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10 mars

CHIKILICUATRE

Ya sabe el lector lo mucho que detesto el circo ambulante, la caravana política, que suponen unas elecciones. Más cuando son generales, para el gobierno de la nación. El colmo de todos los números circenses, entre promesas, mítines, debates y medios de comunicación, es el salto mortal del día señalado, el día de la urna y el voto. Hay que soportar la moralina del “debe usted participar”, recurriendo al retorcido deber y obligación moral o cívica, fundamentándolo en que hay que dar una respuesta democrática a los asesinos, argumentando que es el día de la “fiesta de la democracia” y el día de los demócratas. Pareciera que quien no vota fuera inmoral, próximo al terrorismo, o, a lo menos, que no es demócrata. ¡Hay que votar por narices!... y aunque en el bipartidismo no se guste de ningún candidato. Eso es lo de menos, que aquí, lo verdaderamente importante es que se pueda elegir sin mirar a quién. Democracia significa elegir, para ellos. Pero con un poco de gramática, se deduce que aquél es un verbo transitivo y, sin embargo, en su llamada carece de objeto directo. No entienden que, si entre la opciones uno no encuentra criterio diferenciador, ya puede tener todo el derecho de elegir, que no podrá ejercerlo. ¡Existe el voto en blanco! Efectivamente, la máxima expresión de esa democracia sin objeto directo, convirtiendo al verbo elegir en totalmente intransitivo.

 

Las casualidades de la vida quisieron que ayer dejara mi lectura de La voluntad de Azorín en el capítulo X de la primera parte, y que hoy abriese el libro y leyera antes que otra cosa las siguientes líneas:

 

“Ayer se celebraron las elecciones. Y ha salido diputado, como siempre, un hombre frívolo, mecánico, automático, que sonríe, que estrecha manos, que hace promesas, que pronuncia discursos...

 

(...) Después de todo el medio es el hombre. Y ese diputado frívolo y versátil, como todos los diputados, es producto de este ambiente de aplanamiento y cobardía... Yo veo a diputados, concejales, subsecretarios, gobernadores, ministros, como el entomólogo que contempla una interesante colección... Sólo que esos insectos están clavados en su correspondientes alfileres. Y estos no están clavados.”

 

Realmente estas palabras serían las de mi artículo de hoy. De hecho, las suscribo con Rodríguez Zapatero, y las suscribiría de haber salido Rajoy. Es de un aplanamiento total el estado de los españoles. Ha votado, prácticamente, el mismo porcentaje que hace cuatro años, y los resultados son casi idénticos. Se ha vuelto a votar con entierro de por medio –pese a la diferencia de cifras, el asesinato y muerte son asesinato y muerte y me importa poco el número que no viene a hacerlo más dramático-, con los políticos saltándose la “jornada de reflexión” -quizás porque si reflexionamos otro gallo les cantaría a los candidatos-, y en los resultados vuelve a reflejarse que el personal cierra filas fanáticamente con sus respectivos ídolos, como si se hubieran quedado pegados a la banderita del partido.

 

La sorpresa, acaso, en Cataluña, donde, a pesar de apagones, AVE, peajes, barrios que se hunden, y multas por usar el castellano, revalidan a los psocialistas. Probablemente, y una vez más, porque no hay más opción, hay que votar por narices, y alguien tiene que salir por la misma razón nasal. Es de agradecer que el catalán haya percibido el insulto que suponía ERC dentro de la “democracia”.

 

También se agradece al español en general el varapalo del señor Llamazares, que ha convertido lo que era una opción válida tiempo ha, en un perpetuo chantaje al país y a las regiones, apoyando a diestro y siniestro –sobretodo siniestro- a cambio de dádivas y puestos. Personas que ni siquiera se presentan para gobernar, sino para sacar el mayor rédito con la menor responsabilidad.

 

Por lo demás, a mí me sobran diputados, escaños y hasta partidos, cuando sólo cuentan dos. Me sobran los colorines rojo y azul en la política –no en la pictórica-, discursos y promesas. Y me faltan raciocinio, entendimiento, el compromiso con la lógica y el rechazo del según sople el viento. En España hay mucho lastre que soltar y elevar el ancla... pero estamos encantados con haber atracado en un puerto, llenando el navío de inutilidades que cargan de peso, hunden el casco y pronto han de ahogarnos a todos. Me falta, indudablemente, patrón, y me sobra el mando de los marineros. Varados como ballenas sin rumbo, o dejados a la inercia y el impulso del día, nos cabe únicamente aguardar que un final, poco apetecido, pronto nos alcance.

 

¡Y que luego, en Eurovisión nos represente el chikilicuatre ese! En España, o no sabemos elegir y hemos perdido los criterios más básicos, o todo nos da ya igual y nos es indiferente, buscando exclusivamente echarnos unas risas ante el mundo.

 

Hec