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August 27 PERIODISMOEl periodismo es una profesión para la que hace falta, antes que cualquier estudio, un mínimo de decencia, de criterio y objetividad. Sin embargo, me quedo estupefacto cuando en clase de lengua enseño a mis alumnos los rasgos genéricos de un texto periodístico de información y luego tales rasgos brillan por su ausencia o se entremezclan con los rasgos de otras tipologías que nada tienen que ver con la información, ya sea la opinión o el texto literario.
Acostumbra nuestro periodismo a adornar la información con literatura muy imaginativa, con suposiciones del informador, con introducción de coletillas en medio de la información o generalizaciones injustificadas, tanto en prensa escrita, como radiofónica o televisiva. En cambio, el mero texto informativo debe trasladar los hechos de cómo, cuándo, dónde, por qué, quién, a quién o para qué, siempre que las respuestas sean conocidas y no caigan en la especulación y de forma cronológica al suceso que se traslada. Asimismo, si expresa especulaciones, no han de ser suyas sino de las fuentes que investiguen el hecho y hayan sido dadas al público. Ahora bien, si sólo fuera esto, hasta podríamos convivir con la prensa diaria. Pero cuando uno se entera, por ejemplo, que un magistrado tiene que secuestrar imágenes o videos del reciente y trágico accidente en Barajas para que no salgan publicados, descubrimos que el periodismo no está dispuesto a limitarse a la información sino que busca construir la noticia con el morbo, con la historia más dolorosa y la más tierna, junto a otros temas secundarios y que son ramas del tema principal informado. Convierten lo ocurrido en su propio espectáculo mediático, rivalizando por ver qué cadena o medio posee las imágenes más impactantes. Y a pesar de ello, no se detienen y hay dos cadenas –una pública, que tiene su aquél ya, y otra privada- que podrían haber incurrido en delito al haber emitido determinado material requisado o prohibido, del mismo modo que se publicó en el 11 de marzo una serie de escenas que escapaban de lo informativo y sobrepasaban el límite de lo tolerable.
Me recorrí los diarios por la red cuando supe del accidente, y quedé atónito al encontrar en todos ellos la solicitud de videos, fotografías y testimonios, generando la expectativa de exclusivas para aquéllos en cuyo poder obrasen tales materiales. Miré la televisión, y las alcachofas perseguían a familiares de víctimas que aún no sabían si sus seres queridos formaban parte de los escasos supervivientes o si les había tocado de lleno la tragedia. También se fueron a buscar a las personas que ayudaron en un primer momento para que relatasen lo vivido: sus testimonios, en vivo y en directo, sin tacto ninguno, comentaban qué muertos en concreto habían visto, por ejemplo, de la tripulación. ¿Se imaginan ser familiar de una azafata y estarse enterando por boca de un ciudadano anónimo y sobresaltado, que quizás sea la que está muerta en el arroyo? Porque el pasaje eran muchos, pero la tripulación son muy pocos y las probabilidades son más altas. Agradable y respetuoso no debe ser. Como tampoco resulta informativo y respetuoso para con las víctimas insistir en “el mal estado de los cuerpos carbonizados”, frase repetida hasta la saciedad en diferentes medios.
A todo ello unamos esa querencia por perpetuar la noticia durante varias horas seguidas a pesar de no poseer ningún dato nuevo, engordándola con vaya usted a saber qué. No sé cuantas horas insistiendo en todo lo escabroso más los cuatro datos de los que disponían, volviendo todo el asunto en un espectáculo triste, lamentable y bochornoso.
De repente no existía ninguna otra noticia, de esas que también convierten en mediáticas y explotan hasta más no poder con literatura descriptiva y narrativa –terrorismo, violencia de género, pederastia...-, como si el periodismo tuviera en sus manos detener el mundo y hacernos mirar a todos a un solo punto del planeta. Dado que estamos en agosto, todos lo sabemos, una noticia así se convierte, como la canción del verano, en el tema por antonomasia. La comparación, lo sé, es repelente, pero al periodismo de nuestro país es algo que le da exactamente igual, no dejando descansar a vivos, familiares, fallecidos y resto de población, como tampoco nos dejaron en paz con el “chiqui-chiqui”.
¿Para cuándo un periodismo serio con algo de “ética periodística” –esa de la que tanto se habla y no se ve por ningún lado? Es vergonzoso. Organizándose la de Dios es Cristo en el Caucaso, y nosotros viendo en primera plana las medallitas del olimpismo. Les dicen que no hablen del Tibet, y no lo hacen, o lo hacen muy tibiamente durante la cita olímpica. ¿Informan o escriben novelas del más variado género?
Hec |
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