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April 29 RODRÍGUEZ ZAPATERO Y GAMONEDAConte, Arenillas, CNMV, Ibiza, Intermoney o ciempozuelos -por no mencionar los casos que tiene que ver con el Partido Popular como Andratx-, no son símbolo de la austeridad prometida por Rodríguez Zapatero ni de la pobreza exaltada en su carta a Gamoneda. Pero el presidente mira hacia otro lado, hacia el poeta, como siempre, para no mancharse mucho ante lo poco que queda para la vuelta a las urnas. Lleva ya un tiempo que no aparece más que para impartir lecciones en un mitin, o para elogiar la poesía amiga. Sin embargo, esa poesía amiga del Ferrocarril de Matallana no esconde el tren de vida al que la política española, desde hace años, ha decidido subirse. El mismo Gamoneda, en su discurso el día del galardón, consideró un disparate adjudicarle a la pobreza el patrimonio poético. Aunque parecía frase para la galería de nuestra época, más que nada por el resto del discurso, Rodríguez Zapatero no atendió y ha terminado por cometer el sinsentido de hacer dueña a la miseria del alumbramiento poético. Mientras tanto, medio país -¡el otro medio no las pide!- ha de conformarse con las "explicaciones" y querellas de la escolta política del presidente -López Garrido, José Blanco... -; es que Rodríguez Zapatero está muy ocupado escribiendo cartas a los poetas en domingo -publicada, además, en la prensa enemiga.
Gamoneda escribió su ahora presidencial poema, primero en los sesenta, y después recortado hace cuatro años. Rodríguez Zapatero se queda con la segunda versión. Bien habla de los campesinos viejos, los jóvenes mineros, del tren que se aleja y del estar dentro y fuera... pero no hay nada más sincero que los primeros versos y no los recortados y adecuados al tiempo. A los poemas hay que mirarlos de arriba abajo, sobretodo abajo, en los últimos versos de la concepción original de la composición:
España es también una tierra, Puede ser por esto por lo que Rodríguez Zapatero disfruta más del Ferrocarril de Gamoneda fechado en 2003 y no el de 1960, pues en el primero se han amputado estos versos que hablan de patria, país, tierra, hombres y justicia... y todo referido a España, la que ahora gobierna él y en la que también ha recortado tales palabras. Lo dicho, mientras esa España que es tierra de hombres, que es país y no sólo tierra, espera se le llame "patria" con el cumplimiento de la justicia, Rodríguez Zapatero, antes de atender a la obligación que el poema sugiere, vuelve la espalda y cierra los ojos para que todo pase rápido y nadie le señale con el dedo poético. El poema, en realidad, pide justicia social... sí, pero nada más justo hay para la sociedad que la ley sea igual para todos: lo que llamamos legalidad y algunos se la saltan por ser vos quien sois -bondad infinita-. A la pobreza nos encamina este presidente; a lo mejor para fabricar buenos poetas. Hec April 25 PATADAS AL DICCIONARIOSé que España anda muy revuelta, que tenemos la CNMV patas arriba entre dimisiones y corruptelas, que el "lehendakari" va exigiendo que el Parlamento en pleno pida perdón por "Gernika", que el trío terrorismo, gobierno y fiscalía traen en jaque al poder judicial, que las fuerzas de seguridad están quedando a la altura del betún, que andan cerca elecciones con lo que ayuda a enredar más la madeja... en fin, que las cosas de la política cada vez ensucian más ámbitos ajenos y enconan, aún más si cabe, posturas y vecinos. Pero hoy me quedo con los periódicos, con El País en concreto.
Todos nos enteramos ayer del insólito caso de un individuo que, en Badalona, decidió tomar la técnica del cartel a mano para publicitar su negociete de drogas. A lo llamativo del hecho se añaden las increíbles faltas de ortografía, el acompañarlo de un plano de la zona para localizarle y el desvelar el santo y seña para el intercambio del producto por dinero. Desde luego hay un gran componente cómico, que hizo dudar, incluso a los "Mossos", de la veracidad de aquello. Fue montar un dispositivo y encontrarse con que era cierto, a pesar de lo inconcebible de que alguien anuncie de forma tan popular algo ilegal y lo inusitado de la expresión escrita. Hasta aquí llega la gracia. No es divertido, sin embargo, que Marcos -porque hasta firmaba el papel- tenga tal grado de analfabetismo, se dedique a trapichear y entre su clientela cuenten menores de edad. Es importante delimitar la seriedad y la comicidad del hecho, de forma que en la tragicomedia no se anulen los elementos y nos quedemos sólo con la anécdota. Jesús García, que se ocupó de elaborar el reportaje sobre todo esto en la edición de ayer de El País, cayó en buscar la gracia hasta en lo grave, exprimir la noticia buscando provocar más risa de la que tiene, aprovechando todos los elementos únicamente para la comedia en detrimento de lo doloroso. El periodista hace hincapié en el analfabetismo y las faltas de ortografía citando todas las que considera necesarias, pareciendo que la intención tira más a ridiculizar que a informar. Llega a escribir:
"La nota está plagada de faltas de ortografía y de despropósitos lingüísticos. Son tantas las patadas al diccionario y a la gramática que, de hecho, parece más bien la parodia de un texto mal escrito."
El asunto no acaba aquí. Esta cualidad periodística de elevarse como juez ya la conocemos. Yo recomendaría a Jesús García aquello de: hay que ser ejemplar y además parecerlo. ¿Por qué? Porque Marcos tendrá la disculpa de ser analfabeto, pero a Jesús se le supone todo lo contrario, dedicándose al mundo de la comunicación y aún más si se trata de reirse de las carencias de otros en la materia del escribir. El reportaje tiene también sus sonadas patadas al diccionario hasta el punto de, no el parecer una parodia, sino el ser un texto realmente mal escrito. ¿"La hoja en cuestión es prolijo en detalles"? ¡A saber dónde ha quedado la concordancia entre el atributo y el sujeto! ¿"y pide recomienda no venir lo menore"?, puedo asegurar no haberme encontrado nunca tal formación verbal. "¿No en vano su casa (...) está situada muy cerca del instituto?", y yo me pregunto, ¿acaso es que quien construyó la casa lo hizo pensando en que Marcos se ubicara allí? A lo mejor es que es Marcos el que situó la casa. Porque, que yo sepa, la expresión "en vano" refiere a la eficacia o infructuosidad de la acción del verbo. Marcos, en todo caso la compraría, pero no la situó; y aún estaría por ver si se decidió por esa casa a razón del beneficio de tener un instituto de secundaria cerca para su negocio -tal y como están las cosas con la vivienda, me costaría creerlo. ¿"Para ello, el pie de página el autor añade un plano en los que aparecen dibujados tres bloques de pisos."? Esta es de premio, sin duda; falta, o bien la preposición "en" o la preposición "a" que se contraiga con el artículo (en el pie de página/al pie de página). Además, el pronombre "los" es incorrecto en tanto en cuanto se trata de una subordinación adjetiva y por tanto refiere al antecedente "un plano"; de este modo, "en el que" sería correcto, así como "en el cual". Aunque quisiera refererirse a los tres bloques dibujados, seguiría faltando el relativo y el pronombre "los" asumiría la función determinativa de "tres bloques". Posibilidades: "añade un plano en el que/en el cual aparecen dibujados los tres bloques de pisos". ¿""Vale 20 uros una barrita", apunta el texto. "Ta bíen ". Marcos mostraba así su satisfacción por la excelente relación entre el precio y la calidad de su costo."? Hombre, digo yo que siendo Marcos el que lo vende, estará satisfecho del precio que él mismo pone. Quizás lo que pretende transmitir no sea "su satisfacción", sino una ajustada relación entre el precio y la calidad que satisfará al comprador. ¿"los agentes comprobaron 12 transacciones en una tarde. Algunas, con menores."? A mí me sobra la coma que sigue a "algunas" porque no tiene sentido una pausa ahí; quizás si se quiere dar un sentido reflexivo o intrigante, unos puntos suspensivos irían mejor. Además, es preferente el uso en letras del determinante numeral cardinal "doce". Y para terminar, ¿"Como la "barrita" va a 20 "uros" la unidad, eso significa que Marcos se hizo 240 euros de caja en unas horas, 240 euros."? Considero que si se está citando la incorrección de Marcos, no sólo "barrita" o "uros" deberían entrecomillarse, sino también la expresión "va a 20"; nada que decir respecto de la repetición de la cantidad de dinero únicamente separada por una coma y sin admiraciones, o el uso del pronombre "se" enfático junto al verbo "hacer" para el vulgarismo en el sentido de "ganar dinero", pues "hacer caja" como tal, es cuadrar el balance de la jornada. Quizás "se hizo con 240 euros de caja", en el sentido de "conseguir" o "lograr" con uso pronominal del "se".
En fin, aunque no soy un académico y sé que caigo continuamente en vulgarismos, errores, me inventó palabras... al menos no ridiculizo el "analfabetismo" de las personas como Marcos haciendo leña del árbol caído y viendo la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Y todavía menos si dedicase mi oficio, precisamente a escribir. Los analfabetos necesitan aprender; pero hay quien se cree orgullosa y equivocadamente alfabetizado -cultivado- ante aquellos, y necesita que le bajen de las nubes. Jesús García, mal periodista y mala redacción. Entre ambos, ¿Quién da la patada mortal al diccionario y a la lengua?
Hec April 24 EL CERVANTES, SAN JORGE Y EL DIA DEL LIBROLos veintitrés de cada mes de abril se celebra el día del libro, por la supuesta muerte de grandes literatos -Cervantes, Shakespeare, Garcilaso- y nacimiento de otros -Nabokov o José Plá-, se entrega el premio Cervantes y es el día de San Jorge -en medio mundo-, fundiéndose eventos entre libros, rosas y "Moros y cristianos". Lo de San Jorge no deja de ser curioso, tan entremezclado en leyendas y hechos, como héroe y patrón de los caballeros. Que si salvando princesas de dragones, que si mártir del cristianismo, que si protector de los cruzados y templarios... y de esto último no se evita su uso masónico como patrón, símbolo heráldico, personaje hermético, por aquello de la cruz roja sobre el fondo blanco. Y emulando al santo, ¡cuántos se lanzan heroicamente, a morir como mártires, contra el dragón de los iletrados y en defensa de la princesa cultura! Pero no nos confundamos, que lo hacen por lo de convertirse en grandes venerados que a menudo, el resto del año, o hasta la próxima fecha y hora, desaparecen secretamente del panorama. Llega a parecer increíble lo que pueda decirse y hacerse en días como este por ese palabro de "cultura" -muy desligado de "tradición"-, sin percibir que intentar cultivar un sólo día al año condena a la pérdida absoluta de la cosecha. Lea usted cualquier libro, regale usted cualquiera, acuda a la tertulia programada de los egocéntricos. Es que ni siquiera esto es cultivar. Pero es que el cultivo es algo tan excesivamente personal que ir a ver y escuhar la palabrería de otros, o a rebuscar entre baldas y puestos a por la ganga, no son -no pueden ser- suficientes. Trasunto demasiado íntimo, tan dependiente de los propios criterios -los que primeramente han de ser labrados y roturados, y que sin embargo vienen al mundo y andan infinitamente en barbecho-, que en realidad no tendría que hacer falta este acto social de la internacionalización del libro en abril. Así tiene que ser en una sociedad en que lo más rudimentario de la lectura es el objetivo principal: abrir el libro. O peor aún: tener libro.
Sobre el tener y no tener habló Gamoneda, el galardonado cervantino de este año. Poeta apartado de esa moda de lo generacional -y sistema generacional orteguiano-, de los grupos poéticos... tanto como para haber pasado desapercibido hasta 1987 para la literatura -cuando publicó una antología titulada, creo, Edad. Desconocido para el público general hasta este año, y para mí hasta 2003, cuando me regalaron una antología poética del s.XX -antes de una segunda antología de este poeta, una suma de título Esta luz. Poesía reunida. Y después de ello, he leído poco, acaso los sonetos del Prometeo en la frontera de Sublevación inmóvil (1960), quizás porque tengo tendencia a gustar de las primeras composiciones de los poetas -lo mismo me ocurrió con Blas de Otero o José Hierro-, probablemente las más vivas e imprudentes, intuitivas y sinceras, y no tanto las "maduras" y curtidas. Y tiene suerte Gamoneda de ser reconocido ahora y no antes, tan tarde y no tan pronto, en edades en que otros varaban olvidados hasta que murieron y sus obras volvieron a lucirse en la cabecera de las librerías. Digo también aparte que es curioso se premie en el día de San Jorge a un hombre sobre el que vuela toda una rumorología -al menos para mí es rumor- sobre su presidencia de logias masónicas. Una curiosidad anecdotaria, añadida, para poder ejercitar ese derecho a la polémica y la crítica marujil que albergamos, todo español, en nuestro espíritu. A la hora de la venta, sea por la curiosidad literaria de descubir a un desconocido, sea por la morbosa curiosidad polémica, Gamoneda tiene asegurado un porcentaje de compras, como todo premio Cervantes -hay que conceder y ganar premios para ser comprado, aunque quizás no leído.
El discurso del poeta, con los vítores vacíos de Rodríguez Zapatero -también asociado famliarmente por la rumorología a la misma logia leonesa- o la Ministra de Cultura -que no sé si se ha enterado bien de lo dicho allí-, casi biográfico, incidió en aquello de la "cultura de la pobreza" como espuela de una poética. Espuela y no el caballo entero con sus riendas y demás. Él mismo reconoce que sería un dislate adjudicar a la pobreza tal fundación, aunque no puede evitar ensalzar el carácter subversivo de un lenguaje que provenga de tal cultura sobre un lenguaje "normalizado" y meramente solidario con la pobreza de los que no la han sufrido. Una defensa del lenguaje ocasionalmente oscuro, hermético, que viene a hablar de la intuición de lo desconocido, lejos de la reflexión o la literatura. Es más, la poética como tal no pertenece a la literatura ni al pensamiento reflexivo para Gamoneda. Hasta aquí, sin entrar con lupa -que obligaría un estudio mayor de lo que aquí pretendo hacer- podría estar de acuerdo, excepto en el avalar el oscurantismo. Además Gamoneda sostiene la poética como crear lo que no existe y realizar lo irreal, punto que tampoco comparto.
Acaso a la pobreza sí puede añadírsele un compañero de viaje como el "no saber", la lejanía del pobre respecto del conocimiento libresco y académico, tan accesible al bolsillo acomodado; o en lectura positiva, el "saber" intuitivo y solitario, carente de guía-sabio. Trae a colación a Cervantes mismo, a San Juan de la Cruz o a Garcilaso. También lo empleó para distanciarse de sus coetáneos, embarcados en su momento en ese "realismo social" -convencional, dice el poeta- que tenemos que enseñar los profesores en las aulas. Y dice "convencional", según entiendo, porque toda poética, hasta la irremediablemente subjetiva, es, en último término, social. Lo último tampoco lo acepto, entre otras cosas porque lo social puede caer en lo convencional con extremada facilidad. La tendencia última es acaso real, tocar el mundo de todos desde la porpia e inevitable intimidad, razón por la que me niego también a lo anteriormente dicho sobre lo irreal y la creación de lo que no existe. Nadie, tan siquiera el poeta, puede arrogarse el titulo de creador ex nihilo. Pero en fin, es un discurso. Tendríamos que ir a los ensayos para debatir.
Para terminar, valga otra anécdota: a la misma edad que Gamoneda recibe el Cervantes -setenta y seis años-, muere el "borracho del tanque" que desbancó a Gorbachov -el de la "mancha", igualmente quijotesco-, Boris Yeltsin, artífice de la disolución de golpe de la URSS, metido en las épocas más crudas del problema en Chechenia y rodeado de crisis económicas, aumento de poder de las mafias rusas y la corrupción. Curiosidades y sorpresas del día del libro.
Hec April 22 MICROFONOS DE OROParecían el punto y la i. Del Olmo tan largo como es con la cabeza gacha y circunspecto, y Losantos tan pequeño y la cabeza bien alta. El primero no sabía dónde meterse, si bajarse como prometió del escenario, si cortar el "mitin" que el segundo dió. De hecho se atrevió a recordarles a todos los premiados la necesidad de premura en las intervenciones, menos con Federico, aunque hizo ademán de ir un par de veces. La distancia física en el escenario que mantuvo Del Olmo representaba la distancia real entre uno y otro comunicador. Losantos se acercaba y Del Olmo se separaba; un cruce de manos corriendo el aire... Pero quien piense que Losantos estaba inusualmente conciliador, anda muy equivocado. No fue conciliador recordar cuando colaboraron juntos, en la persona de Alberto Closas; no había más que mirar el rostro de Luis. Aquel "Reuerdas Luis", tan irónico, volviendo los ojos hacia quien ni se dignaba a mirarle, no era fraternal. Tampoco el comparar los años que lleva en la radio con la edad de Izaguirre. Quizás sea que esta vez no vociferó, y por ello nadie le reconocía. Sin embargo, los que escuchamos su programa por la mañana -y de ello no me tengo que defender, porque no hay nada como un parte de guerra para abrir los ojos como platos y que salten las legañas- sabemos bien del sarcasmo sutil que gasta Jiménez Losantos. No por otra cosa que aprovechara la ocasion para defender la casa donde habita reprochando a Izaguirre sus palabras. Y en cierto modo tiene razón, no es democrático querer cerrar una emisora o tapar sus bocas, hacer listas negras y demás. Si así fuera no sólo la COPE tendría que ser censurada, de querer ser justos, aunque no vestiríamos el modismo de la democracia.
Escuché durante mucho tiempo el espacio de Del Olmo que reunía, en Onda Cero, a Tip, Coll, Usía, Mingote, Ozores, Giménez Arnau... incluso el día que Norma Duval le tiró un zapato a este último. No es justo Losantos cuando frivoliza la talla de Del Olmo diciendo que sólo tiene un oyente y le acusa de podredumbre radiofónica. Tampoco Del Olmo al compararle con Queipo de Llano. Así están las cosas de lado a lado del dial. Pero es que la gente piensa que escuchar a unos o a otros nos hará más o menos idiotas, como si el tener sintonizada tal o cual frecuencia supusiera estar admitiendo esta o aquella doctrina. Eso ocurre sí, pero acusa la mediocridad del radioyente que en lugar de formarse opinión la calca de lo que oye. Desde el momento en que en las ondas no están separadas la información de la opinión o el sesgo, el oyente está en riesgo de caer en la medianía. El problema señala a los dos costados del micrófono: una población sin criterio -que consideran criterio el elegir una radio, no el discriminar lo que escuchan en la que sea-, y unos comunicadores irrespetuosos con la información y la noticia. Pero, por encima de todo está la diferencia entre que nos quieran convencer y que nos dejemos convencer. Obviar lo último es convertirnos en un trozo de carne programable, supone tener al español medio como una mera caja de resonancia, y es precisamente lo que se emplea para criticar tal o cual emisión. ¿Quién sale peor parado de una crítica así? Pienso que cuando los comunicadores llegan a insultarse con epicentro en esa cuestión, a quien insultan completamente es al radioyente como un incompetente en lo que al uso de sus orejas refiere y al funcionamiento del cerebro procesando todo ese ruido de palabras. Claro está que, en la gran mayoría de casos, no de otra forma que como rebaño se comportan, al modo de adeptos y seguidores de un lider.
En este sentido, que las voces de la radio y la televisión se reúnan en Ponferrada -pueblo de Del Olmo- para darse premios entre ellos, aún cuando existan chispas y cortocircuitos -faltó Buenafuente, que se ha cubierto de gloria-, es una humorada y una burla absoluta de narcisismo corporativista. Pero se sabe, donde el gusto falta, nada valen el oro y la plata.
Hec April 19 VIDA LITERARIAEs muy difícil mantenerse al tanto de la realidad literaria actual, tan perdida entre géneros y subgéneros y comercialismo de todo tipo. No se entienda que la literatura no sea comercial, pues una buena obra, sin duda, tendrá sus ventas. No hablo de una literatura subterranea y escondida, snob. El problema más bien es que al venderse de todo, la literatura no clásica, no encumbrada -esta la ponen a parte en las librerías- se entremezcla en un barullo en que es imposible reconocerla de un primer vistazo. Hay que tragarse verdaderos bodrios hasta dar con alguna; y siempre nos perseguirá la sospecha de que esta última con que se da pudiéramos estar considerándola decente simplemente por comparación con el vertedero, como al dar con una moneda en la bolsa de la basura, que siempre parece de mayor valor. Además, el trajín editorial y su volumen, creciendo a mayor velocidad que la posibilidad de la lectura reposada y digerida, impide seguir el curso y nos condena a ir siempre por detrás, descubirendo las monedas de quizás hace algunos años. La múltiplicación por mil de las obras que salen al año, es la multiplicación de autores -de todo lugar del planeta... pero todavía nadie ha dado con la fórmula que conjugue aquello con el único lector. Nunca se ha podido leer todo, ¡grande locura será pensar lo contrario!, pero tratar de leer verdaderas obras no es desvarío, sino una lucha frente a un muro de tapas de cartón con títulos y nombres, buscando descifrar qué leer y qué no. Esta labor improba, injusta con el pobre lector, genera lectores muy pobres. Recordemos que los últimos lemas que pretenden "cultivar" a la ciudadanía sólo hablan del leer y no del "qué", como si lo que se lee ya diera exactamente igual. Podríamos pensar que es consecuencia directa del ser indiferente también lo que se escriba. Pensémoslo bien, ¿cuántos libros de categoría puede escribir un hombre? Desconozco la respuesta, pero la práctica habitual de haber convertido el escribir en oficio del que vivir -y muchos con holgura- lo que consigue es almacenar creaciones por las que se paga un sueldo. Téngase en cuenta que nadie rinde al cien por cien todos los días en su puesto de trabajo, y las pocas ganas que muchas veces le ponemos, y entenderemos la proliferación de esa "novela aséptica", de esa labor desganada y escasa de valor. De alguna manera los autores se han vuelto asalariados de las editoriales, un empleado más, y su creación en un trabajo que basta con que tenga un "pase".
No importa qué se escriba, y por tanto, tampoco qué se lea. Muchas de las novelas que oigo existen, sólo se juzgan por el contenido -la aventura de turno, la trama o el final sorprendente- habiéndose pérdido el estilo, las formas, la perspectiva, la intención, la personalidad. Basta un esquema, un esqueleto en que poner la carne. De la novela queda, tan sólo, el argumento, que cae tanto en el saco de la repetición por efecto del esquema prefabricado, que, en cierto modo, ya también parece menospreciarse. Al fin y al cabo, es la maniobra del marketing: el público no va a fijarse en nada más, desde luego.
Le eche un ojo a la de Ruíz Zafón, La sombra del viento, sobretodo por la curiosidad de ser uno de los títulos que ha llegado con el "boca a boca"; la crítica y medios se hicieron eco muy posteriormente a lo lectores. Puede que esta se salve, por lo llamativo de la combinación narrativa que alberga, aunque persiste en la intriga, el suspense y misterio tan de hoy. El propio Zafón la defiende como una vuelta a la novela clásica, aunque contiene una fuerte carga cinematográfica -comprensible siendo el autor guionista. No han tardado los lucientes directores de cine en apostar por adaptarla. Este es el otro gran escollo con que se encuentra la literatura, por el que hay títulos que se tiran a la calle con la idea de llevarlos ya a la gran pantalla; no es raro que se haya llegado al efecto contrario y venga el libro después de la película estrenada.
¿Qué nos queda por España de literatura? Se gritarán los nombres de viejas glorias y no tan viejas -Semprún, Gala, Muñoz Molina, Goytisolo, Regás, Lindo...- glorias aburguesadas y monotemáticas, perdidas ya en la madeja de la columna periodística, viviendo del nombre y enfrentando sus propios fantasmas. ¿Javier Marías o Felix de Azúa? El primero no parece que se haya ganado al público, y el segundo anda de politiqueos. ¿Pau Janer? Ni mencionarla -y no soy idolatra de Marsé-, pero este producto del Planeta disfruta la vida literaria y gusta de estar, más que en la cresta de la ola, en el ojo del huracán, prefiere el "que hablen de mí" -¡si hasta se presenta en listas del Partido Popular aunque los va poniendo a caldo!- y de la foto. El teatro o la poesía están prácticamente desaparecidos entre musicales, monólogos y la prosa lírica que barre con los últimos coletazos de lo poético.
En el panorama general nos hemos decantado por la intriga o hemos tirado por la siempre abierta línea del realismo y la denuncia hasta que de nuevo la agotemos. Algo hay de novela histórica, aunque cuando toca el s.XX se vuelve revisionista -como la época. Recopilaciones de artículos, relato corto... todo, en realidad, caracterizado por un saco de individualidades muy poco individuales.
Salvo en esto, como es lógico, a los amigos y conocidos, los que no estamos en las portadas, metemos nuestro grano de arena en el vertedero literario actual y sacamos las manos manchadas de la guarrería del montón. No estamos en la cima de la maloliente montaña, sino por en medio o por debajo: se nos ve menos, casi nada; olemos poco. Confíamos en que no se nos quede el edor pegado a las páginas, aunque nunca estamos libres del riesgo. Y nos hemos ido lejos, a la poesía, al ensayo y al teatro, donde aún quizás se pueda hacer algo, o por lo menos nos dejen ser quienes aniquilemos también estos géneros. ¡O literatura o nada!
Hec April 18 LA CUESTION EDUCATIVA: LA GARANTIA DEL DERECHOLa rumorología, esa gran fuente de conocimiento incierto, lo venía aivsando. Presentado ayer el proyecto de Real Decreto de enseñanzas mínimas y estructura del Bachillerato que desarrolla LOE, quedaba confirmado el desbarajuste y la incongruencia entre legislación y realidad. Se sigue en la misma línea que denuncié en diciembre en otros dos artículos, permitiendo la promoción de alumnos con más asignaturas pendientes de las recomendables, ahora ampliadas hasta la mitad del curso, inventándose asignaturas a las que no proporcionan contenidos firmes sino castillos en el aire sobre valores y ciudadanía, e incluso, como herramienta para tratar junto a la promoción con la mitad del curso suspenso, el redondear las calificaciones del alumnado sobre los números naturales siguiendo, además, la postura de una "teoría de números" donde no se reconoce el cero. Es decir, ni ceros ni decimales -no digamos las calificaciones negativas, esto es, el error no descuenta. Se intenta defender de cualquier manera con argumentos positivos: que si ahondar y afianzar los contenidos aprendidos, que si para no desmoralizar con la repetición... aunque la verdadera razón sea el cada vez más evidente fracaso en la acumulación de alumnos dentro de las aulas del bachillerato y la necesidad de evacuar chavales con ese "curso puente" o "curso fantasma". ¡Menos mal que no han decicidio el aprobado general para los repetidores!. Tiempo al tiempo. Eso sí, mucha educación en valores con el sucedáneo de la "Filosofía y ciudadanía", palabreja la última que les ha dado por meter con calzador dentro de los currículos, primero en secundaria y después en el bachillerato.
Pero esto son cuestiones menores que no hacen sino cavar aún más hondo la tumba educativa de las jóvenes generaciones. Porque el Estado tiene la obligación de garantizar el derecho a la educación, y asegurar una calidad en esta con cuerpos de profesorado, metodologías y dotaciones a la altura de las circunstancias, y no el garantizar el aprobado y el título de graduado y bachillerato, asunto que cae ya en la responsabilidad de Centros, padres y alumnos -sobretodo en los últimos. Pero parece que se quiere seguir midiendo la calidad de la educación por los resultados obtenidos: si se suspende y repite mucho, la calidad es mala. Es decir, se persiste en un intervencionismo en la labor del profesorado y de los Centros al limitar considerablemente la capacidad de decicisión sobre la evaluación del rendimiento del alumnado para "arreglar" las cifras y porcentajes. También se sigue descargando al estudiante de aquello que ahora se pone a las espaldas de los profesores, así como inventando fórmulas-parche que sirvan para poner "buena cara" al "mal tiempo" de la haraganería, el absentismo, la irresponsabilidad que anidan y eclosionan en la puesta de huevas de cada decreto y ley. Una legislación caótica, en que es de infarto tratar de averiguar lo vigente y derogado, y que afecta directamente a esa tan manida "calidad de la educación" creando una absoluta desorientación. Y todo esto en unos estudios como los de bachillerato, no obligatorios, y donde quizás fuera más responsable empezar a poner aparte al holgazán que ocupa un hueco en la escuela, y al profesor indiferente que tiene puesto, y cederlos a otros que podrían aprovechar esa "garantía del derecho" así como a los que están dispuestos a asumir la labor docente y sus consecuencias. Lo que, desde luego, es difícil de asumir son las consecuencias de este sistema educativo y de esta legislación absurda que vende el futuro al precio de una sonrisa irónica que mira hacia otro lado mientras se hunden las naves.
Hec April 16 LOS "CASI TODOS" NO VAMOS MUY BIENNuestro presidente, el de nuestro país -España, por si acaso-, Rodríguez Zapatero, ha optado en los últimos meses por salir poco, hablar poco, quizás en mitines, escondido detrás de ese otro que habla tanto y reponde a todo, el señor Blanco, y de la señora vicepresidenta De la Vega, o de aquel antiguo Rubalcaba y de López Garrido. Estos nombres son los que veo y oigo responder a la oposición, amen del ejército mediático de ambos lados del hemiciclo. El presidente anda ocupando su agenda de actos en que no vaya a encontrar réplica directa, porque son actos de segunda fila, de alfombra roja y glamour. A lo mejor es por esto que la gente se va a los mitines a reprocharle las cosas bandera del Sahara en mano. Cuando aparece en uno de esos actos sólo es para decirnos, entre conjunción y conjunción, que vamos muy bien, perdiendo, como le ocurre a todo político, la oportunidad de callar. ¿Y de qué me sonará a mi esto del "muy bien"? Haciendo memoria -no histórica, por supuesto- ya hubo para quien "España va bien", sólo que ahora no se puede decir "España". "Vamos bien", pero no se sabe quiénes vamos, si todos, si unos pocos, o si casi ninguno.
El presidente Rodríguez Zapatero nos dice que la situación económica es la mejor de toda la democracia -aunque dice no querer ser triunfalista, ¡Dios le libre!-, y también tendremos que preguntar para quién. ¿Quién va bien? ¿para quién es la mejor situación económica? Las preguntas se acumulan, desde luego, cuando habla, lo haga poco o mucho -más aún cuando calla. No sé los demás, pero ni mi economía, ni la de mi vecino que el otro día me la contaba indiscretamente en el ascensor, van bien ni son las mejores. Mis compañeros de trabajo tampoco están como para tirar cohetes. A los que conozco de mi generación, hacen cola para jugar a la lotería de los pisos de protección oficial -esas mansiones que son hasta de cuarenta metros cuadrados-; sus padres hacen extraordinarios ejercicios con la calculadora para llegar a fin de mes y haber comido y pagado todo -que no, siempre queda algún recibo suelto que se suma al mes siguiente- y los pensionistas procuran no moverse mucho para no meterse en los números rojos -gracias al cielo tienen la oferta del cine a un euro, el que les subieron, como gran noticia, a la retribución que les llega. Para todos estos, ni la cosa económica va bien ni es la mejor situación. A lo mejor es que hacemos gastos innecesarios, como el café de la mañana, el periódico -yo en esto me salvo-, ir al cine de vez en cuando -no a un euro-... Hay gente, sí, que irresponsablemente practica tales excesos y luego se queja de que no le llega el sueldo, montados en un flamante automóvil que todavía no saben cómo pagarán, pero aún no es la norma general. Será norma general cuando digamos aquello de "de perdidos al río" y nos traigan al pairo las deudas que ni ahorrando hubieramos podido pagar. Dicen que el truco no es vivir por encima de nuestras posibilidades, donde el problema es que las posibilidades empiecen a tocar los mínimos.
Quizás vayan bien los bancos, los que te cobran por mover cada euro de tu cuenta, sobrepasar el saldo medio, por domiciliar -hay que ver que caro sale teclear en el ordenador- o simplemente por no haber gastado y tener la cuenta inmóvil durante cierto tiempo -cosa impensable, pero que hasta los bancos tienen calculado. A lo mejor son las inmobiliarias y las constructoras, los que a la hora de la comida se toman el licorcito con el del banco. Puede que esas manos invisibles que están entre el agricultor, el pescador o el ganadero y la bolsa de la compra, el que intermediando se lleva un poquito de cada lado a cada bolsillo. A lo mejor nuestros amigos de la SGAE, que a golpe de canon ya castigan incluso previamente a la comisión de delito alguno en los discos compactos vírgenes -acaso que lo impongan también sobre el paquete de quinientos folios, a ver si voy a piratear una novela a mano. ¿Y el Estado? pues no sé si les va bien entre las multas y los impuestos que nos enroscan al cuello cada día y año respectivamente.
Lo que se dice bien y lo que se dice los del mundo terrenal y del día a día, los casi todos, no vamos bien. El dinero según llega, se marcha sin que lo hayamos olido, sin que tengamos una sensación real de haberlo gastado. Es asunto de la diferencia entre la subida de precios y el estatismo de sueldos -estos no los redondearon con el euro, se calcularon hasta los decimales exactos. Cuando uno se acerca a mirar el saldo de su cuenta en el nuevo mes, ya tiene algún "cargo cuenta" y "transferencia" de algún pago con su correspondiente comisión restada una línea más abajo. Cuando delante del cajero sacamos un billete de los de cincuenta -lo mínimo indispensable-, sabe que este no terminará el día en la cartera. No, no vamos bien. ¿Y España? ¡A saber!
Hec April 14 DOCU-MENTALESSeré un español sincero. No soy aficionado a los programas documentales del segundo canal de Televisión Española. Cuando era estudiante solo me quedaba despierto, después de la comida, al ver a los leones o a los tiburones cazar; el sopor me atacaba viendo aquellos otros sobre la organización social de las hormigas o el cortejo sexual del gorrión. Pero no son los únicos documentales estos de la flora y fauna del planeta, que ya no puedo emplear para adormirme en la siesta al haber dejado de ser estudiante. A las noches también se emiten reportajes a los que, alguna vez, les echo el ojo si el aburrimiento de quedarme sin nada que hacer me lleva a tumbarme en el sofá, mando a distancia bajo el dedo que gobierna -generalmente el gordo, aunque en su ausencia el índice sube de rango. Y llevo una temporada percibiendo que la tal programación nocturna es casi monotemática, aunque pudiera ser la casualidad de coincidir. Ayer, por ejemplo, estuvieron emitiendo uno sobre el PCE; otros días me he encontrado con documentales sobre trabajadores y obreros, sobre sindicatos, sobre la República, sobre la Guerra Civil... en fin, sobre lo mismo o temas que rodean siempre lo mismo. Ya lo he dicho otras veces, las televisines y medios de comunicación -escritos y radiofónicos- huelen de lejos a propaganda, a sesgo, a información filtrada o fabricada, a opinión apretada; por igual en lo público que en lo privado -abierto o de pago. Pero esto se sabe de informativos y debates; sin embargo, el diseño de la "parrilla de programación" también está pensado doctrinariamente, hundiendo las zarpas de lo ideológico incluso en un género, el documental y el reportaje, que siempre ha estado más cerca de lo cultural que de lo meramente informativo. Se emite en función de la ideología sobre determinados temas y desde determinadas posturas, quizás para justificar ese hecho tan lamentable de querer levantar toda la tierra de España a la búsqueda de esqueletos, muertos, asesinados, de la Guerra Civil; quizás para embelesar las mentes con la sospechosa necesidad de la "memoria histórica", que no sólo exhuma cadáveres, sino que resucita enemigos para seguir la contienda.
¿Qué le interesa más a Rodríguez Zapatero: dar santo entierro a los injustamente asesinados o que Franco haga acto de presencia para dar razón de su misión de gobierno? Es vieja la estrategia política de crear un enemigo -real o inventado-, odiado y temido por la mayoría, o recrearlo, para sustentar una razón de ser de partido; aprovechar todos los medios públicos y privados al alcance para dar forma y, aún más, vida a un demonio muerto -lo que se dice reavivar fantasmas del pasado- para ideologizar en el hoy presente y vivo con un discurso que no se adecua al tiempo; y lo más deleznable de todo, usar de la imprecisión de la historia -y de la intrahistoria del pueblo-, llena de lagunas y olvidos en el caos de sucesos particulares, a pesar de su rango científico, para revisar, cuestionar y reinterpretar al gusto, para acusar a la sociedad de "amnesia" intecionada y bombardear la conciencia sin presuposición de inocencia. Para todo ello sirven también estas emisiones documentales revisionistas, nuevas o sacadas del fondo de la videoteca. Así, el vocabulario ya ha sido recuperado, los muertos, los símbolos y las líneas ideológicas también; los gestos, las cancioncitas; los lugares geográficos señalados en los mapas y la historia desde este o aquel ángulo en tal y cual pueblo... Una alumna mía, peruana creo, me expresaba su desagrado porque en las librerías, los títulos anunciaban toda una recuperación que, lejos de histórica, es ideológica y aviva llamas de ira. Me preguntaba, ¿a qué abrir fosas comunes? Yo le respondí que no sólo las comunes -la de Franco es muy poco común-; pero, sobretodo, que respecto a las del pueblo no lo tenía muy claro: no sé si para desenterrar, o para seguir enterrando.
Hec April 10 CUALQUIER LUGAR, CUALQUIER DIA (DE IGNACIO PAJÓN LEYRA)Se lo tenía prometido y no podía faltar a la cita con la siguiente obra de Pajón Leyra publicada por Asociación de Autores de Teatro EN 2006. Y se publica con la colaboración de otros dos grandes amigos, Concha López y Antonio Albiol, que anteponen como cortejo sus palabras a modo de prólogo e introducción. Concha reivindica el renacimiento de la vanguardia crítica teatral, aprovechando la conjución que sostiene entre la palabra, como vehículo del pensamiento, y el cuerpo, como expresión de emociones y sentimientos. Es preciso la recuperación y la conjugación del doble aspecto expresivo del género drámatico y no contentarse con haber descubierto el cuerpo por encima de la palabra, asunto de vanguardias anteriores. Un teatro no varado en la provocación, el ornamento y simple entretenimiento, al que nos han acostumbrado en los últimos años con raras excepciones, sino con el grito en la garganta para educar desde el arte. Ejemplo es, para Concha, Pajón Leyra, no como drama intelectualista, sino en la doble articulación crítico-emocional, palabra y cuerpo y representación-reflexión. Traigo aquí a Unamuno y su De vuelta del teatro, pidiendo un teatro:
en que lo que se ve ayude y sirva a lo que se oye, pero no lo desfigure ni oscurezca:
Y tiene razón Antonio Albiol; en esta nueva de Pajón Leyra hay que empezar por desgranar el título, tan inconcreto como exacto: Cualquier lugar, cualquier día. ¿Inconcreto y exacto? Pues sí, así es, porque ese "cualquier" tan indeterminado es, por ello mismo, exacto: en el él se guarece el espacio de reflexión, el espacio que queda en la sala si no contamos el escenario, el que recorre la representación hasta el público o el libro hasta el cráneo. Digo esto último porque yo, como Unamuno, voy poco al teatro -una o dos veces al año cuando la ocasión lo merece-, y, por tal, conozco la obra de Pajón Leyra más por la lectura. Encuentro más creativa la lectura sin imposición de actores y directores, y en estos tiempos, más barato -y eso que sus obras son regalo personal. Aparte de ello, sé que existen una representación, unas tablas y un público -un cuerpo-, y que el público ha de unirse de algún modo con lo que ante él ocurre, pues forma parte del teatro. Bien pudiera ser doctrina, es decir, teatro de respuestas y posiciones programadas de antemano; bien teatro de carcajada, muy arriesgado género que necesita ese ruido del público para no fracasar; acaso teatro clásico, ese de otro contexto que muy a menudo se adapta para enmascarar lo que nunca dijo; y en fin, el teatro reflexivo, el que flexiona en el cuerpo para reverberar la palabra y que esta atraviese ese espacio que recoge también al individuo sentado que contempla.
Y el teatro que más se opone al pronombre indefinido, a ese "cualquier", es el dogmático -mírese Fenomenología de la incertidumbre. Ya ocurría en El muérdago, donde advertí que resultaba sencillo atribuir al autor algún "-ismo" que nunca dice. ¿Es que acaso tiene que haber una respuesta a las situaciones planteadas? Se acusará al autor de "no mojarse" si así fuera, aunque sea más seria la decisión del autor de no meterse más que con preguntas en la conciencia y no con juicios que al público llegan prefabricados. Ese teatro doctrinario, ese del "mojarse", que no es otra cosa que excusa para evitar la reflexión, prefiere la lección dictada y aprendida y disfrutan viendo como el autor se enfanga sin que les salpique las butacas.
"Cualquier" es exacto, además, porque Pajón Leyra nos ofrece escenas de lugares y tiempos concretos, que junto al título, nos lleva a pensar que podrían haber sido otros lugares y otras fechas. En la obra no son "cualquiera", sino fuera de ella: a donde queramos trasladar la reflexión. Realmente vienen a importar poco año y lugar de las escenas, acaso sólo el acontecimiento en estas dimensiones. ¡Qué más da Termópilas, Siracusa, Damasco, Alejandría o Bagdad! ¡Qué importa si años antes o después de Cristo! Todo ello forma parte de un mismo "Mundo" -categoría metafísica que supera el límite geográfico- intemporal. "Mundo intemporal" es el plano al que señala aquel "cualquier": lugar sí, cualquiera, pero no cualquier mundo; fecha sí, cualquiera, pero no cualquier tiempo. Es posible que encierre ese "mundo intemporal" la rueda del tiempo, un ciclo repetitivo, un "eterno retorno" que, sin embargo, no se genera porque amemos tanto la vida que queramos se repita lo visto. Y podría haber includio el autor, "cualquier hombre", porque también asistimos a la, permítaseme la invención, "cualquerización" de los personajes, aún cuando asistamos a la presencia de Julio Cesar, Gilles de Rais o Arquímedes -únicos nombres propios e históricos.
Albiol señala al telón como agente escénico: representación de la Parca, la muerte; o una verdad que con su caída queda por desvelar. Yo aquí recuerdo de nuevo a Unamuno, completando la cita de más arriba:
en un teatro en que el actor cuente lo menos posible (...)
y huya cuanto más pueda de la pantomima de la caricatura, o sea, la exagerada caracterización.
Bien sabido es que Unamuno -que también se le ocurrió escribir teatro- hace morir a su Fedra fuera del escenario para huir de la pantomima que rebaje el momento. En Pajón Leyra igual; la muerte no ocurre a la vista -exceptuemos el espisodio de Arquímedes y el final de Saigón, en los que tengo dudas-, no por pudor -es más, aparecen cadáveres ya muertos como en Gaugamela y tiene la muerte alegato del médico en Verdún-, sino porque el dejar velado el instante mismo de la muerte no permite rebajar la tensión. Se desenvainan espadas, se oyen disparos, sombras que rodean una casa o se entreve la muerte al apagarse la luz de un cándil. En esto, la mente del espectador se vuelve tabla del escenario, pues él completa la escena de la muerte: se le deja representársela a partir de una leve intuición de aquella. Teatro, pues, muy sencillo, aprovechando sólo el gesto y el sonido, el cuerpo y la palabra -que nos decía Concha- interrumpidos por el telón, contando para sus efectos con el propio espectador.
También puedo comparar a Unamuno y Pajón Leyra en esa "escasez de acción" -no me lo invento, el autor lo señala al final en Aqui, hoy-. En ambos, la acción está en la palabra, huyendo de nuevo de la pantomima y la exageración; y el drama es, justamente, interior en cada personaje; no faltan los monólogos interiores en Sarajevo, Tokio, Verdún, Constantinopla, e incluso me atrevería a añadir la defensa de Gilles de Rais en Nantes, que aún hablando al tribunal, parece hablarse a sí mismo. Sorprende, sin embargo, en la importancia de la palabra, el episodio de Siracusa, donde el centro de atención recae sobre Arquímedes, y este resulta el más parco y silencioso, medido en su intervención para no romper el halo de abtracción pensativa que lo rodea. Casi no dice, y, ¿quién no imagina su cabeza llena de idas y venidas de ideas y palabras mientras permanece en el escenario? Ni ante la muerte se inmuta, absorto en su interior; hasta ella es ignorada por el núcleo arquímico en torno al que giran mujeres y soldados, sobre el que se afila la guadaña.
¿Cultura y guerra? Me separaré aquí de Albiol que interpreta el episodio de Arquímedes, o Bagdad, Alejandría y Constantinopla como dialéctica entre cultura y barbarie, como dos polos que se comen terreno, como el provocar para que se tome partido por la cultura frente a la insensatez. La cultura, como entiendo yo en Pajón Leyra, es memoria de errores cometidos. La barbarie borra las huellas que deja -y no puede evitar dejarlas- en la cultura, o lo que esta refleja de aquella; e impide con su destrucción ver la "historia de errores", permite comenzarla de nuevo y seguir tropezando en la misma piedra:
Y como no se puede matar antes de que existan, hay que buscar otra forma: negarles la memoria, negarles el testimonio de nuestro tiempo y de los tiempos anteriores para que no puedan vivir más que una vida amnésica, sin conocer su pasado, ni los frutos de su cultura. Obligarles a olvidar los orígenes de su presente, para que olviden nuestros errores, para que olviden nuestra ignorancia... para que desconozcan nuestra culpabilidad.
(Bagdad 2003)
El personaje del Director del Museo de Bagdad no está cantando las excelencias del arte frente a la guerra, sino precisamente el destino fatal del olvido, inviolable, persistente en cualquier lugar, cualquier día, en un tiempo -día- donde -lugar- incesantemente retorna el suceso de la destrucción y el olvido, la pérdida de memoria que impide saber de los errores. La cultura no combate a la guerra, simplemente conserva en su seno la raíz que aquella imprime en esta. Así, la cultura sólo proporciona un conocimiento negativo y humano, un conocerse en lo peor de sí mismo. La destrucción y el olvido apresan a un hombre caído y no consienten que se levante y supere el error; destruyen la memoria del error, pero no lo aniquilan: continúan creándolo en su acción, y perpetuándolo en la ignorancia de los venideros. Ahora bien, ¿podemos presumir que por el hecho de escribir el error en las páginas y conservar estas, vamos a aprender de ellas y liberarnos de las cadenas que nos atan a aquel? ¿Podemos impedir el destino decadente? Así lo cree el monje de Constantinopla, aunque guarde los libros en sarcófagos junto a los muertos que los habitan: un sepulcro para librarlos del fuego, unas lecturas para quienes ya no les hace falta. La dialéctica no sale del error: únicamente él puede evitarse a sí mismo. La diferencia es temporal: el error pasado lo llamamos "cultura" y el presente "barbarie". ¿Cómo entenderíamos, si no, a Gilles de Rais? El héroe de hazañas sin igual en Orleans y el criminal. Aplaudido por aquellas y juzgado por asesino. Y es que en la cultura también encontramos regocijo y emoción de lo legendario y asco en lo actual, porque no se entiende el placer de matar por matar; sólo si hay un fin que consideremos más alto -la defensa de una gloria, ritualismo o ascetismo- pasamos por alto al asesino. Sin embargo, decir lo último es una insinceridad. Nuestra compasión por otro no viene sino del no padecer su sufrimiento; ¿quién no ha saboreado el placer de ver sufrir y no ser preso del sufrimiento? A veces lo llamamos "pena". Gilles de Rais da un sólo paso más: del ver al hacer. Yo, que he topado con Nietzsche por toda la obra de Pajón Leyra -"eterno retorno", "historia de un error"-, reconozco aquel principio que muy bien podría haber alimentado a Gilles de Rais:
ver-sufrir produce bienestar; hacer-sufrir más bienestar todavía -esta es una tesis dura, pero es un axioma antiguo, poderoso, humano- demasiado humano (...) Sin crueldad no hay fiesta: así lo enseña la más antigua, la más larga historia del hombre.
(Genealogía de la moral 2,6)
Y la "cultura", la memoria, se nutre de este principio:
Cuando el hombre consideró necesario hacerse una memoria, tal cosa no se realizó jamás sin sangre, martirios, sacrificios; los sacrificios y empeños más espantosos (...), las mutilaciones más repugnantes, las más crueles formas rituales de todos los cultos religiosos -todo esto tiene su origen en aquel instinto que supo adivinar en el dolor el más poderoso medio auxiliar de la mnemónica.
(Genealogía de la moral 2, 3)
Y así que durante tanto tiempo, siglos y siglos de cultura occidental, las ejecuciones siempre han sido tan públicas como las guerras: unos creían mostrar el castigo; los asistentes se limitaban a disfrutar y jalear ante la guillotina o en el circo romano -menos el reo. Sigue siendo, para mí, como en El muérdago, un sino inevitable, invisible pero presente, el que rige la obra. Un encierro y una trampa esencial, incorregible y desesperadamente insolucionable. ¿Alguien esperaba respuestas? Al fin y al cabo obtienen una condena además de aquella de la muerte. Algo es algo.
Hec April 05 LA MALA LECHE DEL CHAPANDAZChapandaz es uno de esos bares conocidos de Madrid, con solera, por el que hemos pasado varias generaciones que ante la barra hemos contemplado como la leche caía del techo al vaso o hemos probado sus muy variados, sorprendentes y curiosos combinados. Uno de esos bares en que te regalan "camisetas" -de las que tengo dos- y gominolas con las consumiciones, donde la música recorre un gran elenco de grupos, cantantes y tiempos -antiguamente tenían máquina de discos y elegías tú. Yo he parado mucho por allí, bien a la tarde con algún amigo para una conversación amena, bien a la noche para tomar unas jarras de cerveza desde hace bastantes años. Un buen bar de los que quedan pocos y en que me sentía agusto. Ayer, sin embargo, se me cayó todo un mundo encima. Nunca había tenido problemas en el local, hasta que el día de ayer, salimos de allí, dos amigas mías, mi novia, otro tipo y yo, entre insultos, amenazas y patadas con porteros del sitio -según parecían ser. Que si -perdón por las palabras- ¡Puta gafotas cuatro ojos! a una de las chicas, que si ¡mariconazo hijo de puta, que te voy a abrir la cabeza!, esta para mí. Machistas homófobos les llamaría el tópico de la sociedad. A mí me gusta más ajustarme a los hechos que al tópico, y constatar con el insulto la verdad de lo que había: estupidez y mastuerzos tarados. ¿El origen? Una copa servida al chico que nos acompañaba, sin avisar que era la hora de cierre. Uno, cuando se pide una copa, espera tomársela tranquilamente y no engullirla cual borracho que las toma de tres en tres para pillársela antes. Y si es la hora de cierre, no está de más avisarlo. Sin aviso, cobrándola, pasando cinco veces por nuestro lado para echarnos, y cada vez con formas más macarras el muy zote: si lo sabes, pues no vengas; o mejor, no te dejo entrar. A pesar de las buenas palabras con uno que si parecía razonar, la cosa hubo de terminar en la puerta -por la que salimos nosotros sólos-, entre insultos e intentos de agresión de un bárbaro descontrolado, un zopenco que sólo entiende y se hace entender a golpes, cual troglodita salido de un inframundo, ya sea mujer, sea varón, sea cliente... sea quien sea el que tenga enfrente y se le haya cruzado al merluzo. Hay que agradecer, todo sea dicho, al que parecía razonar y otro que por allí estaba, el haber sujetado y parado a este ser de las cavernas, al percebe que sólo sabe, como los perros, responder al chasquido de dedos, a un silbido y al "¡ataca chucho!". En una cosa tenían razón mis acompañantes al críticarme el haber intentado razonar la situación: no se puede razonar con un tarugo que no sabe articular más de dos palabras, ni conjugar verbos o ni tan siquiera usar de las conjunciones entre insultos. ¿El gerente o los titulares del bar? A saber si era cierto que también estaban implicados en la trifulca, como me decían cuando los requerí.
Pero la cosa no queda ahí. Ya marchándonos por la calles aledañas, con cabreo morrocotudo con lo sucedido y encima en el Chapandaz, estos lerdos delincuentes, ahora al volante, nos tiran encima el coche que conducían -serían las prisas por llegar a casa a descansar del tajo-, paran, dan marcha atrás y esperan, sacando el cráneo inútil por la ventanilla, a ver si respondemos a la nueva provocación. En ello estaba yo, fuera de mis casillas ya, mientras mi novia intentaba hacerme entrar en razón -únicamente he podido valorarlo y agradecerlo después. Estos matones de barrio, cobardes como nadie, estos personajes de existencia tan absurda y banal, esos trozos de carne con patas tan desaprovechados, abortos fracasados, ¿cómo es que, supuestamente, trabajan en el Chapandaz? A mí me han agriado la leche tan famosa del bar, el nombre, y han afeado por completo el ambiente. Que a estas horas los descerebrados de anoche estén subidos al machito alardeando de la nueva batallita, o que incluso peor, hasta les de igual y sea ya una de tantas; que yo esté aún muy tocado por lo que la imbecilidad elevada a la máxima potencia me hizo pasar y sufrir; que estar en un bar pueda suponer estase jugando la vida porque los responsables presentes son un atajo de ignorantes movidos en esta vida por impulsos agresivos... todo ello, sólo tiene un consuelo, y es que el final de su camino está más próximo que el mío, enfilados como van a cometer un día la imprudencia de subírsele a las barbas al menos indicado, o dársela bien dada con el coche la siguiente vez que decidan embestir con él. Conste que no se lo deseo ni tengo intención de colaborar, pero es una de esas veces que, aunque no lo desees, tampoco será algo que lamentes si sucede. Mucho no se pierde con algún obtuso menos.
Hec April 01 ANGELES (POESIA DE IVAN SEVILLA GARCIA-HIERRO)En tiempos de pura novela de saldos amontonadas en librerías y grandes almacenes, de autoayudas cuasi místicas para cuidar el cuerpo de los malos hábitos y vicios del alma, de memorias de cualquier personajillo de televisión y recopilaciones de artículos y textos de periodistas que gustan de ir fabricando opinión, aparecen, de vez en cuando, algunos librillos, pequeños ellos, de poesía joven. De este grupo de gente que nos hemos reunido en torno a las letras y un centro común en Ediciones Antígona, hoy hay que entresacar, subrayar y mirar de cerca a Ivan Sevilla García-Hierro, que publicó, el año pasado, un pequeño poemario titulado Ángeles. Le tuve por compañero de estudios y le tengo por amigo y vecino de barrio; ahora, con agrado y sorpresa, por poeta. No me ocurrió a mí como a Ignacio Pajón, que próloga la obra, y no tuve la suerte de cruzarme, por aquellos años de facultad, los versos de Iván Sevilla. Y eso que siempre he sido ávido lector de cuanto cayera en mis manos viniera de quien viniera. Pero tal despiste queda ahora perdonado, cuando tengo un ejemplar que él mismo me entregó, y que he leído de principio a fin, varias veces, dejando que sus composiciones vinieran a entrar hasta el estómago de mi espíritu.
He dicho que se trata de un libro joven, ¡y tan joven!, pues según cuenta su autor, recoge desde el primer impulso poético e infante de los diez años, haciendo bueno el juicio de Pajón Leyra en el prólogo para quien la poesía es, por lo general, el género literario más precoz. Al menos a mí también me asaltaron las musas en un aula y sobre un pupitre, para cantar amoríos y mocedades. Y el verso termina llevándote mucho más allá de lo infantil y juvenil, hacia lo interior de la propia y débil existencia -como en Aliento junto a la voz de la soledad-, la nada y el sueño, en que, de pronto, desaparece el niño que rima y comienza el poeta que cuenta:
(...)
En una mano lleva una pluma
y en la otra versos
que hablan de un niño triste
que murió hace tiempo;
un niño que en su alma
llevaba un sueño:
ser hombre y poeta
(...)
El poeta nacido de aquel pequeño es un maestro del verso corto, de puro verbo y magnífica combinación del verso libre y la natural asonancia. Son hoy, años de un lirismo absoluto donde escasean las rimas y ritmos poéticos, más cercano al sentimentalismo prosaico o a la denuncia versificada. Existe en Iván Sevilla esa reducción del poema al verso lírico, incluso la sencillez y mínimos recursos, la tendencia acutal que penetra en todo poeta. Pero Iván ha recuperado aquellos otros versos donde la poesía es ella misma, fuente de evocaciones e imágenes en unas pocas palabras, dando pasos a golpe de ritmo y acento, tonos gráficos del alma que piden la recitación alta, grave y potente:
(...)
Adiós suerte, adiós vida,
no mires atrás durante tu marcha.
Sólo para y grita:
¡Calla, calla, calla!
Dentro del cuerpo de símbolos destaca, por encima de todo, el "fantasma" del tiempo en Carta desesperada y en sin título III, de sí mismo en Mujer desconocida, o el amor sin nombre en sin título VII, y en fín, de toda aquella apariencia que flota en el ambiente y se ofrece como falsedad curable junto al poeta como en Tu y yo; un símbolo con variante en aquel mismo Sin título III hacia el "fantoche", el títere, lo rídiculo aunque también lo presumido. La "mancha", como imperfección y lastre del alma y la mirada -en sin título X, XXVI y la sombra del poeta como "mancha en la roca" de sin título XXXVII-, junto a la desorientación de un "barco sin rumbo" -sin título VII- o una "barca sin remos" -sin título X. Estamos ante un poeta anonadado, rodeado en cada verso por una nada desorientadora -estoy perdido y no se dónde, nos dice en sin título XXVII- y así en Sin título XVIII:
Cansado estoy de la nada
en que me sumerjo cada día
(...)
O en sin título XXVIII:
Pozo profundo de nada
en el que sin remedio me sumerjo
(...)
Sí, tienen fuerte presencia la nada y la soledad, esa soledad amiga, soledad amada sin la que el poeta desaparece, el margen del "yo poético" absoluto que toma distancia del todo y las partes para entrarse en sí mismo y plagar su verso de preguntas sin respuesta, acaso la más honda en sin título XXXVII:
¿Quién eres, sombra?
(...)
¿Eres reflejo de mi alma,
de mi mente o de mi persona?
Acaso para terminar con la interrogación total en sin título XXXVIII:
¿Es posible ser vivido y vivir?
¿Estar atrapado por la duda
que peligrosa acecha muda
aliada con el desasosiego
que en mí inyecta la visión del porvenir?
Frente a la costumbre originalista, que busca hacer algo nuevo y distinto, que no bebe de la fuente de la que ha emanado la tinta de tantos nombres consagrados, Iván nos trae a las mientes ecos de lo mejor de nuestra tradición, de los versos lacrados por el tiempo con sellos e insignia verdaderamente literaria, que han perdurado sonando una y otra vez en las manos que los han sostenido y las voces que los han recitado; bien el aire machadiano que nunca ha dejado de soplar en nuestra poesía:
Silencio. Duermen los sueños
que llenaron mi cabeza
en tardes de rezo
sentado en la silla vieja
(...)
O también el manriqueño sin título XXXII: Despierta memoria dormida (...), sin perder el alcance popular de breves composiciones lorquianas, basadas es la más simple pero efectista repetición -epanadiplosis, anáfora...-, como en sin título XIX:
Tiempo sobre tiempo.
Alma sobre alma.
Cuerpo sobre cuerpo.
Palma sobre palma
Y la sencillez del buenas noches, buenas noches a la madre en sin título XXIV, tan concisamente filial y desbordante amor. De entre los que se alimentan de la repetición, sin duda el más logrado es aquel Vuelve que, junto a sin título IX, me resultan de lo mejor que Iván Sevilla nos regala en este librito. Libro de crecimiento de un niño y nacimiento de un poeta, de un mundo de sueños que se desvanece en la nada interrogante, que no permite camino, ni brújula, que deja sin rumbo al hombre sobre su sombra. Encuentro en él la perfecta experiencia poética, el primer empuje que nos habla directa y sinceramente de todo un proceso que otros han preferido ocultar y callar, guardando ese timbre infantil que poco a poco metamorfosea a un tono vital. Iván Sevilla no se ha arredrado ante aquel crío que permanecía olvidado en un cajón, sino, antes bien, le ha dado a luz abriendo aquel y pubicando un tiempo vivido, y, sobretodo, escrito, del que no cabe arrepentimiento.
En Ángeles se anuncia y plasma un espíritu de auténtica poesía, alejada de toda esa maraña que gustan del cartel de "artistas" y conferencian de aquí para allá sin saber de qué hablan, enfangados hasta el cuello de una experiencia cotidiana tan torpe como falsa. Aquí es hora de que vuelva el poeta a cantar sus adentros, y retomar su verdadero origen frente a los que se hicieron poetas leyendo. Iván Sevilla se ha forjado escribiendo y mirando los interiores del alma y ha vuelto los ojos hacia el verdugo temporal que le atrapa: de nuevo volvemos a tener quien mire a la cara a ese fugitivo que se nos lleva en su huída, al poeta entregado al tiempo. Este Ángeles, que es un inicio y que afirmamos tan infatilmente precoz, debe continuar y no pararse, seguir mirando hacia donde sople el tiempo, aunque sea una labor -bien lo supo aquel grande de Juan Ramón Jiménez- que siempre quede por acabar. Vaya desde esta pequeña colaboración, mi más verdadera gratitud a la vena de Ivan Sevilla García-Hierro, amigo y poeta.
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