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    February 26

    MAZAS Y HACHAS

    Hace poco, el domingo pasado, se cumplía la efeméride de la muerte de Antonio Machado. Tiene el poeta un poema en Campos de Castilla que hizo fortuna en su primer verso para definir a España, la del antes, la de su durante, y la del después –que es la que vivimos ahora. Decía Machado aquello de “la España de charanga y pandereta”, y en ella seguimos. Pero en ese mismo poema hay otros versos que vienen muy bien para la ocasión, y son:

     

    Mas otra España nace,
    la España del cincel y de la maza,
    con esa eterna juventud que se hace
    del pasado macizo de la raza.
    Una España implacable y redentora,
    España que alborea
    con un hacha en la mano vengadora,
    España de la rabia y de la idea

     

    La España de la maza, de la rabia, implacable, la mano vengadora... Ayer un hombre tomaba en su mano una maza, con una rabia incontenible y la emprendía a golpes con una Herriko Taberna. Seguramente no era esto a lo que se refería el poeta, pero sí es cierto que tal España debería nacer ya. Este hombre había estado reformando junto a su padre, un piso al que iría a vivir con su pareja. Y sabemos que un piso, hoy día, no es cosa que podamos tomar a broma. Es el techo y refugio en el que cobijar y guardar uno su vida, sus esperanzas... y no es muy fácil conseguirlo últimamente. Si además se trata de un piso que se ha estado trabajando con tus propias manos, al que has dedicado horas e ilusiones de verlo acabado, de poder disfrutarlo, de sentir que las gotas de sudor que corrían por la frente fueron bien invertidas... la rabia que se puede llegar a sentir porque alguien, algunos, unos determinados que se sabe quienes son, pongan unos explosivos y te lo destrocen, y luego se reúnan para festejar la dudosa hazaña, satisfechos y contentos... esa rabia y esa furia es incontrolable.

     

    Pero todavía hay quien piensa que, además de dejarle el piso destrozado, tiene que callarse, aplicando el agua, ajo y resina de toda la vida. Lo hemos visto, que si habla o la emprende a golpes con el mobiliario, se le pone en la diana y se le llama fascista. Él cambió el agua, ajo y resina por el ojo por ojo: vuestra taberna por mi piso. Hay quien cree, sin embargo, que la Herriko Taberna es más sagrada que el piso de este hombre: que ellos pueden y no pasa nada, pero él no. Un ellos que él se cruzaba todos los días, hasta que él se cruzó ante ellos. Un ellos a los que se les ha pasado muchas, y un él al que no se le va a pasar ésta. Un ellos que a escondidas, en grupo, de noche, o por la espalda y bajo pasamontañas, hacen su oficio; un él que solo, a cara descubierta, de día y de frente, buscó desahogo.

     

    ¡Valiente! ¡Héroe!, se le dice desde los que callan generalmente, y no tienen otra que reconocer el miedo que les invade sólo de pensar hacer algo parecido –comprensible-; también desde la espectadora resto de España hasta que nos toca la bomba correspondiente. ¡Temerario!, le llaman los que saben cómo es el asunto. ¡Fascista!, los de la Herriko Taberna. Los últimos se definen por sí solos: ¿fascista? Todo el mundo sabe que lo de este hombre no ha sido fascismo, sino desesperación y exasperación. Seguramente, si hubiera repirado hondo, se habría retenido como todos. Eso no es fascismo. Fascismo (it. Fascio; lat. Fascis), proviene de las varas con que los romanos torturaban a los culpables, que después pasó a ser una curiosa insigna de autoridad: palos alrededor de un hacha. Los únicos que exhiben el hacha como emblema de violencia son los que llaman fascista al de la maza. Y por cierto, un hacha muy distinta a la que Machado nos dice en El mañana efímero, que no es otro en el poeta que la idea.

     

    También otra debiera ser la maza: no la del hombre que explota, sino la simbólica de los tribunales. Aunque si en aquél ha reventado alguna vena, es porque la otra maza, ni es maza ni es ná, zarandeada por hilos políticos a conveniencia, condenando, absolviendo, ilegalizando a medias, suspendiendo entre pactos y diálogos... mientras el hacha gobierna, silencia, sega vidas, y condena con exilio forzado a las mazas. También hay algunas sacristías cerradas ante “la España de la rabia y de la idea”.

     

    Hec

    February 23

    CADENA PERPETUA

    Durante la era franquista, había mucha gente que se revolvía contra las condenas, inhumanas y hasta de muerte, que se sucedieron durante casi cuarenta años. Más bien lo empezaron a gritar en mi época, lógico por otro lado, pero aquello no les gustaba. La cadena perpetua fue, de hecho, abolida tras Franco al introducirse la democracia. También en mis años me han enseñado los horrores de campos de concentración y se ha gritado y manifestado contra la pena de muerte en Estados Unidos, las condenas al margen de la ley en Guantánamo, o lo que ocurre en la isla de Cuba por parte del régimen castrista o las lapidaciones salvajes que aún se dan en Irán, por ejemplo. La gente repudió el ahorcamiento de Saddam Husein.

     

    Pero desde que las páginas de sucesos que tenían sección propia, y hasta publicación propia como aquel El caso, han pasado a ocupar las portadas y titulares de informativos y periódicos, desde que las televisiones y medios explotan el morbo del escalofriante crimen metamorfoseando el informar por el escandalizar y alarmar, los mismos que han gritado contra Franco, contra las condenas a muerte y las cadenas perpetuas, ahora van exigiéndolas al Gobierno, dispuestos incluso a lapidaciones públicas si no fuera porque está la policía custodiando al reo. Parece que el desacuerdo no está en la condena, sino en quién comete el delito y quien aplica el castigo. Si era Franco, malo; si es el asesinato de un menor o una mujer, bueno; si es Estados Unidos, malo; y así sucesivamente.

     

    El personal, crimen tras crimen que salta telediario tras telediario, clama por una reforma del Código Penal. Y el Código Penal se reforma hasta la siguiente noticia escabrosa. Endurecimiento de penas, a pesar de saber que es una escalada en el castigo que nunca satisfará al público, tan sólo hará olvidar al criminal un poco más de tiempo hasta que salga. Se llega incluso a la irracionalidad de creer que “nuevas leyes” harán desaparecer el crimen, como si los asesinos, en su mayoría, se plantearan las condenas antes de cometer el delito. Al contrario, la mayor parte se producen en un conato de rabia, de furia y descontrol y toman conciencia, si la toman, tras los hechos. Además, la conducta anormal del crimen, se produce más por personas que atraviesan disfunciones, perturbaciones, temporales o permanentes. Si, efectivamente, se planteasen la posible condena, se darán cuenta de que antes de que les castiguen duramente por lo mínimo, mejor es que les ajusticien con la misma pena consumando el delito por completo, pues la conducta es, precisamente, lo que no logran controlar. Una nueva ley, un castigo más duro, no les lleva a recular, sino a echarlo todo por la borda. En lugar de dejar a la víctima viva, se la mata, se la asesina, se la descuartiza acaso, para dejar lo menos posible. ¿Por qué se cree que en Estados Unidos se dan los asesinatos más brutales, o en México matan y desmiembran, y desaparecen con tanta facilidad los cuerpos? Allí el castigo es muchísimo más duro que aquí, ¿por qué, entonces, lo hacen?

     

    Lo que a la gente le parece lógico, que a mayor pena y endurecimiento, menos delito y menos grave, no resulta ser cierto. Es un pensamiento simple que no observa que no son inversamente proporcionales pena y delito, sino directamente proporcionales: incremento de uno, incremento de la gravedad del otro. Y esto sí que es lógico: el castigo no reduce los actos criminales, sino que aumenta las razones para no dejar huellas ni pistas, ni vivos, ni cuerpos, ni armas. Se trata de rentabilizar y equiparar lo hecho con el castigo, por parte del criminal. Es lógico pensar que por escribir sobre un papel con sello de Estado no nos volvemos buenos los ciudadanos, y, muy al contrario, hacerlo a golpe de informativo de sucesos, daña al Estado, al sistema y a la democracia. No se debe legislar en caliente, ni tampoco irracionalmente, por mucho que digan que la sociedad lo reclama. No puede aprobarse por ley todo lo que la sociedad grite, ignorando en muchos casos qué consecuencias tiene lo que piden, no dándose cuenta de que lo que creen que quieren mejorar con ello, puede acabar por ser peor.

     

    Hec
    February 20

    LA ESPAÑA DEBIL Y EL 23-F

    Aunque todavía no sé el porqué, hace unos días nos echaron en los medios sendas producciones sobre el 23-F. En TVE fue más un dar palmaditas a la Casa Real; en Antena 3, una especie de miniserie mala y excesivamente larga en la cual, los hechos acontecidos aquel día de 1981, servían sólo de telón de fondo a pesar del título. Dejando a un lado los escasos logros de ambas emisiones, sí le he dado alguna vuelta a los sucesos y he cometido el horrible pecado de pensar un suceso parecido en la España de hoy, veintiocho años después. Imagino algún Tejero entrando a tiros en el actual Parlamento, un Milans del Bosch sacando los tanques a la calle, la Brunete descontrolada, y un Armada con pie en cada lado moviendo hilos. En el escenario tenemos, al fin y al cabo, un gobierno bastante desprestigiado y una oposición que no inspira confianza, ocupados en sacudirse bofetadas en los medios, más una crisis económica de las importantes, seguimos con problemas territoriales con los mismos de siempre y añadimos que el tercer poder del Estado está enfrentado a los otros dos, ... en fin, el plantel, desde luego, es muy parecido. Lo único que nos libra de repetir la misma obra es la profesionalización militar.

     

    ¿Quién haría de Suárez y de Gutiérrez Mellado? ¿Serviría que el Rey anunciara en los medios su postura y diera una orden directa? En el 81, aún con el Estado en auténtica situación de debilidad y la política bastante desprestigiada, se consiguió una coordinación y una reacción del pueblo que sacó las castañas del fuego al país. Hoy dudo que tal coordinación pudiera encontrarse, tan acostumbrados a la molicie democrática en que han convertido el sistema, y que permite la vergüenza de espectáculo que nos están dando, entre rencillas de poder, instrumentalización de lo público y lo judicial, manipulación constante en los medios... Psocialistas y populares, con los nacionalismos colgados del brazo derecho y los medios de comunicación en el izquierdo, nos han introducido del todo en el terreno de la incertidumbre y la sospecha. Nadie confiaría en las informaciones, palabras y discursos. Ninguno parece estar realmente comprometido con gobernar España, y antes demuestran su ineptitud, su ineficacia y su disposición a arruinar al país por seguir sentado en el escaño de turno viviendo a la sopa boba o por llegar a ocuparlo, que, efectivamente, dedicarse a las responsabilidades que asumieron el día que se presentaron a unas elecciones y sacaron unos votos.

     

    Ya vimos a Solbes decir que nada le quedaba por hacer frente a la crisis. Una parte de la legislatura que llevamos, se la pasó negando la situación y haciendo presupuestos de lo más optimistas que, en dos días, quedaban invalidados por las cifras reales que también se encargaba de retransmitirnos, y la otra parte del mandato nos suelta que se va a cruzar de brazos porque no tiene margen de maniobra. Ya hemos visto a Magdalena Álvarez, tan incapaz de gestionar los problemas, como de reconocer tal incapacidad. El resto de ministerios no se sabe ni a qué se dedican. Bueno, sí, el de justicia de Bermejo, sí lo sabemos. Este hombre se dedica a ir de caza a donde por ley no puede nadie, sin licencia, junto al único juez que le habla y que actúa de formas muy poco ortodoxas. Tan poco ortodoxas que la palabra prevaricación está sonando de aquí para allá a las puertas de la Audiencia Nacional. A ambos parece darles igual aquello de la independencia judicial, sobre todo, cuando el segundo está queriendo encausar a cualquiera de los populares cuyo nombre se mencione cerca del juzgado, aun cuando luego se archive por falta de pruebas –tú dilo que algo queda. A ambos parece darles igual que se filtren datos de un sumario decretado secreto a determinado medio, poco a poco y día a día, para que no falte nunca el titular en la portada. Y en concreto, al juez parece serle igual que la fiscalía anticorrupción le exija su inhibición porque podría estar incurriendo en delito por no ser competencia suya el caso. Y en concreto, al ministro, resulta que le es lo mismo la huelga del tercer poder del Estado, tanto que incluso, no habiendo sido capaz de negociar, dialogar –juraría que éste era el principio moral que nos vendió el Gobierno de España, el diálogo-, echa más leña al fuego anunciando la prohibición de tales huelgas con una nueva ley, mientras él mismo se salta las leyes para cazar y nos da muestras de su incultura geográfica de España reconociendo todo ello en público y cara al ciudadano. ¿Qué altura moral tiene este hombre para exigir el cumplimiento de la ley y para legislar al pueblo? Pero no podemos hablar de moral, cuando los propios policías y sindicatos están denunciando una circular en que se les ordena cumplir objetivos de detención de inmigrantes ilegales, con un determinado cupo, mientras Rubalcaba, el ministro que quedaba por asomar la patita, lo niega rotundamente porque se les vuelve por pasiva aquello del “papeles para todos” y lo otro de la tolerancia cero con el racismo.

     

    Frente a Aznar, éste era el gobierno que se anunciaba transparente, que no mentía, el de la austeridad y la atención social, el de la economía de Champions League, el dialogante, el del pleno empleo, el de la igualdad y la innovación, el de la solidaridad entre autonomías, el que prometía el oro y el moro a la juventud y pretendía emular el american dream en una especie de spanish dream para la inmigración, el que nos prometía estar a la altura de Francia... Vamos, el que ayer no más decía que España sería un vergel paradisíaco, tierra progresista de posibilidades y oportunidades, entre la gandilocuencia de palabras huecas y gestos teatrales y chorradas con la pobre “Z”; el que hoy niega, y seguirá negando, el lodazal y ciénaga, la charca y el barro que estamos pisando, y cantará y seguirá cantando la enormidad de sus ocurrencias más que éxitos: la Alianza de Civilizaciones, la Memoria Histórica, los matrimonios homosexuales, la ley del aborto, la eutanasia, el divorcio Express, el canón audiovisual, la educación para la ciudadanía, los 400 y los 2.500 euros, la ley de dependencia, la ley de violencia de género, las mujeres cuota, el quitar estatuas de Franco, y también que durante un mes tuvieron superávit. Una parte de lo dicho es agua de borrajas o ha surtido muy poco efecto; y, ¡Ay, esa imagen de Rodríguez Zapatero arrojando billetes para prestaciones por todos lados! Y ahora no hay dinero para nada, porque primero están los desempleados de la cola del paro. Ni por esas, sin embargo, se le quita la sonrisa a Rodríguez Zapatero, ni las ganas a sus ministros de ponerse chulos y en jarras. El primero, encantado de haberse conocido, disfruta viendo como se las llevan sus secuaces y no él. Para eso están los ministros y la Vicepresidencia. Y si no, Pepe Blanco, que no pertenece al gobierno, pero que desde el PSOE, también habla en nombre del gobierno cuando le viene en gana.

     

    España está débil por todos sus costados: política, judicial, laboral, económica, empresarial y moralmente. Está desestructurada y en desequilibrio, y no hacen más que surgir enconamientos por cada rincón, unos contra otros, destapando mentiras y corruptelas sin importarles que el pueblo les vea y les mire. Ha perdido credibilidad en cualquier sentido ante el ciudadano y ante el resto de países. Y muy poco les importa a los representantes esa irresponsable debilidad que, sin embargo, tendría que ser lo primero a evitar, pues, un país en franca debilidad es un país en permanente amenaza, ya un Tejero o cualquier otro salvapatrias con pistola y guarnición. Ellos viven bien, calentando el escaño y sin salir a jugársela, gritando desde la banda para que saquen tarjeta roja al contrario, les piten un penalti y así ganar el partido, jugando con el árbitro a favor, y sin portería en su campo; o cazando sin licencia donde no se puede –estarán encantados los ecologistas, los verdes y los de la protección de los animales.

     

    Me pregunto yo, cuando lleguen las siguientes elecciones nacionales: ¿pedirán el voto de los jóvenes con promesas de trabajo, estudios, becas y vivienda? ¿pedirán el voto de los inmigrantes con promesas de papeles? ¿pedirán el voto de los demás hablando de bajar impuestos y aumentar el gasto y las prestaciones sociales? ¿conseguirán el voto de los pequeños empresarios prometiendo aumentar los créditos y las ayudas? ¿el de la tercera edad diciendo que subirán las pensiones? ¿el de las mujeres hablando de igualdad? ¿nos tocarán la fibra con el ecologismo? ¿tirarán de nuevo del anticlericalismo falso? ¿nos dirán que el contrario es un corrupto o un prevaricador? Y el personal volverá a creérselo, o peor aún, irá a la urna sin fe en el sistema, con una papeleta cualquiera, porque si no, caerá el Apocalipsis o, por lo menos, le acusarán de ser antidemócrata. Y eso no, la imagen lo primero.

     

    Lo mejor que puede pasarnos es que, con tanto denunciarse e investigarse de un lado a otro, terminen todos en la cárcel de una vez, del primero al último. Pero no, porque los jueces están de huelga.

     

    Hec
    February 13

    AUF DER JAGD!

    Otras veces lo he dicho: disfruto escuchando el concierto de nuevo año de Viena, el Neujahrskonzert, cuyos programas suelen ser muy parecidos, nutridos de valses, marchas y polkas. Una de las piezas que no suele faltar es la polca rápida Auf der jagd!, -¡A la caza!-, de Strauss hijo, que empieza con sus disparos y todo. Antes, no lograba poner una imagen o secuencia a la música, pues no conozco como era un día de caza en la época y la tierra de los Strauss. Es más, aparte de haber pasado alguna vez por Manzanares El Real y haber visto allí, en una cafetería donde desayuno habitualmente cuando voy, las piezas de jabalíes cazadas, nunca he estado cerca de las cosas de la caza. En cambio, tras esta semana me voy haciendo una idea, tanto que se está hablando de cacerías y monterías.


    Al grito de auf der jagd!, con cenas y comidas de por medio, el ministro de justicia, un juez, la fiscalía y el jefe de la policía judicial, se encuentran durante los fines de semana. Al principio decían que sólo se habían cruzado el ministro y el juez, de forma casual. Bien, puede ocurrir. Luego resultó que eran dos cacerías distintas. Bien, puede ocurrir. Luego nos enteramos que también pasaron por allí el fiscal y el de la policía judicial. Esto ya no suena tan casual. En este punto el sentido común nos lleva a pensar que las casualidades no existen. ¿Será cosa de la sincronicidad de Jung? Extrañamente tendemos a pensar que no, que aquí tal sincronización ha sido intencional. Vamos, que han quedado para las cazas y las cenas y comidas. Pero no hay nada malo en ello si se han cuidado de no hablar de aquéllo sobre lo que no deben hablar. Sin embargo, tratan de convencernos que fue casualidad, como quien pretende descargarse de responsabilidad apelando al azar y a las cosas que pasan, o a un mero solazarse en el campo donde, Bermejo, antes que con un corzo se cruza con Garzón. ¿Por qué ese intentar convencernos? Pues porque el ministro es Bermejo, titular de justicia; el juez, que es Garzón, la fiscalía y el jefe de la policía judicial son los que están llevando las investigaciones en los suburbios del partido de la oposición, hecho ante el que, el ministro, su gobierno y su partido se frotan las manos en beneficio propio. No es sólo el ocio de la caza y la comida lo que relaciona a los personajes de la historia, y precisamente por ello y por la insistencia en la casualidad, el asunto huele mal. Si fuera asunto del azar el que personas metidas en la misma causa coincidan en el mismo punto del planeta justo en determinado segundo, yo les recomendaría que jugasen esta misma semana a la lotería, porque seguro les toca. Si la cosa es que son una pandilla de amigos que quedan, podrían haberse visto en otro momento menos comprometido, o no venir dando excusas invocando a la diosa fortuna si nada de lo que la rumorología comenta han hecho.


    El personal no es tonto. Anda Garzón por en medio, conocidas sus afinidades -y también encontronazos- con los psocialistas, cuyo dictar secreto de sumario conlleva que puede haber algunas filtraciones a El País -¿casualidad?-, como los nombres de los imputados antes que los propios imputados lo sepan. Debe ser el único juez con el que ahora mismo el ministro Bermejo puede tomar café y salir de caza, tal y como tiene de molesta a la judicatura. La rumorología simplemente ata los cabos ya conocidos para suponer que la llamada “independencia judicial” se ha podido ver comprometida. Ya vimos a la Vicepresidencia del actual gobierno abroncando a la presidenta del Constitucional aquel día de la Hispanidad. También asistimos al linchamiento público por parte de El País, y las aceradas críticas de un PSOE en la oposición -Zapatero, Blanco...- hace ya unos años, contra el magistrado Gómez de Liaño, y la parcialidad, condenada por Estrasburgo, tanto del Supremo como del Constitucional en el proceso de aquél. Pensando en Gómez de Liaño y lo que en su momento el actual presidente de Gobierno dijo acerca del indulto al magistrado, nadie entiende como no se está procesando a Bermejo y Garzón ni haya voces altisonantes al respecto en las filas psocialistas o en la Moncloa.


    Por su lado los populares aprovechan para dar la imagen de perseguidos y víctimas de confabulaciones y prevaricaciones no demostradas, sólo intuidas, todo hay que decirlo. Ahora bien, con prevaricación o sin ella entre ministros y jueces en los fines de semana de montería, bien es cierto que hay suciedad en las proximidades y quién sabe, de momento, si en los interiores del Partido Popular.


    Las personas decentes quieren que, si hay delitos, se juzgue a los delincuentes quien quiera que estos sean. Pero no están dispuestas a asistir a un proceso en el que el río suena y su murmullo silabea la palabra prevaricación. Algo tan absurdo como contemplar a delincuentes juzgando e investigando a delincuentes, donde, además, unos son el Gobierno, la Audiencia Nacional, la Fiscalía y la Policía Judicial, y por otro el Partido Popular. Pero todo anda entre secretismos y sólo tenemos acusaciones de uno a otro lado con la Audiencia Nacional atravesada y mirando exclusivamente hacia un lado. Marujeos, graves, porque lo son por los implicados, pero marujeos, repartidos por las hojas de los periódicos.


    Todos han salido de caza, no sólo Bermejo y Garzón, y, efectivamente, la mejor banda sonora para la vergüenza a la que asistimos los ciudadanos es la polca del rey del vals. Cuando pienso esto, se me quitan las ganas de volver a escuchar la famosa pieza Op. 373, entre otras muchas cosas que nada tienen que ver con la música, sino con la casta política y la judicial.


    Hec

    February 06

    ADYNATON

    Adynaton es un recurso retórico de la antigüedad griega. Consiste en algo muy simple: exagerar tanto las cosas que el mundo termina por estar al revés, o al menos en alguna posición imposible, ante una verdad irrefutable. Desde luego, no hay nada más imposible que darle la vuelta al mundo. Sin embargo, la política en España lo consigue, día a día, sin apenas esfuerzo y con inusitada facilidad. Y para comprobarlo, nada más que asomarse a la ventana, igual que cuando miramos por ver si llueve. Tal y como está nuestro país, con un gobierno atascado e incompetente para afrontar las circunstancias de paro y recesión, con ocurrencias más que ideas soltadas al aire tras un micrófono y que van desde el extremo de repartir dineros entre los bancos y luego empezar a hablar de su nacionalización, o proteccionismo en medio de un mundo globalizado y desde un país como el nuestro, que importa casi todo frente a lo que exporta, creación temporal de trabajo con obra pública para maquillar cifras... las cosas así, digo, parece que vivimos en un continuo adynaton cuando en política la jauría se tira al cuello del principal partido de la oposición por una noticia publicada en un diario, cuyas fidelidades ideologico-matrimoniales son más que conocidas, sin pruebas ni nada más que la literatura del periodista que la escribió y los sindicatos se enfurecen contra la banca. Aquí nadie tira contra el Gobierno, nadie mira hacia la Moncloa. La verdad, en realidad, es falsa, y por ello sucede lo que no debiera y todos tenemos por imposible.


    El asunto de los sindicatos se comprende, aunque pone los pelos de punta. Tan sólo estamos viendo en ellos el verdadero rostro, que antes únicamente imaginábamos con cierto grado de seguridad, al que se le cae la máscara una y otra vez, según se publican los datos del paro, la destrucción de empleo, los expedientes de regulación y la caída de autónomos y pequeñas empresas. No será por ellos por los que arda Troya y no le llegue a Rodríguez Zapatero la camisa al cuello, siempre y cuando por los sindicatos siga fluyendo el río de la subvención estatal. Ellos son la bien pagá de Perelló, los que se saben dar por un puñao de parné al que compra bien sus besos. Aunque se comprenda, no deja de ser un mundo al revés que el trabajador desempleado no sea defendido por los sindicatos, sino que éstos estén más a cubrir las espaldas al Gobierno. Ni Horacio supera este adynaton, aunque ya antes de Cristo escribiera “(...) que a las tigresas les plazca ser cubiertas por los ciervos, adultere también la paloma con el milano, no teman los rebaños, confiados, a los rojizos leones”.


    No obstante, la palma de este revertir el curso normal de los ríos se la llevan los populares en Madrid. Al no saber reaccionar a una noticia sin pruebas que podría haber sido, sin más, el primer capítulo de una novela por fascículos, han conseguido que ésta se escriba sola. No eran más que letras que acusaban de algo que, según parece, no es delito. Pero los populares se pusieron histéricos, hablaron de lanzar investigaciones y comisiones, se acusaron unos a otros, Rajoy se metió de por medio, y ahora comparten titulares junto al paro y van a terminar sentaditos delante de la oposición madrileña para que les pongan verdes que es precisamente lo que no hacen con el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Lo absurdo del caso es que hayan sido los propios populares los que han servido en bandeja el espectáculo de casquería política en el que se juegan su propia cabeza, cuando la cabeza que se tendría que estar pidiendo vaga, vacía, por la Moncloa, y otras tantas por los Ministerios.


    Aquello no son sindicatos y esto no puede ser un partido líder de la oposición, sino, acaso, comodínes para el Gobierno, un as en la manga para ganar siempre yendo de farol en farol sin que nadie quiera levantar las cartas. Y las bazas pasan, las manos transcurren, y a pesar de que a Rodríguez Zapatero se le nota a la legua que no lleva nada, no hay quien le vea la apuesta.


    Cualquiera pensaría que todo esto solamente sucedería cuando las ranas criaran pelo, cuando los cerdos y burros volasen, ad kalendas graecas. Pero no, está ocurriendo, así que debemos empezar a plantearnos que lo que creímos era lo normal, en realidad es lo paranormal; y, evidentemente, que lo que era imposible, es todo lo que nos queda. Es decir, a vivir todos en el mundo al revés de los adynata políticos.

     

    Hec

    February 01

    JUECES Y TAIFAS

    Seguimos con los jueces en pie de guerra. Y al mismo tiempo, se suceden sentencias y decisiones incomprensibles, desorbitadas y salidas de madre, bajo el auspicio del común acuerdo en el libre arbitrio de cada magistrado y sala. Tales sentencias y decisiones, mal que les pese a los señores jueces, nada tienen que ver con la famosa falta de medios, sino con la cada vez mayor falta de criterios por la que cada ilustrísima, envuelta en su independencia arbitraria, se convierte en señor de su tribunal cual Zeus del Olimpo. Carece de sentido que un mendigo que roba la mitad partida en un forcejeo de una barra de pan, agarrando con la mano que le queda de la solapa a la dependienta que tampoco suelta la barra ni a la de tres, sea declarado en rebeldía por no estar localizable –es lo que tiene ser mendigo, digo yo- y se enfrente a una pena de año y medio de cárcel. Saca los pies del tiesto que dos tipos que roban una pizza a un repartidor dándole un empujón sin consecuencias, estén en prisión preventiva y a la espera de un juicio que puede depararles de dos a cinco años de prisión. Del mismo modo, rompe los esquemas que un extranjero vea rebajada su pena por acostarse con una menor de edad, debido a que en su cultura tal práctica es habitual y consentida –que yo sepa estamos en España y lo que ha de cumplirse es la ley de aquí- mientras estamos poblando las cárceles con el que se baja tal foto o tal video de Internet. Supera cualquier sentido común ver que la petición del fiscal contra un individuo que se dedica a tirar cócteles molotov a la vivienda de un ertzaina, se reduce a la mitad porque actuaba movido por el desengaño amoroso, tras presentarse una carta dirigida a la ex novia en la que pretendía revelarle lo valiente que era y en la que, por otro lado, reconocía haber participado en diez actos más de kaleborroka. Y que no se nos olvide la garzonada sobre Franco y la Guerra Civil a tenor de la Memoria Histórica, o la de su discípulo Andreu, que quiere empapelar a soldados y a un ex ministro israelíes por delitos contra la humanidad en Gaza, allá en 2002, como si nuestros tribunales fueran salas internacionales. Muy al día tienen que estar las cosas en la Audiencia Nacional, frente al atasco que se denuncia, para buscar trabajo por esos lares.

     

    La última que nos ha caído es la sentencia del Tribunal Supremo, rechazando legalmente la objeción de conciencia a la asignatura Educación para la ciudadanía, aceptada por otros tribunales, pese a tratarse de un derecho fundamental reconocido en la Constitución explícita e implícitamente según doctrina del Tribunal Constitucional. Resulta que la objeción de conciencia, cuyo ámbito de derecho pertenece al fuero interno de la persona y sus convicciones, se dirime en un Tribunal. Pero el Supremo matiza que, si bien a la asignatura -obligatoria por más señas cuando si se hubiera hecho optativa nada habría ocurrido- no se puede objetar, sin embargo a los contenidos de manuales sí. Lo que no cabe en la cabeza es que dichos manuales deben estar homologados conforme a la ley que implanta la asignatura, la cual define los contenidos. Se colige que poder objetar al manual supondría poder objetar a la ley que lo homologa. Pero, ¿qué tribunal, cuyos asientos están decididos políticamente, va a volverse en contra del Gobierno de partido único –pues gobierna un partido, no un Parlamento- en que vivimos?

     

    De común acuerdo se habla de que tan sólo pueden exigirse como contenidos en dicha asignatura, la enseñanza de los principios constitucionales que rigen nuestra vida. Y entre estos, caben ser señalados la separación de poderes y la objeción de conciencia, ambos dos vulnerados de continuo –sea ejemplo el revuelo montado en torno a la asignatura en cuestión- en la sociedad que pretende inculcárselo a los escolares. Esto es, ni siquiera los principios constitucionales que suponemos enmarcan nuestra sociedad pueden ser presentados a los estudiantes sin sonrojo y sin un marchamo ideológico, dado que ideología consiste en la deformación de la realidad y la creación de una “falsa conciencia”, que al caso viene a ser hacer creer que tales principios se dan de facto en esta democracia. Es más, conste al lector que en la tradición intelectual, empezando por esa amada Ilustración, nunca se ha defendido que en la democracia exista separación de poderes, sino sólo en la forma de gobierno de la república. Léase a Rousseau o a Kant.

     

    Nada de lo anteriormente expuesto se debe a la falta de medios, sino que son las más palmarias incongruencias y contradicciones de un sistema judicial que vive en el limbo y la molicie, convirtiéndolo en un reino de taifas, en un desconcierto absoluto, donde la ley da vueltas como una veleta, apuntando a norte y sur al mismo tiempo según el tribunal que la mire y la interprete.

     

    Hec