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May 31 LA CINTURA DEL SEÑOR PRESIDENTEEl presidente del gobierno, Jose Luis Rodríguez Zapatero, dijo hablar de la España real y en su discurso parecíamos estar, los que vivimos en esa España que describe el presidente, en Jauja, en algún tipo de paraíso maravilloso en que Jose Luis Rodríguez Zapatero convierte en oro todo lo que toca. Pero los españoles hacemos más caso de nuestro refranero en estos casos, y sabemos que no siempre es oro todo lo que reluce, e incluso muchas veces, lo que no es oro es porque pasó el caballo de Atila. No es oro el actual enfrentamiento autonómico-territorial; no es oro el difícil acceso a la vivienda; no es oro la situación de los contratos de trabajo; no es oro el hacinamiento de inmigrantes en Canarias; no es oro que el terrorismo declare un "alto al fuego"; no es oro el enfrentamiento ideológico-religioso; no es oro la recuperación de sólo parte de nuestro pasado; no es oro la imagen de España en Bruselas... y así un largo etcétera.
Pero para un presidente que define la cintura como la esencia de la democracia, todo puede ser oro. "Cintura", y podríamos preguntarnos en qué sentido: ¿para esquivar, driblar, regatear o torear? Probablemente Rodríguez Zapatero quería decirlo en sentido contrario a la rigidez, en un sentido de flexibilidad. Sin embargo lo que en dos años ha mostrado tan excesiva flexibilidad es que aquello de la "cintura" parecen más unos capotazos y media verónicas al son de pasodobles, queriendo que vayamos a ciegas por donde el capote nos diga. Y el pasodoble para acompañar, entretener. O también la agilidad suficiente para esquivar los problemas con el mágico juego de las palabras adecuadas al escenario en que se dicen. No deja de ser curioso que ayer, en la Cortes, para el presidente, Cataluña era continuamente una Comunidad Autónoma, mientras que en Cataluña, es toda esa suerte de jeribeques léxico-semánticos que derivó hacia el término "Nación". También resulta que ahora, respecto del País Vasco y ETA, "nos hemos ganado el derecho al fin de la violencia", y no entiendo qué méritos hemos hecho para ganarlo, y peór aún, qué hicimos para perderlo, o quién reparte ese derecho para darlo o negarlo. Esto es "cintura", como lo es el no responder a nada de la situación de España que se aleje de esa "visión real", maravillosa y áurea del país; no, la "cintura" volvió a servir ayer para, en lugar de mostrar el oro, hablar de la plata de legislaturas pasadas, de lo mal que lo hacían los demás. Este equívoco, según el cual que lo que los demás hicieron mal significa que el presidente actual lo hace bien, es "cintura". Es buena la "cintura", sí; lo que no es bueno es tener un presidente bailando samba permanentemente, incapaz de mostrar alguna firmeza determinativa en las cuestiones que más atañen, no a la ideología que son palabras, sino al día a día de nuestro país. Constancia tenemos, tristemente, que a Jose Luis Rodríguez Zapatero le encantan los ritmos de Carlinhos Brown, no por lo musical y festivo de ello.
Pero otro presidente, el de la Cámara, quedó lejos de mostrar esa "cintura", sino una rigidez e inflexibilidad gratuitas. No se le puede reprochar, indudablemete, al presidente Manuel Marín, el reparto de tiempos, por estar establecidos y pactados. Lo que se le reprocha es el recordatorio inflexible del tiempo al lider de la oposición, Mariano Rajoy, la comparación de su presidencia con otras presidencias anteriores, y que sólo tiene ojos para abroncar al grupo popular en cuanto alguno respira un poco más fuerte o mueve una mano. En esto se equivoca el presidente de la Cámara, cuando a ningún otro grupo se le apercibió por exceso de tiempo. Por otro lado, viviendo en un gobierno de "talante", se echó de menos el ver cómo el presidente de gobierno en su ilimitado tiempo, no puso ninguna voluntad en reducirlo en sus turnos para una equidad mayor, utilizándolo además para hablar de cómo estuvo la nación, o de Mariano Rajoy, retrotayéndose incluso a 1979 y las épocas de Alianza Popular, o acusar de perpetuación de "ideas rancias" cuando Jose Luis Rodríguez Zapatero es quien nos ha devuelto a 1930 y ha actualizado la II República frente a la Transición y tirando por ese lado de las orejas a la Constitución vigente. Una "cintura" muy estrecha y una mano muy larga para coger del tiempo lo que les interesa, en minutos o en años.
Hec May 29 EL TRATO DE ORTEGA Y CERVANTESEs un tema controvertido y preocupante. Controvertido porque decir lo que se va a decir para españoles suena a reproche, y en el oído del español casi a insulto. Preocupante, como ocurre siempre cuando cinismo y proselitismo se dan la mano en la cultura. El año pasado, y aún duran algunos coletazos, fue harto cargado de actos sobre el Quijote y Cervantes, y tal como he dicho en ocasiones anteriores, resulta que el autor que llaman "más universal" de nuestra literatura, es el menos leído, y conocido sólo por esa fama y nombre, en su propia tierra. Muy pocos españoles han leído voluntariamente la novela del Quijote, y menos aún cualquier otra obra de Cervantes. Sin embargo, Cervantes y el Quijotes es su insignia y honor. Muchas esculturas, conferencias, representaciones y aprovechamiento turístico de la joya... eso es lo que hay, una explotación continua e interesada de algo profundamente desconocido para los explotadores. Pasear por las tierras de la Mancha, como hace unas meses tuve la suerte, y encontrarme con que cada pueblo tiene sus cuatro molinos de viento, su Venta de Quijote, Dulcinea y cuantos personajes de la novela se hayan querido sacar de las páginas, imágenes por las paredes que representan escenas de una obra que en su mayoría no sabrían decir a qué capítulo pertenece, comidas de la época en los más variopintos restaurantes adornados al efecto... muchas veces pareciera que Don Quijote y su séquito de escenarios y personajes fueron realidad. Esto es todo lo que del Quijote aprovechamos los españoles. A título privado, muchos son los que me han reconocido que jamás han podido terminarla, o por mejor decir, si quiera empezarla puesto que leer tres capítulos y abandonarla no puede decirse que sea haberla empezado en algún momento. Mucho proselitismo, poco conocimiento y lectura, y por tanto, demasiado cinismo cuando miramos al resto de literaturas y les ponemos delante a Cervantes, cuando se nos pregunta por un autor importante en España y les respondemos sin inmutarnos que el autor del Quijote.
Y si alguno pregunta por el nombre de un filósofo español, no es raro encontrarse con que se diga que Ortega y Gasset. Sin tener apenas trato con la filosofía, pocos no conocen la relación que esa palabra y Ortega tienen, aún cuando sea sólo por que se lo hayan repetido hasta la saciedad, les haya surgido en algún crucigrama o cualquier concurso televisivo. Pero después va uno al cine, y se sienta al lado de una familia que, sin saber yo porqué, se ponen a hablar de Ortega. Bueno, hablar no es el verbo exacto, porque fueron tres frases, una por cada miembro, que realmente no pareciera que sostienen una conversación. Para uno, Ortega era simplemente un político; para otra, un plasta que no podía aguantar; para la tercera, Ortega era, sin más ni más, un imbécil. Sin comentarios a este repecto. Y poco después, voy a un acto de Andrés Amorós, que anda poniendo cien velas a Ayala y contanto los chascarrillos de su amistad; la imagen que se traslada de allí sobre Ortega, no tanto desde Ayala como desde Amorós, es la siguiente: un pedante teatrero que cobrara entrada para asisitir a sus cursos -la más vieja acusación a la sofísitca. Amorós, frente a la familia del cine, probablemente tenga más conocimiento de Ortega, pero eso no quita el despropósito de sus palabras. Hay otros que lo llaman "enemigo de la peble", "elitista"... pero todos lo nombran como el "más universal" de nuestra filosofía, o incluso para muchos el único al que es aplicable este rótulo. Y vuelve a ocurrir como con Cervantes, que es normal encontrar quien dice no haber leído nada o escasamente alguna página con la que no pudo.
En fin, que el trato general que tributamos a los que llamamos autores nuestros no tiene nada que ver con el proselitismo que de ellos hacemos dentro de un profundo desconocimiento que no delata sino un cinismo intelectual absoluto. Que le vamos a hacer en un país en que "Maruja" es categoría filosófica.
Hec May 17 HAENDEL: CONCIERTO PARA QUEJAS, SILBIDOS, MURMULLOS Y DOS VIOLINES LEJANOSLa idea era buena, pero igual que hace 257 años, se dieron a la par concierto y desconcierto. En verdad, en 1749, no hubo ningún problema con la Música para los Reales Fuegos Artificiales de Haendel sino con los fuegos artificales mismos. La diferencia es que en la época de Haendel la gente acudió a escuchar el concierto y a ver los fuegos artificiales, y hoy la gente sólo quería los fuegos artifiiales. Y allí, los citados al estanque del Retiro, no tardaron en comenzar a silbar, hablar, quejarse y protestar mientras sonaba Haendel porque los fuegos no comenzaban. A la moderna, parecía que Haendel sólo era un hilo musical en una sala de espera inmensa, como lo es el Retiro; un hilo musical que nadie escucha porque están más atentos a cuando termine su espera. También hay que darle un premio al genio que sólo puso altavoces encima de los violinistas del escenario, como si aquello fuera un auditorio y no un espacio abierto; tal y como me decía Andrea, los violines no podían escucharse a sí mismos, ni nosotros a ellos. Todo junto tranformó la obra de Haendel en un Concierto para quejas, silbidos, murmullos y dos violines lejanos. Y dicho en refrán, un echar margaritas a los cerdos, o el dar pañuelo a quien no sabe sonarse.
En 1749, los fuegos artificiales fueron un desastre; en 2006, día grande de San Isidro, el desastre lo fue el concierto, aunque no por los músicos, que pobres de ellos, tuvieron que aguantar de todo aún cuando su interpretación fuese buena -yo no lo puedo juzgar porque tenía varias conversaciones a mi alrededor. Y efectivamente, en lugar de reinar el concierto, reinó el desconcierto y la grosería de quienes les gusta usar más su boca que sus oídos cuando suena música en su entorno. De los allí presentes, pocos se dieron cuenta del título de la música, y por tanto, que música y fuegos eran un sólo espectáculo, y no dos. Una señora, de lo más impertinente, cada cinco minutos repetía la misma frase: "yo no sé para qué nos han citado a las nueve y media de la ncohe si los fuegos son más tarde". Que no, señora, que no, que lo que suena es la Musica para los REALES FUEGOS ARTIFICALES, de un tal Haendel, y que los fuegos serán hacia el final. Todo va junto, y no por separado. Ni caso, y la señora en sus trece, aunque realmente estuviera preguntando que no sabía porqué le ponían primer y segundo plato si ella lo que quería era el postre. Pero mientras ella, y todo el murmullo y charanga de alrededor, entendería que una comida lo es en sus tres partes, jamás podría aceptar que unos fuegos artificales estén introducidos con múscia clásica. Para ellos Haendel era el acompañamiento del filete, la guarnición que muchos ni se comen y la revuelven un poco en el plato para que parezca que algo han comido.
Sí, la idea era buena... pero en un país en que, como Machado, nueve cabezas embisten y una piensa, ideas de este calibre corren el serio peligro del descalabro. El mismo pueblo que adoro por su sencillez, otras me saca de quicio con su grotesco e insultante comportamiento, también nacido de esa sencillez. En este caso embistieron a Haendel y no se cuál fue la cabeza que piensa.
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