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27 mars

EL MINISTERIO DE LA MUJER

Hija de ex-alcalde, ahijada de un perpetuo presidente de comunidad como es Chaves, ministra en un Ministerio inventado a la medida, mujer y treintañera. Este es el perfil que se tuvo en cuenta para el cargo que ocupa. No se podía mirar su capacidad, su cultura, sus estudios, su nivel, porque es un nuevo y flamante cargo para el que, realmente, nadie sabe qué se precisa. “Igualdad”, y parece que sólo tiene que ver con la mujer respecto a todo, como si la mujer fuera un espécimen a parte que necesitase de un Ministerio propio. Por encima de ser persona, de ser ciudadana libre de plenos derechos y deberes, una mujer es una mujer, como aquél que dijo que Dios es Dios y punto. Muchas veces lo he dicho: pensaba yo que el “ser iguales”, como categoría, no es algo unidireccional ni exclusividad de una porción discriminada; pensaba que el “ser iguales” que aparece en la Constitución se refiere a todo español; pensaba, por tanto, que del mismo modo que “Hacienda somos todos”, o que “en democracia nadie sobra”, o que “nadie está por encima de la ley” –distintos lemas de distintos ministerios o elecciones-, correspondería entender que “todos somos iguales” para este Ministerio de Igualdad. En cambio, no parece que sea así, porque este Ministerio reluciente sólo se ocupa de las igualdades de las mujeres, de los maltratos que sufren las mujeres, de las discriminaciones que padecen las mujeres –de vital importancia para nuestra sociedad, no lo dudo-, y no añade, por ejemplo, la igualdad o discriminación de los inmigrantes, o de los convictos, o ante la ley, o de los discapacitados, o de los jóvenes, o de los mayores respecto de los jóvenes y así el largo etcétera de desigualdades de las que Bibiana Aído parece no querer saber, sobre las que ni ella ni su Ministerio parece tengan competencia alguna. La “igualdad”, en este caso, es un eufemismo de algo así como el “Ministerio de la mujer” –un paseo por su monotemático blog o por la página web del Ministerio dan una perspectiva de las líneas generales de actuación y pensamiento.

 

Sin embargo, por sorprendente que resulte, el Ministerio de Igualdad se ocupa en cuestiones del aborto. ¿Será que los varones abortamos con más derecho que las mujeres? Yo juro que he pensado sobre el tema, sobre qué igualdad es la que está puesta en juego en el caso del aborto. Se me ocurrió que, efectivamente, aún hay empresas donde la embarazada no está muy bien vista, o también que hay embarazadas que aprovechan la situación. Pero dudo que algo así se pueda pretender solucionarlo con una ley del aborto. Muy drástico sería contemplar que con más facilidad para abortar, menos embarazadas y menos problemas con los derechos de la mujer en lo laboral. Peor aún en un país como el nuestro, cuya pirámide está a punto de darse la vuelta por escasez de nacimientos. Me reconozco impedido por mi racionalidad a comprender esta competencia de Aído, y más aún todavía, incapaz de tragar la consecuencia en forma de Ley que se le ha ocurrido, basada en el sofisma de “cómo es la mujer la que engendra, es ella la que decide”, que no es otra cosa que suponer que por ser madre y ser su cuerpo ya se puede disponer sobre una vida o un proyecto de vida que de ti depende o que está unido por un cordón umbilical a tus entrañas.

 

De todas formas, se comprende que puedan existir excepciones: es muy duro traer a un mundo como éste una vida que ya viene con complicaciones severas; es muy duro tener que decidir sobre tu vida o la del que está por llegar; es duro poderse encontrar engendrando, aunque no tenga culpa, el fruto de una violación; incluso verse de pronto privada de los medios que, al principio, hicieron posible soñar el tener un hijo. No se puede juzgar a nadie cuando el aborto nace de la compasión o del sufrimiento inocente, de situaciones límite que no se pueden evaluar desde la barrera.

 

Cosa bien distinta son los abortos por egoísmo e irresponsabilidad, aquéllos que se convierten en vía de escape, escudándose en una ley que no fue pensada para ellos. Por ejemplo, que una menor de edad pueda abortar sin el consentimiento de sus padres, según el principio inventado por Aído: “si pueden decidir ser madres, pueden decidir abortar”. No sabía yo que en su mayoría las menores de este país estuvieran pensando en ser madres; creía que, generalmente, se trataba de los deslices irresponsables de la edad, propios, precisamente, de una chavalería que está por debajo de la mayoría de edad en todo y cuya responsabilidad está, en camino de ejercerse, depositada en su tutor legal. Resulta, sin embargo, que las mismas razones por las que no pueden votar, comprar alcohol o tabaco, no pueden si quiera presentar una denuncia sin un adulto presente que se haga cargo, razones fundamentadas en su minoría de edad en la que el Estado todavía no reconoce una autonomía racional suficiente, pueden pasarse por alto en el caso del aborto, para el que Bibiana Aído los considera autónomos. El silogismo de Bibiana es de cuidado, de los complicados, de los que necesitan una verdadera clarividencia en la profundidad de los enigmas y los misterios, algún oráculo o un Edipo que haya liberado a Tebas de la Esfinge, la misma que al resto todavía nos tiene atrapados entre sus preguntitas insidiosas y aparentemente irresolubles. Y con que ella sepa por qué lo hace, y con que esté avalada por el sumo presidente, debe bastarnos a nosotros, el vulgo inculto que nada sabe.

 

Quizás por todo ello, el nombre de la página web del ministerio es “migualdad”, la suya, la de Bibiana, o la de Rodríguez Zapatero, la que sólo ellos entienden y está por encima del bien, pero más aún por encima del mal dictaminado desde sus propias conciencias.

 

Hec
23 mars

CHACON Y OTAN: MISION CUMPLIDA

Con los psocialistas se hace cierta aquella relación entre poner un circo y el crecer de los enanos. En los últimos días, un tribunal sentenciaba a favor de los populares el espectáculo montado en torno a la catástrofe del Prestige, mientras que este gobierno ha tenido su propia ración de chapapote a lo largo de sus legislaturas, sin que escucháramos a los del “Nunca mais”. La incompetencia en los incendios de Guadalajara, que se llevo por delante la vida de varias personas, también se saldó con sentencia. Aquello de Yakovlev y Trillo, ahora se podría llamar el caso “Cougar” y Bono o los blindados sin inhibidores. Se les hicieron los dedos huéspedes con la gran trama de corrupción de los populares, y la cosa les ha terminado costando un ministro y el total descrédito de su juez particular –por si no lo estuviera ya- con resultados sorprendentes: los altos cargos implicados, ni eran altos ni eran cargos; el famoso sastre con el que quieren darle a Camps, ni es sastre ni es ná. Y por si fuera poco, ahora es a los psocialistas a los que les están sacando sus corruptelas particulares en los ayuntamientos pintados de rojito, cuyos ediles sí están pasando por los calabozos. Pierden las elecciones gallegas, y, aunque pueden gobernar en las vascongadas, tienen que inclinar un poco la chepa ante los populares, lo que supone perder el apoyo en el Parlamento de los nacionalistas vascos; pero si no lo hacen, estarán confraternizando con la política que todo el mundo ve ya en el pasado. Los catalanes, después de los desplantes con el Estatuto, tras apropiarse el PSOE del gran proyecto del nacionalismo de estas tierras, ya amenazan con retirar apoyos a un ejecutivo nacional verdaderamente débil. Las prometidas medidas sociales no llegan ni pasan de promesas, y las famosas leyes no salen adelante. Ahí están el paro y los datos macro y microeconómicos para derribar el optimismo palabrero del señor Rodríguez Zapatero.

 

Quizás sea por todo ello el nuevo lío montado con una nueva “espantada” militar española en el extranjero. La de Irak tuvo sus frutos anticipados; quizás esta nueva de Kosovo, los tuviera. En cambio, la reacción no ha sido la esperada, y, como es habitual, el Gobierno de España vuelve a enfangarse en los dimes y diretes del yo te contradigo y tú me contradices. Todos escuchamos a la ministra Chacón declarar que “nos íbamos para casa”, “que la misión estaba terminada”, para sorpresa del propio contingente allí desplazado. Probablemente, pensaron, como el gran ídolo Obama está hablando de marcharse de Irak, nadie nos señalará con el dedo si nos vamos nosotros, ahora, de Kosovo, sin mediar palabra. Sin embargo, a Obama no le gustó; a la OTAN –o NATO como se prefiera- menos aún. Este es el segundo desplante y pocas novias aguantan tantos abandonos en el altar. Moratinos, desde Exteriores, dejó caer que a él nadie le había preguntado, aunque ahora dice que lo sabía todo y que lo apoya. El Secretario General de Presidencia, el señor León, hizo verdaderos malabarismos desde la archiconocida sentencia “es que se explicó mal”... ¡tan mal como para que Chacón dijera blanco y resultara que estaba diciendo negro! Hasta tuvo que decir que se quedarían a cumplir los objetivos de la misión. ¿No era “misión terminada”? Pero Chacón, que no es mujer a la que se desautorice fácilmente, ha reiterado sus palabras con la misma claridad con la que fue entendida la primera vez. Y así, no logrado el populismo con otra maniobra más, hemos vuelto de nuevo al “coro de grillos que cantan a la luna”, cada uno con su tono. Eso sí, ahora vamos a mandar más personal a Afganistán.

 

La excusa es que Kosovo autoproclamó una independencia que España no reconoce, y, por tanto, es absurdo. El gran problema: que dicha autoindependencia se produjo hace más de un año, cuando el Gobierno estaba más preocupado de ganar la elecciones nuevamente y de negar, por activa y por pasiva, la crisis que nos tiene embarrancados. Y el tiempo pasó, y aquí nadie dijo que nos fuéramos... Y un buen día Chacón se levantó y cabreó a medio mundo con la segunda espantada. Algunos nos preguntamos qué pasará si algún día necesitamos la ayuda de la OTAN, la misma que el PSOE no quería con el “OTAN no, bases fuera”; la misma en la que fue Secretario General Solana – que escribió aquel panfleto 50 razones para decir no a la OTAN- y en la que nos metió Felipe González; la misma que ahora plantan, día sí, día también, otra vez los psocialistas.

 

Hec
4 mars

LA INESCRUTABILIDAD DEL VOTO

Tras la tempestad, viene la calma, ¿o no? Podrá haber gente que disfrute con los espectáculos tempestuosos que organizan nuestros políticos cuando en elecciones se encuentran. Podrán existir personas a quienes entretenga la disputa tabernaria y de patio de colegio, como ven entretenidos y necesarios los programas de cotilleos y puteríos. Algunos individuos, no sé si muchos o pocos, les encantará eso que llaman “juego político”, el de los dimes y diretes, el de la manipulación informativa, el de los discursos vacíos y alejados de la realidad, las acusaciones del “y tú más...”, sólo por ver, después, quién gana, como en el fútbol, si su equipo –los buenos- o el contrario –los malos.

 

A otros, sin embargo, nos avergüenza y nos parece ofensivo comprobar hasta qué punto se puede llevar ese “juego” como si del monopoly se tratara. Estas últimas elecciones en el País Vasco y en Galicia han desprestigiado al poder judicial, ya por cuestiones de huelga oportuna, ya por tambores de prevaricación e instrumentalización de la justicia; a la prensa, más si cabe, con filtraciones dosificadas de sumarios secretos a determinados medios; y a la clase política, por supuesto, ocupados en manejar los hilos de todo lo anterior, o secuestrando ancianos para darles mítines privados camino de Portugal, o marchando de cacería un ministro con juez y policía judicial colgados del brazo, y echándose “mierda” –perdón por la palabra, pero es la mejor que encuentro- de un lado a otro entre corruptelas, gastos desmesurados etc... las cosas de los españoles, al caso vascos y gallegos, ¿para qué hablar de eso? Y aunque hablen, ¿qué más da lo que prometan? Si con sólo prometer las cosas fueran a mejor, otro gallo nos cantaría.

 

Estas elecciones pasadas se han llevado por delante a un ministro y han puesto en cuestión la verdadera independencia de un magistrado de la Audiencia Nacional. También es cierto que Bermejo nunca debió llegar a un ministerio y que Garzón debió abandonar –que por cierto, no tiene pinta de ir a hacerlo nunca- la carrera judicial hace tiempo, pero en este país las cosas nunca son como debieran ser. Todos los políticos han acabado con la sombra de la corrupción bajo el brazo, sombra cierta o no, con intentos extravagantes de imputación a los populares que quedan en nada, con detenidos de los psocialistas por el sur y desmesura en el gasto público para despachos y coches por el noroeste. Se han disparado escopetas, y unos cuantos tiros han salido por la culata.

 

Una vez más habrá que preguntarse, ¿es éste el nivel que exigimos a quienes quieren representarnos? ¿Realmente merecen la papeleta electoral por este circo? Esta gente no está capacitada para exigirnos la seriedad y moralidad del voto electoral cuando sus modos de conseguirlo pisan con saña en tales barros y lodos. Concederles nuestra elección es casi premiar una degeneración democrática por la que verse envuelto en ella empieza a dar verdadero asco. Y lo llamarán antidemocracia, porque ellos, los políticos de turno y oficio, entienden la democracia exclusivamente como una suma de voto electoral, nada más. Y cuantos más, mejor. Para ellos, la democracia empieza y acaba el día de la elección, cuando se abre el colegio electoral y cuando se cierra con llave la urna. Sin embargo, lo antidemocrático es, precisamente, ese tomar a “juego” la política, la falta de respeto continuada en el tiempo hacia la ciudadanía por parte de los mismos que vienen a darnos lecciones.

 

Y al final, el resultado de una elección es algo paradójico: en Galicia se habla de cambio, porque están fuera los psocialistas y los nacionalistas; en País Vasco se habla de cambio, porque están fueran los nacionalistas –de momento-, y entran los psocialistas –a saber con quien pactan, esa otra norma antidemocrática de la postelectoralidad. ¿Acaso el PSOE es malo en Galicia y bueno en País Vasco? ¡Es que es peor el PNV! Pues recuerdo yo que junto a Ibarretxe estaba sentado un tal Patxi López en el banquillo de un tribunal o que fue el PSOE el que legitimó una negociación con el terrorismo. También recuerdo que fue a los populares a los que se echó a patadas de Galicia... en fin, que como los caminos de Dios, los de España son igualmente inescrutables... excepto los votos, que estos se escrutan y se exprimen.

 

Hec