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    August 27

    PERIODISMO

    El periodismo es una profesión para la que hace falta, antes que cualquier estudio, un mínimo de decencia, de criterio y objetividad. Sin embargo, me quedo estupefacto cuando en clase de lengua enseño a mis alumnos los rasgos genéricos de un texto periodístico de información y luego tales rasgos brillan por su ausencia o se entremezclan con los rasgos de otras topologías que nada tienen que ver con la información, ya sea la opinión o el texto literario.

     

    Acostumbra nuestro periodismo a adornar la información con literatura muy imaginativa, con suposiciones del informador, con introducción de coletillas en medio de la información o generalizaciones injustificadas, tanto en prensa escrita, como radiofónica o televisiva. En cambio, el mero texto informativo debe trasladar los hechos de cómo, cuándo, dónde, por qué, quién, a quién o para qué, siempre que las respuestas sean conocidas y no caigan en la especulación y de forma cronológica al suceso que se traslada. Asimismo, si expresa especulaciones, no han de ser suyas sino de las fuentes que investiguen el hecho y hayan sido dadas al público. Ahora bien, si sólo fuera esto, hasta podríamos convivir con la prensa diaria. Pero cuando uno se entera, por ejemplo, que un magistrado tiene que secuestrar imágenes o videos del reciente y trágico accidente en Barajas para que no salgan publicados, descubrimos que el periodismo no está dispuesto a limitarse a la información sino que busca construir la noticia con el morbo, con la historia más dolorosa y la más tierna, junto a otros temas secundarios y que son ramas del tema principal informado. Convierten lo ocurrido en su propio espectáculo mediático, rivalizando por ver qué cadena o medio posee las imágenes más impactantes. Y a pesar de ello, no se detienen y hay dos cadenas –una pública, que tiene su aquél ya, y otra privada- que podrían haber incurrido en delito al haber emitido determinado material requisado o prohibido, del mismo modo que se publicó en el 11 de marzo una serie de escenas que escapaban de lo informativo y sobrepasaban el límite de lo tolerable.

     

    Me recorrí los diarios por la red cuando supe del accidente, y quedé atónito al encontrar en todos ellos la solicitud de videos, fotografías y testimonios, generando la expectativa de exclusivas para aquéllos en cuyo poder obrasen tales materiales. Miré la televisión, y las alcachofas perseguían a familiares de víctimas que aún no sabían si sus seres queridos formaban parte de los escasos supervivientes o si les había tocado de lleno la tragedia. También se fueron a buscar a las personas que ayudaron en un primer momento para que relatasen lo vivido: sus testimonios, en vivo y en directo, sin tacto ninguno, comentaban qué muertos en concreto habían visto, por ejemplo, de la tripulación. ¿Se imaginan ser familiar de una azafata y estarse enterando por boca de un ciudadano anónimo y sobresaltado, que quizás sea la que está muerta en el arroyo? Porque el pasaje eran muchos, pero la tripulación son muy pocos y las probabilidades son más altas. Agradable y respetuoso no debe ser. Como tampoco resulta informativo y respetuoso para con las víctimas insistir en “el mal estado de los cuerpos carbonizados”, frase repetida hasta la saciedad en diferentes medios.

     

    A todo ello unamos esa querencia por perpetuar la noticia durante varias horas seguidas a pesar de no poseer ningún dato nuevo, engordándola con vaya usted a saber qué. No sé cuantas horas insistiendo en todo lo escabroso más los cuatro datos de los que disponían, volviendo todo el asunto en un espectáculo triste, lamentable y bochornoso.

     

    De repente no existía ninguna otra noticia, de esas que también convierten en mediáticas y explotan hasta más no poder con literatura descriptiva y narrativa –terrorismo, violencia de género, pederastia...-, como si el periodismo tuviera en sus manos detener el mundo y hacernos mirar a todos a un solo punto del planeta. Dado que estamos en agosto, todos lo sabemos, una noticia así se convierte, como la canción del verano, en el tema por antonomasia. La comparación, lo sé, es repelente, pero al periodismo de nuestro país es algo que le da exactamente igual, no dejando descansar a vivos, familiares, fallecidos y resto de población, como tampoco nos dejaron en paz con el “chiqui-chiqui”.

     

    ¿Para cuándo un periodismo serio con algo de “ética periodística” –esa de la que tanto se habla y no se ve por ningún lado? Es vergonzoso. Organizándose la de Dios es Cristo en el Caucaso, y nosotros viendo en primera plana las medallitas del olimpismo. Les dicen que no hablen del Tibet, y no lo hacen, o lo hacen muy tibiamente durante la cita olímpica. ¿Informan o escriben novelas del más variado género?

     

    Hec
    July 09

    LENGUAS Y MANIFIESTOS (RESPUESTA A BRANCHADELL)

    Un tal Albert Branchadell publica hoy en El País un título maliciosamente efectista: “Un manifiesto contra España”. Bajo el rótulo cabe pensar que se ha escrito un manifiesto contra España, aunque al leerlo, lo que uno se encuentra es la consideración de que, el “Manifiesto por la lengua común” que hace poco conocimos, es un manifiesto que mueve más a ir contra España que a favor. Dicho, claro está, en líneas generales. Pero, un artículo que empieza en su título de este modo, con jueguecitos ambiguos y dobles sentidos para provocar la llamada de la selva entre lectores habituales y no tan habituales, ya se le puede suponer buena dosis de mala fe. La mala fe que cabe suponer a quien se ha dado por aludido y ofendido –si no, no nos regalaría la joya que escribe- por la defensa que otros han llevado acabo de la lengua española como lengua común y oficial del Estado y los ciudadanos.

     

    Me ha llamado notablemente la atención que el señor Branchadell se líe ha explicarnos el significado de la palabra “común”, nos hable de las asimetrías de las lenguas que existen en el territorio español, se pierda entre disquisiciones sobre si se recoge en algún lado el derecho a recibir la educación en castellano –es cosa que cabe deducirla a una mente lúcida, aunque existe quien necesita una copia al dictado-, mezclándolo con su dosis de constitucionalismo... y se le olvide mencionar la piedra angular de aquél manifiesto que critica: el hecho de que la Constitución de 1978 establezca el deber de aprender y el derecho de usar el castellano como lengua oficial del Estado (art 3.1) y no haga lo propio en el art 3.2 con el resto de lenguas. El manifiesto sostiene que a todo español cabe suponerle conocer el castellano, precisamente, por ser deber suyo aprenderlo, desde Finisterre hasta el Teide pasando por el archipiélago balear. Sin embargo, Branchadell –que no sé por dónde entiende-, se tambalea con lo común, lo mayoritario y la difusión social del castellano, como si fueran estas las razones que fundamentan aquél manifiesto. De hecho, la única vez que menciona el deber que comento, es para leerlo justo al contrario: como versión exclusivista que prohíbe que exista el mismo deber para con el resto de lenguas. Hasta empieza afirmando que España es un país “plurilingüe”, lo cual no es cierto pues supone generalizar para todo el país el hecho de convivencia de dos o más lenguas en determinadas regiones. Y lo afirma amparándose en la Constitución, como corresponde cuando se quiere usar las mismas armas de aquél a quien se considera enemigo. ¿No se ha percatado el lector que la Constitución, venga a interpretarla, está llegando a decir una cosa y su contraria al mismo tiempo y en el mismo sentido?

     

    Dice Albert:

     

    (...) una cosa es que todos los españoles conozcan el castellano y otra muy distinta que consideren que el castellano es su lengua.

     

    Pues señor, en tanto que español, para todos el castellano es la lengua, pues es la oficial del Estado. Tan peregrino como que el francés lo es de los franceses, al margen de otras lenguas que puedan existir en Francia. Que luego, además, también lo sea el catalán, el euskera, el gallego, el valenciano o el mallorquín, perfecto. Pero ya sabemos, ¡Spain is diferent! ¿O no?

     

    También se le olvida a Albert que, ese mismo artículo 3.1, al convertir en lengua oficial del Estado al castellano, lo defiende del mismo modo como la lengua vehicular de la Administración Pública y las Instituciones, tanto en las relaciones interiores como en las exteriores, razón por la que el castellano no se puede suprimir a favor de las otras lenguas en cualquiera de los actos o textos jurídicos, legales o administrativos que el ente público realice desde cualquier Institución. Que se redacten de forma bilingüe es una solución factible que, en ningún momento, vulnera el punto 2 del mismo artículo por el que el resto de lenguas serán oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas según sus Estatutos y manifiesta el respeto y protección a las mismas del punto 3. El artículo 3.2 es el que está siendo usado de forma deliberada, anteponiendo los Estatutos al texto Constitucional, para establecer el mismo deber para estas lenguas. Esto es, que la Comunidad Autónoma de Cataluña, la de Galicia, el País Vasco, la Islas Baleares o la Comunidad Valenciana, puedan imponer a los españoles que residan allí o quieran trabajar allí, el aprendizaje de la lengua autonómica en escuelas, oposiciones y Administración. Como si la Constitución emanase de los Estatutos y no al revés. Es este punto de la Constitución el que, con muy mala baba, se retuerce para amparar que en estas Comunidades se sancione con multa el uso, no ya público, sino también privado, de la lengua castellana y oficial del Estado. Dicho de forma general: aprovechan el artículo 3.2 de la Constitución de 1978 para establecer en sus Comunidades, como máximo texto legal, el Estatuto, igualándolo en rango a la Carta Magna al tiempo que igualan las lenguas, olvidando a conveniencia el artículo 3.1. A partir de esta pirueta, en tal o cual Comunidad Autónoma se hará lo que mande el Estatuto, independientemente de la Constitución, como si sus Instituciones gubernativas (Junta y Generalidades) no formaran parte del entramado público del Estado.

     

    Los nacionalismos, empero, bajo la protección de estas interpretaciones “constitucionales”, casi vienen a llamar inconstitucionales las iniciativas que recuerdan el artículo 3.1 y la primacía fundamental de la Constitución de 1978 frente a cualquier otro texto legal, el cual, no puede contradecir a aquélla, en todo el territorio español.

     

    ¿No cree el lector que, si la intención hubiese sido que todas las lenguas españolas fuesen igualmente oficiales en el Estado, estarían entonces incluidas todas por igual en el artículo 3.1 sin necesitar ese punto 2 del mismo artículo? Respecto del argumento de la asimetría de las lenguas, ¿acaso porque en Cataluña sólo se hable catalán, en el País Vasco el euskera, en Galicia el gallego, en Valencia el valenciano y en Baleares el mallorquín –o el ibicenco- va a desaparecer la asimetría? Lo mismo buscan que todos los españoles aprendamos estas lenguas y así poder exigir el mismo rango estatal que el castellano. Pero esto sería incluso peor que Don Quijote arremetiendo contra los molinos y el lío de la Torre de Babel. En Albert, parece deducirse algo parecido:

     

    lo que se propone es que se prohíba la posibilidad de establecer el deber de conocer una lengua española diferente del castellano, de modo que su comprensión pueda serle supuesta a todos los ciudadanos de la comunidad afectada. Es decir, que se prohíba lo que prevé el Estatuto de Cataluña para el catalán y que se abandone la jurisprudencia que sanciona el conocimiento obligatorio del catalán por parte de los alumnos y de los funcionarios de la Administración catalana.

     

    Lo dicho, el Estatuto de una Comunidad, usado para enmendar la plana, corregir y rellenar los huecos de la Constitución a gusto del consumidor.

     

    En cuanto a la elección de idioma en la educación, no deja de sorprender que Albert sea capaz de usar el mismo argumento para cosas contrarias. Según él, se puede elegir otra lengua para la expresión, comprensión y comunicación diferente al castellano:

     

    La mayoría de españoles tiene el castellano como lengua materna o lo ha elegido como vehículo preferente de expresión, comprensión y comunicación, pero existen también otros españoles que tienen o han elegido otra lengua.

     

    Pero cuando la elección está orientada a, por ejemplo, el castellano en la enseñanza, resulta que hay pegas:

     

    esta propuesta no está en la Constitución. Lo que sí existe es una acreditada jurisprudencia según la cual el derecho a la educación no implica el derecho a elegir la lengua de la enseñanza. Es interesante, por cierto, que el Manifiesto solicite al Parlamento español una normativa sobre una cuestión que parlamentariamente ya está zanjada: el Congreso rechazó recientemente una proposición del PP que incluía el derecho a "estudiar en castellano en todas las etapas del sistema educativo".

     

    ¡Esto sí que es asimetría señor Branchadell! Cierto que nos da la de arena:

     

    Naturalmente, que el Parlamento convalide el sistema de inmersión lingüística en Cataluña no significa que este sistema sea invulnerable a la crítica. Si el Manifiesto existe es, en buena medida, por el trato escolar que recibe el castellano en Cataluña, que acaso sería bueno revisar. Es posible que en Cataluña no se haya garantizado de manera satisfactoria el derecho a recibir la "primera enseñanza" en castellano, reconocido desde la Ley de Normalización de 1983. En la actualidad, oponerse a la tercera hora de castellano (al mismo tiempo que se admiten asignaturas en inglés) es un grave error político.

     

    ¿”es posible”? ¿”sería bueno revisar”? Esto es todas las palabras que dedica Branchadell al saltarse a la torera las leyes en Cataluña. Por proporción, extensión e ímpetu en su artículo de opinión, se deriva que para Albert es muchísimo más grave lo que concierne a las lenguas que no son el castellano –por cierto, que barre para casa y se centra en Cataluña y el catalán, olvidando en su discurso el resto de lenguas de su “España plurilingüe”.

     

    El problema que subyace de fondo no es una revisión de la Constitución como pide el “Manifiesto por la lengua común”, ni las multas al castellano, ni la independencia, ni la “normalización lingüística”, ni las múltiples interpretaciones libres e interesadas que se hacen de la Carta Magna, resultando de todo el cambalache por el que se inocula que el Texto de 1978 es confuso, ambiguo y, por ende, erróneo. Para una mente no envenenada políticamente –nacional o nacionalista, que me es indiferente-, sana, la Constitución es muy clara. Para los que viven de sus luchas con los fantasmas particulares de la historia, es necesario empezar a concretar la Constitución hasta el milímetro más preciso, para evitar desmadres por el este y el oeste. Pero, y aquí no se libra ningún politicucho, la necesidad de los apoyos y chantajes nacionalistas ha velado y oscurecido está claridad por omisión, entre hipocresías, cinismos y demagogias baratas, dejando hacer y sin intervenir. Como siempre, los barros traen lodos, y recogemos ahora exigencias que se salen de madre por todos lados para reformar literariamente, como correctores de estilo con ocultas intenciones, la expresión de la Constitución.

     

    Hec

     

     

    Nota: El artículo de opinión de Albert Branchadell puede leerse en el siguiente enlace

    http://www.elpais.com/articulo/opinion/manifiesto/Espana/elpepiopi/20080707elpepiopi_12/Tes

    July 04

    LA CORBATA DE SEBASTIAN

    Mientras unos se aprietan el cinturón, otros se aflojan y quitan la corbata. Me refiero, en los primeros, a la población, que empieza a no tener agujeros en el cuero ni espacio para hacerlos; en los segundos, a ese señor que una vez se presentó a la alcaldía de Madrid y que Rodríguez Zapatero nos mete hasta en la sopa sin que nadie sepa qué le debe el presidente: Miguel Sebastián, hoy, Ministro de Industria. Y este señor –para no faltar- ha decidido tomar medidas ante la crisis: quitarse la corbata. Bien que lo entendería si fuera porque de tanto trabajar y sudar, necesitase aflojar el nudo, quitarse la americana y remangarse las camisa, mientras prosigue su labor en el gobierno. Pero si sólo se trata de gastar menos con el aire acondicionado y, subrepticiamente, robarle en la boda el protagonismo a la novia –esto es, a la propia crisis- haciendo que todos hablemos de su ausente lazo y pantomima con Bono –que si te regalo una corbata, que si el otro un termómetro- y no de lo mal que pintan los tiempos y lo peor que se pronostican en los oráculos económicos, entonces, estamos ante una solemne majadería más, de esas en que nos dicen: ¡mire, un burro volando! Es decir, que el señor Sebastián está como la señorita o señora Aído, la Ministra de ¿Igualdad?, para soltarlas gordas y distraer la atención con el chascarrillo. Aquella, no satisfecha con su “miembra”, nos vino con crear bibliotecas exclusivas para mujeres y cuyos fondos sólo registrasen a escritoras. ¿Realmente espera que nos lo tomemos en serio y no creamos que se trata de un efecto de trilero, una maniobra de distracción torpe y cantada? ¿A alguien de este país se le mantendría en su puesto de trabajo después de tamañas idioteces? Pues ahí siguen, mandados o no, de natural o de tapadillo, poniendo su dignidad intelectual a la altura del lodo, sirva o no para despistar al ciudadano y sobrevivir un día más a la que está cayendo y, sobre todo, a la que está por caer.

     

    El paro sube, y sigue subiendo, incluso en meses como los de verano, tradicionalmente de creación de empleo –temporal- por el turismo y hostelería; el EURIBOR sube, y sigue subiendo sin alcanzar ese techo que tantas veces nos han dicho desde el Gobierno de España que iba a tocar ya; El PIB baja, y sigue bajando, porque hay menos para gastar, luego menos consumo y, lógico, baja la producción y la venta; el famoso superávit, aquello de la “champions league” que, orgulloso, soltaba Rodríguez Zapatero, se ha desvanecido en dos o tres meses, y estamos al borde del déficit público. Y el Presidente todavía tiene la desvergüenza de no mentar la palabra “crisis” en su vocabulario, echando mano de toda perífrasis gongorina y todo eufemismo retórico hasta el salto mortal de aquélla “desaceleración acelerada”, ¡el colmo del absurdo! ¿Y estos eran los que decían que “no merecíamos un gobierno que mintiera”? Ni entonces, ni ahora. Pero sobre todo, lo que no merecemos es un Gobierno inepto, incompetente e ineficaz, que viéndolas venir, prefiere esperar a que las cosas pasen por sí solas con una sonrisa de oreja a oreja, dejándonos a merced de la lucha por la supervivencia y la ley del más fuerte, entre otras cosas, y esto es lo grave, porque no sabe qué hacer. Si lo supiera, digo yo que ya habría puesto remedio, pues se ha hecho tarde para ponerse medallas.

     

    Sus ingentes “paquetes de medidas” –como odio esta expresión-, ni siquiera son paquetes, sino cuatro líneas torcidas escritas a lápiz. ¿Congelar el gasto público de sueldos? Después de haberlos subido, claro –demagogia-; y, ¿para qué crear dos Ministerios inútiles que incrementan los altos cargos y la plantilla de funcionariado, esto es, el gasto público? Un “paquete”, por lo que yo entiendo, suele ser algo más sólido que estos retazos impúdicos y el quitarse la corbata de Sebastián.

     

    Si es que hemos asistido a algo insólito desde que se impuso la tiranía “progre” de seudoizquierda: los psocialistas solos en el Parlamento, y Rodríguez Zapatero forzado a comparecer –si es por él, todavía estaríamos esperando- por todos los grupos posicionados enfrente. Todos, y no sólo los populares ejerciendo de oposición, saltándose sus democráticos “cordones sanitarios”. “La pela es la pela”, que dirían, y así los nacionalistas vienen a sacudir a Rodríguez Zapatero para que suelte las moneditas que debe, que prometió... las treinta monedas de plata por las que vende a plazos su poder en España. ¿Dijo algo? ¡Qué va! Más allá de arquear las cejas, las dos, sin esfuerzo, no hay más Presidente. En él acaba la verdad, y por él nos sometemos al principio de incertidumbre en su interpretación más relativista –válida o no. Con Rodríguez Zapatero todo es opinable: desde el término “nación” de la Constitución, la Constitución misma, los alto al fuego, y las crisis económicas hasta la inmortalidad del cangrejo.

     

    O este Gobierno es un grandioso gestor y nosotros, los que siempre llamo pobres mortales, somos tontos que no pillamos ni una de sus magistrales medidas, o nos están dando por liebre, gato sin disfrazar, y donde tendrían que decir... –no sé cómo hace la liebre-, nos dicen, encima “miau” pero enseñando una zanahoria para disimular.

     

    Hec

    June 14

    DE CEJAS, BARBAS Y DEMAS MIEMBROS

    Pueden hartarse a decir que no hay crisis, y tirar de eufemismos, rodeos, y toda la gama de pobre retórica del bachillerato. El bolsillo del español lo nota y se duele, y sabe que, llamen como lo quieran llamar, su economía sí está en crisis. Y cuando las economías familiares están en crisis, la cosa va mal, pero que muy mal, puesto que el acento está en el consumo. El cálculo es fácil: sin dinero, no se gasta. O peor aún, se gasta más a crédito, que es lo que lleva ocurriendo durante años, hasta el día en que, simplemente, es imposible concederlos y empiezan los embargos y las cuentas congeladas, las listas de morosos etc. Quizás no haya crisis para el pobre, que, siendo pobre, fue devorado hace mucho por el sistema. Quizás tampoco para el rico, que siendo rico, tiene sus cosas a buen recaudo. El tema toca y zarandea a esa clase media que sostiene el difícil equilibrio del país con su nómina y su cartera. El gran problema está en la dieta de adelgazamiento que sufren, no por voluntad, las últimas. Y esta clase media, medio acomodada, medio rica y medio pobre, que siempre anda en el más o menos para llegar a fin de mes, sabe que hay crisis aunque Rodríguez Zapatero hable de “desaceleración”.

     

    Desde luego que, todo lo que no sea aceleración, subir, ganar, es desaceleración, bajar, perder. Y los primeros desacelerados han sido los camioneros, los pescadores, los agricultores y algunos taxistas, que han desacelerado completamente sus camiones, atracado sus barcos y parado sus tractores y vehículos, al margen de los sindicatos –si es que no se puede morder la mano que te alimenta. Otra cosa que desacelera es el PIB, no por soltar el pedal, sino por tirar que da gusto del freno de mano. Sin embargo, algo acelera: esa cosa llamada EURIBOR y que saca, mes a mes, los ojos y las tripas a los hipotecados. El EURIBOR pisa a fondo y corre que se las pela, crece como nadie y sin control. Con él, se aceleran también el paro y las deudas de los españoles, mientras la administración tributaria ayuda rebuscando en las liquidaciones y revisando las declaraciones de RENTA, por ver de dónde puede sacarse algunos miles de euros, con sus céntimos y todo.

     

    El caso es tan paradójico como tener que pagar más cuando menos se tiene. Y los parches demagógicos y populistas de los cuatrocientos euros por aquí, los dos mil quinientos por allá, el euro del carné de conducir y ese largo etcétera del generoso papá Estado de Zapatero, han quedado en pamplinas cuando la bolsa de la compra pesa mucho menos habiendo pagado lo mismo de todas las semanas en el comercio.

     

    Y, ¿dónde está la oposición? Sí, hombre, sí, los defensores de España. Nada más y nada menos que defendiendo, cada uno sus barbas, en el seno de su partido. Sin salir de casa, que revuelta anda y cualquiera sale a ocuparse del país... ¡que le quitan la silla y el sillón del Parlamento si se despista! Estos llaman “debate de ideas” a las pullas que se tiran los unos a los otros. Que la derecha no va a saber jugar también con el lenguaje ¡Vamos que no!

     

    Mientras tanto, voces de tontería sonaron, en un Ministerio, voces estúpidas que cercan el género gramatical de la palabra “miembro” y de cualquiera que se cruce en su camino cuando cogen el diccionario. Si es que el Ministerio este de la Igualdad –o igual da, que dicen algunos-, como preveíamos, sólo va a servir para oír aún más sandeces, memeces y necedades de las que estamos acostumbrados. Nebrija debe de estar revolviéndose en femenino y masculino bajo la tierra.

     

    A Zapatero y a Rajoy les están haciendo huelga, no porque hayan hecho algo malo, sino por lo malo que es este no hacer absolutamente nada, viéndolas venir y suceder. Huelga de militantes, miembros y “miembras” -¡chapó!, señora ministra-, por un lado, que caen como moscas del Partido Popular; huelga de obreros por otro lado, que no les duelen prendas de convertir la “desaceleración” de Rodríguez Zapatero en frenazo y trompo que te crió. Lógico en ambos casos que, si no hay patrón, los marineros –que no “marianeros” ni “joseluistas”- se suben a las barbas y las cejas. Y España, sin gobernarse.

     

    Hec

    June 04

    PEDRADAS DEMOCRATICAS (A CUENTO DE UN REGISTRO DE PEDERASTAS)

    La democracia es una organización que cuesta mucho soportar y mantener. Las ocasiones que se dan para cruzar la línea democrática hacia las discriminaciones y las injusticias son muchas más que las circunstancias para quedarse en los límites. Ahora vienen a hacer, tan injustamente como en otros países, un registro nacional de pederastas que incluso pueda inscribir aquellos aún no condenados pero imputados a la espera de juicio o sentencia. Adiós a la presunción de inocencia, adiós a la igualdad ante la ley y la no discriminación, adiós al derecho de intimidad y privacidad como derechos fundamentales reconocidos internacionalmente, adiós a los principios esenciales del sistema penitenciario sobre la reinserción. En cambio, ¿servirá esto para evitar futuros casos? ¿No suena a parche populista ante la inoperancia de una justicia y unos tribunales atascados, a la no aplicación de la ley vigente, a la falta de comunicación entre administraciones...? ¿Para qué están las fichas de “antecedentes penales”?

     

    La cuestión llega desde una familia, tristemente conocida por el asesinato de su hija, víctimas, fundamentalmente, de un sistema judicial atestado y lento, muy lento. ¿Acaso un registro nacional va a arreglar los problemas y retrasos entre la solicitud de unos antecedentes y la llegada de los mismos a la Sala del Tribunal que lo solicitó? Ocurrirá como la archifamosa “Ley de Género”, sin que las mujeres muertas hayan disminuido, acrecentándose el número de denuncias falsas. Más parches, y más pisar al otro lado de la democracia, ese lado oscuro que la pone en entredicho.

     

    Por otro lado, el delito podrá ser horriblemente feo para nuestra moral moderna, saturada con el lema “Nadie piensa en los niños”, y se nos olvida que la justicia no debe usar criterios morales por la repugnancia de unos hechos, sino atenerse a la ley. Tal registro, por tanto, responde a calmar las conciencias morales, no a colaborar en la aplicación de la ley en los Tribunales. Un guiño más a la galería.

     

    Y, ¿quién es el pederasta? En principio, lo que digan los periodistas, para quienes lo es desde el violador asesino ya condenado en otras ocasiones, hasta el primario que un día se bajo un foto y fue detenido como el cerebro de una red, o el que chateó sobre sexo sin saber que detrás del nick “telachuparentera”, se escondía una inocente y frágil pequeña de once años –no se sorprendan; entren en un chat y hagan la estadística. Curiosamente, de un tiempo a acá, tenemos España repleta de pederastas. Todos los días detienen a cincuenta, a cien..., junto a los maltratadores de mujeres y los temerarios del volante. Son, triste palabra, los delitos de moda para la prensa que anima, con sus exageraciones, al escándalo alarmista y las venganzas a la puerta del juzgado, a la familia y cualquiera que pida amparo de sus derechos.

     

    Además, ¿seguro que se quiere un registro, y se pide que público, por la seguridad de los niños? Particularmente creo que es el morbo y el marujeo tan típicos de nuestro país, las ganas de hurgar en la vida del vecino y encontrar, si cabe, más razones y más justificadas para el linchamiento general –que es lo que ocurriría, un ajusticiamiento social tomándose la justicia por su mano. El argumento es conocido: no existe reinserción en estos casos; que no pasa de ser una generalización que olvida separar entre hechos puntuales de estar en el sitio menos indicado en el momento menos oportuno, y el hecho reiterado sin remisión. Los porcentajes, aunque indican poca reinserción, no la anulan. ¿De dónde surge esta generalización? Los drogodependientes, que tantas veces han de delinquir para sufragar la adicción, tampoco tienen uno de los niveles más altos de reinserción...sin embargo, hablamos de pobres diablos casi con ternura. Si añadimos que los fabulosos programas de tratamiento en las penitenciarías se aplican tarde, con prisa y mal, es lógica la falta de reinserción que después volvemos en contra del condenado para apedrearle.

     

    Casi mejor, más rápido y más eficaz, aunque menos eufemístico que un registro, menos perifrástico que la seguridad de los menores que van solos por las calles o navegan sin control por intenet, sería una lapidación pública y un sajar los ojos en la Plaza Mayor de cada pueblo y ciudad. Total, para andar señalándole con el dedo aunque no haya reincidido, todos los días de su vida hasta que pida le peguen un tiro... terminamos antes, ¿o no? Hay también ciertas ganas de hacer sufrir, de torturar, humillar y echar encima de las cabezas el pasado de cada cual aún cuando él mismo lo haya dejado atrás. Para esto nos ahorramos los derechos y la democracia misma. Pero, ¡ay del día en que uno de los que hoy gritan le cuelguen el cartel porque, alguna vez, en lugar de bajarse del p2p las películas que tanto quería, se encuentre con un pack de violaciones a niños y la policía, que sigue el destino de ese archivo, se le plante en la puerta de casa! O también la vez que éste decida buscarse una novia, o un contacto sexual tras la ventana de un chat, y luego descubra, ante un juez, que el magnífico plan de placer lo diseño con una cría de trece años que sabía más que él de sexo y vicio. Siempre linchan los que se creen libres de pecado, hasta el momento en que caen las piedras sobre él.

     

    Hec

    May 15

    LA IGUALDAD ANTE LA LEY, DIGANLA LOS PORQUEROS O EL TC

    Siguiendo con la ideología de género, cada vez más presente e inexplicablemente más aceptada, hoy sabemos que el Tribunal Constitucional viene a avalar la reforma introducida en el Código Penal que, fundamentalmente, criminaliza y castiga con mayor dureza al varón que a la mujer en los asuntos de la llamada –horriblemente- “violencia doméstica”. Lo cual quiere decir que el varón se enfrenta a peores consecuencias por agredir o maltratar a la pareja que una mujer. Es evidente a cualquier cráneo lúcido que la reforma se salta a la torera uno de los principales artículos de la Constitución como es el art. 14 que se refiere a la no discriminación por razones de sexo, raza, religión... lo que es lo mismo, el artículo que señala que todos los españoles somos iguales ante la ley. Sin olvidar el art. 10.2 el cual sienta la interpretación de los Derechos fundamentales y libertades de conformidad con los Declaración Universal de Derechos Humanos.

     

    Sin duda, es grave que pueda hacerse tal reforma política e ideológica. Pero aún más, si cabe, que el Tribunal Constitucional, siendo quien debe velar porque las leyes emanen coherentemente y no contradigan la Carta Magna del 78, sea quien dé su visto bueno a reformas de clara discriminación por razón de sexo. La justificación que he oído por ahí, dado que el texto de la decisión no se ha dado a conocer aún, es que, efectivamente, este delito es más frecuente en los varones que en las mujeres. Ésta es la doctrina y estos son los criterios: probabilidades y estadísticas para legislar en función de los grupos sociales. ¡Y yo que pensaba que se legisla para las personas por igual! Nos venden la moto del “imperio de la ley”, cuando es el “imperio de la interpretación, de la opinión”; de la “igualdad”, cuando es el imperio de la “discriminación” –ya positiva, ya negativa, pues ambas son la cara y la cruz de la misma moneda: cuando una está boca arriba, la otra está en el otro lado. No podemos agachar la cabeza y asentir a un argumento que sostiene que, como la mujer se encuentra discriminada en unos ámbitos, vamos a beneficiarla en otros, en los tribunales, y así compensamos. Así sólo reduplicamos la injusticia en los dos polos, pagando en todo caso justos por pecadores: criminalizamos a unos y los castigamos severamente sin mirar –que los hay penando por denuncias falsas-, mientras las otras siguen muriendo, o cobrando menos, vejadas e insultadas. Todos sin derechos, pero por el derecho.

     

    Para observar en un ejemplo la estupidez judicial y legal que supone, piénsese que podríamos reformar también en los delitos de robos con fuerza, donde socialmente[i] se considera que la palma se la lleva la inmigración, y así imponer penas más duras dependiendo de la raza y color del personal. ¿Por qué no lo llamaríamos “racismo o discriminación positivos”? ¿Por qué en ese caso nos parecería aberrante? Y sin embargo, también nos llevamos las manos a la cabeza porque en este caso las víctimas se tienen que aguantar. Así se comprueba que este camino sólo relativiza los criterios para las decisiones judiciales.

     

    La ley no está para beneficiar o castigar a unos grupos más que a otros, pero en nuestro país ocurre demasiado a menudo lo contrario. Ahora, al carro, apuntamos también la ideología de género. La ley supone el mismo amparo de derechos y libertades, como de consecuencias por su quebrantamiento, sea quien sea víctima y agresor. Sin embargo, en España, esto se dice y no se cumple, y empezamos a avalar una legalidad que mira previamente la edad, el sexo, el color, la moral del bien y del mal establecida. Un primer paso, en toda regla, para olvidar conceptos como ciudadano, persona, y poder comenzar a restringir derechos a éste sí, a éste no. Es más, desde hace tiempo que el imputado o condenado por determinados delitos ve cómo se siente desprotegido ante la ley que debería vigilar también sus derechos, discriminado de otros imputados o condenados, sobretodo por estos pensamientos profundos que se quejan de que la ley “protege al delincuente”. Indudablemente que nadie puede cometer salvajadas a cuenta de las leyes, pero no podemos olvidar que una parte de las mismas defienden sus derechos también y por igual. No es una cuestión de todo o nada. Se nos está olvidando cada vez más que la ley es un intermediario en la convivencia social y no puede situarse en un lado u otro de las situaciones. La ley no es un muro de contención de la sociedad frente al delincuente, entre otras cosas porque eso representaría considerar que el delincuente no pertenece a la sociedad. Esto, no obstante, es lo que sucede. Y una vez que el delincuente, considerado fuera de la ley, es puesto de igual modo fuera de la sociedad, parece legitimarse que para él, la misma ley que quebranta no ha de velar por sus derechos. Vamos, que podemos lapidarle en la plaza del pueblo. Pero todo es muy “democrático” y muy “constitucional”, porque lo ha dicho este Tribunal. Lo mismo que conceder que la decisión de un comité de locos siempre será cuerda, lo cual supone que la justicia sea cosa de casualidad.

     

    Lo repetiré una vez más: a la ley le debe dar exactamente igual el sexo de la víctima y el del agresor, pues el delito es el mismo. Si se quiere endurecer la pena, al menos, que las incrementen para los dos sexos, de modo que no ocurra que a unos les salga más caro y a otras más barato. Si no, diga lo que diga el Constitucional, tal ley, reforma o artículo no estaría respetando el Texto del 78. La otra opción sería eliminar los artículos que decretan la igualdad ante la ley. Aquí, sintiéndolo mucho, sobre derechos y libertades, no hay escala de grises.

     

    Hec



    [i] Las conocidas “alarmas sociales”, cuyo fundamento es el miedo infundido a través de los medios por generalizaciones que no responden de la realidad y cuya expresión es la condena paralela, irreflexiva e irracional por parte de la sociedad sin más conocimiento que las adjetivaciones de los periodistas. Lo que realmente debería asustar es que la justicia esté haciendo caso de estas “alarmas” y las adapte como criterio a tener en cuenta al margen de la propia ley, o incluso que venga a incluirlas dejando sin efecto conceptos y procesos como la presunción de inocencia, hábeas corpus, in dubio pro reo, así como la rehabilitación o reinserción social.

    April 13

    IDEOLOGIA DE GENERO

    Rodríguez Zapatero no pierde el tiempo. Investido el viernes, en segunda vuelta, con mayoría simple, ya tiene las primeras majaderías de la legislatura: por un lado, dos nuevos y lustrosos ministerios, el de Innovación y el de Igualdad. Lo que no nos han contado es el contenido de los mismos, sus competencias, más allá de inventarse dos sillones más para los amiguetes. Más que Ministerios son Misterios a secas.Y hablando de amiguetes, otra de las majaderías en colocar en Industria a su querido y defenestrado políticamente en Madrid, Miguel Sebastián. Si es que... ¡para algo están los amigos! Una vez más, el psocialismo zapateril saca a relucir sus pobres y escasos criterios a la hora de seleccionar al personal.

     

    Rodríguez Zapatero no desilusiona y persevera en su rol mesiánico, en su aura de iluminado. La economía, el empleo, la vivienda, los salarios, el abastecimiento de agua ... todo se va a arreglar, pero no dice ni cuándo, ni cómo. Incluso, él solito, después de la solemnidad de su Alianza de Civilizaciones, va a solucionar el catastrofismo del cambio climático. Sólo le falta resolvernos el Misterio de la Santísima Trinidad. Bueno, para ello la solución es fácil: laicismo y punto en boca.

     

    Pero, por encima de todo, sigue siendo manifiesto el brillo ideológico por el que se hace fuerte y se mantiene. Como buen político, ha cogido aquellos temas alarmistas y morales y los ha convertido en el hilo principal de su discurso. Cuatro años nos ha estado moralizando acerca de cualquier cosa que pudiera caer en sus manos, desde la Guerra Civil hasta la paz mundial, pasando por la ecología, la homosexualidad, las mujeres... haciendo leyes a la medida de las minorías, guiños a la galería. Ahora ya no sólo hace leyes, sino Ministerios. Hete aquí que cualquier ser vivo racional e independiente pensaría que la Igualdad debe afectar a todos los hombres de la tierra. Sin embargo, el Ministerio de Igualdad nace con el telón de fondo de la ideología del género, la segregación por sexos y la vuelta de la tortilla. La igualdad del extranjero no pertenece a este Ministerio, sino a Asuntos Sociales. Este sólo es para luchar contra la violencia machista y el mundo laboral del varón, a pesar de que no sólo es cuestión de machismo. ¿Se da cuenta la gente que ya la palabra Igualdad en España sólo refiere a las mujeres? Eso es un efecto de lo que comúnmente se llama ideología. ¿El pueblo percibe que cuando muere una mujer, ya no es asesinato, sino violencia de género, o doméstica –que ya suena peor en la conciencia-? Como si fuera un delito diferente, distinto a cualquier otro crimen de sangre y muerto, más grave si cabe. Pareciera que a un varón se le puede matar sin que ello genere alarmas. Esto también es efecto de la ideología. ¿Alguien ha notado que el problema principal en el ámbito laboral ha dejado de ser el habitual, el salario estancado que ya huele, y ha pasado a ser la desigualdad entre varones y mujeres, maternidad, paternidad, la conciliación familiar etcétera...? Es decir, toda cuestión que se relaciona de un modo u otro con la situación laboral de la mujer. Rodríguez Zapatero, el justiciero de las mujeres, como él mismo se denominó, ha creado todo un mundo aparte en función del sexo y la desigualdad por medio de discursos y papeles, nada más, y ha señalado con el dedo a un enemigo común de todos: el machista. Y es lo normal en la ideología esto de necesitar un enemigo y tener un discurso para la ocasión, escapando de resolver y contestar a los acontecimientos. ¿Ha solucionado algo? ¿Las cuotas discriminatorias por ley nos han hecho más felices? ¿La ley de Paridad y de Género han cosechado algún fruto notorio en la sociedad?

     

    Las mujeres siguen cobrando menos que los varones en el mismo puesto de trabajo; siguen siendo asesinadas por novios o maridos, o por desconocidos, machistas o no, locos o no; durante el embarazo, aún hay situaciones críticas que obligan a decidir entre el bebé y el trabajo; en la maternidad persisten los problemas de compatibilidad de horarios familiares, laborales, de guarderías y escolares, amen de aquellos otros de plazas y costes económicos de la enseñanza, comida, hipotecas y mantenimiento del hogar. Cuando, con todo esto, el proyecto de familia se pinta negro negrísimo, imposible de plantearse, todo se rompe. Era difícil vivir con un sueldo, y ahora lo es con dos. Al menos podemos divorciarnos más rápido. ¿Ha servido de algo todo ese cuerpo de medidas ajustado exclusivamente a la mujer? ¿Cuándo este señor va a darse cuenta que debe legislar para todos, al margen de sexo, raza, religión....? Que un asesino es un asesino, mate a una mujer que sea su pareja o su ex, mate a una desconocida, o mate a otro de su mismo sexo; que los trabajadores, son trabajadores y deben cobrar lo mismo que sus compañeros en el mismo puesto, independientemente del pintalabios, y deben celebrar todos su fiesta en Mayo; que la igualdad de condiciones para competir por los cargos no es cosa de segregación por sexos y reserva del hueco a un tanto por ciento fijo. Los problemas por los que atraviesan las mujeres son problemas de todos, no lo niego. Pero no conseguirá que ese “todos” se suba al carro haciendo leyes a la medida. Los demás exigiremos leyes a nuestro gusto y condición. Legislar así es demostrar que no se tiene más voluntad que la del simple aparentar que algo se hace, cuando nada se está haciendo en verdad.

     

    La ideología sirve para desviar la atención, desfigurar la realidad. Divide et impera es su lema, buscando, no el resolver las cuestiones generales y de todos, sino el que todos estén de acuerdo en cuáles son los problemas fundamentales de cada cual, dejando al margen otras muchas situaciones que afectan a todos por igual y no sólo a una parte –la parte del “divide” gracias a la cual Rodríguez Zapatero “impera”. La ideología sirve para pintar espejismos de soluciones a problemas reales convertidos en principales, desplazando toda otra realidad para la que no hay tan siquiera discurso –no digo ya ideas- y quiere meterse debajo de la alfombra. Sin embargo, al final, todo está conectado y no son parcelas incomunicadas, más que nada, porque todos vivimos bajo el mismo techo y es muy difícil hacer que llueva sólo para unos o sólo para otros.

     

    Ya sabemos para que sirve, entonces, el Ministerio de Innovación: para inventar Ministerios de Igualdad, donde se pretende la Igualdad por medio de la diferencia, la justicia por medio de la inconstitucionalidad.

     

    ... Cuatro años más de moralinas y concienciación. Cuando un gobierno se centra en esto, en las moralinas, está preso de una ideología. ¿No lo percibe el pueblo?

     

    Hec
    March 10

    CHIKILICUATRE

    Ya sabe el lector lo mucho que detesto el circo ambulante, la caravana política, que suponen unas elecciones. Más cuando son generales, para el gobierno de la nación. El colmo de todos los números circenses, entre promesas, mítines, debates y medios de comunicación, es el salto mortal del día señalado, el día de la urna y el voto. Hay que soportar la moralina del “debe usted participar”, recurriendo al retorcido deber y obligación moral o cívica, fundamentándolo en que hay que dar una respuesta democrática a los asesinos, argumentando que es el día de la “fiesta de la democracia” y el día de los demócratas. Pareciera que quien no vota fuera inmoral, próximo al terrorismo, o, a lo menos, que no es demócrata. ¡Hay que votar por narices!... y aunque en el bipartidismo no se guste de ningún candidato. Eso es lo de menos, que aquí, lo verdaderamente importante es que se pueda elegir sin mirar a quién. Democracia significa elegir, para ellos. Pero con un poco de gramática, se deduce que aquél es un verbo transitivo y, sin embargo, en su llamada carece de objeto directo. No entienden que, si entre la opciones uno no encuentra criterio diferenciador, ya puede tener todo el derecho de elegir, que no podrá ejercerlo. ¡Existe el voto en blanco! Efectivamente, la máxima expresión de esa democracia sin objeto directo, convirtiendo al verbo elegir en totalmente intransitivo.

     

    Las casualidades de la vida quisieron que ayer dejara mi lectura de La voluntad de Azorín en el capítulo X de la primera parte, y que hoy abriese el libro y leyera antes que otra cosa las siguientes líneas:

     

    “Ayer se celebraron las elecciones. Y ha salido diputado, como siempre, un hombre frívolo, mecánico, automático, que sonríe, que estrecha manos, que hace promesas, que pronuncia discursos...

     

    (...) Después de todo el medio es el hombre. Y ese diputado frívolo y versátil, como todos los diputados, es producto de este ambiente de aplanamiento y cobardía... Yo veo a diputados, concejales, subsecretarios, gobernadores, ministros, como el entomólogo que contempla una interesante colección... Sólo que esos insectos están clavados en su correspondientes alfileres. Y estos no están clavados.”

     

    Realmente estas palabras serían las de mi artículo de hoy. De hecho, las suscribo con Rodríguez Zapatero, y las suscribiría de haber salido Rajoy. Es de un aplanamiento total el estado de los españoles. Ha votado, prácticamente, el mismo porcentaje que hace cuatro años, y los resultados son casi idénticos. Se ha vuelto a votar con entierro de por medio –pese a la diferencia de cifras, el asesinato y muerte son asesinato y muerte y me importa poco el número que no viene a hacerlo más dramático-, con los políticos saltándose la “jornada de reflexión” -quizás porque si reflexionamos otro gallo les cantaría a los candidatos-, y en los resultados vuelve a reflejarse que el personal cierra filas fanáticamente con sus respectivos ídolos, como si se hubieran quedado pegados a la banderita del partido.

     

    La sorpresa, acaso, en Cataluña, donde, a pesar de apagones, AVE, peajes, barrios que se hunden, y multas por usar el castellano, revalidan a los psocialistas. Probablemente, y una vez más, porque no hay más opción, hay que votar por narices, y alguien tiene que salir por la misma razón nasal. Es de agradecer que el catalán haya percibido el insulto que suponía ERC dentro de la “democracia”.

     

    También se agradece al español en general el varapalo del señor Llamazares, que ha convertido lo que era una opción válida tiempo ha, en un perpetuo chantaje al país y a las regiones, apoyando a diestro y siniestro –sobretodo siniestro- a cambio de dádivas y puestos. Personas que ni siquiera se presentan para gobernar, sino para sacar el mayor rédito con la menor responsabilidad.

     

    Por lo demás, a mí me sobran diputados, escaños y hasta partidos, cuando sólo cuentan dos. Me sobran los colorines rojo y azul en la política –no en la pictórica-, discursos y promesas. Y me faltan raciocinio, entendimiento, el compromiso con la lógica y el rechazo del según sople el viento. En España hay mucho lastre que soltar y elevar el ancla... pero estamos encantados con haber atracado en un puerto, llenando el navío de inutilidades que cargan de peso, hunden el casco y pronto han de ahogarnos a todos. Me falta, indudablemente, patrón, y me sobra el mando de los marineros. Varados como ballenas sin rumbo, o dejados a la inercia y el impulso del día, nos cabe únicamente aguardar que un final, poco apetecido, pronto nos alcance.

     

    ¡Y que luego, en Eurovisión nos represente el chikilicuatre ese! En España, o no sabemos elegir y hemos perdido los criterios más básicos, o todo nos da ya igual y nos es indiferente, buscando exclusivamente echarnos unas risas ante el mundo.

     

    Hec
    February 27

    RAZONES FILOSÓFICAS PARA RECICLAR EL VOTO

    Ya me ha llegado, junto a recibos y facturas, el correo electoral. Esos sobrecitos, garabateados con las siglas y simbolitos del partido de turno, mensaje epistolar y papeletas de listas cerradas de aquellos que pretenden dirigir nuestros destinos. Y sé de su contenido por otros años, ya que en éste no los he abierto. La ilusión de votar por primeras veces me llevó abrirlos con gran apasionamiento. Una ilusión que me vino a durar la única cita en que me acerqué a un colegio electoral. Como ya conozco el contenido, ¿a qué romper el lustroso continente por el enclenque interior? Lo que no sabía era qué hacer con aquello, donde depositarlo, cualquier lugar que no fuera urna de elecciones –bien valdría la urna funeraria, la que guarda cenizas de lo muerto y quemado. Y por fin le he sacado provecho a toda esta moda de concienciación, de hurgar con tópicos, demagogias, moralinas, la conciencia del personal, ese