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    April 27

    REPÚBLICA O TRANSICIÓN

    Durante los dos años de gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero hemos asisitido a un continuo asedio de la Constitución del 78 y un cierto desapego del llamado "espíritu de transición" tras la dictadura franquista. No han sido pocas las declaraciones en que a la del 78 se la tachaba de anticuada y necesitada de reforma, o en la aprobación de leyes y estatutos que chocaban con aquella. Siempre he dicho que si la Constitución vigente necesita reforma no tengo problema en que se haga conforme a lo que ella misma expone en su articulado para tal caso. Ello pasa por el debate de la "necesidad" de esa reforma. Y en este punto es donde me separo del gobierno, puesto que la leyes y estatutos aprobados no han hecho sino agravar, de antes de esas aprobaciones, una dudosa "necesidad". El camino elegido por el ejecutivo ha sido acelerar la antiguedad de la Constitución para convertir en absolutamente necesaria su reforma. En una palabra, que la reforma la están decidiendo ellos buscando su inevitabilidad. Todo esto ya lo he expuesto en algún momento, pero todavía no nos habíamos preguntado ¿por qué este asedio? ¿Por qué al presidente le disgusta la Constitución del 78?
     
    Encuentro que todo ese disgusto ha de relacionarse con su contrario, con el aprecio y gusto que el presidente ha mostrado durante estos dos años por una revivificación de la II República, su espíritu que, según él, guía los ejes de su política y su ideario. Es decir, no es el espíritu de la transición y la constitucionalidad del 78, superadora del franquismo, sino el espíritu de la república y la constitucionalidad del 31, abocada a la dictadura, la que le inspira. No es un espíritu de superación de la etapa franquista, sino el espíritu resentido que sólo entiende de vencedores y vencidos. Declarado por el propio presidente, no son la del 78 y la transición, tal y como todos creíamos, las guías de la actual España, sino que debemos retroceder aún más en el tiempo, hasta la II República, para entender qué es lo que él está haciendo. En ello hay, si reparamos con detenimiento, una diferencia crucial: la transición asume la existencia del franquismo; la II República no sabe nada de ello. Recuperar la II República y actualizarla no es pernicioso en su ideario mismo, sino en el dato histórico de que la República no puede reconocer ningún franquismo, o a lo menos, sólo el latente. Esto es, el espíritu de nuestra II República pasaría necesariamente por alto la dictadura en lugar de enfrentarla como realidad histórica, en lugar de asumirla y saber superarla. Esto, o a su espíritu añadimos las elucubraciones sobre cómo la II República podría haber manejado y vencido la situación de crisis -"crisis", porque insisto, conociendo a mi propio país en que no sabemos poner la otra mejilla al recibir tortas, que la guerra no se originó de la noche a la mañana y porque a alguien, Franco al caso, le dió la gana. Es decir, lo que se estaría dando en esa elucubración sería el máximo delirio a que la moda del revisionismo político -tan detestable- nos está llevando. Retomar la II República allí donde esta quedó e intentar elucubrar sus caminos sin que se cruzará la guerra civil por medio, es pasar por alto algo más de cuarenta años de nuestra historia, también el 36. Sólo algunos nos atrevemos a no olvidar la ignominia ideológica que tiño de sangre nuestras calles y campos, y que rellenó nuestra tierra de fosas comunes en que ya nadie reconoce a nadie. Pero para no olvidar, es el espíritu de la transición -aunque sea discutible que nos haya traido una democracia verdadera, al menos lo intentó-, el que muy en cuenta tuvo toda esa historia, y no sólo hasta el 36. Muy en cuenta tuvo también a todas las víctimas, y no sólo a las de un bando; un espíritu que decidía que en una guerra no puede haber vencedores y vencidos, ni santos ni demonios... sólo un fracaso, pero de los graves, en nuestra convivencia. Y allí donde se convive, al menos conviven dos.
     
    Es de temer un presidente que sólo cuenta la historia de la República, que sólo a esta tiene en cuenta, que solo a esta protege y defiende y que, por ende, no sólo se olvida del resto de España, sino también de más de la mitad de su historia. Este presidente que sólo cuenta la historia de uno de sus abuelos y olvida el resto; y que aún del que se acuerda, recuerda lo que le interesa, que murió fusilado, pero calla que muriera perdonando.
     
    ¿Qué espíritu me empujaría a mí, si recuerdo que a mi abuelo, un simple carnicero -no militar en ningún bando-, lo encarcelaron los republicanos en Madrid simplemente por ir indocumentado por la calle Rios Rosas y topar con un control miliciano? ¿Qué espíritu me habría de empujar sabiendo que en los calabozos lo abandonaron junto a mucha otra gente, huyendo cuando entraron los nacionales en la ciudad? Yo soy hijo de mi tiempo y nieto del de mi abuelo, y me decanto por una transición que me tiene en cuenta a mi, a mi abuelo, y a los abuelos de toda España.
     
    Efectivamente, dice el señor presidente que no debemos confundir la amnistía con la amnesia, ni el perdón con el olvido. Pero cuando dice esta frase, nuestro presidente también está olvidando, porque sus bonitos ojos están enamorados de la republica tomando así la parte por el todo en historia de España. Esa frase con la que estoy tan de acuerdo, es generalizable, mientras que Rodríguez Zapatero la particulariza y hace exclusiva de su amada república, y por tanto, del resentimiento. O el presidente renuncia a su peculiar máquina del tiempo -o política del tiempo- o abandona la presidencia. Las dos cosas juntas son muy peligrosas.
     
    Hec
    April 25

    DE MONOS Y MUJERES

    No sé si es que el PSOE ha venido a este mundo a divertirnos en una especie de monólogo cómico continuo, o si les pagan por proyecto de ley sacado, por absurdo que sea, o si simplemente los sacan para que miremos, al caso, a los monos y no hacia Navarra -por poner un ejemplo, que también valdría Andalucía y no por la Feria. No bastaba con considerar en la ley "ley de género" sólo a las mujeres, o en el Estauto que Cataluña  sea nación; ahora los simios son seres humanos a los que hay que reconocer los derechos humanos, esto es, entre otras cosas, "la personalidad jurídica, derecho de recurso en los tribunales competentes, no podrán ser detenidos, presos o desterrados arbitrariamente, ser oídos públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal, presunción de inocencia, libre circulación y elección de residencia, asilo, derecho de nacionalidad, derecho a la propiedad individual y colectiva...", pero más me preocupan los artículos a paritr del 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, en los que tendrán derecho a libertad de pensamiento, conciencia y religión, a la libertad de opinión y expresión, a participar del gobierno del país -quizás sea esta la solución de España-, derecho a la seguridad social gratuita y a la educación para el desarrollo pleno y completo de la personalidad humana... y en fin, algo lo suficicentemente extravagante como para no tomarlo con seriedad o como para preocuparse más aún de los caminos que lleva nuestra política. Más bien parece que alguien se acostó habiendo terminado la novela de Pierre Boulle -más conocida la pelicula de mismo titulo El planeta de los simios- y se hubiera levantado, no ya concienciado de los Derechos de los animales -de lo que ya existe declaración para todo animal sin distinción y en la que nada impide que entre el hombre que también es animal-, sino asustado de lo que en el futuro, o en un universo paraleli, puediera depararnos una vuelta de tortilla. Quizás sea que después de no dejar otra más que reformar la Constitución y el diccionario de la R.A.L.E., ahora quieran reescribir a su gusto y con sus majaderías los Derechos Humanos, o los de los Animales, o andar discriminando entre ellos a la búsqueda de nuevos votos.

     

    Pero esto no es más que el extremo surrealista de algo grave: una política particularizada en minorías y grupos, algo muy "progre" y de una apariencia irresistible como para no incorporarlo al ideario individual, pero que en su cara más dramática no cumple sino el más viejo lema político y militar, el divide et impera. Que la sociedad sea mayoría general en las elecciones, que es cuando interesa para la lectura de los datos, pero para el resto del tiempo han de ser minorías divididas y de este modo, también gobernables -manipulables.

     

    Solo así se explica la propuesta del Ministerio de Educación, estrenándose la ministra Mercedes Cabrera con una de esas que no se olvidan, y aún más por parte de las mujeres. Resulta que para ella, gratificar con puntos extras las investigaciones universitarias que incluyan mujeres en su equipo no es discriminación positiva -o negativa, según se quiera mirar porque los varones también existen-, sino apoyo a los equipos que las incluyan. Las investigadoras, o los investigadores de sexo femenino, o como sea políticamente correcto llamar a estas personas según el diccionario del Gobierno, ya han puesto el grito en el cielo, porque no quieren convertirse en una cuota, sino simplemente entrar en los equipos de investigación en igualdad de condiciones; ellas no ven, como la ministra, que ser mujer es una ventaja a explotar, y que deberían ponerlo en el  curriculum vitae entre los méritos y no entre los datos personales. De hecho corre la sospecha que ella está donde está por ser mujer, para sustituir en el cargo a otra mujer, para ocupar un asiento reservado sólo para mujeres según los porcentajes del presidente y su gobierno de la paridad por porcentajes. Esto y lo de los monos, no es por nada, pero no anda muy distante. Sobretodo porque una vez más asistimos a juegos de palabras: derechos, humanos, animales, discrimación, apoyo, nación, realidad nacional, discapacitados, disminuidos... y el señor Otegui considerado mensajero de la paz en el País Vasco. Pero también porque lo de los monos se decide según el porcentaje de genes que compartimos, y así que los chimpancés les corresponden más derecho al compartir con el hombre 98,4% del genoma, 0,7% más con respecto a los gorilas y 2% respecto más de los orangutanes. Pobres de los ratones con quienes compartimos, según creo, el 90%. Los animales también forman cuota para el PSOE.

     

    Puestos a ver películas y a leer novelas, que le echen un vistazo a 1984 de Orwell y al Farenheit 451 de... sí, de Bradbury y no de Truffaut -este hizo la película-, en que uno de los principales recursos de la manipulación social está en el control del lenguaje, la reducción del diccionario y su uso ambigüo según las informaciones.

     

    Hec

     

    April 20

    EL PROBLEMA DE ESPAÑA (III PARTE: ESTADO SIN NACIÓN)

    Ya he dado cuenta en otras ocasiones de tres movimientos que, pareciendo o queriendo efrentar nuestro viejo problema, no hacen sino evitarlo. Aquellos tres eran el europeismo, el folklorismo -regionalismo- (blogs de 15 y 19 de octubre de 2005) y la reactualización de la historia (3 de diciembre de 2005). No me ocuparé ya de ellos, sino de su discusión, pues resultan ser las cuestiones de nación y estado, las primeras a plantear cuando de un problema como el nuestro tenemos entre manos: el problema de España como un problema de identidad.
     
    Nación, como tal, no puede concebirse sin Estado. La Nación, frente a lo que se discute, no es lo mismo que aquel, no es algo estático, no es un "estado de cosas", sino algo emergente, que de continuo nace. Nación como tal es el dinamismo que presenta diversos Estados en diversas épocas. El Estado, por tanto, es el "estado de cosas" que en ese dinamismo acontecen; mientras la Nación permanece con identidad, el Estado cambia. La Nación conserva su identidad sobre la construcción desde los distintos Estados, o dicho de otro modo, la dinámica nacional-identitaria lo es en virtud del pasar de un Estado a otro. Efectivamente a España le llamamos Nación y Estado, y dentro de su intrínseca relación como Nación española y como Estado español, sin embargo, no hablamos de lo mismo. Así entiendo yo la expresión "Estado de la Nación" y su debate: allí, supuestamente se debería hacer balance del Estado actual que presenta la Nación en su movimiento, en su continuo emerger. ¿Sobre qué seguimos construyendo? Este es el problema: siendo el Estado de cosas el que cambia, el que se mueve y promueve al amparo de un nacer y emerger que cobra identidad, ocurre que en ese viejo problema de España sólo poseemos un Estado de cosas cambiante en múltiples direcciones sin haberse ocupado de la Nación, del renacer sobre el Estado imperial que fue a los siguientes Estados. En España aconteció y acontece algo insólito: Estado y Nación quedaron desligados desde que aquel dejó en el pasado una identidad imperial sin saberse responsable de mover y promover una identidad nacional, una identidad de algo que nace, y sobretodo, renace de las cenizas del antiguo imperio. No somos una Nación sin Estado, sino al contrario, un Estado sin Nación. Los diferentes Estados, estáticos cada uno en su sucederse yendo de uno a otro, no encuentran una construcción unida, no se sienten diferentes Estados que aportan diferentes cosas en su sucederse a aquello que sostienen y con que, sin embargo se identifican. Por eso, los Estados que, por ejemplo, desde la transición española han ocurrido, siempre se han sentido como cura del enfermo Estado anterior: en lugar de pro-poner se dedican a contra-ponerse a lo ya ocurrido, a los otros Estados. Desde diferentes Estados se proponen diferentes versiones de lo que es España como Nación, es decir, se toma el Estado tal o cual como Nación, cuando solo es uno de los pasos que está da en su moverse. Un Estado de cosas no puede pretender definir la Nación, pues esta sólo se define en el sucederse de Estados y no en el estatismo de cada Estado por separado. Este es el caso del europeismo, regionalismo y reactualización. La Nación, empero, es un construir conjunto de diferentes Estados de cosas que aportan su grano de arena: lo construido es la identidad. En España se persigue, sin embargo, una identidad y contraposición ideológica de Estados: cada uno de ellos se identifica con los anteriores de su propia ideología por contraposición a la ideología contraria. A las claras, en España, que gane el PSOE o el PP unas elecciones, siempre es una vuelta al mismo Estado de cosas en que uno u otro gobernaron en el pasado, y siempre es un Estado contrapuesto -"en contra de"- al que gobernaron los del signo de la bancada de enfrente.
     
    Esto último identifica claramente el problema: encerrados en un sólo Estado de cosas cada vez, sin concebirlos como sucesivos de una construcción identitaria y por tanto nacional, sin verlos como una dinámica y un movimiento, nos encerramos en un estancamiento que sólo sabe mirar al pasado para buscar su justificación y reafirmarse a sí mismo. Es precisamente este hecho el que da razón de las dictaduras: que un Estado, en lugar de concebirse como durable, esto es con caducidad, y concatenado -ligado- a otros Estados, sin importar el signo político ni que sea este el regente durante una o más legislaturas o cambie con el paso del tiempo, se conciba como perdurable Estado de cosas, o lo que es lo mismo, como Estado ideal y perfecto. Entonces, ciertamente no queda otra que Estado y Nación queden identificados: la identidad sería precisamente una no emergencia de movimiento, un ya no necesitar renacer continuamente de cada Estado. Entonces sí, Nación y Estado serían sinónimos, intercambiables. Y el que no sienta identidad en ese Estado o en esa Nación, es un enemigo de la patria, cosa que, por supuesto, no decide él, sino aquellos garantes del Estado de cosas ideal y perfecto. De esto nos ocuparemos en un siguiente blog en que pasaremos a la cuestión de la nación, la patria y el nacionalismo. De momento bástenos haber visto el estancamiento del problema, la cuestión del Estado sin Nación, o un Estado que se considere a sí mismo como Nación, como identidad.
     
    Hec
    April 19

    AQUI NO PASA NADA

    Durante este último año hemos asistido a un presidente de gobierno que hacía suyo el proyecto nacionalista del estauto catalán, defendiéndolo en el parlamento, en las comisiones, medios de comunicación y pidiendo un "sí" rotundo en el próximo referendum catalán. El miedo mayúsculo de encontrarse con que el presidente del gobierno de la nación estuviera defendiendo planes y proyectos nacionalistas, de una región en concreto frente al resto del país, en ningún momento ha sido calmado. Al contrario, frente a esto, el resto del gobierno cerró filas en torno a su lider y el PSOE como partido respecto del gobierno -que por cierto, en España el partido y el gobierno, sea quien sea, siempre están identificados y no desligados. En definitiva, que los nacionalistas catalanes sólo escribieron el texto y tenían que dar el visto bueno a los cambios -único problema que han encontrado entre ellos. Lo que es la defensa del proyecto, de su proyecto, de su estatuto, ha sido cosa del gobierno y no de la generalidad catalana. Algo así como que el alumno aporte el lápiz y el papel, mientras que el profesor se ocupa de dar las respuestas y evaluarse a sí mismo. Luego la calificación se la lleva el alumno. ¿Cuál ha sido la calificación? En vez de sobresaliente, constitucional.
     
    En los últimos días el miedo, al menos en mi cuerpo, nos ha sobrecogido aún más. Nuestro presidente de gobierno, Jose Luis Rodríguez Zapatero, sale en defensa del alto al fuego de ETA por el asunto de las cartas extorsionadoras recibidas por empresarios navarros. Hasta aquí podíamos llegar, después de asisitir a un continuo juego de decir que nada pasa cuando es por todos intuido que algo pasa; después de estar observando que el gobierno se convierte, tanto con el asunto vasco como con el catalán, en el interlocutor y mediador con el resto de la sociedad española con el "no pasa nada". ¿Cómo puede salir en la radio -la SER, por cierto- el presidente del gobierno, defendiendo la realidad del alto al fuego etarra? Una vez más nuestro presidente está haciendo suyo y defendiendo un proyecto en el que a él sólo le corresponde un costado de la cuestión. Acaso tendría que ser ETA, la proclamadora del alto al fuego, la que defienda su autenticidad y no el presidente del gobierno. Sin emabrgo la imagen es que el presidente del gobierno se ha vuelto, como en el caso catalán, intermediario con el resto de la sociedad, teniendo que creer lo que él nos diga. Mientras tanto, intentando esquivar, como con el estatuto, los problemas que salgan al paso, con ese "no pasa nada", se suceden las noticias de relajamiento judicial por parte de la fiscalía y policial por parte de la Ertxanintxa, un más que probable acuertalamiento de la Guardia Civil, una cierta amnistia a la violencia callejera y una inmunidad diplomática a los partidos nacionalistas -por cierto, ¿alguien sabe en qué partido en concreto milita Oteguí, que tan pronto aparece con PCTV que con HB? Pero ya lo sabemos, aquí no pasa nada, aunque el presidente salga haciendo declaraciones que tendrían que hacer otros blandiendo la ikurriña o la señera. En fin, que habrá que saber como vivir con el miedo en el cuerpo.
     
    Hec
    April 10

    TELEVISION EN ENDOXAMIENTO Y RSS

    Endoxavisión es el aprovechamiento del powertoy de windows media como medio audiovisual, superando la mera reproducción de listas de música, vídeos músicales, conexión con emisiones on line de ambos y radios. De momento podéis ver el canal 24h de Televisión Española y consultar la programación en el link que bajo el powertoy he publicado. No es que me guste especialmente la televisión pública de la que es vox populi  la manipulación del partido político de turno -ya sea nacional o autonómica. Pero las cadenas privadas tampoco están exentas, ni aquí en España ni en el resto del planeta. Según pueda, intentaré engachar canales de noticias y documentales.
     
     
    También contamos a partir de hoy con el Canal RSS de El Mundo.es, donde encontraréis los principales titulares de la jornada. Buscadlo en la columna del Powertoy Windows Media.
    April 08

    MEMORIA HISTÓRICA

    El planteamiento políico, y sobretodo ideológico de España, es francamente preocupante. No es por crear alarmismo; es que el propio presidente del gobierno no hace sino urgar en la herida de los peores años, los más doctrinarios, propagandistas, panfletarios, sectarios y tiránicos políticamente hablando, de esta España nuestra. Los años más inestables; inestabilidad que llevó al país a uno de los mayores crímenes: a matar al vecino por ideología, en algunos casos, y en otros, simplemente para que no te matara a tí. Es lo que conocemos graciosamente como "guerra civil", donde "civil", no menta civilización ninguna, sino que es el pueblo el que a tortas esta, y, más aún, el que las recibe. Pues es ese ambiente de enfrentamiento y virulencia ideológica el que el presidente dice sustenta los valores de su propia política. La Segunda República es la que le avala, cabría decir, si seguimos al pie sus palabras.
     
    Personalmente no voy a adscribirme a ese discurso en que precisamente a la izquierda de entonces se le achacan muy serias responsabilidades con respecto a los siguientes acontecimientos; voy a obviar que lo republicano se convirtiera en republicanismo o la izquierda más radical en stalinismo; pasemos por alto los muertos, religiosos o no, de toda la temporada, los saqueos, violaciones y demás; olvidémonos incluso de que en el propio seno de la izquierda hubiera no ya enfrentamientos, sino crímenes. Hecho este esfuerzo, preguntémonos, ¿a santo de que nuestro presidente, sea quién sea, viene a recordarnos, convencernos y adoctrinarnos sobre un pasado que ni ha vivido, ni conoce, y del que han pasado unas cuantas lluvias? ¿Qué tendría que ver la España del 2006 con la España del primer tercio del s.XX si sólo nos fijamos en aquello que el presidente quiere que miremos? ¿Qué memoria histórica pretende fundar Rodríguez Zapatero por ley cuando en sus propias palabras establece uno de los más serios sesgos ideológicos respecto de nuestra historia más trágica, cuando es tendencial, intencional y manifiestamente sectario respecto de las interpretaciones de la historia? Algo así como lo ideológico, lo primero que pasa por alto es al pueblo para el que y desde el que se gobierna. Lo que Rodríguez Zapatero hace es jugar con la historia y la memoria de un pueblo, y por tanto, jugar con fuego. Y ya sabemos por un lado que el que con fuego juega, se quema; y por otro, que el que se olvida del tiempo en que vive, olvida el dónde, el cuándo y el a quén gobierna... o lo que es lo mismo, se vuelve dictatorial, en refrán, dime de qué presumes y te diré de que careces.
     
    Vamos, que si al PSOE y actual gobierno hay que aplaudirle por ser defensor de los valores de la Segunda República, después de setenta y cinco años, no menos habría que aplaudir a quien dijera defender los valores del Franquismo, que al caso viene a ser de la misma época pero del que nos separan tan sólo treinta. ¿O es que nos vamos a poner a discutir, no ya que hubiera vencidos y vencedores, sino que hubiera buenos y malos, santos y demonios? No es este el discurso que merece el pueblo, el que, como siempre, haya buenos y malos, no recibe nada más que palos de aquellos buenos y de aquellos malos. Ahora bien, para este presidente hacer memoria histórica es como el hacer juego del casino: siempre gana la banca cualquiera que sean las cartas. Para él la memoria "se hace" aquí y ahora, porque la historia es interpretable. Pero el pueblo no olvida.
     
    Hec