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September 29 VUELTA DE BERLINVolver del silencioso Berlín a la escandalosa España, se atraganta y mucho. La encuentro peor que como la deje: se han reproducido las quemas anti-España de los retratos de la Casa Real –siempre bocabajo- por Cataluña, y en la Plaza de Colón de Madrid, por la gentuza que después vendrá a decir que los violentos o los que engendran enfrentamiento son los demás. Ellos golpean, insultan y queman, pero son los otros que les someten a una represión... y a partir de ahí el etcétera. Y no son antimonárquicos, que esto sería otra cosa. Saben y muy bien que lo que están quemando son símbolos del Estado español, pues si fuera sólo contra los Borbones, no vendrían estos actos amparados y circunscritos al delirio independentista y regionalista que les sirven de fundamento.
También por el norte, el señor Ibarretxe insiste en convocar un referéndum del que no tiene competencias, sobre la independencia del País Vasco. Sería un acto ilegal si el actual gobierno no hubiera derogado la legislación que servía al Estado para defenderse de estos arrebatos nacionalistas. Y si no le dejan la consulta, adelantará elecciones. El caso es que José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno de España –tal como le gusta ahora ser mencionado- vuelve a estar entre la espada y la pared por su ambigüedad, su talante y su diálogo de pacotilla, sus decisiones legislativas arbitrarias que abren brechas por las que se cuelan los sinsentidos regionalistas, y sigue sin defender con contundencia ese Gobierno de España que él representa. Y el pueblo vasco, ya con el crimen de ETA como soga, ya con la voluntad unilateral de Ibarretxe, camina secuestrado, amenazado y violentado hacia un destino que se les está imponiendo en nombre de la libertad –paradojas a la española, sí, estas en las que la libertad se defiende con la imposición y la violencia.
Y aún hay más en el norte. Los gallegos, que del mismo modo, con el ascenso de los grupos nacionalistas al poder, han iniciado ese camino de execración de España, su lengua y su territorio. Como siempre, lo primero de todo, la imposición de la lengua e himnos, para el proceso de gallegización. Vamos, que hablar español por el norte se está volviendo, si no lo es ya, un auténtico problema discriminatorio y de comunicación, aún siendo la lengua del Estado. ¿Por qué? Porque la lengua la hablan las personas, de modo que el rechazo a una lengua, es el rechazo a la persona que la habla. Y aún cuando se aprenda la lengua regional, ya hay calificativos para los forasteros que nunca serán aceptados con el mismo rango que los nacidos por allí. Se ha establecido el peligroso límite que separa España de Cataluña, de Galicia y del País Vasco, no ya políticamente, sino personal: en la gente. Un enfrentamiento social cuya deriva arroja una sombra negra en la convivencia, un cerrar fronteras ideológicas vergonzosas.
Evidentemente que sí, que hay gente por el norte para quienes toda esta maraña enfermiza, les trae al pairo y reciben en su tierra a cualquiera, si no habla catalán, vasco o gallego, le hablan en español, inglés o la lengua que sea si la conocen. Son los cuatro energúmenos que asumen el poder, la decisión e imponen sus directrices los que embeben, adoctrinan y violentan el trato de la población, juzgando la España de hoy por la España del siglo pasado.
Rodríguez Zapatero se quita todo este polvo de la chaqueta, como si no tuviera que ver con él. No ya por ser el presidente del Gobierno de España, sino por haber avivado con el lenguaje del siglo pasado una ideología que marchaba al desahucio, con aquello del rojo, la república, el 36, Franco, el nacional catolicismo, el desenterrar muertos, el quitar estatuas, cambiar nombres de calles y plazas, no respetar los símbolos del Estado, aplaudir regímenes como el de Castro, Chávez, Morales... y, efectivamente, prestar espacio y oxígeno a partidos de una cuerda cuya pretensión es forzar la Constitución, la Legislación y a España, por las buenas o por las malas, a sus deseos nacionalistas, independentistas y anexionistas.
Por España corre un veneno, la recorre el fantasma heroico de un comunismo disfrazado de socialismo y republicanismo –que no Republica-, aunque viene a dar igual: existe el pensamiento de que el comunismo lucha por la libertad, la igualdad, la paz... por formar un paraíso terrenal. Rodríguez Zapatero ha contribuido a ello, con su abuelo, y con identificar fascistas en todo aquel que se oponga a su discurso psocialista que no va más allá de las palabras paradisíacas. Un paraíso que, sin embargo, es tan opio como el divino, que esconde y vela toda una suciedad ideológica. Por Berlín, el que no lo supiera ya, lo puede descubrir: los campos de concentración, por ejemplo, fueron reutilizados por el “bienintencionado” comunismo –que tenía los suyos propios en Siberia. Existe legislación que condena cualquier negación del Holocausto nazi, ¿por qué no la hay sobre ese otro totalitarismo comunista, el de la Internacional y el puño en alto? ¿Por qué su literatura no está también censurada, sus símbolos condenados, y su historia infame se puede negar como si nunca hubiera ocurrido? ¿Acaso nos vamos a creer que el muro de Berlín lo construyó también el nacionalsocialismo? Aquí veo con horror que se agitan la hoz y el martillo y se pinta todo de un rojo político, con una alegría inusitada, a pesar de la vergüenza y los crímenes que los sostienen, el pasado que también clama ser recuperado y por el que un juicio sensato no permitiría una condena menor que la que arrastran nazismo, fascismo o franquismo. La ausencia de este juicio, y el exceso de celo ideológico que se muestra contra el pasado franquista de España, tienen desequilibrado en su balanza política a nuestro país por los derroteros que estamos viviendo y comprobando su radicalización casi a diario. ¡Y que la población entre al trapo! Esta es una senda de una sola dirección.
Hec September 17 INMADUREZ NACIONALISTAHoy me marcho a Berlín. Dejo a España unos días, sola y con sus cosas. ¡Cosas! Por ejemplo, quemando retratos del Rey en Cataluña. Dicen que se han abierto diligencias contra los responsables por injurias a la familia real, igual que se le abrieron a El jueves. El caso es que no se quemaban las fotografías –Rey y Reina, y por cierto, al revés, como San Pedro en su crucifixión particular- por republicanismos o anti-monarquismos. La Casa Real es institución del Estado y el Rey, como jefe del mismo, es símbolo reconocible del país. La ofensa no es contra los Borbones, sino contra España. Lo mismo daba quemar esos retratos que incendiar y pisotear la bandera. Pero como el Rey andaba por allí, pues le tocó ser el blanco de la insensatez.
No voy a salir en defensa de la monarquía, tal como es sabido que no trago con ella. Ahí está, y aquí estoy yo. Y punto, nada más. El asunto es, más bien, que los incendiarios buscaban echar más leña al fuego de un nacionalismo independentista cada vez más violento y menos racional, más insultante y enfermizo, dogmático y ortodoxo. Lo que huela a España hay que quemarlo, no exhibirlo, no escucharlo o no hablarlo, enfundándose bajo el terrible pasamontañas negro. A los niños hay que perseguirlos incluso en el recreo, para ver si hablan catalán, gallego o vasco, y que no empleen la lengua española. Los hay que hasta se suicidan en un reconocimiento del delirio, y los que aplauden al suicidado como un mártir y héroe por la causa. Se amenaza de muerte y no ondea la bandera por el norte. Se exige al Estado mientras se le insulta y escupe, ya con declaraciones, ya con silencios ante lo condenable. Y ese Estado no responde, no pone orden, presta oídos a la infamia y se mantiene en la ambigüedad del querer quedar bien con todos. Piensa que si el niño llora, se le da la teta y ya. Si vuelve a llorar, el biberón. Si continua, la golosina, el sonajero y el chupete mojado en anís. Y así, a cambiarle el pañal, a tenerlo en brazos y darle palmaditas para que eructe, hacerle las cucamonas. Pero el niño crece y termina por no querer saber nada de sus padres, le fastidia el beso en la mejilla y la madre que viene a limpiarle los churretes... sólo quiere el dinero del fin de semana y que le dejen en paz. Quiere la independencia, aunque viviendo a la buena de Dios en casa de los padres, o peor: echar a los padres y quedarse con la casa. Se empieza por desobedecer e insultar, contestar y no respetar, no cumplir y hacer lo que dé la real gana. Y los padres miran, reciben el chaparrón, dan y esperan a que todo cambie a mejor de la noche a la mañana, a que por arte de birlibirloque el independentista de salón, el que vive en la habitación del fondo de la misma casa, venga a dar los buenos días en algún desayuno. Sin embargo, es lo lógico, el pequeño inmaduro, que vive el clímax de la pubertad y la rebeldía, nunca reconocerá en sus padres más que al tirano represor que no le deja hacer a sus anchas. Sólo tarde, muy tarde, hasta casi llegar al nunca, sabrá agradecer, ciego como está en su propia voluntad.
Hoy día, la inmadurez se alarga en las edades. Y el nacionalismo regionalista tiene más de un siglo de retraso. Dicen que es porque no se les ha dejado crecer libres -¡Maldita la pedagogía libertaria!-, que se les ha invadido su personalidad, se les ha pisoteado su identidad... y se van por el pasillo de casa, marcando el piso con su pataleta, cerrando la puerta de un portazo. Y el padre o la madre no van a ese cuarto a decirle que el siguiente portazo le saldrá caro, que no vuelva a contestar de tal modo. Así hasta que la puerta del portazo la siente como suya, se la apropia y la abre y la cierra a su gusto. Lo toma como derecho histórico, hasta que esta caiga destrozada. ¿Qué dirá entonces? Que los padres han de reponer la puerta, que han sido ellos los culpables del destrozo. Él siempre será la criatura inocente.
Ahí queda. Yo me voy a Berlín, como empecé diciendo, a ver si me oxigeno un poco. Aquí dejo a la familia española, malavenida, con sus portazos.
Hec September 15 APOSTOL DE LA IGNORANCIA (A SUSO DE TORO)No sé porqué demonios leo El País, si no es por esa extraña enfermedad por la que veo la estupidez y no puedo tolerarla. ¿Qué quién la ha soltado hoy en el diario? Jesús Miguel de Toro Santos, el tal Suso de Toro que se escribió, el solito, un libro titulado Españoles todos en el que Miguel de Unamuno aparecía comparado a José María Aznar, y calificado en estos términos:
ese vasco convulso y egotista, preso de la búsqueda de la brillantez más narcisista hasta la peligrosidad social, el que primero quiso ser catedrático de euskera (ocupó finalmente la plaza Sabino Arana) y que pasó a continuación a apóstol del castellanismo integrista.
Que yo recuerde, la famosa cátedra en Vizcaya, se la llevo el poeta Azkue y Arana fue el que peor resultado obtuvo. A partir del dato, juzgue cada uno el resto del párrafo. E incluso el texto que publica hoy, ese que se titula El fracaso del catolicismo español. ¿Que qué dice? Pues más de lo de siempre, ¡para que después hablen de doctrina! Por ahorrármelo, remito al artículo de no hace mucho que contestaba a Bonifacio de la Cuadra. De Toro es de la misma cuerda, pintando al católico español como un impositor de ideologías y un inquisidor del poder. Vamos, un católico del s. XV traído al efecto del discurso al s. XXI; un discurso que cala entre los que gustan de modas, que saltando siglos, lo liga al Nacional catolicismo y etcétera. Si de la Cuadra asumía e identificaba el laicismo con la sociedad avanzada, así porque sí, para derivar desde el dogma toda la catarata delirante que tuvo el disgusto de presentarnos, de Toro nos viene asumiendo de primeras un “fracaso histórico y clamoroso” del catolicismo, también así porque sí. Y a partir de ahí, van todas sus consecuencias. Es de esta gente que ha extendido sus fantasmas del pasado al hoy presente de todos –los todos españoles-, y que sigue matándolos públicamente, a la luz y vista de los demás. Acaso lo dice muy al principio, jugando con la famosa frase:
No el comunismo, es la religión el fantasma que recorre Europa y el planeta.
El problema es que esta frase puesta en el manifiesto de Marx y Engels señalaba que toda la vieja Europa se había puesto en armas –santa cruzada- contra el comunismo[1]. ¿Querrá decir, entonces, que toda la vieja Europa comunista se ha puesto en armas –santa cruzada- contra la religión? Eso pondría a la religión en la misma posición casi heroica que el manifiesto pretendía respecto del comunismo y al comunismo en la línea de aquella vieja Europa. ¡De pronto el comunismo son el Papa, el Zar, Metternich y Guizot! Pero probablemente de Toro haya pensado que le quedaba bien y ahí la ha dejado, diciendo en realidad todo lo contrario de lo que pretende. ¡Y ya son dos con la de Unamuno! ¿Sabe realmente de qué habla, o, si lo sabe, cómo decirlo?
Quien lea estos artículos míos contra Cuadra y Toro pensará, lanzado por vías negativas: si este critica a los laicistas, a los anti-españolistas, comunistas... será católico “integrista”, españolista de los de Franco y nacional-católico. A mí, repito, lo que me pasa es que veo la estupidez y no puedo tolerarla, pongan donde me pongan. Y aún más la estupidez de quien habla sin saber: dudo muchísimo que la España de Aznar sea la continuación de la España de Unamuno, y puedo imaginarme los gritos que habría dado el catedrático al ex-presidente... pero no diré porqué; eso que se lo averigüe el sólo, si es que de veras quiere empezar a hablar en serio y abandonar las barbaridades que suelta.
Hec
Nota: El artículo de Jesús Miguel de Toro Santos:
http://www.elpais.com/articulo/opinion/fracaso/catolicismo/espanol/elpepuopi/20070914elpepiopi_5/Tes
[1] “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el Zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes”. September 11 CONGRATULATIONS ANYWHERE, ANYTIME
Y es que ahora el título ha cambiado. Quiero decir, ha sido traducido junto al resto de páginas al inglés Anywhere, anytime, con el que obra y autor dan un salto de magnitud y apertura hacia un lector internacional. Asunto simbólico en ese vivir de la obra por sí misma, es este viajar de idioma a idioma, al abandonar la lengua materna y abrirse a esas otras geografías donde el español se pierde y se habla con otro diccionario. Al fin y al cabo, que llegue a otras tierras es un irse en parte la obra, un marcharse para ser descubierta, sostenida y leída por otros “nuevos mundos”, otras manos y otros ojos y cabezas. Sin embargo, también queda aquí, oriunda de nuestra tierra por siempre, originaria, original: viva para perdurar y sobrevivirnos.
Es motivo, sin duda, de alegría, de felicitación para autor y amigos. Por ello, me encuentro ahora dando estas palabras y noticia del evento, una vez más desde este rincón mío: se trata de enviar la enhorabuena –congratulations. Si lo señalo también en inglés no es por broma ni pedantería, sino porque la palabra inglesa tiene su raíz en el latino “gratus”, de donde no sólo tendríamos la mera felicitación a otro, sino la razón de la misma en el que la da: un sentido agradecimiento –grateful- y gratitud –gratitude-, de satisfacción. De este modo, congratulations no pueden darse a otro sin el sincero sentir satisfacción por el evento, por la obra y por el autor, en uno mismo; lo cual no lo he encontrado por ningún hueco del español, a no ser, el “congratular” y las “congratulaciones” que pertenecen más a un ámbito culto y sí presentarían cierto grado de pedantería entre amigos. Acaso, siendo formales, decimos aquello de “mis más sinceras felicitaciones”, que tiende a sonar falso: la felicitación siempre ha de ser sincera, sin necesidad de remarcar lo último.
Dicho lo cual, en inglés o en español, sabiendo ya lo que se quiere decir, recíbalas, de mi parte, Ignacio Pajón.
Hec ESPAÑA NO ES UNA BARAJADice José Luis Rodríguez Zapatero que estamos en la champion league de la economía; dice Mariano Rajoy que, con la gente que cuenta, tiene para formar cincuenta gobiernos mejores que el presente psocialista. Y al ciudadano contribuyente, elector, trabajador, padre o madre de familia, y a saber cuántas cosas más, ese al que le vale un solo gobierno decente, y le importan tres los cuarenta y nueve restantes, ese que quiere ir a comprar el pan, y la leche o el cereal sin tener que tirar de crédito, ¿qué demonios le importan estas paridas? Ni siquiera queda bien decir las majadería que han dicho, sino que, más bien parecen, bobos mentales, que es, por lo general, como nos quieren tomar a nosotros.
Yo no sé cómo irá el bolsillo del presidente –mal, lo que se dice mal tal como conoce la gente esta palabra, no, desde luego-, pero en el nuestro cada vez hay que escarbar más hondo. Sin ir más lejos, al azar, me encontraba yo en la mítica cola del mostrador de un banco. Unas diez personas, de las que, al menos cuatro, tenían que pagar una serie de recibos y el problema es que ya tenían la cuenta al descubierto –también la discreción de la gente del banco brilló por su ausencia, que yo era el último en la fila y me enteraba, por las voces, de la situación económica de cada cual. ¡Acabábamos de iniciar el mes! Hombre, sí, septiembre... la nunca mencionada suficientemente cuesta de septiembre –que siempre se habla de la de enero. Pero es que empezamos a encadenar cuestas, y si en septiembre ya vamos así... pronto, en lugar de intentar subir la cuesta, la bajaremos rodando. Y es lógico, si el gasto sube, lo que baja proporcionalmente es la vida. No es que nos haya dado por consumir más, no señor; es que comprando lo mismo de siempre, se nos van más monedas, ¡qué digo, monedas!, billetes de los grandes; es que nosotros hemos de reducir consumo para gastar lo mismo. Y al señor presidente no se le ocurre otra cosa que, en su campaña personal, sacar la chequera de paseo y empezar a prometer dineros por aquí y por allá, pisos y subvenciones. Esto sí que es de liga de campeones, porque hay que serlo para seguir pensando que la única manera de manejarse es trabajar y punto. ¡Ay, esos sueldos! Que son lo único que no sube, lo inamovible, de donde salen los durillos de la chequera presidencial. Ahora que, como siempre ha sido así, hasta parece lo normal, y nos tragamos las estupideces de Rodríguez Zapatero.
Y ese otro señor, Mariano Rajoy y sus cincuenta gobiernos, ¿a qué aspira? Sobra algo de vanidad, a no ser que se refiera a las múltiples variaciones del partido que pretenden arrebatarle el ser la cabeza visible. A nosotros, como si le da por formar cien o mil, que sólo esperamos uno que no sea más de lo mismo. ¡Qué más da ocho que ochenta! Dicho lo cual, ahora tiene que elegir cuáles de sus opciones –cincuenta, nada más y nada menos- rechaza y con cuál se queda. Y, ¡ay de ese único gobierno! Esperemos que si termina en la Moncloa, no nos quedemos con la incertidumbre sobre qué habría pasado con el resto de posibles, como si esto fuera un concurso en el que se eliminan opciones sin saber qué escondían. Que en los tales, si el concursante se va sin nada, con nada venía al fin y al cabo. Pero en lo que a un país se refiere, mientras no hayamos tocado fondo, todos tenemos mucho que perder. Como reza la máxima, no es la cantidad, sino la calidad –o cualidad.
Lo cierto del caso es que esta ligereza en las formas refleja costumbre política, ya como gobierno y poder, o como oposición y contra-poder. Demasiado relajados a la hora de expresarse cuando de gobernar España se trata, la que, por muchas veces, se muestra una vez más díscola y huracanada, yendo una parte por donde sopla y arrecia el viento, y otras más pequeñas y diversas, por donde les da la real gana. Es bueno enseñar al pueblo que el futuro es de confianza, pero no lo es que la confianza se asuma como rutina. España no es rutinaria, sino que vive a saltos y al escondite. Y los gobernados no nos terminamos de acostumbrar a esa asumida costumbre de poder que tienen los aspirantes a gobernarnos. Más seriedad si vienen a pedirnos que les votemos; menos regalos de abuela, menos envites y órdagos, que ni España es una baraja para cortar y jugar, ni su pueblo son un mano de la que poderse descartar.
Hec September 10 PEDIGÜEÑOS PLAGIOSNo es la primera vez que, andando por las calles de este Madrid, me asalta uno de estos que piden para desayunar, comer, o por querer el dinero. Desde luego que estos pobres miserables -en el buen sentido de la palabra, ya que dan en la miseria- merecen una ayuda de vez en cuando. Pero tras ellos se esconde tanta insinceridad, que por el mero hecho de mentirnos olvidamos ayudarles. Hay quien pide con mano extendida por el favor de unas medicinas para su niño, aunque tal niño no exista y las medicinas sean otras; O quien dice padecer del corazón, haber sido operado y no poder trabajar por ello, mostrándonos un ridículo garabato, pintado en rojo en su pecho, simulando una cicatriz de operación quirúrgica; los hay que al mismo tiempo que les falta un brazo tienen joroba en forma de mano; otros que sin saber cómo cantan piden dinero por hacerlo; y también los que agravan sus faltas de ortografía en cartones escritos y ponen: Por fabor, una alluda para esta bieja biuda, como si el analfabetismo que fuerzan fuera a mover mi dinero, que, si acaso, lo dedicaría a que esa buena mujer –porque fue una mujer a quien vI en tal situación- estudiara si es que realmente no sabe escribir.
Pero hay un asunto más grave que vaga por las calles que frecuento. Dolorosísimo en lo que a mí me atañe. Existen algunos pedigüeños que dicen escribir poemas y te los entregan por la voluntad –que muchas veces más que voluntad se convierte en imposición. Te dan una hoja con unos versos que ni miras; rascas el bolsillo y le das menos de los antiguos veinte duros; te pone cara de odio porque, al parecer el poema vale más; terminas por dar más de los veinte duros, que es cuando desaparece aquello de la voluntad. Y ¡Ay cuándo miras el poema! O el pedigüeño era Pablo Neruda reencarnado, o ha plagiado los versos. Magnífica fuente de inspiración tiene este hombre, que escribe el mismo poema tercero de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, aquel que dice:
Ah vastedad de pinos, rumor de olas quebrándose, Lento juego de luces, campana solitaria, Crepúsculo cayendo en tus ojos, muñeca, Caracola terrestre, en ti la tierra canta!
(...)
Y por tal desfachatez desconfío de todo aquel que me viene con poemas a vender su alma, porque temo encontrar reproducidos los versos de cualquiera pero con nombre y firma del mendigo. Ni tan siquiera en este hacer tan pobre como lo es la poesía, que tan sólo un papel y un poco de tinta sirven, van a hacer justicia. Y no me digan que esto es picaresca, porque es sinvergonzonería absoluta.
Y ya me he cruzado con varios que, cojeando de la misma pierna, reparten poemas de los Machado, Darío, Salinas, con la única diferencia del abajo firmante, que en muchos casos ni tan siquiera el nombre es real. Ya es delito que se atrevan a firmarlo con otro nombre, como para que encima lo repartan por toda la comunidad. Pero claro, ¿Cuántos nos daremos cuenta del plagio? Pocos porque pocos leen poesía. Fíjense que de los pedigüeños que me he cruzado, ninguno ha tenido la delicadeza de copiar versos desconocidos hasta para los eruditos. No, ¡que va!, ni más ni menos que Neruda. Si resultará que el mendigo es más culto que los que terminamos dando la voluntad impuesta, reconozcamos o no las rimas de ese papel de calco.
Hec September 06 BEL CANTO DI MODENANo sé del canto hermoso -bel canto, ¿puede haber un brutto canto, sgradevole, feo, desagradable?-, y aunque lo suyo sería, hoy que se pierde a Pavarotti, explayar su genialidad, sus do de pecho y sus agudos, no haría justicia fingiendo conocer lo que ignoro. A lo más me han llegado a decir que tengo buen oído porque no me cuesta coger tono y nota al silbar melodías, o, cuando de pequeño, las recogía con mi Eustaquio y, sin anotar, las llevaba a la flauta dulce para la clase de música. De hecho, ni solfeo. Si algo me ha costado siempre ha sido leer una partitura, que con sus pentagramas me resultaba indescifrable. Tenía que ir corchea a corchea, blanca y redonda, como el niño que aún cuenta con los dedos, o que lee de palabra en palabra. Supongo que con estudio, dedicación, esfuerzo, la cosa hubiera sido mejor, pero terminé siendo un mero auditor –escuchador-, sin ninguna cultura musical que me permitiera juzgar lo que pasaba por el pabellón y salía de instrumentos y voces. Es decir, con lo de juzgar me refiero a “decir”, al usar palabras para contar lo escuchado. Escucho y punto, queda dentro.
Dentro tengo, por ejemplo, y al caso del fallecido, el Caruso que cantó aquí y allá. Es cierto, quizás los que sepan más hablen del Ave María –Schubert-, del Nessun Dorma en Turandot –Puccini-, y así sucesivamente. Por dentro, a mí, me suena Pavarotti con la música de Lucio Dalla, que ni era ópera, ni canto hermoso, ni tampoco canción que suene en una pista de baile. No era para puristas, desde luego, cuando quienes más supieron apreciarlo fueron los oídos de la gente menos o nada entendida. Ese Caruso había que escucharlo y no que analizarlo, cuando tan naturalmente sonaba en la voz del italiano, voz que hacía de aquellos versos el verdadero poema, no ya recitado, sino cantado; voz que no era sólo voz, que no era sólo técnica... ¡qué tal es verdadera lírica! Juntos instrumentos, versos, voz, todos a una, indiscernibles e inseparables. Aún más, que es un tenor cantando a otro tenor –Enrico Caruso-, una voz queriendo que resuene aquella que se apagó; porque, sí, los poetas dejan sus obras, pero el tenor se lleva su don. ¿Grabaciones? Hoy se puede perpetuar, también, la lírica hecha sonido, aunque lo bello del canto a Caruso de Dalla y Pavarotti no sea una reproducción, sino otro auténtico cantar aquí y ahora, que también habrá de perderse.
Y vienen tan al momento los versos, más en italiano:
Ma sì, è la vita che finisce,
Luciano Pavarotti ya no lo recomenzará, como tampoco el del Golfo de Sorrento. Pero yo seguiré silbándolo, tarareando su bajar y subir a lo largo de la música, que es como el no entendido aprecia y habla de ello: silbando y tarareando una armonía que no le suelta, que –no por pegadiza- queda dentro conmoviendo, tocando la inexistente alma humana.
[1] Pues sí, es la vida que termina,/ pero no lo pensó tanto/ al contrario ya feliz se sentía/ y recomenzó su canto. (traduzco intentando respetar ritmo y rima). September 05 SCHUMACHER: DE ZAPATERO A PRINCIPE¿Recuerda el lector cuando, allá en 2005, los Premios Príncipe de Asturias galardonaban, frente a un heptacampeón de la Fórmula 1, a un casi campeón español de Asturias en el mismo deporte? Por entonces nadie se lo explicaba, la verdad. Ni yo mismo entendía qué méritos tenía Fernando Alonso frente al resto de protagonistas del mundo del deporte, y aún más de su mismo oficio, muchos ya retirados y con un currículo deportivo intachable, envidiable. Reconocí entonces, que sí, que es un genio al volante, que estaba despegando por fin y estaba dando sopas con ondas al resto de bólidos, incluido Schumacher. Pero una cosa era que Alonso ganará y lograra, de una vez por todas, mostrar, subido a lo más alto del cajón, su competitividad, su fibra y su garra: su candidatura a ser gallo de la pista; otra cosa, muy distinta que se le premie una carrera que aún estaba en sus inicios. Ni aquello fue serio, ni parecía regirse por ningún criterio más que la españolidad, la asturianidad –si existe esto-, el marketing y el forofismo de jurado y organización. El betún, en aquel momento, quedaba muy por encima de la decisión infantil.
Hecho el recuerdo, ahora, dos años después, llaman a ese heptacampeón ninguneado irrazonablemente, para darle el premio a razón de su trayectoria. ¿Trayectoria? La misma que podía contarse en 2005, cuando si quiera Alonso era el bicampeón que es hoy. Quiero decir, cuando había aún más justificación frente al asturiano. Han dejado correr un año, por eso de las comparaciones, y al siguiente vienen a arreglar el “feo” ya hecho. El tiempo, sin embargo, tiene ese maldito rasgo de irreversibilidad, por el que, ya por los siglos de los siglos, se lo dieron antes a Alonso que a Schumacher, cuando todavía no existía punto de comparación posible, cuando el que empezaba a ganar, estaba aún por abajo, y el que terminaba de ganar, estaba en el estrellato de la historia del deporte automovilístico.
El caso es que, de escarmentados nada. Volvieron a hacerlo con la Selección Española de Baloncesto, en 2006, tres días después de que se hicieran con el Mundial en Japón. Ahora tocaba la de arena, tras dos de cal para los demás, con la organización agitando la banderita a destiempo. Una vez que nos damos las palmaditas a nosotros, ya podemos mirar más allá de las fronteras a ver quién lo merece. Y Nadal, con su raqueta, debe de estar que trina, porque puestos a premiar jóvenes promesas, con amplio futuro prometedor y con buenas señas de identidad deportivas, españoles sobretodo, antes que a nadie... y hay más deportistas de nuestra tierra, en deportes que, claro, no echan por la tele: tenemos medallistas en las olimpiadas, por ejemplo, que responden perfectamente a esos criterios nacionales. Mi recomendación es que esperen a las nuevas dos de cal, que vendrán el año que viene –si es que se siguen haciendo las cuentas del mismo modo.
En 2005 dije que, en estas, si yo fuera un Ángel Nieto, un Di Stefano –que eran los que entraron en la lista de candidatos frente a Alonso; Schumacher ni mencionado porque ya hubiera sido escandaloso-, así me eligieran, aún sólo como candidato, en otro año los mandaría al cuerno, o lo recogería como el que toma un vale del supermercado, allí mismo, en Oviedo. Al fin y al cabo, es la forma en que se ha definido el Premio por sí mismo durante dos añitos. Probablemente Schumacher vaya y lo recoja, lo agradezca y se comporte. A su imagen no le haría ningún bien enfurruñarse, o devolver el ninguneo. Aunque, eso sí, si lo hiciera, ni le faltarían razones, ni tampoco le faltaría mi apoyo.
El prestigio de un Premio no se logra por el nombre de los galardonados, sino por el criterio de elección y la seriedad con que se otorga. Y aquí faltan ambas cosas, como si sacaran un papelito del sombrero y a ese le ha tocado independientemente de todo lo demás.
Hec September 04 ESPAÑA LAICA (SOBRE UN ARTICULO DE BONIFACIO DE LA CUADRA)No lo he podido resistir. Después de varios textos enfrentando esa “España laica” que pinta nuestro territorio como si los españoles estuviéramos flagelándonos todos los días, como si el que no se pusiera en la cola –que hasta en el Templo las hay- para comulgar fuera a ser señalado con el dedo, como si el no cumplir con los dogmas fuera a costarnos la pira, el ahorcamiento, después digo, me juramente no volver al tema del laicismo español y el artículo 16 de la Constitución del 78. Pero topar con el escrito de hoy, en El País -¿sorpresa?- de Bonifacio de la Cuadra, y no contestar a la majadería una vez más, me tendría lo que queda de tarde con úlcera. Más que por él, o por aquellos que tomen unos minutos en leerme, lo hago por cuestión de salud. ¿Qué podría dejar de leer periódicos? Pues sí, lo hice en su momento, y recaí, como con el fumar. Acaso esperaré a que llegue una edad en que dejen de importarme las chaladuras pueriles, las esquizofrenias históricas, y ante la estupidez sólo salga de mí un ¡bah!, y a otra cosa. Durante unos cuantos meses he soltado ese ¡bah!, pero ya son tantos que no caben. No logro alcanzar ese estado tan saludable de ataraxia y nirvana, esto es, de que me la traiga al fresco... todavía no es un traer, sino un llevar los demonios.
Bueno, pues, el asunto va como sigue. Título del artículo de Bonifacio: ¿Para cuándo el Estado laico? Y el bueno de Bonifacio comienza con que el laicismo es una exigencia de nuestra Constitución por coherencia con el establecimiento de una sociedad avanzada. Ya está la falacia creada: el laicismo ha sido identificado con el avance de la sociedad –que luego identificará con la democracia-, cuando es lo que tendría que demostrar; el resto sólo es retraso, y todo por una exigencia que este individuo coloca a sus anchas, sin preguntar a nadie pero afirmándolo con infalibilidad papal. Dicho tal como lo entiende el cerebro, se trata de:
“soltar el lastre de unas servidumbres heredadas del nacionalcatolicismo imperante durante décadas y todavía presentes en los usos y costumbres sociales que la Iglesia pretende mantener contra viento y marea. El laicismo liberará las relaciones cívicas y saneará la vida social, atenazada aún por un modelo de sociedad en el que la religión es un componente esencial, que se resiste a pasar a un segundo plano opcional. Los españoles serán seguramente más felices cuando se les facilite que se liberen de ese horizonte tenebroso de pecado, infierno, cielo, purgatorio, fe, penitencia, milagro, limosna, virginidad, dogma, sacramento, celibato, y de la hiriente subordinación de la mujer -ausente de las estructuras de poder eclesiástico-, que resulta drásticamente incompatible con la democracia igualitaria”
Ahí es nada. Si alguien es capaz de leer este fragmento y no sentirse trasladado a una España del s. XVI, allá cuando quien escribiera el Lazarillo de Tormes hubo de esconder su identidad por poner al clero verde, si no siente el halo propagandístico prototípico de manifiestos y pasquines que empieza con eso de “el laicismo liberará”, que sólo le falta el “¡laicos del mundo, unios!”... ¿Y a qué españoles les habla? Debe de ser que los católicos que quieren vivir en ese “horizonte tenebroso”, no son españoles. ¡Ah, no! Que seguramente viven engañados por el opio -¡fu, fu!-, y es necesario “que se les libere”, ¡salvación! -¿acaso no es la salvación cosa del Cristianismo?. ¡Malditas las cadenas de la alienación religiosa! Y yo que veo a los españoles transitar las calles sin ir contando pecados a ver si les llevan al purgatorio, al cielo o al infierno, sino mirando el milagro de fin de mes con las limosnas de las extraordinarias o la paga de navidad; yo, que leo en periódicos –seguramente sea mentira- que somos de los países que más alto tiene el nivel de abortos entre los jóvenes –vamos, que vírgenes, lo que se dice vírgenes... deberían hacer una estadística de preservativos vendidos, aunque también hay quien los usa para otros fines que no voy a explicitar-; yo, que hace poco respondía a esa tontería de que los españoles reflejábamos pesimismo por los cuatro costados -¿qué fe se mantiene junto al pesimismo?-.... Sí, en algunas cosas le doy la razón: somos penitentes, pero no por cuestiones religiosas, sino políticas e ideológicas. En fin, que “los españoles seguramente serán más felices” –ese “seguramente”, así, en adverbio junto al incierto futuro, sin la certeza que otorga el adjetivo por sí sólo- sin la religión. Pero si ya vivimos así –aunque no felices- en un país en que nos acordamos de Dios cuando truena, en que los ateos quieren casamiento de pompa ante el altar, madres y padres, que no creen ni podrán educar en la fe cristiana, se ofenden cuando se les niega el bautizo para el crío, y cosas por el estilo. Pero también donde hay quien lleva con orgullo la cruz en cadenita al cuello, mientras se salta cada dos por tres los diez mandamientos de Dios y de la Santa Madre Iglesia de un plumazo.
Pero, ¿de qué habla este Bonifacio en su “buen hacer”? ¿De Estado lacio frente a Institución eclesial, de Constitución, o de borrar la religión de la vida de los españoles? En la parrafada –porque no es un párrafo, sino pura fraseo-ideo-logía-, no hay ninguna defensa del laicismo, aunque tampoco dice nada de lo malo que tenga la religión, sino que –aquí sí- rellena con sustantivos y adjetivos calificativos –ni especificativos ni explicativos- connotativamente negativos respecto de la religión, junto a la luz del “liberar” y la “felicidad” del laicismo. ¿Argumentación? No digamos pensamiento, discernimiento, dedos de frente. Ahora que, la sociedad está tan atontolinada –no sé si precisamente por la religión o más bien por dogmatismo de este otro sentido-, que un tan pobre abuso de la retórica, puede pasar por reflexión profunda. Convendría, para empezar, que se mirase de dónde procede lo “laico”, no vaya a llevarse una sorpresa y descubrir que hasta la palabrita viene de los círculos eclesiásticos –y que lo junte a esa teoría de la salvación, también judeo-cristiana, que la Ilustración bajo de los cielos. Si es que estos católicos están metidos en todo, y todo lo han impuesto ellos.
Conste que en la siguiente línea, este “cráneo previlegiado”, afirma que
Nada de eso implica perseguir a la Iglesia católica, que deberá tener el espacio que le corresponda en un Estado laico y el que le concedan o propicien sus fieles, pero de ninguna manera una financiación asegurada ni una situación de privilegio en materia educativa o fiscal.
¡Menos mal! Porque después de que algo se califique de tenebroso, servidumbre, incompatible con la democracia igualitaria... lo normal sería, sobretodo por lo último, eliminarlo. Si democracia y religión no son compatibles, y por otro lado, “deberá tener la Iglesia católica” –que por cierto, cae el tal Bonifacio en confundir lo religioso y de fe con la Institución- “el espacio que le corresponda en un Estado laico”, o ese Estado no es democrático, o hacemos a la Iglesia también laica –democracia y laicismo también vienen a identificarse, no sé por qué-, o nos ponemos a asaltar templos, quemar curas y violar monjas, hasta que se les quiten las ganas de “atenazarnos”. ¿”Y el que le concedan o propicien sus fieles”? A saber qué propondría el “buen hacer” de Bonifacio en el caso de que los feligreses le concedieran el rango que él niega. ¡Ah, no! Eso no, el espacio ha de estar limitado por el poder trascendente del Estado. Y si chocan, siempre pro Estado y contra reo –que nunca el Estado sería reo.
También dan qué pensar estas líneas con eso de la financiación asegurada: ¿cuántas otras organizaciones e instituciones, no religiosas, tienen financiación asegurada? Hace poco me ocupé de esa nueva ley del cine español –todavía más alienante que la propia religión- y ya se sabe por dónde iban los tiros. Pero ese cine, por ejemplo, al que le han ratificado apoyo y financiación estatal, no revierte en ningún bien en materia social: no sostiene centros de salud, educación, comedores... Solamente gastan. Yo se lo quitaba antes a estos cuervos que a los párrocos.
De Miguel de Unamuno aprendí algo, por poco que sea, y es esto: que a un dogma, una doctrina y una fe, sólo se la combate con otro dogma, otra doctrina y otra fe. Eso cuando se la quiere combatir ¿La conclusión? Pues que, ¡vaya cambio! Y sin embargo, a los feligreses de este laicismo les causa verdadera alergia el pan ácimo, y no su pan con levadura, su fe en el Estado –cuando lo controlen ellos, nada más-, su decálogo doctrinal... ¡Qué más me da Biblia que panfleto!
En términos capitalistas, odian la competencia, y el asunto es el dinerito estatal. Pero esto está muy, pero que muy mal, decirlo a las llanas. La gastada imagen del “vivir como un cura”, el provecho de colocarle a lo que no guste eso de “heredero del nacionalcatolicismo”, ir de Robin Hood y quitárselo al rico para dárselo, ¿a quién? –llega a dar igual quién lo tenga en las manos- confiando en que el “quién” lo repartirá entre los pobres... todo para guardar dinero, con algo así como: si yo no creo en Dios, por qué la Iglesia se lleva dinero; y, por qué si no creo en el Estado, debo pagar los impuesto –vamos, digo yo. Sería más sincero decir que no se lo pago porque no me da la gana ni sale de mis santas –y estas si que son santas- narices. Sin embargo, sólo molesta el dinero que va a la Iglesia; el resto que damos al Estado, ¿dónde está? ¡Bah!, dice Bonifacio –si es que tengo que aprender, como decía al principio, a decir ¡bah!, a lo que no me interese.
¡El dinero! Populus me sibilat, at mihi plaudo, Ipse domi simul ac nummos contemplar in arca; un Ipse domi que no es cualquier hogar, sino el Estado.
Todo este desvarío de tópicos, confundiendo fe, religión, Iglesia, laicismo, dinero, Estado y Constitución, tiene una razón muy lógica de suceder: cuando alguien viene de experto jurídico y lo utiliza de excusa –al caso, la excusa es el articulito 16- para rajar a placer y dogmáticamente de lo no jurídico, y establecer exigencias no jurídicas, engaña al personal que le respeta su prestigio, pero se pone en ridículo al mostrar una ignorancia tal ante quienes no saben de la excusa, ni falta que hacía. Esto no es laicismo. ¿Qué para cuándo este Estado laico?, espero que para nunca.
Hec
Nota: El artículo de Bonifacio de la Cuadra:
http://www.elpais.com/articulo/opinion/Estado/laico/elpepuopi/20070904elpepiopi_13/Tes |
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