarse teatro, sino sala de juego o sitio para hacer esa horrible cosa que se llama "matar el tiempo". No me refiero a nadie ni quiero herir a nadie; no hablo de la realidad viva, sino del problema planteado sin solución." Un "matar el tiempo", un "pasar el rato", un llenar el rato de ocio de nuestras vidas que no sabemos consumir, sin percatarnos que matando el tiempo no matamos otra cosa sino esa esencia viva, histórica y espiritual del teatro. Se cree que ocupando la butaca de la sala de cualquier representación lo ayudamos a sobrevivir, y quizás algo de cultura se nos pegue en las ropas. Sin embargo, la fidelidad a esa taquilla y butaca no fomenta el teatro de latido, sino la suciedad que últimamente asola escenarios y bambalinas. Creyendo practicar los primeros auxilios, lo estamos llevando a una muerte segura. Igual que cuando se nos dice que leer es bueno, sin importar lo que se lea, se nos llama al teatro, sin importar lo que se represente. Las razones de esta decadencia, dos al menos de las que menciona Lorca, persisten hoy. En primer lugar, "Mientras que actores y autores estén en manos de empresas absolutamente comerciales, libres y sin control literario ni estatal de ninguna especie, empresas ayunas de todo criterio y sin garantía de ninguna clase, actores, autores y el teatro entero se hundirá cada día más, sin salvación posible." En segundo lugar, "El teatro se debe imponer al público y no el público al teatro. Para eso, autores y actores deben revestirse, a costa de sangre, de gran autoridad, porque el público de teatro es como los niños en las escuelas: adora al maestro grave y austero que exige y hace justicia, y llena de crueles agujas las sillas donde se sientan los maestros tímidos y adulones, que ni enseñan ni dejan enseñar" ¿Acaso no nos suena lo uno y lo otro? Que lo primero ha sido y seguirá siendo, como raíz del libre comercio, convirtiendo todo lo que alguna vez llamamos arte en un bien de consumo, en un artículo para el ocio como un paréntesis en las vidas. Esto convierte al teatro en un ir a comprar el vestido innecesario que nos ponemos, unas veces sí y otras no, por capricho y petulancia, y no en comprar esa fruta que habrá de terminar en el estomago, dentro, junto a todas las visceras que nos componen orgánica e inmaterialmente, alimentando en carne y espíritu. Y es que no es malo que el teatro sea comercio, sino qué tipo de comercio sea. Tal y como indica la segunda razón, ¿un comercio que adula al cliente, que va darle la razón y decir lo que se quiere oír, incluso cuando suene a grosería, pues la grosería es lo que muchos quieren oir para jactarse de haberlo escuchado y estar conformes en la misma? ¿o un comercio que se impone, que exige también al espectador, que lo manda callar y atender y no busca el aplauso final, que no tiene porqué reclinarse tres veces hacia las butacas entre "bravos" cuando se baja el telón? No un adoctrinamiento, que viene siendo lacra en nuestros días, sino, muchas veces, una bofetada inesperada, pero dada de forma que el espectador esté dispuesto a poner la otra mejilla; no ese ideal de autocrítica social, más utópico que real, pues aquí eso nos adula más que la regañina al espíritu, al fondo del hombre. Esa crítica que se anda tantas veces por la superficie y le basta agitar un poco el agua desde la orilla, simplemente satisface los afanes de limpiar por fuera las ventanas de la conciencia, sin más. Acaso quiere poner un orden y barrer lo sucio. Más bien el teatro debería desordenar y romper esas ventanas, no tanto para ensuciar al público, sino para mostrarle que ya anda sucio por mucho que se de con el jabón de la crítica. Es decir, frente a las muchas tonterías de enseñar lo malo que hemos de corregir, mostrar lo que de incorregibles tenemos los hombres, poniendo sobre las tablas al hombre nacional, ese mismo que tropieza durante toda su vida con la misma piedra; y ponerlo a tropezar, esto es, junto a la piedra y el tropezón, no para evitarlo, engañando a quien lo crea posible, sino para saberlo. "Yo sé que no tiene razón el que dice: "Ahora mismo, ahora, ahora" con los ojos puestos en las pequeñas fauces de la taquilla, sino el que dice "Mañana, mañana, mañana" y siente llegar la nueva vida que se cierne sobre el mundo." No cualquier vida, no la que se le ocurra al autor de turno, sino la que se desprende del espíritu hondo, histórico, del hombre nacional. Pues aunque sea inevitable el tropiezo y la suciedad, aunque sea absoluta inmodestia creer que se puede esquivar el fondo último de un ser humano para equipararlo con tipos ideales, siempre habrá un hombre de "mañana" con una nueva vida y con más o menos piedras en su camino, y con él, un nuevo teatro, siempre y cuando sepa imponerse a la gente y estos lo exijan así, y no tengamos que seguir soportando esa relación almibarada del "decir lo que se quiere oír", de autocomplacencia entre autores y público, que creen tocar los límites insospechados del hombre y sólo acarician una lejana sospecha de haberse quedado extremadamente cortos, lo suficientemente cortos para dormir tranquilos y confomes consigo mismos. "Hay necesidad de hacer esto para bien del teatro y para gloria y jerarquía de los intérpretes. Hay que mantener actitudes dignas, en la seguridad de que serán recompensadas con creces. Lo contrario es temblar de miedo detrás de las bambalinas y matar las fantasías, la imaginación y la gracia del teatro, que es siempre, siempre, un arte, y será siempre un arte excelso, aunque haya habido una época en que se llamaba arte a todo lo que nos gustaba, para rebajar la atmósfera, para destruir la poesía y hacer de la escena un puerto de arrebatacapas." Devolverle al teatro su dignidad, frente a todo este circo de crítica, autocomplacencia, concienciación y empalagamiento, que quiere vendérsenos como un teatro de valiente compromiso; traerle el oxígeno que siempre le ha correspondido frente al irresponsable crímen que contra él se comete día tras día, estrangulándolo con textos que buscan su protagonismo por encima de las tablas; curarlo en salud y echar a patadas a los reyezuelos que se lo han apropiado y ejercen de despotas ilustrados con su "todo para el pueblo, pero sin el pueblo" y prohibirle la entrada a los que acuden a ser pisoteados por esa Ilustración aún creyente en la egalité, fraternité et liberté. Esa dignidad no está en dejar en que el teatro nos deje en paz, sino en que empiece, otra vez, a tomarse en serio al hombre y su tropezón con la piedra, quizás empezando por meter alguna chinita en el zapato de cada espectador y una chincheta e cada asiento. Si se quedan sentados y sin moverse, será que vamos por buen camino, y habrán entendido que el teatro tiene que doler no en la conciencia ni los valores, sino en el espíritu que se ve en un espejo y no puede evitar el aspecto de su refeljo. Si aplauden, habrá que recomenzar. Hec NT: Las citas de García Lorca están tomadas de la conferencia Charla sobre teatro, que puede encontrarse en: http://www.tinet.org/~picl/libros/glorca/gl001201.htm February 12 COGITO, ERGO SUMTal día como hoy, 11 de febrero, de 1650 y en Suecia -el país de los osos, entre la roca y el hielo, para el autor- moría aquel que, con un lazo rojo, fue regalo de la matemática a la filosofía. El de la famosa sentencia "cogito, ergo sum", Descartes para los amigos, cedió ante la mejor prueba del existir, que no es, ni mucho menos, eso de pensar: la muerte. Sin duda que, si en los diez días en que agonizó, hubiera tenido pluma y papel, habría reconvertido su frase radicalmente y hubiera rectificado el metodismo, inaplicable a las cosas de la vida. Y mucho se ha contado sobre esta muerte filosófica, entre anécdotas de clase para amenizar, tocándose todas las historietas en la pulmonía. Todos hemos oído la fragilidad de la salud cartesiana y el insomnio de la Reina Cristina, las lecciones intempestivas y nocturnas que le impartía; algunos han llegado a escuchar la batallita de que Descartes estaba estudiando embriología, y salía al frío sueco a comprobar el proceso de unos huevos de gallina -y es que, con Beckett nos enteramos de que le iba la tortilla con huevos incubados en unos ocho o diez días. Pero hay una más, cuando menos intrigante, que cuenta la posibilidad de que el filósofo fuera envenenado con arsénico, vaya usted a saber porqué y por quién. Esta otra versión viene de Eikes Pies, en 1980, quien, mientras clasificaba los papeles de Willem Piso, encontró una carta del médico de la Reina sueca, Johann van Wullen a aquel, donde relata el proceso de diez días de la muerte de Descartes señalando unos síntomas que correspondían más a un envenenamiento por arsénico que a la pulmonía. La pregunta que hace mirar con más detenimiento los síntomas no es otra cosa sino porqué un médico escribe a otro médico para contarle tales síntomas, si se hubiera tratado de una pulmonía, vieja conocida de la época. También cabe añadir el secretismo que la misma carta describe por parte de la Reina, quien no quería que cayese en malas manos. Lo que era una muerte simple para todos los historiadores, de pronto se convierte en una serie de intrigas propias de una novela negra, con el arsénico de por medio.
Los escritores del género truculento, de las teorías divergentes y escándalosas -tipo Código Da Vinci- tienen aquí una gran novela que contarnos, que, aunque como todas las anécdotas que cité, rayan en la ficción y la exageración caricaturesca, podría muy bien venderse y llevar al público a mirar con detenimiento las cosas de René, tal y como durante meses, miles de ojos escrutadores buscaban verdades entreveladas en La última cena del inventor de aparatitos -que es la imagen que han repetido, lo pintoresco y no lo pintado. Para dar ideas, la tal novela podría comenzar con el robo del cráneo del filósofo -como a Haydn- a manos de un tal Israel Hanstrom en 1666, jugar con lo demoníaco del año -¿cosas de los "geniecillos malignos"?- y del nombre del profanador de restos, y remontar de ahí a la conspiración arsénica en Suecia. Quién sabe si en los sistemas de coordenadas encontraremos también el grial representado simbólicamente en la forma de las parábolas, o si movidos por ganas de rizar los rizos, podríamos poner la pintura de Da Vinci en un sistema de estos y mirarle los valores de "x" e "y", por sí resultase alguna nueva curiosidad ecuacional. Hasta con la Iglesia podemos topar, si nos vamos a las críticas y respuestas que se editan junto a las Meditaciones metafísicas y encontramos que en el texto original, el "genio maligno" era un cambio de última hora por la expresión "Dios engañador", que bien habría servido para la censura, la prohibición y la herejía. Título: Arsénico, mortuus sum.
¿Que porqué cuento todo esto, de pronto? Será que me ha venido un berrienche filosófico-literario, y le ha tocado a Descartes ser el protagonista. Pero así está la "literatura de hoy", los best-sellers, y el pensamiento del ayer: en el s.XXI pensar y existir no van de la mano, pues ni pensamos los que existimos, ni existe quien piense.
Hec February 06 LA HIPOCRESIA DE BLANCOLas cosas no mejoran. Y como no lo hacen por milagros o providencia, lo que no mejora en realidad son las actitudes. Resulta que ayer, José Blanco transmitía la decisión del grupo socialista de no acudir a ningún programa de la Televisión Autonómica madrileña Telemadrid por su manipulación partidista desde el gobierno de Esperanza Aguirre. No les voy a negar los tufillos de Telemadrid, a pesar de que la cadena se defienda en la pluralidad al recordarnos cuántos miembros de la izquierda, ya de sindicatos, ya psocialistas, ya comunistas o artistas de ideología cercana, han pasado por delante de las cámaras. Es cierto que la cadena "tira" hacia un lado más que hacia otro. Pero que lo diga yo, es de merecimiento, como si lo dice cualquier hijo de vecino. Ahora bien, que lo digan otros grupos políticos, y más quien está en el gobierno de la Nación, es pura hipocresía. Es vox populi que los medios de comunicación públicos, bien nacionales, bien autonómicos, son la voz de su amo, y de ello se aprovechan todos los que gobiernen, y ello lo sufrimos los de a pie. ¿Acaso va a ser que, tras Aznar y Urdaci, la Televisión Española, cadena nacional, o la RNE, ahora con los psocialistas, puede tirar la primera piedra contra Telemadrid con aquel infame "59 segundos" o los documentales que están echando en la segunda cadena nacional? Si nos vamos a las autonómicas catalana y andaluza, ¿acaso en la primera no le rien las gracias al "rubianes" que pase por allí con sus barbaridades? ¿qué es de la cadena del feudo del sur psocialista más que panfletos pro-Chaves? Sólo son ejemplos de algo que sabemos todos desde que venimos al mundo de los medios de comunicación públicos: se pintan del color del que gobierna. El señor Blanco, es, pues, junto al Psoe, no un poco, sino muy hipócrita, al venir acusando de la viga del ojo ajeno para ocultar -que no sin querer- los kilos de paja que nos echan a comer ellos desde los medios que dependen de su control. Preguntémonos sino, a qué viene crear una televisión online de y para psocialistas, si es que hay objetividad y pluralidad en el Ente Público mientras ellos gobiernan. Y parémonos aquí, en lo público, que si vamos a lo privado, a los porcentajes de cadenas y radios que pertenecen a cierto complejo de cierto señor Polanco, ya en propiedad ya por contratos y filiales, -sin añadir los periódicos-, descubriremos a qué llaman los psocialistas información sin manipulación, objetiva y veraz.
Que los medios son partidistas, ya digo, lo sabemos cada vez que encedemos la radio por las mañanas tempranito, cada hora en los informativos, o por las noches con la cena. El señor Blanco con esto no hace sino invitar a que cada cual se vaya al fuego que más le caliente, que se demarquen los límites ideológicos -aún más si cabe- con las ausencias, que se enfrenten los medios -que ya lo hacen- en la disputa por la verosimilitud -que no verdad- ideológica de sus informativos y tertulias; en fin, que cada uno se vaya a su bando para soltar a gusto y sin críticas, dentro de casa, sus discursos y soflamas. ¡Bandos! Y es que se deduce de una hipocresía como la expresada, que no se quiere acabar con el uso ideológico de los medios de comunicación, públicos al menos, sino lograr el poder para controlarlos, o quebrarlos hasta que desaparezcan. No les importa la manipulación más que para usarla contra el contrario, hasta que el punto de proximidad a lo veraz y objetivo se ha desdibujado tanto que casi ni existe, más que en las páginas de clasificados, esquelas y pasatiempos. Otro vistazo merecerían los periodistas que se dejan poner el collar por amos tan hipócritas, pero eso ya es otra historia que tampoco nos lleva a ningún lado.
Esta es la gran verdad que José Blanco ha venido a desvelarnos: no te puedes fiar de los medios. ¡Llega tarde, pero que muy tarde! Siglos tarde, si cabe. Pero en realidad ha venido a decir, sin él quererlo, que están molestos por que Telemadrid lo controlan otros, los contrarios, los enemigos, quienes ostentan el poder de difundir la información como les plazca. Vienen elecciones en unos meses, y el señor Blanco debe tomarnos por tontos si cree que este arrebato moral que le ha dado a los psocialista es convincente, tan cuesta arriba como tienen, por lo menos, la alcadía de Madrid, y eso que Ruiz-Gallardón no ha hecho méritos sino a largo plazo, para cuando acaben todas las obras simultáneas y la ciudad muestre su nueva cara tras la faraónica cirugía; o la poca credibilidad de Simancas para la presidencia, que va prometiendo el oro y el moro por las calles, cuando saca un rato entre acusación y acusación, sin denuncia en los tribunales, al Partido Popular de aquí. Para unos y para otros están los medios: para mostrar las bondades de unos y las vilezas de otros. Y para la población, que no cree ya en la bondad de los espíritus políticos, sólo nos quedamos con la parte malvada tomada como el todo.
¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla,
la tuya guárdatela.
Antonio Machado, Nuevas canciones, LXXXV
Hec
February 04 EL GRITERIODesde hace mucho tiempo ya que en España no hay política, sino insultos y gritos en la calle detrás de una pancarta. Ahora que cada uno de los denominados "grandes partidos" han hecho su manifestación para echársela a la cara al otro, ahora que cada uno ha gritado e insultado al otro usando y abusando de la ciudadanía... ¿ahora qué? Porque estas cosas ya las hemos visto y hecho otras veces y seguimos en las mismas. La manifestación se ha convertido en un recurso sicológico para canalizar las iras, los odios, y evitar que terminemos de puñetes entre la población; para los políticos y gobiernos es un guiño más a la galería, a la cámara y al micrófono; y los terroristas... ¿quién sabe si ese día encienden la televisión o se van de cañas? Y sigo preguntando, ¿ahora qué? Da igual sobre qué sea la manifestación y los gritos, las enseñas y los emblemas, pues siempre queda la pregunta ante los seres satisfechos por haber podido gritar por en medio de la Castellana; da igual la cantidad de manifestaciones, que a día de hoy, las convocamos de tres en tres, esto es, como los churros; da igual el número de manifestantes, que se cuentan a ojo o con escuadra y cartabón según convenga y sea quien cuente. ¿Qué ahora qué?, pues que si no nos hacen caso, montamos otra y a seguir gritando. Y el otro lado, que no va a las de estos, monta la suya propia como replica, y así sucesivamente. ¡Con lo ruidosos que somos los españoles! Sólo nos falta salir a manifestación por semana y por asociación y grupo político, que como es un derecho sale gratis y no se puede negar: viene regalado por nacer aquí.
Luego se miran el ombligo, se dicen para sus adentros que han sido muy cívicos repitiendo lemas, y al día siguiente se monta la bronca, no por lo que se protestaba o se pedía, sino porque aquí cada cual tiene que hacer su valoración de cómo se ha marchado. ¿Qué ahora qué? Pues a criticarse las ausencias y aplaudir las presencias, a desautorizarse y soltar lo que se pueda para seguir desviando las miradas hacia los burros que vuelan. Que si se han apropiado de los símbolos nacionales, bandera e himno... pero claro, es que resulta muy difícil encontrar una bandera y escuchar el himno con los otros; que si han criticado por terrorismo y eso no se puede hacer... pero claro, es que es muy diferente culpar porque un atajo de bestias pongan bombas, que criticar por cómo se lleva el asunto, que para algo se habla de "política antiterrorista"; que si se ha marchado contra el gobierno... pero claro, contra quién se va a marchar si estos son los que habrían de plantear posibilidades de solución y no cumplen... y un largo etcétera de acusaciones y respuestas que ya nos sabemos de carrerilla, que se mueven en la tierra de nadie entre gobierno y oposición, tierra donde se rellenan los discursos con las plantas idealistas que allí crecen -libertad, paz, diálogo...- y se concinan con la ideología que se trae de casa para poner todo en su punto -de vista. Porque tendrán las narices algunos de venir diciendo que todo es cuestión de perspectiva, de si se es de derechas o de izquierdas, del blanco o negro, rojo o azul, medio lleno y medio vacío, como si los problemas cambiasen por mirarlos del derecho o del revés. No, señor, no cambian ni cuando se les da la espalda, como si cerráramos los ojos para despertar de la pesadilla real.
Aquí en España, lo gritamos todo, lo manifestamos todo, porque haga lo que se haga siempre estará mal hecho o será injusto según el cristal de culo de vaso que nos pongamos en los ojos; cristal que deja todo borroso y desfigurado. Lo que hace falta es quitárnoslo de encima y mirar los problemas, los asesinatos y las injusticias -ya rutinarias- que nos dan una bofetada tras otra porque no las vemos venir con semejantes gafas. Pero antes que eso, pensamos que tenemos que graduarselas a los demás. Y ya sabemos, en el país de los ciegos, el tuerto es el rey, y el bizco su Ministro. O eso dicen, porque aquí el rey de tal país de ciegos, dejando a Juan Carlos al margen, es el ciego que grite más. A los tuertos y bizcos que ni queremos Tronos ni Ministerios, ya nos pitan los oídos entre tanto griterío. ¡Silencio y a trabajar de una vez!
Hec |
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